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martes, 28 de julio de 2026

La Hélade en el suelo americano: Carlos Disandro y la defensa de la América románica frente a la modernidad.


 

Introducción: La "lumbre"  helenica en la visión de Carlos Disandro

El estudio de la Antigüedad clásica en la Argentina del siglo XX no constituyó un simple ejercicio de erudición académica o un desprendimiento de la filología europea, sino que, en determinados focos intelectuales, operó como una herramienta de interpretación de la realidad y de combate cultural, político y espiritual (rectius semántico). En este panorama, la figura de Carlos Alberto Disandro ocupa un lugar singular y sumamente interesante.

 Filólogo de sólida formación, latinista, helenista y polemista incansable, Disandro construyó una obra donde la enseñanza de las lenguas clásicas y la exégesis de los textos antiguos nunca se divorciaron de una profunda preocupación por el destino político y espiritual de Argentina, de Hispanoamérica y de Occidente en general. Su pensamiento partía de una convicción axial: la crisis de la modernidad era, en su raíz más íntima, un eclipse de la humanitas y una pérdida de sintonía con el orden ontológico que los griegos habían sabido formular originariamente.

Frente a una academia fundamentalmente eurocéntrica formada en el historicismo positivista, en las distintas variantes del liberalismo, del marxismo y, más tarde, del estructuralismo y posestructuralismo que dominó gran parte de la universidad argentina, Disandro leyó a los poetas griegos, a los presocráticos, a los trágicos y a los poetas latinos como mojones de una tradición viva, capaz de interrogar el presente.

Para él, el humanismo no se reducía a un canon estético del Renacimiento ni a una retórica secularizada de la Ilustración, sino que representaba una densa trama de fuentes espirituales e históricas —cuyo despliegue examinó sistemáticamente en su curso y obra Humanismo: fuentes y desarrollo histórico— que vinculaba indisolublemente el orden cósmico, el orden humano y el orden divino. A su juicio, el verdadero humanismo cristiano es el que aparece con la patrística, es decir, a raíz de la confluencia de la revelación bíblica y el helenismo.

En este modesto trabajo nos proponemos realizar un primer análisis sobre la manera en que Disandro articuló este humanismo griego a través de tres ejes conceptuales fundamentales:

  • Ø  Primero, se examinará la génesis filológica y la tríada originaria (orden cósmico, humano y divino), donde la recuperación del logos y de la physis establece la medida (metron) del hombre en sintonía con el cosmos y con lo sagrado.
  • Ø  Segundo, se abordará la fractura moderna, que separa las fuentes grecolatinas de la revelación y, como consecuencia de ello, se produce el desgarramiento de este orden basado en los vínculos misteriosos entre el plano divino, el cosmológico y el político realizado por parte del subjetivismo liberal y la razón instrumental. Frente a ello, el noein helénico (el pensamiento clásico) y la exégesis de sus fuentes se convierten en un acto curativo de religación frente al nihilismo y consumismo contemporáneo.
  • Ø  Por último, se estudiará su proyección sobre la "América románica", demostrando cómo la defensa de las fuentes helénicas e hispánicas se erige como el cimiento indispensable para fundar una soberanía comunitaria y humanista auténtica.

El propósito de este trabajo es dimensionar la originalidad de un pensamiento que buscó en las fuentes de la Hélade el fundamento inquebrantable de un verdadero ser nacional y continental e instalar –como él decía- el “Reino de la Musa” en estos territorios.

I. La génesis filológica y las fuentes de la humanitas: De la physis al orden espiritual

1.1. La filología como acceso a la verdad ontológica en todas sus dimensiones

Para comprender el humanismo en la obra de Carlos Disandro, es imperativo partir de su concepción de la filología. Lejos de reducirla a una técnica instrumental o a una arqueología de los textos muertos, Disandro entendía la labor filológica como una disciplina rigurosa de rescate y audición del sentido originario. En su perspectiva, las palabras de los antiguos griegos —y su posterior decantación en el latín de los romanos— no eran meros signos convencionales, sino depósitos vivos de experiencia fundante. El término, el concepto y la cosa formaban una unidad indisoluble donde el logos operaba como la manifestación ordenadora del ser frente al caos.

En su curso y obra sistemática Humanismo: fuentes y desarrollo histórico, Disandro establece una delimitación rigurosa que evita disolver el humanismo en una categoría vaga o puramente literaria. El humanismo no nace de la autocomplacencia burguesa del Renacimiento o de la Ilustración, sino que hunde sus raíces fundantes en la tensión griega por definir la medida del hombre en estricta correlación con el cosmos y con lo divino.

1.2. La tríada originaria: El vínculo indisoluble entre el orden cósmico, humano y divino

El núcleo más profundo del humanismo griego clásico, tal como lo interpreta Disandro, reside en la articulación armónica de tres dimensiones que la modernidad se empeñó en disociar:

Ø  El orden cósmico (physis y cosmos): El universo no es un agregado mecánico de materia dispuesta para la explotación técnica, sino un cosmos ordenado, jerárquico y bellamente dispuesto (kósmos significa orden y ornato), regido por leyes inmutables (logos) que evidencian una armonía oculta (ἁρμονίη ἀφανής harmonía aphanes) que el hombre debe contemplar y respetar.

Ø  El orden humano (anthropos y polis): El hombre encuentra su verdadera dimensión y su areté (excelencia) no en la autonomía absoluta o en la auto-creación subjetiva, sino en la medida (metron) que le impone su condición de parte subordinada a un todo mayor. La polis es el espejo político de ese orden cósmico.

