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viernes, 2 de junio de 2023
miércoles, 18 de enero de 2023
La vigencia de la paideia griega frente a la crisis de la sociedad posmoderna:
La vigencia de la paideia griega frente a la crisis de la
sociedad posmoderna:
Por
Juan Bautista González Saborido[i]
Abstract:
El progreso de
la ciencia y de la técnica en las últimas décadas es algo asombroso. Pero
cuando analizamos la cuestión de los valores espirituales, el progreso ya no es
tan nítido. Es más, se generan dudas respecto a si realmente hemos progresado
desde la época del Renacimiento o incluso de la Edad Media.
Ante el avance vertiginoso del
desarrollo tecnológico de estas últimas décadas; en medio de la sociedad del
conocimiento, de la cultura posmoderna, de la inteligencia artificial, de la
biotecnología; nos preguntamos si todavía sigue vigente el humanismo clásico.
Es decir, si tanto la antigua cultura, como los valores de griegos y romanos,
tienen algo que aportar para equilibrar el desarrollo espiritual con el
material.
Por
ello, el objetivo que nos proponemos en este trabajo es reflexionar sobre la
vigencia de los valores de la cultura clásica y si es posible lograr la
prolongación creadora de dicha herencia en la actualidad. Para realizar este
objetivo nos basaremos principalmente en los filólogos Werner Jaeger, Carlos
Disandro y Walter Otto.
En
tiempos de profunda crisis, es cuando se vuelve necesaria una mirada
retrospectiva hacia los fundamentos mismos del espíritu humano, frente al vigor
de miradas tecnocráticas inclinadas a una cuantificación del hombre, a un
predominio de la ratio sobre el intellectus, a la clausura del conocimiento
simbólico y a imponer un dominio exacerbado y destructivo sobre la naturaleza.
1.-
Introducción:
El progreso de
la ciencia y de la técnica en las últimas décadas es algo asombroso. Pero
cuando analizamos la cuestión de los valores espirituales, el progreso ya no es
tan nítido. Es más, se generan dudas respecto a si realmente hemos progresado
desde la época del Renacimiento o incluso de la Edad Media.
El desfasaje entre el progreso material
y científico, respecto del progreso ético y espiritual, no es una cuestión tan
novedosa. En nuestro país ya había sido abordada por Perón hace más de 70 años
atrás. Efectivamente, como señala el lúcidamente Silvio Maresca, el líder del
justicialismo, en 1949, en su famoso discurso “La Comunidad Organizada”,
subraya enérgicamente como un tema central, el desajuste que se habría
producido en la modernidad europea, a partir del Renacimiento, entre el
progreso material y el progreso espiritual.
Para Maresca, ese sería el eje central
del texto donde se expresa que hay un retraso del desarrollo espiritual
respecto del desarrollo material. Y agrega que ahí aparece la dimensión de la
ética como aquello que podría ayudar a resolver el problema, permitiendo que se
ponga el desarrollo espiritual a la altura del desarrollo material.[1]
Ahora bien, esta
cuestión aún no ha sido resuelta. Por eso, ante el avance vertiginoso del
desarrollo tecnológico de estas últimas décadas; en medio de la sociedad del
conocimiento, de la cultura posmoderna, de la inteligencia artificial, de la
biotecnología; nos preguntamos si todavía sigue vigente el humanismo clásico. Es
decir, si tanto la antigua cultura, como los valores de griegos y romanos, tienen
algo que aportar para equilibrar el desarrollo espiritual con el material.
No parecen
existir dudas en cuanto a que estamos en una época de grandes cambios que se
aceleran rápidamente. Ciertamente vivimos en una sociedad postindustrial, en la
que la información, el conocimiento y los servicios han reemplazado a los
bienes materiales en el núcleo de la producción y los países o regiones que no
se adecuen a esta realidad corren el riesgo de quedar “desconectados” y
“excluidos”.
Asimismo, en
esta economía informacional, impregnada de materialismo, de un individualismo
nihilista y de un consumismo exacerbado –aunque claro solo para unos pocos- avanza
por todos lados el fenómeno de la mercantilización volviéndose una
característica omnipresente que lo invade todo, incluso a la vida y a la
persona humana.
La
mercantilización de la vida significa, ante todo, un conjunto de conductas, de
ideologías, estrategias económicas, opciones sociales y políticas por las
cuales la vida (la del otro, pero en el fondo la propia) pierde su estatuto de
santuario que abriga el misterio del ser para convertirse en un objeto
mercantilizado por el frenesí de poseer[2].
En esta lógica,
la ciencia y la técnica, que en el origen de la modernidad ilustrada europea,
prometían la emancipación del hombre, hoy tienden a volverse contra el hombre
mismo anulando su subjetividad. Con el
avance de las técnicas de la clonación humana y de edición genética, el hombre
se vuelve un producto e incluso una mercancía.
Por ello, en este contexto, nos parece
relevante el análisis histórico de nuestra herencia cultural clásica, especialmente
la griega, de modo que nos permita comprender mejor el misterio del hombre y de
la naturaleza, como así también de su vínculo con la tierra y con la sociedad
para encontrar respuestas a los desafíos que se presentan.
Ello porque como señaló Scalabrini
Ortiz, nos enorgullecemos de ser un pueblo de tradición occidental mediterránea
(Grecia, Roma, España, Medio Oriente, Norte de África) hondamente enraizado en
la origienariedad de América y con profunda vocación de protagonismo en el
concierto de las naciones.
Consiguientemente, el objetivo que nos
proponemos es reflexionar sobre la vigencia de los valores de la cultura
clásica y si es posible lograr la prolongación creadora de dicha herencia en la
actualidad. Para realizar este objetivo nos basaremos principalmente en los
filólogos Werner Jaeger, Carlos Disandro y Walter Otto.
2.- Una necesaria mirada retrospectiva:
Así, en tiempos de profunda crisis, es
cuando se vuelve necesaria una mirada retrospectiva hacia los fundamentos
mismos del espíritu humano[3], frente al vigor de miradas tecnocráticas
inclinadas a una cuantificación del hombre, a un predominio de la ratio sobre
el intellectus, a la clausura del conocimiento simbólico y a imponer un dominio
exacerbado y destructivo sobre la naturaleza.
En esta situación, un retorno a las
fuentes clásicas de nuestra cultura quizás nos permita recuperar la frescura,
la fuerza y la vitalidad necesaria para resurgir como personas, como nación y
como comunidad política de esta crisis. Como dijo el Papa Francisco en su
discurso pronunciado en Atenas el 4 de diciembre de 2021[4]:
“Sin
Atenas y sin Grecia, Europa y el mundo no serían lo que son: serían menos
sabios y menos felices. Desde aquí, los horizontes de la humanidad se han
dilatado. Yo también me siento invitado a elevar la mirada y a detenerla en la
parte más alta de la ciudad: la Acrópolis. Visible desde lejos para los
viajeros que han llegado hasta allí a través de los milenios, ofrecía una
imprescindible referencia a la divinidad. Es la llamada a ampliar los
horizontes hacia lo alto, desde el Monte Olimpo a la Acrópolis y al Monte
Athos. Grecia invita al hombre de todos los tiempos a orientar el viaje de la
vida hacia lo alto: hacia Dios, porque necesitamos de la trascendencia para ser
verdaderamente humanos. (…)Y mientras hoy en el Occidente, que ha nacido aquí,
se tiende a ofuscar la necesidad del Cielo, atrapados por el frenesí de miles
de carreras terrenas y por la avidez insaciable de un consumismo que
despersonaliza, estos lugares nos invitan a dejarnos sorprender por el
infinito, por la belleza del ser, por la alegría de la fe. Por aquí han pasado
los caminos del Evangelio que han unido el Oriente y el Occidente, los Santos
Lugares y Europa, Jerusalén y Roma; esos Evangelios que, para llevar al mundo
la buena noticia de Dios amante del hombre, se escribieron en griego, lengua
inmortal usada por la Palabra —el Logos— para expresarse, lenguaje de la
sabiduría humana convertido en voz de la Sabiduría divina.”
