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lunes, 7 de septiembre de 2026

¿Puede la Inteligencia Artificial colonizar el alma? Humanismo pedagógico, soberanía tecnológica y sentido existencial en la universidad hispanoamericana

 


El advenimiento del capitalismo algorítmico y la penetración capilar de los sistemas de Inteligencia Artificial (IA) no representan un simple salto de escala en la eficiencia técnica, sino una mutación antropológica y geopolítica que amenaza la soberanía de las naciones y tiende a la colonización de la subjetividad. En un ecosistema donde los modelos de lenguaje predicen, resumen y simulan procesos de pensamiento con aparente fluidez, el ser humano corre el riesgo de sufrir un agudo sedentarismo cognitivo, ser degradado a la condición de simple insumo de datos para corporaciones transnacionales y, finalmente, ser sustituido por los propios sistemas que ha diseñado.

Frente a este escenario de deshumanización, la universidad católica —y de manera eminente las casas de estudio de tradición jesuítica e hispanoamericana— debe evitar cualquier reducción de la educación a una formación funcional o a un mero instrumento económico. Una persona no es un perfil de competencias; es un rostro, una historia y una vocación. La encrucijada actual exige recuperar nuestras raíces pedagógicas e intelectuales para ofrecer una respuesta orgánica que rescate la centralidad de la persona y dote de un sentido trascendente a la innovación tecnológica y a la existencia. 

El objetivo de este artículo es trazar un rumbo claro frente a la tormenta digital, recuperando lo que el magisterio reciente de León XIV (2025) denomina la «cosmología de la paideia cristiana». Para ello, este trabajo se estructura en tres grandes bloques argumentativos. En primer lugar, se examinan los dos pilares de la pedagogía humanista católica: la Ratio Studiorum (1599) y la propuesta de educación liberal de John Henry Newman (1852), analizando cómo la eloquentia perfecta y el «hábito filosófico» de la mente se erigen como barreras defensivas contra la atrofia intelectual. 

En segundo lugar, se profundiza en la relación fecunda entre la ciencia y la fe, y en cómo el discernimiento espiritual ignaciano aporta un método espiritual, existencial y normativo que trasciende la optimización del dato, coronado por el principio óntico del cor ad cor loquitur formulado por el propio cardenal inglés. Finalmente, el análisis aterriza de forma situada en la realidad geopolítica de Hispanoamérica, rescatando la huella histórica de la Compañía de Jesús en las gestas emancipadoras para proponer un modelo de soberanía tecnológica y caridad intelectual indispensable para el desarrollo justo de nuestros pueblos. 

I. La «Cosmología de la Paideia Cristiana» ante la Tormenta Digital 

Para comprender la magnitud de la crisis educativa contemporánea y trazar un rumbo claro, el Magisterio de la Iglesia aporta un marco conceptual iluminador en la Carta Apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza del Papa León XIV: 

«Vivimos en un entorno educativo complejo, fragmentado y digitalizado. Precisamente por eso es sabio detenerse y recuperar la mirada sobre la "cosmología de la paideia cristiana": una visión que, a lo largo de los siglos, supo renovarse e inspirar positivamente todas las poliédricas facetas de la educación. Desde sus orígenes, el Evangelio ha generado "constelaciones educativas": experiencias humildes y fuertes a la vez, capaces de leer los tiempos, de custodiar la unidad entre la fe y la razón, entre el pensamiento y la vida, entre el conocimiento y la justicia. Han sido, en la tormenta, un ancla de salvación; y en la bonanza, una vela desplegada. Un faro en la noche para guiar la navegación.»

 En un ecosistema algorítmico dominado por la inmanencia y la inmediatez, la universidad católica está llamada a ser uno de esos faros: un laboratorio de discernimiento donde la persona, en su integralidad, permanezca en el centro.

II. Los dos pilares de la pedagogía humanista católica: La Ratio Studiorum y el Cardenal Newman

 Dentro de la «cosmología de la paideia cristiana» descrita por el magisterio pontificio reciente, la Ratio Studiorum de la Compañía de Jesús (1599) y la propuesta teórica expuesta en The Idea of a University por el Cardenal John Henry Newman (1852) constituyen dos de los pilares más significativos de la pedagogía humanista occidental. Aunque emergieron en coordenadas históricas y contextos institucionales disímiles, ambos modelos convergen en la firme convicción de que la educación superior no puede reducirse a una mera instrucción utilitarista ni a un adiestramiento técnico subordinado a las dinámicas del mercado, sino que debe configurarse como una formación integral del espíritu humano.

 Este núcleo compartido se fundamenta en una herencia clásica que articula la madurez intelectual con el compromiso ético. Por un lado, la Ratio Studiorum concebía la eloquentia perfecta no como una mera ornamentación retórica, sino como la unión indisociable entre la sabiduría profunda y la virtud moral, encarnada en el ideal ciceroniano del «hombre bueno que habla bien» (vir bonus dicendi peritus). Por otro lado, y en clara sintonía con esta tradición, Newman (1852) definió siglos después el propósito fundamental de la universidad como la modelación de un «hábito filosófico» de la mente. Para el cardenal inglés, un intelecto verdaderamente educado no se caracteriza por la pura acumulación de datos o la retención pasiva de información, sino por la capacidad crítica de conectar saberes, ordenar el pensamiento, ensanchar el entendimiento y cultivar un juicio propio capaz de interpretar la realidad en toda su complejidad.

 Consecuentemente, tanto la pedagogía jesuítica primigenia como el planteamiento newmaniano se estructuraron como una oposición explícita frente al reduccionismo técnico y al utilitarismo profesionalizante de sus respectivas épocas —el pragmatismo mercantilista post-renacentista y el cientificismo de la Revolución Industrial—. Ambos paradigmas sostienen una tesis pedagógica fundamental para la encrucijada contemporánea: la especialización funcional solo es legítima y fecunda si se asienta sobre una base humanista sólida. Al priorizar la formación de una mente elocuente, rigurosa, adaptativa y éticamente fundada, el estudiante no queda inhabilitado para el mundo del trabajo; al contrario, adquiere las facultades superiores necesarias para abordar cualquier disciplina o profesión posterior con criterios de excelencia, sentido de responsabilidad social y una profunda autonomía intelectual.