Ø  El orden divino (theios): Lo sagrado impregna la totalidad de la experiencia griega primitiva y trágica. El destino (moira), la justicia (dike) y la piedad (eusebeia) vinculan indisolublemente al mortal con los dioses, vedándole la transgresión de la soberbia (hybris) e instándolo a vivir con σωφροσύνηsōphrosýnē significa moderación, templanza, autocontrol y sano juicio

Así pues, Hesíodo explica cómo se genera está armonía en la comunidad política. La misma se funda en un acto de inspiración; es decir, se traslada aquello que está en el orden divino de las Musas hacia el orden humano. Desde la lumbre helénica, el gobernante no puede entender el acto de conducción política sino a través del principio de inspiración, ni puede ordenar armoniosamente la comunidad si no es mediante una interiorización que se traslada a la realidad política.

De esa realización íntima, de esta inspiración, procede el desarrollo de la comunidad humana y política tal como la entiende el griego: una comunidad como realidad nueva incorporada a la realidad cósmica. Realidad cósmica en donde hay interdependencia entre la naturaleza humana y la no humana, y donde también interactúan lo visible y lo invisible (lo sagrado). La comunidad política queda de esa forma inserta en una realidad mayor y sobrenatural.

Por consiguiente, para Disandro, los griegos vivían en la certeza de que estos tres órdenes formaban un tejido continuo. El hombre realizaba su humanitas en la exactitud de su inserción en ese entramado: desatarse del cosmos o pretender la autonomía frente a lo divino equivalía siempre a una catástrofe espiritual y política.

1.3. La fractura moderna y la urgencia de la "religación"

La tesis crítica fundamental que Disandro despliega en su recorrido histórico es que la modernidad se constituyó, esencialmente, mediante el desgarramiento y la disolución de esta tríada. Al secularizar el pensamiento, autonomizar la razón geométrica e instaurar el antropocentrismo, el hombre moderno cortó los amarraderos que lo unían al orden cósmico y al orden divino, reduciéndose a un individuo desarraigado que, al perder el sentido de trascendencia y la vivencia de lo sagrado o numinoso, queda sometido a los mecanismos del poder técnico y económico.

En consecuencia, volver a los textos originarios de la Hélade no constituye un mero pasatiempo erudito ni una nostalgia arqueológica. Para Disandro, la exégesis filológica de las fuentes clásicas cumple una función curativa y fundacional: es un acto de religación (religio en su sentido etimológico de religar lo desatado). La madurez americana solo será posible a través de una lectio profunda de los textos antiguos que generaron el derecho, los fundamentos y la espiritualidad de Occidente. Al reencontrarse con el logos originario, el pensamiento puede suturar la herida de la modernidad, recuperando la perspectiva de la medida, la jerarquía ontológica y la apertura a lo sagrado como condición indispensable para la reconstrucción espiritual y comunitaria de Occidente y principalmente de nuestra propia América.

1.4. La crítica a las desviaciones de las raíces occidentales

Cada vez que el humanismo se desvinculó de este triple orden y de su verdad ontológica —reduciéndose a un mero formalismo retórico, a un subjetivismo agnóstico o a una tecnocracia operativa—, Occidente ingresó en fases de profunda crisis espiritual. Frente a esa petrificación, el humanismo griego que Disandro ha pretendido recuperar se levanta como un tesoro lleno de sabiduría, donde la tradición clásica se erige como el custodio último de la verdad frente al nihilismo contemporáneo.

II. La fractura del orden: Tradición helénica versus modernidad

2.1. La crisis de la polis y el desgarramiento moderno

En su lectura histórica, Carlos Disandro advierte que el proceso constitutivo de la modernidad (nos referimos a la tendencia triunfante) no representa una evolución o una maduración del espíritu clásico, sino una radical inversión de sus premisas fundamentales. Mientras que la antigüedad helénica concibió la vida comunitaria como un reflejo directo del ordenamiento del cosmos y de la subordinación a lo divino, la modernidad operó como un proceso sistemático de desarraigo.

Al desplazar el eje del logos comunitario hacia la subjetividad individual y la razón discursiva, el mundo moderno rompió los límites que garantizaban la sōphrosýnē (mesura, equilibrio, armonía). Para Disandro, este quiebre se manifiesta nítidamente en la pérdida de la noción de lo sagrado y de la convivencia con el mundo de los dioses, y en la entronización de la hybris técnica: el hombre ya no contempla la physis para admirar su belleza e integrarse en ella —dejando de ser el ámbito de manifestación de lo sagrado (theophania) —, sino que la reduce a un mero recurso disponible para la dominación utilitaria.

2.2. La crítica a las lecturas disolutivas del humanismo

En su obra Humanismo: fuentes y desarrollo histórico, Disandro combate explícitamente aquellas interpretaciones que reducen el humanismo a un producto exclusivo del Renacimiento secularizado o de la Ilustración enciclopedista. Para el autor, el humanismo moderno —en tanto antropocentrismo autónomo— consuma el divorcio entre el hombre y sus fuentes fundantes:

Ø  El subjetivismo liberal: Al consagrar al individuo abstracto desvinculado de sus adscripciones comunitarias e históricas, el liberalismo destruye las bases de la polis tradicional y disuelve los lazos orgánicos esenciales.

Ø  El economicismo y la tecnocracia: La subordinación de la vida social a las leyes impersonales del mercado y al despliegue técnico consolida un orden desalmado, donde la cultura queda reducida a un epifenómeno mercantil o a una burocracia inerte.