Lógicamente, a
nosotros hombres y mujeres modernos no nos resulta fácil llegar a una justa
comprensión ni de la antigua religión griega, ni tampoco de su cultura. Podemos
detenernos y asombrarnos ante las imágenes del panteón de los dioses de la gran
época y sentir que el esplendor de estas figuras es y será único en su género. Incluso,
puede ser que al mirarlas experimentemos un estremecimiento ante lo eterno.
Pero como
señala Walter Otto, lo que oímos de estos dioses y de sus relaciones con los
hombres ya no tiene eco en nuestra alma. Falta aquella melodía de inefable
elevación y solemnidad que los antiguos veneraron durante siglos y que nuestro
paradigma tecno económico -orientado meramente a lo pragmático- ha desterrado
de nuestro horizonte cultural[5] y que urge
recuperar.
Por eso, es que nos parece necesario
reafirmar que nuestra historia civilizacional comienza en Grecia, sigue en Roma,
se transformó con el cristianismo y luego fue enriquecida por otras culturas y
tradiciones. Cuando lanzamos esta afirmación, estamos sosteniendo que la
historia de la América hispana comienza allí, en el Peloponeso.
3.- La paideia griega:
Ahora bien, cuando hablamos de historia
nos referimos a la historia plena de significación, que se funda en una unión
espiritual viva y activa junto a la comunidad de un destino, de nuestro propio
pueblo o más bien la del grupo de pueblos estrechamente unidos por lazos de
historia, lengua, religión y cultura en común como es el caso de la América
hispana.
Desde esta perspectiva, nos resulta
relevante discernir en primer lugar el rasgo más propio de los griegos que
perduró a través de los siglos y de la cual los pueblos hispanoamericanos somos
herederos. Dicho rasgo es que en este pueblo, por primera vez, se establece de
una manera consciente, un ideal de cultura como principio formativo del hombre.
Esta característica es única y la que hace de la cultura griega un modelo
perenne.
Efectivamente, en el comienzo de la
historia griega aparece el principio de una nueva apreciación del hombre que no
se aleja mucho de la idea difundida por el cristianismo sobre el valor infinito
del alma individual humana, ni del ideal de la autonomía espiritual del
individuo proclamado a partir del Renacimiento. ¿Y cómo hubiera sido posible la
aspiración del individuo al más alto valor y su reconocimiento por los tiempos
modernos sin el sentimiento griego de la dignidad humana?[6]
Todas las imágenes filosóficas del
hombre propuestas a lo largo de los siglos se remontan a la creada por los
griegos. Y, por consiguiente, como dice el filósofo italiano Reale, todas las distintas
concepciones de la paideia, o sea de la educación y de la formación del hombre,
tienen raíces exquisitamente helénicas[7].
El concepto de alma (psyché)
ciertamente es una creación espiritual de los griegos. Como sostiene este autor[8],
la idea de alma como un elemento divino en el hombre nació con la aparición y
la difusión del Orfismo, por un lado, y, después, mediante el pensamiento de
algunos filósofos presocráticos y, sobre todo, por obra de Sócrates, con la
imponente fundación metafísica y los desarrollos de la misma realizados por
Platón.
La fórmula más significativa contenida
en laminillas de oro encontradas en las tumbas de seguidores del Orfismo decía
así: “De hombre renacerás dios, porque tu origen es divino.”
En ese sentido, el filósofo checo Jan
Patocka (1907-77), citado por Reale, en su libro Platón y Europa, ha sostenido
una tesis, según la cual precisamente en la adquisición de la concepción del
‘cuidado del alma’ la conciencia de Europa ha empezado a construirse.
El cuidado del alma, es la formación
interior del hombre, de una conciencia sólida e inquebrantable. Pero esto no es
una forma de intelectualismo abstracto, es, por el contrario, una aspiración a
encarnar lo eterno en el tiempo y en el propio ser, una aspiración, al mismo
tiempo, a resistir al huracán del tiempo, a resistir en todos los peligros que
éste comporta, a resistir cuando el cuidado del alma pone al hombre en peligro[9].
En este mismo sentido, hay un pasaje de
Aristóteles, sacado de la Ética a Nicómaco, que es singularmente elocuente
respecto al valor que los griegos le atribuían al alma: “No hay que seguir a aquellos que aconsejan que, por ser hombres, se
atienda a cosas humanas, y, siendo mortales, a cosas mortales, sino que en la
medida en que sea posible, hay que hacerse inmortales y hacer todo lo posible
para vivir según la parte más elevada de aquellas que se encuentran en
nosotros; aunque sea pequeña en extensión, sobresale en mucho sobre todas las
otras por potencia y valor.”[10]
4.- Homero como clave fundamental:
La paideia griega, como ideal educativo
alcanza un carácter peculiar y un singular desarrollo histórico. No se trata de
un conjunto de ideas abstractas, sino de la historia misma de Grecia en la
realidad concreta de su destino vital.
La paideia ha sido creada, en sus
propios términos clásicos, como expresión de una voluntad altísima proveniente
de los olímpicos dioses y a través de ella se esculpió el destino eterno de los
griegos.
En los primitivos estadios de su
desarrollo, los griegos no tuvieron idea clara de esa voluntad. Pero, a medida
que avanzaron en su camino, se inscribió con claridad creciente en su
conciencia el fin, siempre presente, en que descansaba su vida: la formación de
un alto tipo de hombre.
Para los clásicos, la idea de la
educación representaba el sentido de todo humano esfuerzo. Era la justificación
última de la existencia de la comunidad y de la individualidad humana.
Ahora bien, la paideia, como ideal
educativo, estaba fundamentado en Homero, poeta clave de la historia griega,
que asombrosamente aún tiene vigencia para pensar la coyuntura de estos tiempos
posthumanos, hipertecnificados y desacralizados.
En efecto, de su obra depende
misteriosamente un brillo que aún relumbra con intensidad, y un convivio habitual
de lo divino y humano en la palabra del poeta, que prepara todas las
inhabitaciones divinas y que nos amplían el horizonte de nuestro destino abriéndolo
a la trascendencia.
Por eso, al hablar de Homero hablamos
sustancialmente de la unión perenne de la divinidad y la humanidad, que luego
con el cristianismo se hace personal en Cristo, mística en la Iglesia,
operativa en la historia y siempre laudante en el júbilo de los poetas y los
filósofos griegos[11].
Homero es la totalidad del espacio en
que dioses y hombres habitan cotidianamente por acciones sacras, centradas en
la misteriosa guerra troyana; o bien es la memoria de lo acontecido en aquella
destrucción, cuando los héroes retornan a sus lares lejanos. Así pues, como
dice el filólogo y humanista argentino Carlos Disandro:
“el
espacio luminoso, el aire encendido en el fuego apolíneo, el cerúleo y vinoso
mar de marmóreas resplandecencias, la tierra ceñida y calcinada como huesos y
vértebras para una sensibilidad inconmensurable, he ahí el espacio hierofánico
de los griegos, he ahí la estricta localización de un encuentro divino-humano,
de una revelación de la lumbre inaccesible en la lumbre del cosmos, del logos
inviolable en el logos del hombre griego, del pneuma o soplo transfigurante en
el soplo del poeta, en el símbolo ancestral que congrega lumbre, logos,
espíritu y que funda pues los penetrales inaccesibles de la conciencia, lo que
Hesíodo denomina inspiración”[12].
Por tanto, la gran vigencia de Homero,
encarnada en la paideia griega, estriba en que, en su verso, se redescubre la
existencia numinosa, la virtud fundante de la physis (naturaleza) como sagrado
espacio donde se asienta la divino-humanidad. En todo este
universo, se manifiesta una grandeza y esplendor que nos eleva por encima de lo
efímero, de la banalidad y de la pesadez del mundo real.
De manera
asombrosa, lo natural se entreteje con lo espiritual y lo eterno sin perder, en
esta interacción, su abundancia, calor y espontaneidad. Y el espíritu, para el
cual la observación más fiel de lo natural se convirtió en contemplación de lo
eterno e infinito, hizo de la religión griega lo que ella es.