III. La educación como acto de esperanza: Cura Personalis, humanismo integral y la formación para los demás

Como se señala en la Carta Apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza, educar constituye un acto de esperanza y una pasión que se renueva constantemente porque manifiesta la promesa inherente al futuro de la humanidad (León XIV, 2025). La especificidad, profundidad y amplitud de la acción educativa radica en esa obra, tan misteriosa como real, de «hacer florecer el ser […] es cuidar el alma», tal como se recuerda desde la tradición clásica en la Apología de Sócrates (Platón, trans. 1985, 30a-b). Esta tarea es, en esencia, un acto de amor intergeneracional destinado a restaurar el tejido desgarrado de las relaciones humanas y a devolver a la palabra el peso de su promesa, bajo la convicción de que, si bien todo ser humano es capaz de la verdad, el camino se vuelve soportable cuando se avanza con la ayuda de los demás. La verdad, por lo tanto, se busca y se habita en comunidad.

Esta doble exigencia de cuidar el alma y buscar la verdad de forma comunitaria encuentra su traducción pedagógica más perfecta en los principios vertebradores de la identidad jesuita, los cuales emergen hoy como una sólida barrera frente a la despersonalización consumista y algorítmica. El primero de estos principios es la cura personalis, que se erige como la respuesta directa a la estandarización masiva de los algoritmos y a una economía digitalizada sin rostro. Frente al riesgo inminente de que el estudiante sea considerado una simple métrica de rendimiento, una pauta de consumo o un perfil de datos masivos, la tradición de la Compañía de Jesús sostiene el cuidado y el acompañamiento singular de cada biografía. Esta atención particular a las circunstancias, ritmos y potencias únicas de cada persona impide la disolución de la individualidad en la estadística corporativa.

A su vez, este cuidado particularizado madura hacia un humanismo integral que rehúsa la escisión contemporánea entre el intelecto, la afectividad, la dimensión corporal y la vida espiritual. En una era caracterizada por el aislamiento digital y la dispersión virtual, el humanismo integral reestablece el equilibrio de la persona, logrando una síntesis que integra la racionalidad científica con la sensibilidad trascendente y el compromiso ético.

Lejos de promover un repliegue individualista o un mero perfeccionamiento técnico, este equilibrio interior se dinamiza mediante el principio del magis, concebido como el impulso constante por dar lo mejor de uno mismo y buscar la excelencia, no por vanidad o prestigio profesional, sino como una preparación para el servicio al prójimo. Es el magis el que orienta teleológicamente la formación académica hacia el horizonte de formar «hombres y mujeres para los demás».

De este modo, el fin último de la universidad hispanoamericana no se agota en el éxito individual, sino en la configuración de graduados conscientes, competentes, compasivos y comprometidos, dispuestos a poner su talento al servicio del bien común y de la transformación de las estructuras injustas de la sociedad, convirtiendo la esperanza educativa en una praxis de trabajo a favor del bien común.

IV. Ciencia y Fe: Condición indispensable del conocimiento

La fragmentación del saber operada por el paradigma tecnocrático contemporáneo tiende a aislar el avance técnico de la dimensión moral y espiritual. En este punto, la Carta Apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza del Papa León XIV (2025) rescata la vigencia pedagógica del pensamiento newmaniano para señalar la centralidad ineludible de la fe en la tarea universitaria:

“El fundamento sigue siendo el mismo: la persona, imagen de Dios (Génesis 1,26), capaz de verdad y relación. Por eso, la cuestión de la relación entre fe y razón no es un capítulo opcional: "la verdad religiosa no es solo una parte, sino una condición del conocimiento general". Estas palabras de san John Henry Newman —a quien, en el contexto de este Jubileo del Mundo Educativo, tengo la gran alegría de declarar copatrocinador de la misión educativa de la Iglesia junto con santo Tomás de Aquino— son una invitación a renovar el compromiso con un conocimiento tan intelectualmente responsable y riguroso como profundamente humano.”

Esta proclamación de Newman (1852) como copatrón de la educación universal, junto a la tesis de la unidad del saber, demuestra que aislar las ciencias del horizonte trascendente mutila la comprensión de la realidad. En el contexto del capitalismo algorítmico, la ciencia y la tecnología evidencian una precisión matemática para explicar el funcionamiento operativo del entorno digital, pero permanecen mudas ante sus interrogantes teleológicos.

Es la fe, en diálogo abierto y riguroso con la racionalidad científica, la que aporta el marco ético y el sentido normativo que el progreso técnico requiere con urgencia. Lejos de proponer un repliegue fideísta, esta convergencia intelectual dota a la universidad de una responsabilidad crítica: suturar la brecha entre el saber instrumental y el juicio moral, asegurando que la innovación tecnológica no degenere en una herramienta de deshumanización, sino que permanezca subordinada al bien común y al desarrollo integral de la persona humana.

V. El humanismo ante el espejo de los algoritmos: Sedentarismo cognitivo y la elocuencia del Cor ad cor loquitur

 En un escenario global marcado por la automatización, la educación superior se enfrenta a dos amenazas críticas de índole antropológica: el sedentarismo cognitivo —entendido como la atrofia del pensamiento crítico por la delegación de las funciones propias de la mente en los algoritmos— y el riesgo inminente de sustitución y exclusión, que reduce a la persona humana a una mera estadística prescindible dentro del universo digital. Frente a este panorama de deshumanización, la confluencia entre el paradigma educativo del Cardenal John Henry Newman y la pedagogía y espiritualidad jesuita ofrece una brújula intelectual y espiritual capaz de dotar de un sentido trascendente a la vida personal y comunitaria de la actualidad.   

Para combatir el sedentarismo cognitivo, ambos modelos rescatan el valor del proceso intelectual por encima del producto empaquetado. El paradigma de Newman (1852) postula que el fin de la universidad es el desarrollo de un «hábito filosófico» de la mente, es decir, la capacidad activa de conectar saberes, cuestionar la realidad y ensanchar el entendimiento. La mente no es un contenedor pasivo de datos, sino una potencia creadora. 

La pedagogía jesuita, por su parte, busca fomentar en los alumnos el valor de su propia autonomía; no solo exige que los estudiantes lean, tomen apuntes y escriban trabajos, sino que los motiva a pensar y aprender por sí mismos. Este aprendizaje activo les otorga mayor libertad y les infunde una sólida convicción en su capacidad para involucrarse activamente en la lucha por hacer el mundo más justo y compasivo. San Ignacio de Loyola solía concluir sus cartas con palabras idóneas para desafiar e inspirar a los estudiantes de cualquier institución de la Compañía: «¡Salid y prended fuego al mundo!». 