2.3. La vigencia del combate cultural

Frente a este panorama de descomposición, Disandro no postula una huida pasatista, sino una oposición intelectual y espiritual basada en el rescate activo de la tradición clásica y cristiana. La recuperación de las fuentes helénicas cumple así una función eminentemente crítica: provee las claves de interpretación necesarias para desnudar las falacias del progreso indefinido y su paradigma tecno económico, y ofrece los lineamientos, -especialmente la semántica- para pensar un orden político arraigado en la justicia, la jerarquía ontológica y la soberanía comunitaria.

III. Proyección hispanoamericana y orden político: La "América románica" y la Hélade en el suelo americano

3.1. La transmutación americana y el concepto de "América románica"

Para Carlos Disandro, la recuperación del humanismo griego y de sus fuentes constituía una clave hermenéutica insustituible para leer la realidad histórica y política de nuestra región, a la que denominaba habitualmente "América románica". En su visión, este continente no nacía con la modernidad ilustrada ni con las formas del liberalismo decimonónico, sino que heredaba el sustrato espiritual, lingüístico y político de la latinidad y de la hispanidad, el cual encontraba a su vez su raíz remota en el orden clásico-cristiano (conjunción de helenismo y revelación bíblica).

La categoría de "América románica" le permitía a Disandro oponerse a las clasificaciones eurocéntricas o meramente geográficas (como "Latinoamérica", término de cuño francés aunque es utilizado por la Iglesia católica desde fines del siglo XIX). Para él, lo "románico" condensaba la continuidad histórica de una tradición comunitaria, religiosa y cultural que había amalgamado el derecho romano, la filosofía griega y la fe cristiana, proyectándose fecundamente sobre el suelo americano. La soberanía política de estas tierras no podía fundarse, por lo tanto, sobre abstracciones contractuales, sino sobre la fidelidad a ese linaje espiritual e histórico.

3.2. Crítica al liberalismo y búsqueda de la soberanía comunitaria

Desde esta perspectiva de la América románica, Disandro articuló una crítica impiadosa contra los proyectos oligárquicos y liberales que modelaron los Estados latinoamericanos bajo la influencia del positivismo y el imperialismo cultural:

Ø  El desarraigo institucional: La imitación de modelos constitucionales extranjeros ajenos a la tradición histórica concreta condujo al debilitamiento de los lazos comunitarios, al divorcio entre la cultura popular y las instituciones, y a la subordinación geopolítica de las naciones que integran este espacio cultural.

Ø  La política como orden y destino: Frente a la tecnocracia y a la economía de mercado, Disandro reivindicó una concepción profunda de la autoridad y del Estado, donde la comunidad organizada de la América románica debía superar las antinomias del liberalismo y del marxismo restaurando sus propias fuentes de soberanía y justicia.

IV. Consideraciones Finales: Hacia una recapitulación del humanismo disandriano

A modo de recapitulación sintética, el derrotero intelectual de Carlos Alberto Disandro en torno al humanismo griego puede condensarse en tres nudos conceptuales fundamentales que articulan su obra:

  1. La filología como acceso ontológico y la triada originaria: Frente al formalismo academicista, Disandro concibe la labor filológica como el rescate vivo del logos, de la physis y del noein griego. Para él, el humanismo clásico encuentra su fundamento insustituible en la integración armónica de la tríada que vincula el orden cósmico, el orden humano y el orden divino. La medida (metron) el equilibrio (sōphrosýnē) y el respeto a los límites del ser vedan la hybris y constituyen la base de toda verdadera paideia.
  2. La fractura moderna y la urgencia de la "religación": La crisis de la modernidad se interpreta, en la exégesis disandriana, como el desgarramiento sistemático de esa triada fundante. La secularización radical, el subjetivismo liberal y la razón instrumental reducen al hombre a un individuo desarraigado, desvinculado del cosmos y de lo sagrado. Por ello, volver a las fuentes griegas opera como un acto curativo de religación: un esfuerzo crítico por suturar la herida del nihilismo contemporáneo.
  3. La proyección política y la "América románica": Lejos de constituir un ejercicio de arqueología cultural, este humanismo se proyecta de manera directa sobre el suelo de la América románica. La recuperación de las fuentes clásicas e hispánicas se erige como el cimiento indispensable para fundar una soberanía comunitaria auténtica, oponiéndose tanto al eurocentrismo liberal como a las formas disolutivas de la tecnocracia.

En definitiva, en la obra de Disandro el humanismo griego y la defensa de la América románica convergen como herramientas indispensables de combate cultural (rectius “semántico”): una llamada a restaurar la jerarquía, el orden espiritual y el destino político de Occidente a través de la fidelidad creadora a las fuentes originarias.

Fuentes y Bibliografía

1. Obras y escritos de Carlos Alberto Disandro

  • Disandro, Carlos A. Humanismo: fuentes y desarrollo histórico. La Plata: Centro de Estudios Universitarios Platense, 1969 [Edición basada en el curso dictado en 1962].
  • Disandro, Carlos A. La poesía de Lucrecio. La Plata: Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 1950.
  • Disandro, Carlos A. Tránsito del mythos al logos. (Artículos y conferencias sobre filología clásica y pensamiento antiguo).
  • Disandro, Carlos A. El humanismo político del justicialismo. (Escritos doctrinales y políticos sobre la soberanía de la América románica).
  • Disandro, Carlos A. Respuesta de un aborigen a Toynbee. Ensayos de crítica histórica y cultural.