Cuando para
otros se producen milagros, en el espíritu griego acaece el milagro más
notable: pueden ver lo objetos de la experiencia viva en una forma tal que
muestra los contornos de lo divino sin perder su realidad natural. Percibimos
aquí la mentalidad de un pueblo destinado a enseñar a la humanidad a explorar
la naturaleza del hombre y de lo que lo rodea. Y eso significa que nos ha dado
la idea de la naturaleza que tubo vigencia durante siglos, pero que hoy el
paradigma tecno económico la ha diluido[13].
5.- Conclusión:
Como señalamos en la introducción,
estamos asistiendo a un cambio de época, pero estas transformaciones de ninguna
manera parecen implicar el fin del sistema capitalista de producción ni tampoco
del dominio de su racionalidad instrumental economicista.
Por el contrario, pareciera
que las relaciones de poder del sistema han tomado otras formas en estos
tiempos de globalización posmoderna, sin que ello implique la desaparición de
ese mismo sistema económico mundial, ni se su motor principal, el afán de lucro,
que actúa como una suerte de "hybris" que fomenta un modelo
producción y consumo, que en términos geo biofísicos y sociales es insostenible
en el tiempo.
En estos tiempos difíciles y hasta
oscuros si se quiere, esta asombrosa capacidad contemplativa que podemos
encontrar en la paideia griega, lograda a través de la unión de lo visible con lo invisible, de lo
divino con lo humano y de la eternidad en el tiempo, puede operar como un punto
de inicio para una nueva visión sobre el hombre y de la naturaleza que eleven
nuestros horizontes hacia lo alto, hacia el infinito, hacia el absoluto.
El mundo moderno nos tienen
acostumbrados, en referencia al pasaje del mythos
al lógos a verlo éste como un salto
evolutivo que parte de lo irracional y alcanza a lo racional; que va de lo
empírico concreto a lo universal; y de lo sensible a lo conceptual.
Esto es incorrecto. Dicho pasaje se da
de una narrativa con un cierto grado de racionalidad a otro discurso con un
grado diverso de racionalidad. El discurso científico de la modernidad es un
progreso en la precisión unívoca, en la claridad discursiva, en la simplicidad,
en la fuerza conclusiva de la fundamentación, pero es una pérdida de los
sentidos profundos del símbolo que pueden ser hermenéuticamente redescubiertos
en momentos y lugares diversos.
Los mitos y los símbolos, siguen
teniendo profunda significación en el presente[14]y
son un instrumento necesario para la vivencia de las realidades trascendentes.
Ellos, nos refieren una profunda vivencia de la divinidad. Los
dioses no pueden ser inventados, ni ideados, ni representados, sino únicamente
experimentados.
A cada especie
del género humano, lo Divino se le ha revelado de una manera, dando forma a su
existencia y haciendo de ella lo que había de ser. Así también los griegos recibieron
su propia experiencia de lo Divino, que configuró no solo su sociedad y su cultura,
sino también la de todo el occidente.
La trinidad griega del poeta (ποιητής),
el hombre de estado (πολιτικός) y el sabio (σοφός), encarna la más alta
dirección de su cultura. En esta atmósfera, que se encuentra vinculada, por
conocimiento esencial y aun por la más alta ley divina al servicio de la
totalidad, se desarrolló el genio creador de los griegos hasta llegar a su
plenitud educadora en la paideia, que como exponemos, tiene mucho que aportar a
nuestra moderna civilización tecnocrática e individualista.
Perón, en 1974, con singular
clarividencia dijo que la humanidad asistía a un desolador proceso: la
disolución progresiva de los lazos espirituales entre los hombres. Agregaba que
este catastrófico fenómeno debía su propulsión a la ideología egoísta e
individualista, según la cual toda realización es posible sólo como desarrollo
interno de una personalidad clausurada y enfrentada con otras en la lucha por
el poder y el placer. Y concluía que este pensamiento solo había logrado aislar
al hombre del hombre, a la familia de la Nación, a la Nación del mundo,
poniendo a unos contra otros en una competencia ambiciosa y en una guerra
absurda[15].
En el actual cambio de época, cuando
nuestra cultura toda se halla constreñida a un nuevo examen de sus propios
fundamentos, cuando es más necesario que nunca ampliar el horizonte espiritual
que recree los vínculos entre los hombres y de los hombres con la naturaleza, se
plantea de nuevo el problema, último y decisivo para nuestro propio destino, de
la forma, el valor y la necesaria reivindicación de la cultura y la educación
clásica.
No se trata de presentar artísticamente
la cuestión bajo una luz idealizadora, sino de comprender el fenómeno
imperecedero de la educación antigua y el ímpetu que la orientó a partir de su
propia esencia espiritual y del movimiento histórico a que dio lugar retornando
a las fuentes.
En suma, la recuperación del nexo entre:
la vida sensible y la inteligible e invisible de la realidad y de la eternidad con
el tiempo. La valorización del arraigo cósmico del hombre, su aptitud vital, su
capacidad de asombro y de contemplar las realidades trascendentes, su
equilibrio en el ocio y el trabajo, su audacia al afrontar instancias límites.
Surge así la posibilidad de extraer de
estas enseñanzas un rumbo significante a nuestra propia cultura. En este sentido
Juan Domingo Perón señaló: “es necesario
comprender que la cultura europea ha fundado principios y valores de real
resonancia espiritual a través de la ciencia, la filosofía y el arte. No
podemos negar la riqueza de algunos de esos valores frente al materialismo de
las grandes potencias, ni podemos dejar de admitir que, en alguna medida, han
contribuido —en tanto perfilen principios universales— a definir nuestros
valores nacionales. Pero es hora de comprender que ya ha pasado el momento de
la síntesis, y debemos —sin cercenar nuestra herencia— consolidar una cultura
nacional firme y proyectada al porvenir. Europa insinúa ya, en su cultura, las
evidencias del crepúsculo de su proyecto histórico. Argentina comienza, por
fin, a transitar el suyo. La gestación de nuestra cultura nacional resultará de
una herencia tanto europea como específicamente americana, pues no hay cultura
que se constituya desde la nada, pero deberá tomar centralmente en cuenta los
valores que emanan de la historia específica e irreductible de nuestra patria.”[16]
En este cambio
epocal, con la crisis civilizatoria que conlleva, quizás es hora de tomarse en
serio el retorno a las fuentes clásicas para impulsar en nuestras sociedades la
muy humana apertura a la trascendencia, a contemplar el misterio que habita la
naturaleza y el vínculo sagrado que une a los hombres en la comunidad política.
[1] , Silvio
J. Maresca, “Perón y la filosofía. Tres clases sobre las referencias
filosóficas de Juan Perón”, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2007.
[2] Mons.
Piero Coda "La mercantilización de la persona" consulta en línea el 6
de junio de 2022 en CCIC Centro Católico Internacional de Cooperación con la
UNESCO, París, Francia.
[3] Carlos
A. Disandro “Filología y Teología”. Homero, Sófocles, San Atanasio. Ediciones
Horizontes de Gral. Buenos Aires. 1973, págs. 33 y 34.
[4] Papa
Francisco, Palacio Presidencial de Atenas, Sábado, 4 de diciembre de 2021, Dicastero
per la Comunicazione - Libreria Editrice Vaticana.
[5] Walter F. Otto, “Los dioses de Grecia”,
Ediciones Siruela, Traducción de Rodolfo Berge y Adolfo Murguía Zuriarrain,
Madrid, 2003, pág. 23.
[6] W.
Jaeger, “Paideia: los ideales de la cultura griega”
Fondo de Cultura Económica de México, Decimoquinta reimpresión, 2001.
Pág. 22 y siguientes.
[7] Giovanni
Reale, “Paideia y Humanitas”, texto
presentado en el Congreso Internacional Paideia e Humanitas, Roma, 2000.
Traducción del italiano de María Luisa Ibañez y Palecha.