Esta autonomía intelectual se complementa perfectamente con la eloquentia perfecta de la antigua Ratio Studiorum (1599), la cual exige que el conocimiento sea asimilado de forma tan profunda que se traduzca en una expresión propia, virtuosa y comprometida. Frente a una Inteligencia Artificial que genera textos e informes instantáneos pero carentes de conciencia, el humanismo cristiano responde devolviendo el protagonismo al esfuerzo intelectual encarnado. La elocuencia y la madurez mental no se pueden delegar en una máquina; la verdadera educación exige que la persona transite el camino del asombro, la duda y el rigor lógico para ser verdaderamente libre. 

Consecuentemente, este rescate de la centralidad humana constituye la barrera defensiva más sólida contra el peligro de la sustitución y la exclusión social. Cuando la tecnología se convierte en la única medida del progreso, los más vulnerables quedan relegados a los márgenes de la historia. Newman (1852) recordaba que la formación liberal purifica el trato social y forma ciudadanos capaces de introducir armonía en la vida pública. Por su parte, la identidad jesuita lleva esta premisa hacia una opción radical por la justicia, recordando que la excelencia académica carece de valor si no se orienta hacia la fraternidad universal y la compasión. Al poner a la persona en el centro, estos paradigmas afirman que el valor intrínseco de un ser humano reside en su dignidad sagrada y en su capacidad de amar y servir, dimensiones que ningún modelo lingüístico o red neuronal podrá jamás replicar ni sustituir. 

Esta centralidad antropológica encuentra su máxima expresión en el principio del cor ad cor loquitur (el corazón habla al corazón), lema cardenalicio de san John Henry Newman tomado de una carta de san Francisco de Sales: «La sinceridad del corazón, y no la abundancia de palabras, toca el corazón de los seres humanos». En la era de la Inteligencia Artificial, donde la "abundancia de palabras" sintéticas e impersonales satura nuestros entornos, este principio recobra una urgencia absoluta. Esta comunicación de corazón a corazón no es un mero sentimentalismo, sino una profunda afirmación ontológica: sitúa a la persona humana como principio, fundamento y fin de todo el orden social, económico, político y cultural. 

Los sistemas algorítmicos e institucionales solo encuentran su legitimidad cuando sirven a esa verdad nuclear que se transmite en el encuentro interpersonal. Ninguna estructura económica o innovación tecnológica puede justificarse si deshumaniza el tejido social o excluye al individuo. Al final, el sentido de la existencia y de la propia técnica no radica en la optimización del dato, sino en salvaguardar ese espacio sagrado donde la dignidad de un ser humano reconoce y vivifica la dignidad del otro. 

VI. La espiritualidad y el discernimiento ignaciano como respuesta de sentido existencial. 

Precisamente, la salvaguarda de ese espacio sagrado del encuentro interpersonal requiere de un método interior que proteja a la conciencia de la dispersión digital y del reduccionismo tecnocrático. Es allí donde la espiritualidad jesuita introduce una dimensión mística y religiosa que se convierte en un testimonio de esperanza en medio de la incertidumbre contemporánea. A través del discernimiento intelectual y espiritual, se educa a la persona para ir mucho más allá de la simple recopilación de información o el análisis estadístico de los datos. Discernir implica cultivar una sensibilidad profunda para percibir los movimientos de la historia, descubrir la presencia activa de Dios en la realidad y optar por aquello que conduce a la plenitud de la vida humana. 

En un mundo saturado de ruidos virtuales y verdades fragmentadas, la búsqueda del sentido trascendente pacifica el espíritu y enciende la creatividad. La universidad, concebida bajo estos dos grandes faros, deja de ser una simple expendedora de títulos técnicos para transformarse en un espacio sagrado de encuentro, libertad y esperanza, recordándonos que el destino del ser humano no es ser reemplazado por sus propias creaciones, sino trascender a través de ellas. 

Esta búsqueda de trascendencia no se realiza en la evasión del mundo tecnológico, sino en su interior. La espiritualidad ignaciana y, por ende, la educación jesuita, se fundamentan en la convicción de que la realidad de Dios se puede ver y sentir en todas partes: en cada relación, situación y experiencia de la vida. Este principio rector invita a estudiantes, profesores y a toda la comunidad educativa a reconocer que todo lo bueno del mundo —incluyendo los legítimos avances de la ciencia— puede celebrarse como la manifestación de la amorosa acción de Dios, siempre y cuando estos se subordinen al despliegue integral de la persona.

VII. La huella humanista en Hispanoamérica: De las gestas emancipadoras a la soberanía tecnológica frente a la Inteligencia Artificial

La recepción del magisterio de León XIV (2025) y los postulados pedagógicos de la Ratio Studiorum (1599) y de Newman (1852) adquieren su densidad definitiva al encarnarse en la realidad política y social de la región. La labor pedagógica y evangelizadora de la Compañía de Jesús en Hispanoamérica —desplegada históricamente a través de una densa red de colegios, universidades y misiones— moldeó la matriz cultural, científica y social del continente. Esta formación no constituyó un mero trasvase de conocimientos eurocéntricos, sino un verdadero taller de pensamiento situado. El rigor conceptual, el ejercicio de la disputa intelectual y la defensa de la dignidad intrínseca de la persona sembrados en las aulas hispanoamericanas forjaron el carácter de las generaciones que posteriormente lideraron los procesos de emancipación nacional. Los patriotas que lograron la independencia de nuestras naciones abrevaron en ese humanismo docto, encontrando en la tradición teológico-política de la Universidad de Salamanca y de la Compañía de Jesús las bases éticas para la autodeterminación y la libertad de los pueblos.

Este arraigo histórico arroja una luz crítica sobre la encrucijada contemporánea. Para la región, la disrupción de la IA y el advenimiento del capitalismo algorítmico no representan únicamente un dilema ético individual o un desafío corporativo, sino una amenaza directa a la soberanía nacional frente al extractivismo de datos y el riesgo de una nueva dependencia tecnológica bajo el dominio de las corporaciones del Norte Global. Así como el humanismo jesuita del siglo XVIII proveyó las herramientas conceptuales para resistir la subordinación colonial borbónica, la universidad católica hispanoamericana del siglo XXI está llamada a ejercer un rol de discernimiento político y comunitario capaz de desmantelar la falsa neutralidad de la técnica.