2. Estudios críticos y complementarios sobre su obra y pensamiento

  • Estudios sobre el helenismo y la filología en la Argentina: Trabajos críticos e historietas académicas en torno a la recepción de la antigüedad clásica en el ámbito universitario platense y rioplatense durante el siglo XX.
  • Compilaciones de homenaje y crítica institucional: Ensayos y publicaciones periódicas de los Anales de Filología Clásica y boletines de cátedra vinculados al legado intelectual de la filología clásica argentina.

sábado, 25 de julio de 2026

Soberanía, territorio y guerra cognitiva: la defensa nacional frente a la extranjerización y el asedio estratégico


por Juan Bautista González Saborido

Partimos de una premisa: los espacios geopolíticos vacíos y sus recursos naturales son motivo constante de interés por parte de los principales actores internacionales. En ese contexto, el conflicto por las islas Malvinas debe ser visto como la primera batalla estratégica por el control de la Antártida y los pasos interoceánicos entre el Atlántico Sur y el Pacífico Sur.

Frente a esta realidad, la guerra interestatal se mantiene como el principal tipo de conflicto porque allí se juega la supervivencia misma del Estado, su continuidad y sus posibilidades de desarrollo integral. Sin embargo, los desafíos actuales no siempre se presentarán bajo una escalada bélica tradicional: el acceso a los recursos naturales, la protección de objetivos estratégicos y la seguridad de las rutas marítimas ya sufren impactos directos de formas novedosas e híbridas.

En este contexto, la Argentina se encuentra frente a una enorme vulnerabilidad material y geopolítica, la cual se puede ver drásticamente profundizada por iniciativas normativas como el proyecto de ley que flexibiliza la venta de tierras a extranjeros, impactando de lleno en cuatro dimensiones críticas de la defensa nacional:

1. Zonas de Seguridad de Fronteras y Control Territorial: Históricamente, Argentina protegió sus límites mediante marcos como el Decreto-Ley 15.385 de 1944. Si grandes extensiones fronterizas pasan a manos privadas extranjeras, las Fuerzas Armadas y de seguridad ven comprometida su vigilancia física y pierden flexibilidad para instalar puestos de observación, radares o bases de despliegue rápido. Asimismo, la proliferación de estas propiedades en áreas limítrofes obliga a incrementar exponencialmente las necesidades de inteligencia estratégica y ciberpatrullaje para monitorear actividades civiles o de doble uso.

2. Protección de Recursos Estratégicos (Bienes Comunes): El planeamiento militar prioriza la custodia de agua dulce (como el Acuífero Guaraní y los glaciares), minerales críticos (litio, cobre) y fuentes energéticas. Cuando estos recursos son adquiridos por multinacionales o propietarios extranjeros, la defensa muta: el foco deja de ser solo la invasión clásica para pasar a ser la merma de soberanía y de capacidad independencia económica y la exposición del país a presiones geopolíticas externas orientadas a satisfacer las necesidades o intereses de potencias externas.

3. El Desafío de la "Doble Utilidad" y la Logística: La infraestructura de transporte y conectividad se vuelve un flanco débil. La compra de campos que albergan pistas aéreas privadas de gran porte —como se ha denunciado en la Patagonia— altera los sistemas de control aeroespacial, generando una urgencia operativa de adquirir más radares de baja altitud y tecnología de alerta temprana para cubrir los nuevos puntos ciegos soberanos.

4. Actores Estatales Encubiertos y Crimen Organizado: Más allá de la inversión legítima, existe el riesgo latente de corporaciones extranjeras ligadas a potencias que utilicen empresas pantalla para establecer bases logísticas encubiertas, además de una porosidad fronteriza que estructuras de criminalidad organizada transnacional pueden aprovechar para el narcotráfico, la trata de personas y el contrabando.

Va de suyo que muchas de estas agresiones no ameritarán una respuesta militar convencional, pero nos volveremos profundamente vulnerables si carecemos de un músculo disuasivo y de una capacidad de alerta estratégica entrenada para reconocer estos riesgos.

La guerra cognitiva: 

Todo este escenario se complementa y potencia con una ofensiva en el plano inmaterial. En este contexto, parece existir una explícita campaña de guerra cognitiva orientada a socavar nuestro modo de ser, la cohesión nacional y así debilitar nuestra posición geopolítica. Esta operación de hostigamiento simbólico cobró especial intensidad tras el triunfo de nuestra selección sobre Inglaterra en el mundial de fútbol, momento en el cual la victoria deportiva se asoció con fuerza con el reclamo inquebrantable de soberanía sobre las Islas Malvinas.

En dicho contexto, la reacción internacional y los intentos sistemáticos por deslegitimar y atacar culturalmente a la Argentina no parecen ser hechos aislados, sino componentes de una estrategia de desgaste destinada a minar la moral pública y la autoestima colectiva respecto de nuestros derechos soberanos.

Conclusión:

Todo lo expresado impacta directamente sobre un territorio argentino extenso y diverso que, si bien ostenta importantes ventajas en términos de paz vecinal, enfrenta múltiples vulnerabilidades.

Contamos con grandes espacios que debemos defender eficazmente frente a la pinza conformada por la desregulación patrimonial y el asedio cognitivo probablemente motorizado por potencias internacionales.