[8] Giovanni
Reale, “Paideia y Humanitas”, texto
presentado en el Congreso Internacional Paideia e Humanitas, Roma, 2000.
Traducción del italiano de María Luisa Ibañez y Palecha.
[9]
Giovanni Reale, “Paideia y Humanitas”, texto
presentado en el Congreso Internacional Paideia e Humanitas, Roma, 2000.
Traducción del italiano de María Luisa Ibañez y Palecha.
[10] Aristóteles,
“Ética Nicomachea”, VIII 7, 1177b-1178 a (traducción de A. Plebe), Editorial
Gredos, Madridad, 2000.
[11] Carlos A.
Disandro “Filología y Teología”. Homero, Sófocles, San Atanasio. Ediciones
Horizontes de Gral. Buenos Aires. 1973, págs. 17/18.
[12] Carlos
A. Disandro “Filología y Teología”. Homero, Sófocles, San Atanasio. Ediciones
Horizontes de Gral. Buenos Aires. 1973, págs. 19/22.
[13] Carlos
A. Disandro “Filología y Teología”. Homero, Sófocles, San Atanasio. Ediciones
Horizontes de Gral. Buenos Aires. 1973, págs. 34 y ss.
[14] Enrique
Dussel, “Filosofías del Sur. Descolonización y Transmodernidad”, Edicionesakal,
México, 2015, pág. 14.
[15] Juan
Domingo Perón, “Modelo Argentino
para el Proyecto Nacional”, Ediciones Realidad Política, Buenos Aires,
pág. 78
[16] Juan
Domingo Perón, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional,
Ediciones Realidad Política, Buenos Aires, pág. 266.
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miércoles, 25 de mayo de 2022
La relevancia del pensamiento nacional frente a las falsas opciones ideológicas:
Este proceso de disolución progresiva señalado por Juan D. Perón, ha sido impulsado por un sistema económico global dominado por el afán de lucro, que actúa como una suerte de “hybris” y que genera, a su vez, un modelo de producción y consumo que en términos geobiofísicos y sociales es insostenible en el tiempo.
Desde hace aproximadamente 30 años la reorganización global de la economía capitalista se sustenta sobre el debilitamiento del Estado Nación y sobre el fomento y la promoción de las divisiones identitarias hacia adentro de los pueblos. Dichas divisiones generan hibridación cultural, segmentación y fragmentación del tejido social, pero sobre todo generan un debilitamiento de la identidad cultural y de la cohesión social de las naciones.
A nivel mundial, regional y nacional estamos frente a momentos complejos y confusos, con pérdida de muchos marcos de referencia sociales y culturales que aportan valor y sentido a la realidad. Como enseña el Papa Francisco, avanza la configuración de un mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia. En esta configuración, hay más bien mercados, donde las personas cumplen roles de consumidores o espectadores. El avance de este tipo de globalismo vuelve a la política más frágil frente a los poderes económicos transnacionales.
Agrega el Papa, que se alienta también, una pérdida del sentido de la historia que disgrega todavía más los valores y vínculos sociales. Se advierte la penetración cultural de una especie de “deconstruccionismo”, donde la libertad humana pretende construirlo todo desde cero. Deja en pie únicamente la necesidad de consumir sin límites y la acentuación de muchas formas de individualismo sin contenidos.
Y concluye, que estas tendencias, son las nuevas formas de colonización cultural. No debemos olvidar, que «los pueblos que enajenan su tradición, y por manía imitativa, violencia impositiva, imperdonable negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia ideológica, económica y política" (Fratelli Tutti, nºs 12-14).
Con estas categorías actualizadas, podremos interpretar mejor ciertas corrientes políticas en auge en nuestro país. Por un lado, las nacionalistas o conservadoras en lo cultural, pero liberales en lo político y económico. Y, por el otro, ciertas corrientes progresistas, feministas o de género, cuyas matrices también son de raíz liberal. Curiosamente, el origen de todas estas corrientes radica en EE.UU. o en Europa, pero su principal problema es que no tienen verdadera atingencia en nuestras tierras, y anulan la riqueza y singularidad de lo propio, de lo "nuestro".
En este orden de ideas, la voz “Pensamiento Nacional” ha sido utilizada exprofeso como recurso de autodenominación por autoras y autores comprometidos con una matriz de pensamiento que tiene una fuerte presencia del denominado pensamiento situado. Esto es, pensar los desafíos y problemas del país, desde nuestra propia realidad -como lugar emblemático de interpretación- y consecuentemente, partir de nuestras propias categorías culturales, pero sin renunciar a la herencia cultural del pasado.
Desde esta corriente de pensamiento, lo nacional incluye y se referencia en lo hispanoamericano y se extiende hacia todo el continente americano. Sin embargo, lo nacional entendido de esta manera, nada tiene que ver con un elitismo nacionalista de orientación aristocrática y chauvinista. Juan José Hernández Arregui avalaba esta distinción sosteniendo: “Hay pues un nacionalismo reaccionario y uno revolucionario. Un nacionalismo ligado a las clases privilegiadas y un nacionalismo que se expresa en la voluntad emancipadora de las grandes masas populares” .
A partir de las reflexiones puede observarse que en la América hispánica, junto con el devenir de nuestra propia modernidad, emergió un nacionalismo popular, encarnado principalmente en el peronismo, que traccionó hacia la industrialización nacional, la justicia social, la soberanía política y la integración regional a nivel continental. Esto, sin descuidar la importancia de la producción primaria que proponía como única actividad, un nacionalismo de campanario, en su afán de sostener determinados privilegios de los propietarios terratenientes aliados al capital extranjero –principalmente inglés– ligado a un tradicionalismo banal y a un culto a las formas, pero sin sustancia emancipatoria .
Arturo Jauretche, en el Manual de Zonceras Argentinas, sostenía que la estructura cultural de nuestro país, ha sido pensada y desarrollada por una "intelligentzia" alejada del país y de la región. Esta, en realidad, funcionaba como un dispositivo de colonización cultural, de orientación iluminista y eurocéntrica que contaminaba toda posible identificación del pueblo argentino con lo propio, circunstancia que lo conducía hacia la autodenigración.
El concepto de "intelligentzia" fue adaptado por Jauretche para caracterizar a un sector que monopolizaba los espacios de interpretación del saber y la alta cultura. Como ejemplo, observaba que la historiografía liberal hegemónica había construido un relato donde los acontecimientos históricos relevantes habían sido protagonizados por individuos y no por entidades colectivas como los pueblos.
Hoy puede observarse que pasa algo similar. Existe cierto pensamiento “main stream” o "políticamente correcto" de corte progresista o liberal, predominante en círculos políticos, académicos y periodísticos que reinterpreta al pensamiento nacional y a sus principales categorías en clave extranjera y en función de intereses globales y no nacionales o regionales. Estas líneas de pensamiento, confunden lo nacional y popular, con diversas variantes de la social democracia europea. del socialismo español, de su sucedáneo "Podemos" o incluso del partido demócrata de EE.UU.
Por su parte, las corrientes aparentemente más nacionalistas o conservadoras se referencias en diversas variantes del partido republicano de EE,UU o en sucedáneos europeos que buscan establecer filiales en los paises periféricos o semiperiféricos como el nuestro.
En su mayor parte, estos círculos académicos y periodísticos (progresistas, liberales o conservadores), obnubilados por estas corrientes ideológicas, clasifican la realidad política con categorías eurocéntricas y binarias, como derecha e izquierda, reniegan de la tercera posición, de la riqueza del pensamiento nacional, rehúyen al debate, y optan por cancelar a priori cualquier pensamiento divergente descalificándolo como populista, anticuado, medieval u oscurantista.
La gravedad de este problema, estriba en que al sustituir al verdadero pensamiento nacional y popular por sucedáneos de matriz extranjera que terminan favoreciendo los intereses globales, sin un sincero y profundo debate, se corre el peligro de perder "el alma" de nuestro pueblo, es decir su verdadera identidad y expresión singular. Y ya sabemos que si un pueblo pierde su "alma", tarde o temprano termina sometido. Quizás este es el objetivo que buscan ciertas usinas internacionales con filiales en nuestro propio pais que operan en ese sentido.