En este contexto, la formación de lo que Francisco (2017) denomina «operadores de la caridad intelectual» implica dotar a las nuevas dirigencias de capacidades críticas para resistir la despolitización de la sociedad y la colonización de la subjetividad. Desde las propias raíces culturales —nutridas por la doctrina social de la Iglesia y la memoria de las gestas emancipadoras—, las casas de estudio deben promover una gobernanza tecnológica que tutele el flujo de datos a nivel nacional como un bien público y fortalezca el Estado de Derecho. Humanizar la inteligencia artificial en Hispanoamérica exige, por tanto, subordinar la innovación técnica a los imperativos de la justicia distributiva, el trabajo digno y el bien común de los pueblos, transformando el aula en un espacio privilegiado para la verdadera emancipación intelectual.

VIII. Conclusión

 La pregunta que abre esta reflexión —¿puede la Inteligencia Artificial colonizar el alma? — encuentra una respuesta categórica en la capacidad, el valor y la historia de la pedagogía humanista católica para resistirla y evitarla. La colonización de la subjetividad por los algoritmos y el consecuente sedentarismo cognitivo no se combaten con la mera importación de marcos regulatorios ajenos ni con una fascinación acrítica ante la novedad técnica, sino a través de un verdadero renacimiento antropológico y pedagógico situado en nuestras casas de estudio. 

Al integrar la «cosmología de la paideia cristiana» descrita por León XIV, los pilares históricos de la Ratio Studiorum y el pensamiento de John Henry Newman, la universidad de tradición jesuítica e hispanoamericana reafirma su vigencia e identidad frente a las corrientes utilitaristas del capitalismo algorítmico. Se ha señalado a lo largo de este trabajo que la eloquentia perfecta y el hábito filosófico no son reliquias del pasado, sino imperativos de soberanía intelectual; herramientas indispensables para que el estudiante transite desde la recepción pasiva de datos hacia el discernimiento ético y la creatividad social. 

Frente al riesgo inminente de la sustitución de la persona y la exclusión de los más vulnerables en los márgenes del progreso tecnocrático, la máxima newmaniana del cor ad cor loquitur se erige como un principio ontológico insustituible. La legitimidad de la innovación tecnológica, así como la de las estructuras políticas y económicas de nuestras naciones, depende enteramente de su subordinación al cuidado de la dignidad humana. 

En última instancia, la universidad hispanoamericana no está llamada a formar simples operadores funcionales para un mercado digitalizado, sino hombres y mujeres conscientes, capaces de resguardar el santuario interior de la conciencia, renovar el diálogo fecundo entre la ciencia y la fe, y poner la técnica al servicio de la justicia social, la fraternidad universal y la emancipación de nuestros pueblos.

Referencias Bibliográficas

Francisco. (2017, 17 de febrero). Discurso de Su Santidad Francisco a la comunidad académica de la Università degli Studi Roma Tre [Discurso]. Oficina de Prensa de la Santa Sede. vatican.va

González Saborido, J. B. (2026). Ni algoritmos, ni autómatas: Humanizar la tecnología para el desarrollo nacional y regional [Manuscrito no publicado].

León XIV. (2025, 27 de octubre). Carta Apostólica «Diseñar nuevos mapas de esperanza» con motivo del 60.º aniversario de la Declaración conciliar Gravissimum educationis. Dicasterio para la Cultura y la Educación.

Newman, J. H. (1852). The Idea of a University [La idea de una universidad]. Longmans, Green & Co.

Platón. (1985). Apología de Sócrates (J. Calvo, Trad.). In Diálogos I (pp. 143-186). Gredos.

Compañía de Jesús. (1599). Ratio Studiorum: Systema Studiorum Societatis Jesu [Plan de estudios de la Compañía de Jesús].


miércoles, 26 de agosto de 2026

¿El algoritmo nos domina? Cómo recuperar la soberanía cognitiva y digital en Argentina y la región.

 

Por Juan Bautista González Saborido

El advenimiento del capitalismo algorítmico y la penetración capilar de la inteligencia artificial no constituyen una mera actualización de los instrumentos informáticos de la modernidad tardía. Es, sin dudas, un asunto mucho más importante. Estamos asistiendo a una reconfiguración estructural de la economía, la política y la propia subjetividad humana de modo acelerado. Para aprehender la magnitud de esta mutación, resulta indispensable desentrañar la lógica operativa del denominado bucle DAP (Datos, Algoritmos, Plataformas), en tanto tríada socio-técnica que reordena las dinámicas de percepción, producción y dominación contemporáneas.

I. El Bucle DAP y la Subsunción del Sujeto en la Infoesfera

1. Datos y Datificación: El Captum y el Extractivismo Cognitivo

En la base de esta arquitectura socio-técnica no se encuentra el dato como una entidad empírica neutra, sino como un elemento captado (captum): una abstracción, selección y cuantificación intencionada de la experiencia humana. En virtud de esto podemos definir a la datificación como el proceso mediante el cual nuestros afectos, emociones, desplazamientos, elecciones estéticas e interacciones comunicativas son codificados para su posterior explotación mercantil.

A través de una aparente gratuidad en los servicios digitales, las grandes corporaciones operan una desposesión invisible de nuestra interioridad donde los metadatos de la vida cotidiana son convertidos en activos financieros e insumos esenciales para el entrenamiento de modelos predictivos. La existencia humana queda, así, subsumida en una cadena global de producción de valor cognitivo.

2. Algoritmos y Algoritmización: La Gubernamentalidad Socio-Técnica

Si el dato constituye la materia prima, la algoritmización representa el principio ordenador de la denominada infoesfera. Mediante el aprendizaje automático (machine learning) y las redes neuronales profundas, los algoritmos operan ajustando modelos estadísticos que perfilan el comportamiento individual y colectivo con grados inéditos de precisión.

Esta dimensión operativa cristaliza en una “gubernamentalidad algorítmica”: un dispositivo sutil de conducción de conductas que tiene la capacidad de prescindir de la mediación de la ley o de la sanción jurídica tradicional. El algoritmo no prohíbe de manera explícita; modula los entornos de elección, prioriza estímulos y gestiona la arquitectura de la atención para inducir respuestas predecibles.

La mentada predicción de comportamientos se despliega en el espacio de lo que se llama la “economía psíquica de los algoritmos”. Este término hace referencia a la inversión económica que direcciona inmensos volúmenes de datos para la aplicación de estrategias de modificación del comportamiento humano y al aumento del interés tecno científico, económico y social en procesos algorítmicos de extracción y utilización de datos psíquicos y emocionales.

Esta realidad evidencia que este nuevo poder no se detiene ante la interioridad de las personas y que el mismo ya no se ejerce desde el aparato estatal como sostenía la teoría liberal de los siglos XIX y XX, sino de manera inmanente a través del diseño de la interfaz de plataformas y algoritmos gobernadas por corporaciones privadas.

