Introducción:
La "lumbre" helenica en la visión de Carlos Disandro
El estudio de la Antigüedad clásica
en la Argentina del siglo XX no constituyó un simple ejercicio de erudición
académica o un desprendimiento de la filología europea, sino que, en
determinados focos intelectuales, operó como una herramienta de interpretación
de la realidad y de combate cultural, político y espiritual (rectius semántico).
En este panorama, la figura de Carlos Alberto Disandro ocupa un lugar singular
y sumamente interesante.
Filólogo de sólida formación, latinista,
helenista y polemista incansable, Disandro construyó una obra donde la
enseñanza de las lenguas clásicas y la exégesis de los textos antiguos nunca se
divorciaron de una profunda preocupación por el destino político y espiritual
de Argentina, de Hispanoamérica y de Occidente en general. Su pensamiento
partía de una convicción axial: la crisis de la modernidad era, en su raíz más
íntima, un eclipse de la humanitas y una
pérdida de sintonía con el orden ontológico que los griegos habían sabido
formular originariamente.
Frente a una academia
fundamentalmente eurocéntrica formada en el historicismo positivista, en las
distintas variantes del liberalismo, del marxismo y, más tarde, del
estructuralismo y posestructuralismo que dominó gran parte de la universidad
argentina, Disandro leyó a los poetas griegos, a los presocráticos, a los
trágicos y a los poetas latinos como mojones de una tradición viva, capaz de
interrogar el presente.
Para él, el humanismo no se reducía a
un canon estético del Renacimiento ni a una retórica secularizada de la
Ilustración, sino que representaba una densa trama de fuentes espirituales e
históricas —cuyo despliegue examinó sistemáticamente en su curso y obra Humanismo: fuentes y desarrollo histórico— que
vinculaba indisolublemente el orden cósmico, el orden humano y el orden divino.
A su juicio, el verdadero humanismo cristiano es el que aparece con la patrística,
es decir, a raíz de la confluencia de la revelación bíblica y el helenismo.
En este modesto trabajo nos
proponemos realizar un primer análisis sobre la manera en que Disandro articuló
este humanismo griego a través de tres ejes conceptuales fundamentales:
- Ø Primero, se
examinará la génesis filológica y la tríada originaria (orden cósmico, humano y
divino), donde la recuperación del logos y de la physis establece la medida (metron)
del hombre en sintonía con el cosmos y con lo sagrado.
- Ø Segundo, se
abordará la fractura moderna, que separa las fuentes grecolatinas de la
revelación y, como consecuencia de ello, se produce el desgarramiento de este
orden basado en los vínculos misteriosos entre el plano divino, el cosmológico
y el político realizado por parte del subjetivismo liberal y la razón
instrumental. Frente a ello, el noein helénico (el
pensamiento clásico) y la exégesis de sus fuentes se convierten en un acto
curativo de religación frente al nihilismo y consumismo contemporáneo.
- Ø Por último, se
estudiará su proyección sobre la "América románica", demostrando cómo
la defensa de las fuentes helénicas e hispánicas se erige como el cimiento
indispensable para fundar una soberanía comunitaria y humanista auténtica.
El propósito de este trabajo es
dimensionar la originalidad de un pensamiento que buscó en las fuentes de la
Hélade el fundamento inquebrantable de un verdadero ser nacional y continental
e instalar –como él decía- el “Reino de la Musa” en estos territorios.
I.
La génesis filológica y las fuentes de la humanitas: De la physis
al orden espiritual
1.1.
La filología como acceso a la verdad ontológica en todas sus dimensiones
Para comprender el humanismo en la
obra de Carlos Disandro, es imperativo partir de su concepción de la filología.
Lejos de reducirla a una técnica instrumental o a una arqueología de los textos
muertos, Disandro entendía la labor filológica como una disciplina rigurosa de
rescate y audición del sentido originario. En su perspectiva, las palabras de
los antiguos griegos —y su posterior decantación en el latín de los romanos— no
eran meros signos convencionales, sino depósitos vivos de experiencia fundante.
El término, el concepto y la cosa formaban una unidad indisoluble donde el logos operaba como la manifestación ordenadora del ser
frente al caos.
En su curso y obra sistemática Humanismo: fuentes y desarrollo histórico, Disandro
establece una delimitación rigurosa que evita disolver el humanismo en una
categoría vaga o puramente literaria. El humanismo no nace de la
autocomplacencia burguesa del Renacimiento o de la Ilustración, sino que hunde
sus raíces fundantes en la tensión griega por definir la medida del hombre en
estricta correlación con el cosmos y con lo divino.
1.2.
La tríada originaria: El vínculo indisoluble entre el orden cósmico, humano y
divino
El núcleo más profundo del humanismo
griego clásico, tal como lo interpreta Disandro, reside en la articulación
armónica de tres dimensiones que la modernidad se empeñó en disociar:
Ø El orden cósmico (physis
y cosmos): El universo no es un agregado mecánico de materia dispuesta para la
explotación técnica, sino un cosmos ordenado, jerárquico y bellamente dispuesto
(kósmos significa orden y ornato), regido por leyes
inmutables (logos) que evidencian una
armonía oculta (ἁρμονίη ἀφανής harmonía
aphanes) que el hombre debe contemplar y respetar.