Por eso, a estas corrientes ideológicas de "izquierda" o de "derecha" que buscan representar el pensamiento y el sentir nacional, hay que someterlas a un exhaustivo escrutinio. Dicho escrutinio debe consistir en discernir si plantean que nuestro pueblo ha sido el verdadero protagonista de la historia; si reivindican a nuestro héroes y los proponen como modelos ante la crisis moral que nos embarga; si consideran a la patria como un programa de vida en común, con una tradición y una herencia recibida de los mayores; si reconocen aquellos valores que edificaron el alma de la Nación en una fe, una lengua y una cultura; y por último, si buscan sinceramente la proyección universal de los valores nacionales que nos constituyen. Estos son, indudablemente, los elementos con que deberá forjarse la patria de los argentinos y quienes no los mencionan, o están equivocados o no buscan el bien de la patria.
Por lo tanto, las categorías “pensamiento nacional”, “intelligentzia” y “nacionalismo” tal como las pensaron entre otros Juan Domingo Perón, Hernández Arregui y Jauretche, entre muchos otros y que recopiló con tanto esfuerzo Francisco Pestanha, siguen plenamente vigentes y son muy necesarias para interpretar nuestra realidad política, cultural y social, como así también para luchar por "el alma" de nuestro pueblo y defender sus intereses como bien supremo.
domingo, 1 de mayo de 2022
Sociedad de consumo y microsistema de defensa del consumidor.
1.- Consumo y Sociedad de consumo:
Desde una perspectiva socio cultural, se advierte que el consumo ocupa un papel preponderante entre los factores que determinan el estilo y la forma de la vida social en la actualidad. Para el reconocido sociólogo Zygmunt Bauman, vivimos en una “sociedad de consumo”1, lo cual implica que no es una sociedad atenta por satisfacer las exigencias básicas e inalienables de nuestro organismo, sino una que promueve en todos sus miembros la incesante búsqueda de satisfacción de deseos que ella misma crea y estimula para mantenerse en funcionamiento. Publicita y promete una “vida feliz” – satisfacción máxima aquí y ahora de todos los deseos- pero, a la vez, requiere frustrar sistemáticamente su cumplimiento definitivo para garantizar un deseo en constante movimiento.
Sin embargo, para Bauman, esto no es lo más decisivo, pues el secreto mejor guardado de la sociedad de consumidores es que recompensará a todo individuo que participe de su lógica consumista con la inclusión social, pero no sin antes hacerle pagar el mayor costo de todos: transformarlo a él mismo en un atractivo producto de consumo.
Profundizando en el tema, este autor señala que se ha producido lo que denominan una revolución consumista. Esta se materializó con el paso del consumo como característica individual, al consumismo como característica social, lo cual implica que para la mayoría de las personas se tornó particularmente importante, por no decir central, que la capacidad de querer, desear, anhelar y en especial la capacidad de experimentar esas emociones repetidamente, es el fundamento de toda la economía de las relaciones humanas.
Es decir, que la capacidad esencialmente individual de querer, desear y anhelar es de alguna forma separada (“alienada”) de los individuos para ser reciclada como fuerza externa capaz de poner en movimiento a la “sociedad de consumidores” y mantener su rumbo y funcionamiento, en tanto forma específica de la comunidad humana.
Ahora bien, esta separación del deseo del individuo no es predominantemente conseguida por medio de una coerción sobre él, sino a través de la estimulación, multiplicación y seducción de sus apetitos y deseos ante la oferta publicitada de incontables y exaltados productos de consumo que, bajo una ilusoria promesa de felicidad y satisfacción, ofrecen la posibilidad de construir la propia identidad bajo la aceptación y pertenencia en la vida social junto con los otros consumidores.
Por otra parte, con el surgimiento del consumismo, aparece también una
era de productos que vienen de fábrica con “obsolescencia incorporada”, una era
de productos descartables donde a su vez, crece exponencialmente la industria
de eliminación de deshechos.
En este contexto, la dinámica del sistema genera que la publicidad ocupe un lugar central en las estrategias de venta, estimulando indefinidamente el deseo de comprar de las audiencias de los medios de comunicación o directamente a cada potencial consumidor a través de mensajes cada vez más personalizados, generando estereotipos sociales y culturales orientados al consumo como el desiderátum del gozo y la felicidad.
Como consecuencia de ello, la inestabilidad de los deseos, la insaciabilidad de las necesidades, y como resultado la tendencia al consumismo instantáneo y a la simultánea eliminación de sus desechos, están en perfecta sintonía con el nuevo entorno líquido en el que se inscriben hoy por hoy los objetivos de vida y al que parecen estar atados en un futuro cercano
Así
pues, en dicho documento, en primer lugar se advierte que los
medios de comunicación –los tradicionales y las redes sociales- han invadido
todos los espacios y todas las conversaciones, introduciéndose también en la
intimidad del hogar. Al lado de la
sabiduría de las tradiciones se ubica ahora, en competencia, la información de
último minuto, la distracción, el entretenimiento, las imágenes de los
exitosos.
Otra
característica relevante es que la
sociedad de consumo vive de hecho como si Dios no existiese, pero los
bienes que ofrece –información, entretenimiento, diversión, etc.- no logran satisfacer el anhelo de dignidad inscrito
en la vocación humana, ni la necesidad
de encontrar una vida llena de sentido con un significado unitario para todo lo
que existe. (Documento de Aparecida,
nº 42)
Por
otra parte, señala el documento de Aparecida, que también vivimos una nueva
colonización cultural por la imposición de culturas artificiales, que desprecia
las culturas locales y tiende a imponer una cultura homogeneizada en todos los
sectores. Se trata de una cultura
caracterizada por la autorreferencia del individuo, que conduce a la
indiferencia por el otro, a quien no necesita ni del que tampoco se siente
responsable. Hay una tendencia a vivir al día, sin programas a largo plazo ni
apegos personales, familiares y comunitarios. Las relaciones humanas, muchas veces, se consideran objetos de consumo,
que llevan a relaciones afectivas sin compromiso responsable y definitivo. (Documento
de Aparecida, nº 46)
Se advierte también en la sociedad de consumo, que en diferentes
ámbitos, como en el de la moda, la comunicación y la industria musical, existe
una explotación publicitaria de las
mujeres por parte de muchos medios de comunicación social, que las tratan
como objeto de lucro, sin que esta cuestión tenga el lugar de relevancia que
merece en la agenda pública. (Documento Aparecida, nº 48)
Se destaca, que la avidez del mercado descontrola el
deseo de niños, jóvenes y adultos. La publicidad conduce ilusoriamente a mundos
lejanos y maravillosos, donde todo deseo puede ser satisfecho por los productos
que tienen un carácter eficaz, efímero y hasta mesiánico. Se legitima que los
deseos se vuelvan felicidad. Como sólo se necesita lo inmediato, la felicidad
se pretende alcanzar con bienestar económico y satisfacción hedonista.
(Documento Aparecida, nº 50)
Para finalizar con esta caracterización, destacamos que las
nuevas generaciones son las más afectadas por esta cultura del consumo en sus
aspiraciones personales profundas porque crecen en la lógica del individualismo
pragmático y narcisista, que suscita en ellas mundos imaginarios especiales de
libertad e igualdad (…) Asimismo, participan de la lógica de la vida como
espectáculo y tienen una nueva adicción por las sensaciones y crecen, en una
gran mayoría, sin referencia a los valores e instancias religiosas. (Documento
Aparecida, nº 51)
3.- La relación de la sociedad de consumo con la
contaminación desde "Laudato Si":
Otro aspecto de enorme relevancia y que es importante destacar es la relación de la sociedad de consumo con la contaminación y con la
crisis socio ecológica que afecta al planeta y a la humanidad. Para ello nos vamos
a basar en la encíclica del Papa Francisco “Laudato Si” del 24 de mayo de 2015, donde se ha desarrollado este tema en profundidad.