3. Plataformas y Plataformización: Las Infraestructuras del Tecnofeudalismo Digital

Las plataformas digitales son infraestructuras complejas que estructuran los flujos de capital, datos, trabajo y sociabilidad. Su gobernanza se ejecuta mediante “Términos de Servicio” privados que funcionan como verdaderas constituciones corporativas. Estas estructuras, que funcionan como las nuevas ágoras contemporáneas de discusión pública, subordinan la soberanía pública, redefinen los límites de la libertad de expresión y confinan la deliberación cívica a recintos privatizados orientados a la maximización de la tasa de enganche (engagement).

II. De la Condición Cívica al Usuario Digital

El pliegue del bucle DAP sobre el tejido social precipita una crisis profunda en la democracia representativa y en la noción misma de ciudadanía. Las categorías de soberanía popular, división de poderes y deliberación pública pierden su eficacia ordenadora frente a un diseño algorítmico global.

  • Sustitución de la Condición Cívica: El ciudadano cívico —sujeto de derechos y deberes, capaz de juicio crítico— es erosionado y sustituido por la figura del usuario digital. El usuario no habita un espacio articulado por garantías constitucionales, sino un ecosistema administrado bajo el derecho privado corporativo. La ciudadanía deja de ser una construcción ética y comunitaria orientada al bien común para convertirse en una identidad atomizada, moldeada y en gran medida monetizada.
  • Cosificación y Alienación Emocional: Mientras los sistemas de inteligencia artificial adquieren una apariencia creciente de subjetivación, el ser humano padece un proceso inverso de cosificación. A través de interfaces gamificadas y mecanismos de gratificación instantánea, las plataformas apelan a impulsos subconscientes. Esta modulación afectiva fragiliza la atención, disuelve la conciencia histórica y produce una atrofia deliberativa, confinando al sujeto a un estado de hiperactividad sensorial y aislamiento existencial.

 

III. La Perspectiva Geopolítico-Jurídica Sudamericana como Locus Hermenéutico

La infoesfera está anclada en una geopolítica del conocimiento que reproduce viejas lógicas de dominación. Para Argentina y la región sudamericana, la transformación digital no constituye un mero desafío técnico, sino una encrucijada histórica que desafía su soberanía nacional y la autodeterminación de su pueblo.

La Argentina y la región Sudamericana frente al extractivismo cognitivo

Las economías de los países subdesarrollados proveen de forma gratuita datos crudos (captum) generados por su población. Estos datos son procesados por centros de cálculo de las corporaciones las High Tech patrocinadas por los gobiernos de los países más desarrollados (especialmente China y EE. UU), obligando a nuestros países a importar posteriormente patentes, licencias de software y algoritmos a un alto costo en divisas. La riqueza generada por la datificación no capitaliza en infraestructura local, reduciendo a los Estados a posiciones defensivas y dependientes.

Ni Algoritmos, Ni Autómatas: Hacia un Desarrollo Nacional y Regional

Frente al determinismo tecnológico que presenta la aceleración algorítmica como una fuerza ineludible, se vuelve imperativo reivindicar la primacía de la dignidad humana y de la soberanía política que se traduce en la capacidad de los estados nacionales de planificar su futuro asociados a otros estados del a región. Por eso, la respuesta los países sudamericanos no puede ser aislada, sino regional y no debe sucumbir ni al deslumbramiento de la tecnofilia ni al repliegue inoperante del neoludismo.

El desarrollo regional exige una economía humana inspirada en las fuentes del constitucionalismo social y en el Magisterio Social de la Iglesia (reavivado bajo el pontificado de León XIV). Esto significa trabajar para humanizar la tecnología y supeditar el diseño y despliegue de las herramientas digitales al bien común, a la creación y conservación de fuentes de trabajo, a la justicia redistributiva y al fortalecimiento de las capacidades productivas de la Nación.

La Soberanía de Datos como Imperativo Constitucional

La protección de los datos personales debe trascender la doctrina liberal del habeas data individual. Los datos acumulados sobre un territorio y su población constituyen un bien público, un recurso estratégico nacional y un patrimonio indivisible de la comunidad. Para eso se debe establecer:

  • Autodeterminación Informacional: Consagrar el derecho inalienable de las comunidades a regular, auditar y fiscalizar el flujo y destino de sus activos digitales.
  • Infraestructura Pública: Priorizar la inversión en nubes públicas, modelos de lenguaje de código abierto adaptados a nuestra realidad lingüística e infraestructuras sociotécnicas descentralizadas.
  • Bloque de Integración Geopolítica: Avanzar hacia una alianza sudamericana que establezca un estándar común de soberanía digital, regulación tributaria equitativa y marcos unificados de ética algorítmica.

Frente a la despolitización promovida por la gubernamentalidad algorítmica, la tradición histórica sudamericana reafirma el valor inalienable de la comunidad política organizada. Mientras el capitalismo de plataformas impone un presente continuo y amnésico, el pensamiento regional contrapone la memoria comunitaria, las instituciones republicanas y la justicia social como límites ante cualquier forma de gobernanza tecno-capitalista.

IV. La Respuesta Humanista: Formación del Carácter, Ecología del Silencio y Trascendencia

Ahora bien, es indudable que se deben ensayar respuestas políticas, institucionales, legales e incluso procedimentales. Sin embargo, todas estas medidas son insuficientes frente a la amenaza de la colonización de la subjetividad. En este punto, la resistencia antropológica exige resituar la discusión en la dimensión profunda del espíritu humano mediante el cultivo de las virtudes clásicas, el restablecimiento del tiempo simbólico y la apertura a la trascendencia. Allí la educación y las universidades juegan un rol protagónico.

1. Las Virtudes Clásicas ante la Infoesfera

  • Templanza como Ascesis Atencional: Habito de sobriedad digital que permite recuperar la gobernanza sobre la propia atención, interrumpiendo la adicción a las métricas de aprobación.
  • Fortaleza como Entereza Cívica: Confiere la firmeza anímica para resistir el contagio emocional, la tiranía de la tendencia y el rebaño algorítmico.
  • Prudencia como Rectoría del Juicio: Restituye el recto juicio para evaluar la complejidad de los hechos y la necesidad de la deliberación más allá del impacto emocional inmediato provocado por la posverdad.
  • Sabiduría contra la Atrofia Cognitiva: Dota a la persona del pensamiento crítico necesario y de la capacidad de discernimiento para desmantelar el mito de la neutralidad tecnológica y comprender las «cajas negras» como estructuras de poder.