Debemos ser muy conscientes de la importancia geoestratégica de los pasos interoceánicos y de los recursos naturales del país y de su proyección antártica en el actual escenario geopolítico internacional. Frente a ello, se debe priorizar el interés nacional, preservar la cohesión nacional, y en lo inmediato evitar la amenaza de fragmentación territorial que implica la desregulación de venta de tierras a extranjeros. En este punto es imperativo pensar diferente y defender la soberanía nacional.


jueves, 23 de julio de 2026

De la “Revolución Tecnocientífica” a la Custodia de lo Humano:


Continuidades y novedades entre Francisco y León XIV frente a la Inteligencia Artificial 

por Juan Bautista González Saborido

1. Introducción: El Cambio de Época y la Nueva Cuestión Social

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) y del Big Data marca una fase significativa en la relación de la humanidad con la tecnología, situada en el centro de un auténtico cambio de época. Esta revolución cognitiva-industrial trae consigo profundas transformaciones y su influencia se hace sentir a nivel global en una amplia gama de sectores, incluidas las relaciones personales, la educación, el trabajo, el arte, la sanidad, el derecho, la guerra y las relaciones internacionales.

Frente a este escenario, el magisterio social de la Iglesia —entendido como un patrimonio vivo de sabiduría que camina con la humanidad y dialoga con las ciencias— ha asumido el desafío de discernir el alcance de esta transformación y su impacto en la humanidad. Así como Rerum novarum respondió en su momento a la Revolución Industrial, el magisterio contemporáneo articula una respuesta ante la revolución digital, estructurando una continuidad doctrinal profunda entre el pontificado de Francisco y las aportaciones de su sucesor, León XIV.

2. La Base Doctrinal Común: Dignidad, Bien Común y el Peligro del Tecnofeudalismo

La columna vertebral de la Doctrina Social de la Iglesia se fundamenta en la dignidad ontológica e inalienable del ser humano, la cual se deriva de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios Uno y Trino. El valor de una persona no depende de sus capacidades cognitivas, de su éxito individual ni de su rendimiento económico.

Tanto Francisco como León XIV coinciden en rechazar frontalmente los paradigmas que absolutizan el mercado, la economía financiera o el poder tecnológico por encima de la persona:

·        Tecnología “sui generis”: Como dijo el Papa Francisco, la inteligencia artificial no es una herramienta más dentro de las inventadas por el hombre, sino que es una herramienta aún más compleja. La calificó como una herramienta sui generis. Así, mientras que el uso de una herramienta simple —como un cuchillo— está bajo el control del ser humano que lo utiliza y su buen uso depende sólo de él, la inteligencia artificial, en cambio, puede adaptarse de forma autónoma a la tarea que se le asigne y, si se diseña de esa manera, podría tomar decisiones independientemente del ser humano para alcanzar el objetivo fijado.

  • El surgimiento del capitalismo de plataforma o tecnofeudalismo: La Inteligencia Artificial y el Big Data transformaron las bases del capitalismo dando origen a una nueva configuración llamada “capitalismo de plataforma” o “tecnofeudalismo”. Esto es, que los mercados han sido sustituidos por las plataformas de comercio digitales y por la nube, y que estas, más que mercados, se parecen a grandes feudos a los que hay que pagar una renta para que permitan el acceso a proveedores, usuarios y consumidores. Los antiguos industriales manufactureros ahora se han convertido en una suerte de vasallos de esta nueva clase de señores feudales: los propietarios del capital de la nube. Todos colaboramos con ellos mediante el tributo de nuestros datos que pagamos mensualmente a Internet, Facebook (Meta), Instagram, etc.
  • La importancia de los datos y la huella digital: De esta manera contribuimos a acrecentar exponencialmente la riqueza y el poder de esta nueva clase de empresarios, con nuestro trabajo no remunerado que consiste en proveer, gratuitamente, todos nuestros datos, opiniones, artículos, libros, películas, videos y fotografías, para que ellos alimenten sus plataformas y vendan la información a corporaciones comerciales o agencias de información. En este nuevo modo de extracción de valor, la Inteligencia Artificial acelera y ensancha el poder de los propietarios del capital de la nube. Existe el riesgo cierto de que los nuevos señores tecnofeudales de la “Era Digital”, pretendan decidir el sentido y el alcance de la “Cuarta Revolución Industrial” y la globalización del futuro.
  • El paradigma tecnocrático: Ante el avance del imperativo tecnológico, ambos pontífices advierten sobre el peligro de pretender resolver todos los problemas del mundo exclusivamente a través de medios técnicos y económicos, dejando de lado tanto la dimensión ética y espiritual de la persona, como la fraternidad y la justicia social en nombre de una eficacia que limita la grandeza de la persona y erosiona los vínculos familiares y  comunitarios.

3. Continuidades Doctrinales: Del Discernimiento Profético a la Custodia de la Persona

La encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV (mayo de 2026) se inscribe explícitamente en la continuidad del magisterio de Francisco. Esta continuidad se manifiesta en tres dimensiones fundamentales:

  • El eje antropológico y social: La custodia de la persona humana permanece en el centro del discernimiento. La tecnología es evaluada rigurosamente en función de si integra o excluye, si humaniza o deshumaniza, si plenifica o no a la persona humana. Por su parte, el desarrollo técnico no puede disociarse de la justicia social, el trabajo digno y el destino universal de los bienes.
  • La superación de la neutralidad tecnológica: Magnifica Humanitas asume la premisa antropológica de la nota interdicasterial Antiqua et nova (enero de 2025) que estableció oficialmente que la IA es una imitación funcional computacional que carece de conciencia, autoconciencia y alma humana y que por lo tanto su funcionamiento no puede compararse con la complejidad, relacionalidad y espiritualidad de la inteligencia humana. Asimismo, ambos documentos coinciden, a su vez, en que la tecnología no es neutral. La IA "toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza", cargando con los sesgos de sus creadores.
  • El método del discernimiento histórico: La Doctrina Social se concebida como un proceso comunitario que confronta los signos de los tiempos con el Evangelio, rechazando las estructuras de poder asimétrico que diluyen la soberanía de los pueblos y generan exclusión.