La sociedad de consumo produce muchos residuos a tal
punto que todo el planeta parece convertirse en un inmenso depósito de basura: “Hay que considerar también la contaminación
producida por los residuos, incluyendo los desechos peligrosos presentes en
distintos ambientes. Se producen cientos de millones de toneladas de residuos
por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos domiciliarios y
comerciales, residuos de demolición, residuos clínicos, electrónicos e
industriales, residuos altamente tóxicos y radioactivos. La tierra, nuestra
casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería.”
(LS, nº 21)
Una de las raíces del problema socio ambiental es la
cultura del descarte “Estos problemas
están íntimamente ligados a la cultura del descarte, que afecta tanto a los
seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en
basura. (…) Todavía no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción
que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone
limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo,
maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar. Abordar
esta cuestión sería un modo de contrarrestar la cultura del descarte, que
termina afectando al planeta entero, pero observamos que los avances en este
sentido son todavía muy escasos.” (LS, nº 22)
La entidad del problema social y ecológico no nos permite
mirar para otro lado. Las predicciones catastróficas ya no pueden ser miradas
con desprecio o ironía. En la actualidad el ritmo de consumo, de desperdicio y
de alteración del medio ambiente –especialmente en los países desarrollados- ha
superado las posibilidades del planeta. El estilo de vida actual, por ser
insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está
ocurriendo periódicamente en diversas regiones. La atenuación de los efectos
del actual desequilibrio debe comenzar ahora mismo, sobre todo si pensamos en
la responsabilidad que nos atribuirán en el futuro próximo los que deberán
soportar las peores consecuencias. (LS, nº 161)
Sin embargo, pese a las evidencias sobre la gravedad del
problema, existen enormes dificultades para asumir plenamente el desafío que
plantea la crisis socio ambiental. Una de las razones tiene que ver con un
deterioro ético y cultural, que acompaña al deterioro ecológico. El hombre y la
mujer del mundo posmoderno corren el riesgo permanente de volverse
profundamente individualistas, y por eso muchos problemas sociales se
relacionan con el inmediatismo egoísta actual, con las crisis de los lazos familiares
y sociales y con las dificultades para el reconocimiento del otro. (LS, nº 162)
4.- La antropología in sistencial y la recuperación de la
interioridad de la persona:
El creador de esta corriente de pensamiento, el R. P.
Ismael Quiles S.J., en su obra La Persona Humana (1942), aplica
el método fenomenológico para describir el “yo psicológico” y el
“yo ontológico”. En ese sentido, considera que el
conocimiento filosófico tiene su primer origen y un amplio campo de
investigación, en la reflexión y en el
recogimiento interior del hombre sobre sí mismo y en el esfuerzo reflexivo de
sus experiencias íntimas.
Para esta línea de pensamiento antropológico, el conocimiento de la esencia del hombre es
la clave no sólo para saber lo que somos, sino para insertarnos en la vida y en
el universo, en la sociedad y en la naturaleza que nos rodea. Desde este
enfoque teórico, encontrar la realidad más profunda y originaria del hombre es
hallar su ser más propio, su esencia. Esa
realidad más profunda y última del hombre, de la cual se originan todas las
demás características es la interioridad a la que denomina “in sistencia” y se
descubre mediante la reflexión.
Para él la posible
solución a los problemas contemporáneos surgiría a partir de esta especie de
“recuperación” de la interioridad, para que en ella y con ella tengamos la posibilidad de adquirir
autoconciencia, autocontrol y autodecisión y a partir de allí podamos
establecer esa imprescindible relación con el mundo exterior.
El problema que aqueja al hombre moderno es la alienación, el estar fuera de sí,
buscando su plenitud y felicidad mediante la adquisición de objetos, de cosas,
de bienes de consumo. Esto afecta su esencia y consecuentemente su
libertad.
No es posible poner a la humanidad al servicio de los “ídolos hipertrofiados” de
nuestra civilización, la ciencia, la técnica, el éxito a cualquier precio, el
hiper consumismo, pues ello puede clausurar la mismidad del hombre y
dejarlo imposibilitado de pensar por sí mismo. Y, como consecuencia de ello, se
lleva una vida alienada, inauténtica, con pérdida de sentido y de
identidad. Ello sólo puede conspirar contra la plenitud de la vida personal y
acarrear profundos males sociales.
5.- La importancia del microsistema de defensa del consumidor en este contexto:
Como síntesis de lo expuesto más arriba, podemos señalar que las características de la de “sociedad de consumo” son las siguientes:
- ·
masificación,
- ·
despersonalización,
- ·
mundialización,
- ·
tecnificación,
- ·
insostenibilidad ecológica,
- ·
materialismo
narcisista,
- ·
inequidades
sociales,
- ·
individualismo
- ·
deshumanización,
- ·
producción
seriada,
- ·
hedonismo
exhibicionista y
- ·
estandarización
de las prestaciones y los vínculos jurídicos.
En términos económicos y especialmente jurídicos, es
posible afirmar que los términos de intercambio han pasado de relaciones
contractuales celebradas tras un período de negociaciones donde las partes, en
pie de igualdad, acordaban las condiciones de sus relaciones jurídicas
patrimoniales, a relaciones de cambio masificadas, tecnificadas y
despersonalizadas, con condiciones muchas veces prerredactadas y
uniformizadas a nivel global.
Así, los consumidores ya no van al “mercado” a
conocer, apreciar, comparar y, en su caso, contratar los bienes y servicios,
sino que es el mercado el que, valiéndose de dispositivos cada vez más
tecnificados e invasivos penetra en los hogares, en los lugares de trabajo o
estudio, en la vía pública o través de los medios de comunicación o
tecnológicos en condiciones sorpresivas
y/o agresivas.
Esta situación nos habla a las claras de un cambio muy
grande en el sistema de contratación. En efecto, se pasó de un sistema
paritario de negociación individual, a un sistema estandarizado, con cláusulas
predispuestas y de adhesión con un notable nivel de desigualdad en perjuicio de
los consumidores.
6.- Principales temas del derecho de consumo
1) La
defensa del consumidor contra las asimetrías y el poder de mercado de las
grandes empresas especialmente cuando afectan el derecho a la libertad de
elección y los intereses de los consumidores. Es decir, bregar por la disminución
de las asimetrías del poder.
2) Las
disputas contra la mercantilización de ciertos productos y servicios. Dentro de
este campo se comprenden los esfuerzos que se realizan por el acceso universal
y por la no mercantilización de ciertos bienes o servicios, como por ejemplo lo
relacionado a la investigación de células madre, las técnicas de clonación de
embriones humanos, las terapias génicas en general. A su vez, estos esfuerzos
por el acceso universal se dan contra la excesiva apropiación mercantil de
parte de empresas comerciales de bienes que deben considerarse como de interés
público como es el caso de los medicamentos que están íntimamente relacionados con
el derecho a la salud. Estas disputas, tienen como centro los derechos de
propiedad intelectual, especialmente el de patente, que transforma en mercancía
la producción intelectual, códigos genéticos, fórmulas de medicamentos, etc.
Sobre este profundizaremos más adelante.
3)
Las
disputas por modificar el contenido ético de los productos consumidos. En este
campo se incluye todo lo relacionado con el consumo sustentable y la cuestión
ecológica, el consumo alternativo, el consumo solidario y evitar la cosificación
y mercantilización del cuerpo de la mujer en las publicidades.
4)
Las
críticas contra el contenido político cultural de la sociedad de consumo. En
este campo se encuentran las más diversas corrientes y movimientos que buscan
cuestionar el materialismo, el hedonismo y el individualismo que genera la
sociedad de consumo. Sin embargo, hay que tener presente que si bien la moderna
sociedad consumo tiene muchos aspectos criticables, como el reduccionismo
materialista, la debilitación de lazos culturales y sociales, pérdida de
solidaridad social, pérdida de identidad cultural, etc., también es a través
del consumo –especialmente de productos asociados a la innovación tecnológica-
que se transmite y disemina el avance de la ciencia. Es a través del “consumo”
que se realiza un mecanismo de acceso al progreso civilizatorio, ya sea para la
cura de enfermedades, de nuevos dispositivos de comunicación y de instrumentos
que influyen en una mayor calidad de vida[1].