2. Ecología del Silencio y Liturgia Comunitaria

Mediante la práctica activa del silencio se protege la interioridad (núcleo ontológico de la persona), recuperando la capacidad de contemplación y la percepción de la gratuidad del mundo. Asimismo, la restitución de las liturgias comunitarias desacelera el tiempo profano de la red, otorgando un propósito que inscribe la identidad individual en una comunidad de carne y hueso con un horizonte de futuro compartido.

3. El Asombro y la Apertura a la Trascendencia

El aislamiento propiciado por la hiperartificialización distancia al ser humano de la Creación. Cultivar el asombro ante el orden natural y mantener la apertura a frente a lo sagrado constituye el acto definitivo de emancipación humana ante la amenaza real del reduccionismo algorítmico.

V. Conclusión

La encrucijada que enfrenta la humanidad ante el capitalismo algorítmico no admitirá un mosaico de soluciones aisladas. El desafío trasciende la técnica informática para situarse en el centro de la antropología, la filosofía, la teoría del Derecho y la ciencia política. La resolución de esta encrucijada requiere, por un lado, la integración regional de los países sudamericanos o si es posible iberoamericanos, para implementar políticas públicas de escala regional para preservar la soberanía y poder planificar las políticas de desarrollo industrial.

Por otro lado, también es necesario un modelo normativo integral que conjugue la salvaguarda de la dignidad humana y la gestión de riesgos con herramientas dinámicas como sandboxes regulatorios y fomento tecnológico. La tutela de las libertades y el impulso a la innovación son dimensiones complementarias de una misma política de Estado.

Sin embargo, la gesta institucional resultará infructuosa sin un renacimiento antropológico. Solo una pedagogía orientada al cultivo de las virtudes clásicas, la protección del silencio, el desarrollo del mundo interior y el asombro ante la trascendencia podrá restituir al ser humano la fortaleza necesaria para no ser reducido a un autómata ni a un insumo del mercado. En la integración de la soberanía terrenal y la apertura a la dimensión trascendente reside la clave para humanizar la tecnología y asegurar el desarrollo integral de nuestras naciones.

Referencias Bibliográficas

  • Bruno, F. G., Bentes, A. C. F., & Faltay, P. (2019). Economia psíquica dos algoritmos e laboratório de plataforma: mercado, ciência e modulação do comportamento. Revista FAMECOS, 26 (3), e33095. doi.org/10.15448/1980-3…
  • González Saborido, J. B. (2026). Ni algoritmos, ni autómatas: Humanizar la tecnología para el desarrollo nacional y regional [Manuscrito no publicado].
  • Lassalle, J. M. (2019). Ciberleviatán: El colapso de la democracia liberal frente a la revolución digital. Arpa Editores.
  • Rodríguez, P. M. (2019). Las palabras y los pensamientos: Bucle, datos, algoritmos y plataformas en el capitalismo cognitivo. Tinta Limpia. 

lunes, 17 de agosto de 2026

Los mitos griegos. La realidad teofánica y la crisis de la modernidad: Walter F. Otto y el Sentido Sagrado del Mundo Helénico

 

En una época dominada por la innovación tecnológica, la crisis geopolítica, la lucha por la hegemonía mundial, la ruptura del orden jurídico internacional, el culto a la eficiencia técnica, el avance de la cuantificación de la existencia y la aceleración informativa, la pregunta por el sentido de la civilización se vuelve ineludible e indispensable. 

Por todos lados nos encontramos rodeados de dispositivos de poder y control sin precedentes, pero simultáneamente nos encontramos empobrecidos en nuestra capacidad para habitar el mundo como una realidad sagrada y plena de significado. Para pensar esta encrucijada, la obra del filólogo clásico e historiador de la religión Walter Friedrich Otto (1874-1958) ofrece una clave de lectura de extraordinaria profundidad.

Lejos de reducir el mito a una explicación precientífica o a una proyección psicológica, Otto nos invita a reconsiderar la experiencia religiosa griega como una revelación objetiva de lo divino en las formas de lo real. Su pensamiento no propone una restauración nostálgica del paganismo, sino una crítica radical a la modernidad desencantada y la recuperación de una mirada capaz de contemplar lo sagrado como presencia real e inspiradora.

1. Los Dioses de Grecia: La Cosmovisión Teomórfica y la Presencia Sagrada Objetiva

En Los dioses de Grecia (Die Götter Griechenlands, 1929), Otto sostiene que la divinidad homérica no es un producto de la fantasía antropomórfica, sino el descubrimiento de la estructura sagrada del cosmos. Frente a la acusación tradicional de que los griegos crearon sus dioses a imagen y semejanza del hombre, Otto invierte el planteo:

«El antropomorfismo consiste en interpretar y representar a los dioses sub specie humana; lo que los griegos hicieron fue más bien ver a los hombres sub specie de dioses, y, en ese sentido, su religión merece el calificativo de teomórfica, mucho más que de antropomórfica».

Para la conciencia griega, lo divino no se sitúa fuera del mundo ni opera mediante milagros que rompen el orden natural. Se manifiesta, por el contrario, en las formas mismas de la realidad: en la claridad del pensamiento (Atenea), en la medida y la forma (Apolo), en la pasión y la distancia, en el amor, la guerra y la naturaleza. Como señala el propio Otto, en el espíritu griego acontece una síntesis única y admirable entre naturaleza y espíritu:

«Un milagro sobreviene ante nuestros ojos: lo natural se compenetró con lo espiritual y lo eterno sin perder, en esta fusión, su abundancia, calor y espontaneidad. Y el espíritu, para el cual la observación más fiel de lo natural se convirtió en contemplación de lo eterno e infinito, ¿no hizo de la religión griega lo que ella es?».

Esta perspectiva constituye una crítica directa al reduccionismo moderno. Cuando la cultura contemporánea transforma la realidad en mero dato, recurso o mercancía, gana en capacidad lucrativa, pero pierde objetividad espiritual. El mito clásico, en cambio, no responde a la pregunta técnica de cómo funciona la materia, o como produce renta, sino al interrogante existencial de qué significa que el mundo exista y qué tipo de respeto y reverencia exige de nosotros.