4. Novedades y Acentos Propios de León XIV en Magnifica Humanitas

Si bien el núcleo antropológico permanece inalterado, el pontificado de León XIV introduce acentos novedosos y un desplazamiento de foco metodológico y geopolítico frente a la centralidad de la tecnología:

  • La IA como la nueva "cuestión social": Mientras Francisco centró primordialmente su magisterio en la crisis socio ambiental (la "casa común") y la fraternidad universal (Fratelli tutti), León XIV eleva la infraestructura digital global y la IA al rango de núcleo central de la cuestión social del siglo XXI.
  • De la denuncia profética a la arquitectura normativa: El estilo retórico de Francisco, de tono eminentemente profético y existencial, se ve complementado en León XIV por un registro de vocación regulatoria. Magnifica Humanitas ofrece una gramática estructurada de principios para la gobernanza global y el derecho, transitando hacia una suerte de modelo de “constitucionalismo digital” informal en términos jurídicos.
  • La consigna de "desarmar la inteligencia artificial": En el contexto de lucha entre potencias por la hegemonía mundial, León XIV acuña con fuerza este concepto para exigir la liberación de la tecnología frente a las lógicas de dominio, manipulación de conciencias, vigilancia masiva y el desarrollo de armamento letal autónomo.
  • La tríada práctica: Verdad, Trabajo y Libertad: La encíclica estructura el discernimiento operativo en torno a tres pilares amenazados por el ecosistema digital:
    1. La verdad, asediada por la desinformación algorítmica y los deepfakes.
    2. El trabajo, amenazado por una automatización excluyente, la precarización digital y la pérdida de la capacidad de obrar del trabajador.
    3. La libertad, socavada por la explotación masiva de datos y el control corporativo sobre la intimidad de las personas.

5. Conclusión

Una cuestión central que permanece en el magisterio de ambos papas es que no podemos permitir que la inteligencia artificial limite la visión del mundo a realidades que pueden expresarse en números y encerradas en categorías preestablecidas, eliminando el aporte de otras formas de verdad e imponiendo modelos antropológicos, socioeconómicos y culturales uniformes, reforzando el actual paradigma tecnológico dominado por la razón instrumental y económica.

Debemos ser conscientes de que el análisis de datos actúa como un dispositivo de registro, pero es una actividad que tiene grandes dificultades para identificar la dimensión interior del hombre, lo que hay en el de aspiración, deseo, capacidad de cambio o contradicción.  

Por un lado, nos pensamos como sujetos emancipados de toda determinación, pero al mismo tiempo no tomamos plena conciencia de que los sistemas de inteligencia artificial nos pueden reducir a seres previsibles al alcance   de calculadoras hipersofísticadas. A su vez, la reflexión humana desde la antigüedad habla de la importancia de la sabiduría, la phronesis de la filosofía griega, la prudentia romana y la sabiduría de la Sagrada Escritura. 

En este contexto, frente a los prodigios de las máquinas, que parecen saber elegir de manera independiente, debemos tener bien claro que al ser humano le corresponde siempre la decisión, incluso con los tonos dramáticos y urgentes con que a veces esta se presenta en nuestra vida.  Condenaríamos a la humanidad a un futuro sin esperanza si quitáramos a las personas la capacidad de decidir por sí mismas y por sus vidas, condenándolas a depender de las elecciones de las máquinas.

En suma, el tránsito del magisterio de Francisco al de León XIV no representa una ruptura, sino una profundización y actualización de la Doctrina Social de la Iglesia ante el avance de la revolución digital. Mientras Francisco sentó las bases de la ecología integral y la cultura del encuentro frente al descarte, León XIV traduce esos principios en un marco de exigencia normativa frente al poder de los algoritmos y el capitalismo de plataforma. En ambos pontífices subsiste la convicción inquebrantable de que la razón moral debe anteponerse a la razón técnica, asegurando que el desarrollo científico permanezca siempre subordinado a la dignidad inalienable de la persona humana.

martes, 21 de julio de 2026

El Algoritmo y la “Aequitas”: El Ius Romano como Resistencia Humanística

 

De la naturalis ratio a la dataificación: la necesidad de volver a la jurisprudencia clásica frente a la deshumanización tecnológica actual.

por Juan Bautista González Saborido

Introducción

El debate sobre la automatización del poder judicial ha dejado de ser una especulación de la ciencia ficción o del futurismo para convertirse en una realidad concreta en los tribunales del mundo. La reciente publicación de directrices globales por parte de organismos como la UNESCO para regular el uso de la Inteligencia Artificial en las cortes y tribunales, sumado a los intensos debates sobre dónde está el límite entre la asistencia técnica y la delegación de las sentencias, expone una tensión metodológica sin precedentes.