Esto nos demuestra que existe una tensión que hay que ir resolviendo en forma
armónica y equilibrada.
Se requiere indudablemente un papel muy activo por
parte del Estado para paliar la asimetría y desigualdad en la que se encuentran
los consumidores frente a los proveedores de bienes y servicios. Pero
simultáneamente, se requiere de una mayor organización por parte de los
consumidores, y que la mayor organización redunde en: mayor información, mayor
participación y sobre todo una mayor actividad para convertirse en sujetos cada
vez más activos e influyentes en la sociedad actual. Este último aspecto es más
importante que el primero.
Asimismo, la articulación del accionar de los
consumidores con el Estado en todos sus niveles es otro aspecto sustancial para
la construcción de poder a favor de la parte más débil en la sociedad de
consumo, máxime en esta era globalizada donde el poder fáctico de las empresas
multinacionales puede superar la capacidad de acción de los estados nacionales.
7.- Los derechos constitucionales de los consumidores
y su integración con el Código Civil y Comercial:
Frente a esas realidades donde el consumo ocupa un
lugar preponderante, emerge el Derecho del Consumidor como un sistema de normas
principiológicas, de fuente constitucional, integrado por diversas leyes, con carácter esencialmente
protectorio de la parte débil y vulnerable, poniendo en crisis muchos de sus
paradigmas clásicos del derecho, como por ejemplo la autonomía de la voluntad y
la libertad contractual.
Efectivamente, el microsistema de defensa del consumidor se integra con los arts. 42 y 43 de la Constitución nacional, el Código Civil y Comercial, la ley de defensa de los consumidores, la ley defensa de la competencia, de lealtad comercial, de regulación de los servicios públicos, de medicina prepaga, de tarjeta de crédito, entre otras, que dialogan entre si para la tutela de los consumidores.
Una de las primeras e importantes consecuencias que
podemos extraer de la jerarquía constitucional de los derechos de los
consumidores, es que en Argentina la defensa del consumidor se constituye como
uno de los principios rectores en materia de política económica y social[2].
Estos principios y derechos de los consumidores fueron
establecidos en el artículo 42 de la Constitución Nacional que dispone: “Los
consumidores y usuarios de bienes y servicios tienen derecho, en la relación de
consumo, a la protección de su salud, seguridad e intereses económicos; a una
información adecuada y veraz; a la libertad de elección, y a condiciones de
trato equitativo y digno.
Las
autoridades proveerán a la protección de esos derechos, a la educación para el
consumo, a la defensa de la competencia contra toda forma de distorsión de los
mercados, al control de los monopolios naturales y legales, al de la calidad y
eficiencia de los servicios públicos, y a la constitución de asociaciones de
consumidores y de usuarios. (…)”
Este artículo de la Constitución Nacional que es fundamental
en el derecho de los consumidores, debe relacionarse con lo dispuesto en el
Código Civil y Comercial para poder definir tanto lo que es la relación de
consumo, como el contrato de consumo y los principios que rigen este
microsistema.
La relación de consumo y el consumidor se definen en el
artículo 1092 del Código Civil y Comercial: “La
relación de consumo como el vínculo
jurídico entre un proveedor y un consumidor. Al consumidor, como la persona
humana o jurídica que adquiere o utiliza, en forma gratuita u onerosa, bienes o
servicios como destinatario final, en beneficio propio o de su grupo
familiar o social. También se equipara al consumidor a todos aquellos que como
consecuencia o en ocasión de una relación de consumo, adquieren o utilizan
bienes o servicios, en forma gratuita u onerosa como destinatarios finales, en
beneficio propio o de su grupo familiar o social.”
El contrato de consumo se define en el
art. 1093 del Código Civil y Comercial: “como
aquel que es celebrado entre un consumidor o usuario final con una persona
física o jurídica que actúe profesional u ocasionalmente o con una empresa
productora de bienes o prestadora de servicios, pública o privada, que tenga
por objeto la adquisición, uso o goce delos bienes o servicios por parte
de los consumidores o usuarios, para su uso privado, familiar o social.”
A partir de las definiciones legales señaladas, se
construye la categoría jurídica de consumidor. Para encuadrar una
situación en la misma, se requiere la existencia de dos elementos
estructurales:
a) La vulnerabilidad o debilidad, y b) el destino final
de los bienes incorporados, para beneficio propio de su grupo familiar o
social.
Por otra parte, podemos señalar que la tutela del
consumidor comprende cuatro supuestos:
a) Quién adquiere bienes o servicios con un destino
final, ya sea a título gratuito u oneroso, b) quién utiliza bienes o servicios
con un destino final sin ser parte de un contrato de consumo, c) el sucesor
particular en los derechos adquiridos por el consumidor originario, y d) los
sujetos expuestos a una relación de consumo.
A continuación, el código establece los principios de
interpretación del contrato de consumo. Ellos son que las normas que regulan
las relaciones de consumo deben ser aplicadas e interpretadas conforme con el principio de protección del
consumidor y el de acceso al consumo sustentable.
En caso de duda sobre la interpretación del Código
o las leyes especiales, prevalece
la más favorable al consumidor. En cuanto a la interpretación de los
contratos de consumo, se interpreta
siempre en el sentido más favorable al consumidor y cuando existan dudas sobre
el alcance de una obligación del consumidor, se adopta la que sea menos gravosa
(ver arts. 1094 y 1095 CCyC).
Se agregan varias consecuencias de singular importancia,
como la obligación de los proveedores de garantizar condiciones de atención y
trato digno a los consumidores y usuarios. La
dignidad de la persona debe ser respetada conforme los tratados
de derechos humanos. Los proveedores deben abstenerse de desplegar
conductas que coloquen a los consumidores en situaciones vergonzantes
o intimidatorias (ver art. 1097 CCyC).
Aclarados estos puntos centrales del microsistema de defensa
de los consumidores que están en el Código Civil y Comercial, vamos a realizar
seguidamente unos comentarios sobre los derechos constitucionales de los
consumidores que se encuentran en el ya citado artículo 42 de la CN.
A. Protección de la salud, la seguridad, los
intereses económicos y la información como objeto de los derechos de los
consumidores y usuarios.
Ø
El
deber de seguridad consiste en que al prestarse el servicio o utilizarse o
consumirse el bien objeto de la relación de consumo, se debe mantener indemne
la integridad física y patrimonial del consumidor o usuario, pues este ha
depositado su confianza en el proveedor en ese sentido[3].
Ø
Debe
considerarse que es el proveedor del bien o servicio quién está en mejores
condiciones para recolectar la información sobre los riesgos que le puede
acarrear al usuario o consumidor la utilización del bien o servicio que presta.
Ø
Esta
situación ventajosa por parte del proveedor importa a su vez, el deber de
adoptar medidas concretas frente a los riesgos reales de modo preventivo, pues
es el proveedor quién está también en mejores condiciones de tomar medidas de
prevención genéricas al menor costo.
Ø
En
ese orden de ideas, en relación a la carga indemnizatoria, ésta puede ser mejor
distribuida por el proveedor, sea disminuyendo accidentes como contratando un
seguro[4].
Ø
La
protección del derecho a la información del consumidor o usuario, se relaciona
con la asimetría que existe entre estos y los proveedores, lo cual desde el
punto de vista económico constituye una falla de mercado que se trata de
equilibrar de esta manera.
Ø
Tal
como señalamos más arriba, los consumidores carecen de información sobre la
calidad del bien o servicio, sobre cómo se produce, cuál es su real estructura
de costos, que factores se tienen en cuenta para la fijación del precio, los
riesgos del bien o servicio, etc.
Ø
El
deber de informar se extiende, no sólo a las características del producto o
servicio, sino también a la forma de contratación o las características del
alta y baja de los servicios.