Ø El orden humano (anthropos
y polis): El hombre encuentra su verdadera dimensión y su areté (excelencia) no en la autonomía absoluta o en la
auto-creación subjetiva, sino en la medida (metron) que le
impone su condición de parte subordinada a un todo mayor. La polis es el espejo político de ese orden cósmico.
Ø El orden divino (theios): Lo sagrado
impregna la totalidad de la experiencia griega primitiva y trágica. El destino
(moira), la justicia (dike) y la piedad (eusebeia) vinculan indisolublemente al mortal con los
dioses, vedándole la transgresión de la soberbia (hybris) e instándolo
a vivir con σωφροσύνη, sōphrosýnē significa moderación, templanza, autocontrol y sano
juicio
Así pues, Hesíodo explica cómo se
genera está armonía en la comunidad política. La misma se funda en un acto de
inspiración; es decir, se traslada aquello que está en el orden divino de las
Musas hacia el orden humano. Desde la lumbre helénica, el gobernante no puede
entender el acto de conducción política sino a través del principio de
inspiración, ni puede ordenar armoniosamente la comunidad si no es mediante una
interiorización que se traslada a la realidad política.
De esa realización íntima, de esta
inspiración, procede el desarrollo de la comunidad humana y política tal como
la entiende el griego: una comunidad como realidad nueva incorporada a la
realidad cósmica. Realidad cósmica en donde hay interdependencia entre
la naturaleza humana y la no humana, y donde también interactúan lo visible y
lo invisible (lo sagrado). La comunidad política queda de esa forma inserta en
una realidad mayor y sobrenatural.
Por consiguiente, para Disandro, los
griegos vivían en la certeza de que estos tres órdenes formaban un tejido
continuo. El hombre realizaba su humanitas en la
exactitud de su inserción en ese entramado: desatarse del cosmos o pretender la
autonomía frente a lo divino equivalía siempre a una catástrofe espiritual y
política.
1.3.
La fractura moderna y la urgencia de la "religación"
La tesis crítica fundamental que
Disandro despliega en su recorrido histórico es que la modernidad se
constituyó, esencialmente, mediante el desgarramiento y la disolución de esta
tríada. Al secularizar el pensamiento, autonomizar la razón geométrica e
instaurar el antropocentrismo, el hombre moderno cortó los amarraderos que lo
unían al orden cósmico y al orden divino, reduciéndose a un individuo
desarraigado que, al perder el sentido de trascendencia y la vivencia de lo
sagrado o numinoso, queda sometido a los mecanismos del poder técnico y
económico.
En consecuencia, volver a los textos
originarios de la Hélade no constituye un mero pasatiempo erudito ni una
nostalgia arqueológica. Para Disandro, la exégesis filológica de las fuentes
clásicas cumple una función curativa y fundacional: es un acto de religación (religio en su sentido etimológico de religar lo
desatado). La madurez americana solo será posible a través de una lectio profunda de los textos antiguos que generaron el
derecho, los fundamentos y la espiritualidad de Occidente. Al reencontrarse con
el logos originario, el pensamiento puede suturar la
herida de la modernidad, recuperando la perspectiva de la medida, la jerarquía
ontológica y la apertura a lo sagrado como condición indispensable para la
reconstrucción espiritual y comunitaria de Occidente y principalmente de
nuestra propia América.
1.4.
La crítica a las desviaciones de las raíces occidentales
Cada vez que el humanismo se
desvinculó de este triple orden y de su verdad ontológica —reduciéndose a un
mero formalismo retórico, a un subjetivismo agnóstico o a una tecnocracia
operativa—, Occidente ingresó en fases de profunda crisis espiritual. Frente a
esa petrificación, el humanismo griego que Disandro ha pretendido recuperar se levanta
como un tesoro lleno de sabiduría, donde la tradición clásica se erige como el
custodio último de la verdad frente al nihilismo contemporáneo.
II.
La fractura del orden: Tradición helénica versus modernidad
2.1.
La crisis de la polis y el desgarramiento moderno
En su lectura histórica, Carlos
Disandro advierte que el proceso constitutivo de la modernidad (nos referimos a
la tendencia triunfante) no representa una evolución o una maduración del
espíritu clásico, sino una radical inversión de sus premisas fundamentales.
Mientras que la antigüedad helénica concibió la vida comunitaria como un
reflejo directo del ordenamiento del cosmos y de la subordinación a lo divino,
la modernidad operó como un proceso sistemático de desarraigo.
Al desplazar el eje del logos comunitario hacia la subjetividad individual y la
razón discursiva, el mundo moderno rompió los límites que garantizaban la sōphrosýnē
(mesura, equilibrio, armonía).