Mientras diversas jurisdicciones globales adoptan sistemas predictivos y modelos generativos para agilizar tareas burocráticas, optimizar búsquedas de jurisprudencia o incluso redactar borradores de sentencias, la comunidad jurídica comienza a interrogarse sobre cuál es el límite exacto de la eficiencia. Detrás de la innegable aceleración de los tiempos procesales, emerge un dilema conceptual profundo: cuando delegamos la interpretación de la conducta humana en la precisión aséptica de un código algorítmico, ¿qué facultades del pensamiento jurídico estamos desplazando? La respuesta a esta encrucijada contemporánea exige una revisión de los fundamentos más profundos del derecho y ello nos plantea, según nuestro punto de vista, la necesidad de volver a nuestra tradición legal clásica.

El eclipse del "Arte" Jurídico

En su célebre definición, el jurista Celso describió el derecho como el ars boni et aequi: el arte de lo bueno y lo equitativo y no como un conjunto de normas coercitivas. Esta concepción define el derecho como un saber práctico (arte) orientado a lograr la solución más justa y equilibrada en cada caso concreto. En Roma, el Derecho se concebía como una técnica, un oficio o una habilidad práctica orientada a la resolución de conflictos. El jurista era considerado un artífice o artesano de la convivencia social y, me atrevo a decir, del orden cósmico también.

Esta visión, dista profundamente de la ciencia jurídica predominante en la actualidad que se fundamenta principalmente en la dimensión normológica y que invisibiliza, o peor aún, desprecia, la dimensión ética y humanista del derecho. A ello hay que agregar que hoy, con la emergencia de la Inteligencia Artificial, los modelos predictivos de sentencia y la dataificación de las conductas humanas pueden transformar al derecho en una disciplina puramente instrumental, predominantemente silogística y dominada por la estadística.

A lo dicho cabe agregar, que no hay duda de que existe la posibilidad de la sustitución del operador humano por el procesamiento de datos masivos a través de los algoritmos. Esto plantea un interrogante de fondo: ¿puede una estructura binaria asimilar la complejidad de la experiencia jurídica? Alfredo Di Pietro y otros romanistas advirtieron que la reducción del derecho a un cálculo abstracto despoja a la disciplina de su dimensión antropológica o humanista, si se quiere. Ahora bien, cuando la norma se desvincula completamente de la realidad moral, se corre el riesgo de que el ciudadano se convierta en un engranaje de un sistema puramente técnico.

La raíz común: Logos, Lex e Ius

La crisis actual no es solo metodológica; es lingüística y conceptual. Un examen etimológico revela que algunos de los términos principales de la jurisprudencia clásica compartían un origen común con el logos griego:

  • La raíz leǵ-: Tanto el logos griego (el orden universal que comprende lo visible y lo invisible) como la lex romana (la regla escrita) derivan de la misma matriz indoeuropea que significa "recoger, seleccionar, agrupar".
  • El nexo del Ius: Paralelamente, la voz ius encuentra sus raíces en el término iungo ("unir, ligar").

Para la mentalidad clásica, legislar o dictar un responsum por parte de un pretor implicaba "recolectar" los principios de la realidad integral —la naturalis ratio— para armonizar la convivencia humana y darle a cada uno lo suyo. Esa realidad integral estaba ordenada y comprendía el mundo visible e invisible, y a las realidades humanas y divinas.

Así pues, el derecho era una herramienta de cohesión social y cosmológica, un nexo moral, un arte que incluía la dimensión espiritual del hombre y la realidad integral. En la actualidad, el problema es que la ciencia jurídica dominada por la tecnocracia contemporánea, al aislar la lex del ius y automatizarla mediante la Inteligencia Artificial, rompe este vínculo fundamental y restringe la realidad a una dimensión puramente estadística y matemática.

La máquina procesa la literalidad de la regla con una exactitud implacable, pero carece de la facultad de integrar el contexto existencial del individuo y de adecuarlo a la realidad concreta. Pero lo más preocupante es que es completamente incapaz de percibir la realidad ética y espiritual del hombre en toda su hondura.

El límite de la máquina: La imposibilidad de la Aequitas

El mayor desafío que presenta la automatización del derecho es el confinamiento de la equidad. Para los pretores romanos, la aplicación ciega del texto legal conducía inevitablemente a la máxima injusticia (summum ius, summa injuria). Sin embargo, la aequitas operaba como el factor de corrección indispensable: la capacidad estrictamente humana de flexibilizar la norma general para salvar la dignidad de la persona en el caso concreto.

La aplicación de la aequitas, en la forma en que lo hicieron los antiguos pretores romanos, es imposible desde la perspectiva del análisis de datos:

  • El sesgo del sistema: Para un algoritmo, la excepción al patrón estadístico es clasificada como un "error en los datos" (outlier) que debe ser corregido o ignorado.
  • El acto del espíritu: Para el jurista romano, la excepción es el escenario donde se manifiesta la verdadera justicia. La equidad requiere prudencia, compasión y libre albedrío; facultades asociadas a la interioridad humana que escapan a la codificación binaria.

La humanitas romana y la antropología agustiniana

Una cuestión que era sumamente importante es la concepción de la humanitas en el antiguo derecho romano. Con la palabra humanitas expresaban el sentimiento de dignidad y de sublimidad que son propios de la persona humana y la ubican por encima de todas las demás criaturas de este mundo, obligando al hombre a construir su propia personalidad, a educarse, pero también a respetar y favorecer el desarrollo de la personalidad ajena. Quien siente esta responsabilidad y lo lleva a cabo no solo se denomina hombre, sino que lo es, es humano (humanus).

Así pues, el concepto de humanitas comprendía la educación moral y espiritual del ser humano, pero también la benevolencia, la voluntad de hacer el bien y la simpatía, tener respeto a los demás, ponerse límites a sí mismo, no perseguir desmesuradamente el propio derecho y la ventaja propia, sino más bien tener la capacidad renunciar a ella en beneficio de los demás y del bien común.