Ø
La
información deber ser cierta, clara y detallada, gratuita y proporcionada, con
la claridad necesaria que permita su comprensión (art. 4 ley 24.240 y modificatorias).
Ø Con respecto a los intereses económicos de los
usuarios y consumidores, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha señalado
que todas las personas tienen derechos
fundamentales con un contenido mínimo que les resulta imprescindible para desplegar
plenamente su valor eminente como agentes morales autónomos, que constituyen la
base de la dignidad humana, y que la
Corte debe proteger[5].
B. El derecho a la libertad de elección y a
condiciones de trato equitativo y digno en la relación de consumo.
Ø
En
lo que respecta al campo de protección del derecho a la libertad de elección y
a condiciones de trato equitativo y digno, consideramos que estamos frente a un
derecho público subjetivo de la sociedad, no meramente frente a un derecho
individual.
Ø
La
consagración en cabeza de los consumidores de estos derechos implica el deber
del estado de garantizar el ejercicio de los mismos mediante la preservación de
la libre competencia en los mercados de bienes y servicios.
Ø
Esta
afirmación, adquiere un singular relieve, pues significa que el sujeto
principal de tutela de la ley 27442, de defensa de la competencia, no es solo el
mercado, sino los consumidores considerados como un grupo vulnerable merecedor
de una tutela especial. Incluso, la libertad de elección debe ser calificada
como un derecho de incidencia colectiva referida a intereses individuales
homogéneos.
C. La defensa de los intereses individuales homogéneos
de los consumidores.
Una de los poderosos instrumentos que está al alcance
los consumidores para garantizar sus derechos, es la posibilidad de tutelar sus
intereses individuales homogéneos, mediante el ejercicio de acciones de
incidencia colectiva, tal como lo dispone el art. 43 de la Constitución
Nacional.
La importancia de la tutela individual homogénea es la
posibilidad que brinda de dar respuesta, con valor de cosa juzgada, a un número
plural de reclamos en un solo proceso judicial, aunque los reclamos puedan ser
atribuidos de manera individual a cada uno de los consumidores o usuarios[6].
Este instrumento permite reclamar judicialmente frente
a abusos por parte de los proveedores de bienes y servicios, que vistos en
forma individual carecen de entidad o bien resulta económicamente
contraproducente el inicio del litigio. Estas dificultades para litigar de
manera individual por la escasa entidad del perjuicio económico, permitía que
se vulneren los derechos de un conjunto de consumidores, sin que el proveedor
sufra ninguna consecuencia y afectándose el derecho de acceso a la justicia de
los perjudicados.
Pese que el art. 43 de la Constitución Nacional
habilita el amparo para la protección de derechos de incidencia colectiva, como
lo son estos casos, todavía no existe a nivel nacional un código o una ley que
regule de modo general y comprensivo los procesos colectivos en los que se
discutan derechos de jerarquía constitucional, que puedan dar lugar a procesos
colectivos de esta naturaleza específica[7].
La Corte Suprema de Justicia de la Nación intentó
corregir esa falencia normativa en el caso “Halabi”[8]
donde habilitó expresamente la viabilidad de la acción colectiva referida a
intereses individuales homogéneos, como es el caso de la afectación de los
derechos de los consumidores.
Posteriormente hubo otra sentencia de la Corte Suprema
de Justicia de la Nación que consolidó la doctrina judicial en torno a la
tutela judicial de los intereses individuales homogéneos.
En efecto en la causa “PADEC c/Swiss Medical”[9],
ratificó la doctrina judicial expuesta en “Halabi”
y agregó la corte que las asociaciones de defensa de los consumidores se
encuentran habilitadas a demandar en defensa de los derechos individuales
homogéneos.
A través de estos dos fallos la Corte Suprema de
Justicia de la Nación declara la existencia de tres categorías de derechos en
nuestro ordenamiento jurídico, estos es: individuales, de incidencia colectiva
que tienen por objeto bienes colectivos y de incidencia colectiva referentes a
intereses individuales homogéneos.
Asimismo, se cristalizan los requisitos para la
procedencia de la acción colectiva o de clase: (i) no es exigible que haya un
bien colectivo vulnerado; (ii) presencia de una causa fáctica homogénea,
definida por la existencia de un hecho único o continuado que provoca lesión a
determinados derechos individuales; (iii) posibilidad de que la pretensión
procesal esté enfocada en el aspecto colectivo de los efectos de ese hecho; y
(iv) la constatación de que el ejercicio individual no aparece plenamente
justificado.
8.- Conclusión:
La sociedad de consumo en la cual vivimos y en donde
debemos ejercer los derechos de los consumidores en todas sus dimensiones, genera
amenazas concretas a la dignidad de la persona, debido a la influencia negativa
del consumismo sobre la libertad individual.
Tenemos la convicción de que el ejercicio activo de
los derechos de defensa del consumidor debe contribuir al desarrollo integral
de la persona humana. Interpretados además desde una perspectiva humanista, se transforman
en herramientas singularmente útiles para evitar el peligro de la enajenación a
la que nos lleva el consumismo exacerbado.
Por eso, la elaboración antropológica de la filosofía
in sistencial constituye un excelente marco de referencia para que la tutela de
los derechos de los consumidores redunde en la construcción de un clima
propicio para la plenitud de todo el hombre y de todos los hombres.
Los derechos de los consumidores, forman parte del
elenco de los derechos humanos fundamentales y que a partir de la reforma de
1994 han adquirido jerarquía
constitucional. Pero todavía se debe avanzar en una mayor concientización por
parte de los mismo consumidores, quienes deben actuar cada vez más organizados
y articulando su accionar junto a los órganos competentes del estado para achicar
cada vez la asimetría que existe con los proveedores de bienes y servicios, que
en no pocos casos son empresas multinacionales con un gran poder de mercado.
Para finalizar, tenemos la expectativa de que en este
campo tan dinámico en donde interactúan elementos sociológicos, culturales,
jurídicos y económicos, de tanta relevancia para hombre, se opera un mayor desarrollo desde una
concepción humanista que ponga a la persona en el centro de las preocupaciones.
[1] Vida de consumo, Zygmunt Bauman, Fondo de cultura económica 2007
[2] Bernardo “Capitalismo, Consumo y Democracia. Procesos de Mercantilización/Desmercantilización en América Latina, CEPLAN, Santiago de Chile, año 2008, pag. 20 y sig..
[3] CSJN, in re F. 1116, XXXIX. Ferreyra, Víctor Daniel c/V.I.C.O.V. S.A. s/daños y perjuicios. Voto del Sr. Ministro Dr. E. Raúl
Zaffaroni, considerando 21, de fecha 21 de marzo de 2006.
[4] CSJN, in re F. 1116, XXXIX. Ferreyra, Víctor Daniel c/V.I.C.O.V. S.A. s/daños y perjuicios. Voto del Sr. Ministro Dr. Don
Ricardo Luis Lorenzetti, considerandos 7 y 8, de fecha 21 de marzo de 2006.
[5] CSJN, in re R. 320. XLII, “Rinaldi, Francisco Augusto y otro
c/Guzmán Toledo, Ronal Constante y otra s/ejecución hipotecaria” Voto de los
Sres. Ministros Dres. E. Raúl Zaffaroni y Don Ricardo Luis Lorenzetti,
considerando 19 de fecha 15 de marzo de 2007.
[6] Salgado,
Jose María “Tutela individual homogénea” Editorial Astrea, Buenos Aires, 1ra
edición, 2011, pág.1.
[7] Oyhanarte (h.), Martín “Litigio estructural y derechos
fundamentales. Necesidad de un régimen procesal adecuado.” Revista de Derecho
Constitucional del 7/07/2014 IJ-LXXII-45.
[8] Fallos,
332:111 (2009)
[9] CSJN, in re: “PADEC c/Swiss Medical S.A. s/nulidad de cláusulas contractuales”,
causa P.361.XLIII, sentencia de fecha 21/08/2013.