2. Teofanía y la Gloria de Atenas: Fundamentos Religiosos del Orden Político

En Teofanía (Theophania, 1956), Otto profundiza en la noción de la religión no como un sistema dogmático o una proyección subjetiva del individuo, sino como una experiencia de aparición donde el mundo se revela cargado de un valor trascendente. Para Otto, lo divino no es una invención conceptual:

«Opondremos al prejuicio general otro menos superficial: que los dioses no pueden ser inventados, ni ideados, ni representados, sino únicamente experimentados. A cada especie del género humano, lo Divino se le ha revelado de una manera, dando forma a su existencia y haciendo de ella lo que había de ser».

Al contemplar el arte, la poesía o la arquitectura griega, la mirada moderna suele detenerse en la maestría técnica o en la perfección formal, obviando el núcleo espiritual que le dio origen. Otto advierte que:       

«Al admirador de la poesía y del arte griegos se le escapa otra cosa no menos valiosa... ¡Ve ante sí las formas de la creación humana, pero nada llega a saber de la augusta forma que se escondía detrás de ellas dándoles vida: la forma divina!».

Esta comprensión teofánica ilumina de manera decisiva la esfera de la política y el auge de las instituciones clásicas. Por ejemplo, la gloria de Atenas y la grandeza de su régimen democrático no se sostenían sobre procedimientos jurídicos formales o sobre garantías que otorgaba un texto legal. Estaban fundadas en esta cosmovisión sagrada, donde la ciudad (polis) era concebida como un cosmos ético sustentado en ritos, mitos y leyes de origen divino, por la que valía la pena sacrificarse e incluso ofrendar la vida.

Esta íntima conexión se percibe con total nitidez en el célebre Discurso Fúnebre de Pericles transmitido por Tucídides. Cuando Pericles exhorta a los ciudadanos a contemplar la ciudad en todo su esplendor y a enamorarse de ella, no está celebrando una forma de gobierno abstracta, sino una comunidad de hombres libres cuyo coraje y entrega expresan una nobleza de carácter que trasciende la vida efímera:

El régimen como modelo y no como imitación: La diosa Atenea encarna la sabiduría estratégica y ordenadora que permite a los atenienses servir de modelo a toda Grecia.

Confianza en la fortaleza del alma: Pericles afirma que la seguridad de Atenas no radica en armamentos o estratagemas, sino en la valentía natural que surge de una educación orientada a la virtud.

La búsqueda de la gloria perdurable (kleos): Los caídos entregan sus vidas no por un simple contrato social, sino por el honor y la memoria imperecedera. Su recuerdo no queda grabado solo en monumentos de piedra, sino que “también en suelo extranjero pervive su recuerdo, grabado no en un monumento, sino, sin palabras, en el espíritu de cada hombre.”  

Como señalaba Otto, en la religión antigua "amor y ser radican en el mismo fondo y se unen en el espíritu. La idea viva de su sustancia, de su vigor y de su destino se aproxima a todo lo esencial en forma divina". Cuando las instituciones políticas pierden este horizonte ético y sagrado, pierden su sentido profundo y se vuelven incapaces de convocar la adhesión y el sacrificio por el bien común.

3. Dionisos: La Integración de la Ambivalencia y la Crítica a la Fantasía de Control Algorítimico

En su estudio sobre Dionisos (1933), Otto aborda una figura indispensable para comprender la totalidad de la existencia griega. Dionisos no es simplemente la divinidad de la embriaguez o del desenfreno superficial; es la irrupción de la vida elemental en su doble vertiente de creación y destrucción, fiesta y terror, éxtasis y sufrimiento. Otto recupera aquí la intuición abismal que ya había señalado Friedrich Nietzsche:

«Nietzsche, el primero, o uno de los primeros, que supo ver en los dioses antiguos la encarnación de las realidades implacables de un universo donde los hombres no disfrutan de ningún privilegio especial… Lo que otorga al héroe trágico la oportunidad de desplegar su heroísmo es precisamente la certidumbre de que el heroísmo será castigado, la certeza de su aniquilación».

La modernidad lucha afanosamente por construir una fantasía de invulnerabilidad tecnológica, pretendiendo neutralizar el riesgo, la contingencia, la vejez y la muerte mediante el avance de la biotecnología y dispositivos algoritmicos. Quiere calcularlo todo y regularlo todo con lógica geométrica y estadística. Sin embargo, se corre el peligro de que al reprimir las fuerzas elementales de la vida, estas reaparezcan –como observamos que ya sucede- de forma degradada y destructiva en el tejido social: fanatismos, tribalismos digitales y explosiones irracionales de violencia.

La lección dionisíaca reside en que una civilización madura no debe pretender la eliminación utópica del dolor o de la ambivalencia, sino elaborar mediaciones rituales, artísticas y comunitarias capaces de canalizar y otorgar sentido a las fuerzas trágicas de la existencia.

4. Las Musas: Palabra, Memoria y Reconstrucción del Espacio Público

En Las Musas (Las Musas y el origen divino del canto y del habla), Otto analiza el papel del lenguaje, la memoria, la música y el canto en la constitución de la vida común. Las Musas representan la experiencia de que la palabra verdadera y la poesía no nacen exclusivamente de la creatividad individual del autor, sino que son la transmisión de un orden inteligible y sagrado que nos precede. Las Musas articulan tres dimensiones fundamentales:

1. La Memoria: Preservan lo que es digno de conservarse frente al olvido.

2. La Palabra: Ordenan la experiencia y otorgan verdad y sentido al discurso.

3. La Comunidad: El canto, la música y el relato compartido fundan la esfera política común.

Existe una profunda convergencia entre esta dimensión "museica" y la visión de Pericles en el famoso"Discurso Fúnebre". La permanencia de los héroes y la grandeza de la polis dependen de la palabra que conmemora y transmite el ejemplo moral a través de las generaciones. Pericles subraya que "lo único que no envejece, en efecto, es el amor a la gloria; y cuando la edad ya declina, no es atesorar bienes lo que más deleita... sino recibir honores".

En nuestro presente, en cambio, la aceleración de las redes sociales y la circulación ininterrumpida de información fragmentada han provocado una severa crisis de lenguaje y memoria. La palabra pública suele degradarse en propaganda, eslogan o espectáculo mediático. Por ello, recuperar la enseñanza de Las Musas exige reconstruir un lenguaje denso, capaz de cultivar la memoria histórica, el diálogo profundo y la belleza. 

5. Conclusión: Hacia una Reorientación de la Civilización

La enseñanza que se desprende de la obra de Walter F. Otto no nos insta a una imposible restauración del culto homérico. Nos ofrece, en cambio, una advertencia de validez permanente: una civilización no se mantiene viva únicamente por la sofisticación de sus máquinas, su afán de consumo, sus textos legales o su poder financiero. Requiere, imprescindiblemente, se sentido de transcendencia y de símbolos, relatos, ritos y una relación de reverencia con la totalidad del cosmos.