Cicerón es quien emplea preferentemente la palabra humanitas y se explica en cuanto a que, en su época, con la helenización de la cultura romana esta palabra se encontraba muy en boga. A él se debe la afirmación y definición del concepto de humanitas por cuanto la emplea en modo preferente a clementia o pietas. La humanitas en Cicerón, precisamente, abreva en la cultura griega, presentándose en contraposición a la feritas bárbara y a la gravitas romana. Consiste en educarse en las tres ramas del saber —letras, música y gimnasia—, que se logra en el despliegue de un ocio ilustrado o culto (otium) que permite el estudio de todas las artes libres dignas de un hombre libre que se entrelazan armónicamente y forman la verdadera cultura.

El concepto de humanitas que Cicerón adecúa en el mundo romano bien se puede considerar el antecedente del humanismo, entendiéndolo como el cultivo global de todas las capacidades del hombre y por el cual este alcanza su máxima plenitud como tal, estableciendo su verdadera naturaleza.

Por su parte, ya en la era cristiana, para San Agustín, la humanitas no se define solo por nuestra naturaleza biológica o racional, sino por el amor y el sentido de trascendencia. El ser humano es un «animal racional mortal» compuesto de cuerpo y alma, caracterizado por una profunda inquietud espiritual y una dignidad inalienable. Los pilares de su visión sobre la condición humana son:

  • El alma inquieta: San Agustín sostiene que fuimos creados para Dios, por lo que el corazón humano siempre estará insatisfecho ("inquieto hasta descansar en Ti") hasta encontrar la plenitud espiritual. La infelicidad surge de buscar esta felicidad en cosas externas o terrenales en lugar de buscarla en el interior.
  • El libre albedrío: La dignidad humana radica en la capacidad de elegir. El hombre posee voluntad y razón, lo que lo hace artífice de su propio destino y responsable de sus decisiones morales.
  • Las dos ciudades: La humanitas se expresa de forma colectiva a través de lo que cada persona ama. San Agustín describe la historia como la lucha entre dos amores que construyen dos formas de convivir: la "Ciudad Terrena" (egoísmo y desprecio de Dios) y la "Ciudad de Dios" (amor al prójimo y a Dios).

Por último, San Agustín también definió al ser humano en la tierra como un peregrinus: un ser itinerante cuya dignidad radicaba precisamente en su capacidad de discernimiento moral e interioridad. Si el hombre es un caminante, el derecho actúa como el sendero racional que ordena su marcha en el plano terrestre.

El magisterio eclesial y la actual crisis civilizatoria

Para comprender la magnitud de la deriva actual, debemos complementar la perspectiva agustiniana con la fundamentación antropológica que realiza el magisterio reciente de la Iglesia. La Iglesia católica, reconocida como "experta en humanidad", ha consolidado a lo largo de su magisterio —desde San Juan XXIII con Pacem in terris hasta el Papa Francisco con la Declaración Dignitas infinita— una visión en donde la persona humana es el fundamento, el fin y el sujeto de todas las instituciones sociales.

La dignidad humana posee una base ontológica inalienable: se deriva del ser mismo de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios, Uno y Trino. Esta dignidad infinita es un valor pre-político, anterior al Estado y exento de todo límite temporal o espacial, que corresponde a cada individuo, por ser alguien y no algo, único, irrepetible e insustituible, con independencia de su utilidad económica o su eficiencia operativa.

Esta concepción es fundamental para tutelar la dignidad humana frente al paradigma tecnocrático dominante y la crisis civilizatoria que genera. En efecto, la crisis actual radica en que las herramientas tecnológicas desarrolladas de manera desmesurada no se integran de manera subordinada en la cultura, sino que pretenden reemplazarla fagocitando y destruyendo todo lo anterior. Al eliminar la tradición, los usos sociales y especialmente la dimensión sagrada de la realidad, la técnica somete a todas las formas de vida a su propia soberanía instrumental.

La actual tendencia hacia la dataificación opera en sintonía con esta lógica de dominación, reduciendo la densidad del sujeto a un perfil predictivo de comportamiento, un conjunto de variables métricas orientadas a la eficiencia del sistema. Este predominio tecnocrático y su modelo pretendidamente neutral coincide con el desplazamiento de las humanidades y del pensamiento clásico de las currículas jurídicas. Al limitar de esta manera la memoria de Occidente y despojar al hombre de su dimensión trascendente, el derecho pierde su carácter tutelar de la dignidad humana frente al poder instrumental y pasa a ser una mera técnica de gestión conductual.

Conclusión: El rescate de la justicia como obra del espíritu

La abolición del pensamiento clásico y la erosión de la dignidad ontológica no constituyen una mera modernización técnica, sino una profunda mutación antropológica. Devolver el Derecho Romano y la centralidad de la persona a las aulas y a los tribunales, tal como advertía el eminente romanista Alfredo Di Pietro, no responde a un ejercicio de arqueología o nostalgia jurídica, sino a la imperiosa necesidad de preservar un bastión de resistencia humanista.

Frente a un entorno global que pretende sustituir la deliberación moral, la equidad y el respeto a la sagrada condición humana por la fría optimización del algoritmo, la jurisprudencia clásica y el humanismo cristiano convergen en una misma verdad: la justicia no puede quedar reducida al dictamen unívoco de una máquina. El derecho es, y debe seguir siendo, un arte complejo y una obra viva del espíritu humano.