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viernes, 21 de enero de 2022

Quién controla los datos, controla el mundo. Capitalismo, big data y democracia.

 


"En el siglo XXI, la información es el activo más importante; es la base para el poder político: el que controla los datos, controla el mundo." Yuval Noah Harari 

La sociedad posmoderna del siglo XXI es mayoritariamente reacia a todo gesto heroico y a toda búsqueda de gloria y honor como "τέλος" (fin, objetivo o propósito) de la vida. La aspiración a la isonomía y a la isothymia, que se traduce como la aspiración a la igualdad de derechos y a la igualdad de reconocimiento, sumado a un anhelo desproporcionado de comodidad y seguridad, favorecen en la actualidad a que predomine el consumidor perfecto, sin hondura y sin aspiración espiritual alguna. El consumo opera en nuestra época como el placentero soma en la distopía “Un Mundo feliz” de Aldous Huxley.

La situación se agrava, con el avance de la inteligencia artificial. Una vez que la persona humana queda reducida a su pura materialidad y se opaca todo eco de misterio y eternidad, queda fácilmente degradada a un conjunto de datos, cuyo análisis reporta beneficios. Así, el capitalismo va mutando y se va convirtiendo en un capitalismo algorítmico y del big data, donde se analizan sistemáticamente los trillones de datos que pueblan el ciber espacio y de la ciber vigilancia. 

Sin embargo, se trata de una vigilancia que no es impuesta, sino que -paradójicamente- es consentida sin vacilar. En este contexto, lo que genera preocupación, es que la vigilancia genera lucro y el lucro es el mejor alimento del capital. Esto, nos permite afirmar que estas características tenderán a incrementarse cada vez más. Por estos motivos, corremos el riesgo, o quizás ya de hecho somos permanentemente vigilados, analizados y manipulados por plataformas digitales que seleccionan y explotan  nuestros pensamientos, sentimientos e intenciones.

En esta etapa del capitalismo algorítmico y big data, lo humano va transitando en una interacción permanente con los dispositivos digitales y con el mundo virtual. Esta interacción, a su vez, va generando un fenómeno de hibridación de la experiencia entre lo real y lo virtual. Pero es importante destacar que esta hibridación, que en un principio parece significar relaciones de igualdad y de simbiosis, no es tan así. 

Por el contrario, todo indica que el sujeto que surge de esta hibridación, está atravesado por los flujos de poder que determinan la experiencia del mismo. Eso significa, que el entramado de relaciones que mantenemos con los dispositivos digitales no es neutral, pues hay unos intereses claros tratando de dirigir la nueva configuración de lo humano y de la realidad, a través de los algoritmos que van influenciando nuestras opciones.

De alguna manera, como dice el filosofo Buyng-Chul Han “somos manejados como marionetas por hilos algorítmicos”. En efecto, el big data como instrumento psicopolítico hace pronosticable y por ende, vulnerable y manipulable a la conducta humana. Así pues, la psicopolítica digital provoca una crisis de la libertad personal porque cuando más utilizamos los dispositivos digitales, más expuestos estamos a ser manipulados. Nos encontramos ante una paradoja de la libertad: la comunicación ilimitada es una expresión de la libertad, pero, simultáneamente, se torna en una vigilancia total, que es totalmente consentida.

Nuestra interacción permanente y acrítica con la tecnología digital, mediada a través de los algoritmos,  pasa sutilmente a convertirnos en una suerte de mente colmena, como la de las hormigas, donde la identidad y decisiones individuales están pre-fabricadas y construidas dentro de un sistema complejo de intercambio de datos mediado por esos algoritmos, sin que tomemos verdadera conciencia de ello.

Pero, lo más interesante, o dramático si se quiere, es que la hormiga reina de esta gran mente colmena que intenta tomar decisiones vitales por nosotros, no es el complejo algorítmico en si mismo, sino que es el entramado de intereses económicos y políticos que rigen las macro-corporaciones tecnológicas. 

Sabemos, que pese a cierta retórica existente, la tecnología no es nunca neutral, sino que existe y se modela en base a intereses económicos y políticos que nunca se explicitan. 

Por ello, es importante y urgente tomar conciencia de esta realidad, para que podamos retomar cuanto antes el control sobre nuestros datos, sobre nuestra intimidad y en definitiva, sobre nuestra vida.  La toma de conciencia y el control sobre nuestros datos y sobre la autodeterminación informativa, es el camino para gozar de una libertad más plena y más potente.

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