La crisis civilizatoria actual revela una profunda desproporción entre la inmensidad de nuestros medios técnicos y la fragilidad de nuestros fines éticos y espirituales. Para superar la desorientación contemporánea, será preciso recuperar una experiencia no instrumental de la naturaleza, cultivar la memoria del origen de nuestra cultura y civilización, y restituir a la palabra pública su vocación de verdad, justicia y respeto por la sagrada condición humana.

Referencias Bibliográficas

Aristóteles. Ética a Nicómaco. (Edición bilingüe de María Araujo y Julián Marías). Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

Otto, Walter F. (2003). Los dioses de Grecia: La figura del espíritu tal como se revela en la visión griega. Madrid: Siruela.

Otto, Walter F. (2007). Teofanía: El espíritu de la antigua religión griega. Buenos Aires: Editorial Losada.

Otto, Walter F. (1997). Dionisos: Mito y culto. Madrid: Siruela.

Otto, Walter F. (2012). Las Musas y el origen divino del canto y del habla. Madrid: Editorial Sexto Piso.

Tucídides. (1990). Historia de la Guerra del Peloponeso (Libro II: "Discurso Fúnebre de Pericles"). Madrid: Gredos.


miércoles, 12 de agosto de 2026

JORNADA “TERRITORIO Y POBLACIÓN: DISTRIBUCIÓN FEDERAL Y EQUILIBRIO DEMOGRÁFICO” EN EL SENADO

La actividad reunió a especialistas para reflexionar sobre las transformaciones demográficas de la Argentina y su impacto en el desarrollo regional, las familias y la cohesión territorial.



El Honorable Senado de la Nación llevó a cabo la jornada "Territorio y población: distribución federal y equilibrio demográfico", organizada por la Dirección General de Relaciones Internacionales del Senado, a cargo de Isolina Correa Monterrubio. La jornada permitió generar un espacio de análisis interdisciplinario sobre los desafíos que plantean las transformaciones demográficas y la necesidad de impulsar políticas públicas que contribuyan a un desarrollo federal, equilibrado y sostenible.

La actividad fue presentada por Juan Bautista González Saborido, director de Organismos Internacionales del Senado, y contó con las exposiciones de Romina Cáceres, psicóloga especialista en Psicoanálisis y Liderazgo; Claudia Peiró, licenciada en Historia por la Universidad de Buenos Aires y periodista; y Paulo Ares, abogado, profesor universitario de Teología y cofundador de la Fundación Pro.Y.E.C.T.Ar. El cierre estuvo a cargo de Pablo Dávoli, secretario de la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara alta.

"El tema que nos convoca no debe ser considerado una cuestión meramente estadística, detrás de cada número hay una realidad social que involucra a personas concretas y detrás de esa realidad social una cuestión decisiva para el futuro de la sociedad argentina", expresó González Saborido. Asimismo, señaló que el mundo atraviesa una profunda transformación demográfica que impacta en la estructura social, la economía, el mercado laboral y los sistemas de seguridad social y salud. En este contexto, afirmó que la Argentina no está al margen: los nacimientos se redujeron de más de 777.000 en 2014 a poco más de 413.000 en 2024, mientras que la tasa global de fecundidad descendió a 1,23 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo poblacional estimado en 2,1.

González Saborido advirtió que estos datos "no deben ser interpretados con alarmas superficiales sino con seriedad estratégica" y sostuvo que la cuestión demográfica es también económica, social y política. "Necesitamos una política demográfica que fortalezca las familias, fomente la natalidad y asegure arraigo, trabajo y futuro en todo el territorio argentino", finalizó.

Por su parte, la periodista y licenciada Peiró hizo hincapié en la incidencia del aborto en la actual realidad demográfica. Al referirse a la ley sancionada en 2020, sostuvo que su legalización "habilitó a promoverlo, a propagandizarlo ya que lo desliga de toda reflexión moral prohibiendo incluso explícitamente toda instancia de disuasión". Asimismo, repasó distintas campañas gubernamentales en las que, afirmó, "el antinatalismo alcanzó cumbres canallescas". Peiró concluyó: "La Argentina sigue siendo un país despoblado y desequilibrado en su desarrollo y más población significa más potencial".

En ese sentido, la psicóloga Romina Cáceres advirtió "una guerra sutil e invisible que invade los hogares sin que nos demos cuenta y promueve la idea de que tener hijos es una esclavitud, que la forma de tener una vida plena es vivir de manera individualista, consumista y mostrarla en la redes sociales". Asimismo, sostuvo que la caída de la natalidad en la Argentina no constituye un fenómeno demográfico natural, sino el resultado de una guerra psicológica que no necesita invadir físicamente un territorio, ya que basta con desarmarlo psicológicamente para que "el pueblo que lo habita termine entregando su futuro a intereses globalistas".

Desde una perspectiva política, el abogado Paulo Ares remarcó la necesidad de "tener un Estado que vuelva a planificar y definir qué es lo que quiere". En esa línea, sostuvo que "la improvisación en Argentina viene desde hace mucho tiempo y para el 2027 es clave planificar para saber cuál es nuestro norte". Consideró que esto es fundamental para afrontar una situación crítica, dado que el país se encuentra a menos de 100.000 habitantes de comenzar un decrecimiento poblacional y registra, además, una marcada disminución del nivel inmigratorio. Asimismo, subrayó la importancia de que "el Estado argentino necesita unas Fuerzas Armadas arraigadas en la sociedad civil y defensoras de una planificación aprobada por el Congreso".

Por último, y para concluir la jornada, Pablo Dávoli retomó el concepto de guerra psicológica y señaló que "si no consideramos el enemigo público, comunitario, en el sentido técnico de la expresión, no podremos saber el desafío que nos apremia y lo que tenemos que hacer al respecto". En ese sentido, definió este fenómeno como "control demográfico" y, para dimensionarlo, señaló la existencia de "un complejo entramado ideológico doctrinario que ha sido tejido a lo largo de los últimos 225 años el cual conduce por métodos muy diversos entre ellos el aborto y la eutanasia al referido control". Finalmente, concluyó: "hoy como ayer para los argentinos mantiene plenamente su vigencia la atinada consigna de Alberdi acerca de que gobernar sigue siendo poblar, preferentemente con familias argentinas y de acuerdo a una adecuada distribución geográfica".