Para Disandro, este quiebre se manifiesta nítidamente en la pérdida de la
noción de lo sagrado y de la convivencia con el mundo de los dioses, y en la
entronización de la hybris técnica: el hombre ya no
contempla la physis para admirar su belleza e integrarse en ella
—dejando de ser el ámbito de manifestación de lo sagrado (theophania) —, sino que la reduce a un mero recurso
disponible para la dominación utilitaria.
2.2.
La crítica a las lecturas disolutivas del humanismo
En su obra Humanismo:
fuentes y desarrollo histórico, Disandro combate explícitamente
aquellas interpretaciones que reducen el humanismo a un producto exclusivo del
Renacimiento secularizado o de la Ilustración enciclopedista. Para el autor, el
humanismo moderno —en tanto antropocentrismo autónomo— consuma el divorcio
entre el hombre y sus fuentes fundantes:
Ø El subjetivismo
liberal: Al consagrar al individuo abstracto desvinculado de sus adscripciones
comunitarias e históricas, el liberalismo destruye las bases de la polis tradicional y disuelve los lazos orgánicos
esenciales.
Ø El economicismo y
la tecnocracia: La subordinación de la vida social a las leyes impersonales del mercado
y al despliegue técnico consolida un orden desalmado, donde la cultura queda
reducida a un epifenómeno mercantil o a una burocracia inerte.
2.3.
La vigencia del combate cultural
Frente a este panorama de
descomposición, Disandro no postula una huida pasatista, sino una oposición
intelectual y espiritual basada en el rescate activo de la tradición clásica y
cristiana. La recuperación de las fuentes helénicas cumple así una función
eminentemente crítica: provee las claves de interpretación necesarias para
desnudar las falacias del progreso indefinido y su paradigma tecno económico, y
ofrece los lineamientos, -especialmente la semántica- para pensar un orden
político arraigado en la justicia, la jerarquía ontológica y la soberanía
comunitaria.
III. Proyección hispanoamericana y
orden político: La "América románica" y la Hélade en el suelo
americano
3.1. La transmutación americana y el
concepto de "América románica"
Para Carlos Disandro, la recuperación
del humanismo griego y de sus fuentes constituía una clave hermenéutica
insustituible para leer la realidad histórica y política de nuestra región, a
la que denominaba habitualmente "América románica". En su visión,
este continente no nacía con la modernidad ilustrada ni con las formas del
liberalismo decimonónico, sino que heredaba el sustrato espiritual, lingüístico
y político de la latinidad y de la hispanidad, el cual encontraba a su vez su
raíz remota en el orden clásico-cristiano (conjunción de helenismo y revelación
bíblica).
La categoría de "América
románica" le permitía a Disandro oponerse a las clasificaciones
eurocéntricas o meramente geográficas (como "Latinoamérica", término
de cuño francés aunque es utilizado por la Iglesia católica desde fines del
siglo XIX). Para él, lo "románico" condensaba la continuidad
histórica de una tradición comunitaria, religiosa y cultural que había
amalgamado el derecho romano, la filosofía griega y la fe cristiana,
proyectándose fecundamente sobre el suelo americano. La soberanía política de
estas tierras no podía fundarse, por lo tanto, sobre abstracciones
contractuales, sino sobre la fidelidad a ese linaje espiritual e histórico.
3.2. Crítica al liberalismo y búsqueda
de la soberanía comunitaria
Desde esta perspectiva de la América
románica, Disandro articuló una crítica impiadosa contra los proyectos
oligárquicos y liberales que modelaron los Estados latinoamericanos bajo la
influencia del positivismo y el imperialismo cultural:
Ø El desarraigo
institucional: La imitación de modelos constitucionales extranjeros ajenos a la
tradición histórica concreta condujo al debilitamiento de los lazos
comunitarios, al divorcio entre la cultura popular y las instituciones, y a la
subordinación geopolítica de las naciones que integran este espacio cultural.
Ø La política como
orden y destino: Frente a la tecnocracia y a la economía de mercado, Disandro reivindicó
una concepción profunda de la autoridad y del Estado, donde la comunidad
organizada de la América románica debía superar las antinomias del liberalismo
y del marxismo restaurando sus propias fuentes de soberanía y justicia.
IV. Consideraciones
Finales: Hacia una recapitulación del humanismo disandriano
A modo de recapitulación sintética,
el derrotero intelectual de Carlos Alberto Disandro en torno al humanismo
griego puede condensarse en tres nudos conceptuales fundamentales que articulan
su obra:
- La filología como acceso
ontológico y la triada originaria: Frente al formalismo academicista, Disandro
concibe la labor filológica como el rescate vivo del logos, de la physis y del noein griego.
Para él, el humanismo clásico encuentra su fundamento insustituible en la
integración armónica de la tríada que vincula el orden cósmico, el orden
humano y el orden divino. La medida (metron) el
equilibrio (sōphrosýnē) y el respeto a los límites del ser vedan la
hybris y constituyen la base de toda verdadera paideia.
- La fractura moderna y la urgencia
de la "religación": La crisis de la modernidad se interpreta, en
la exégesis disandriana, como el desgarramiento sistemático de esa triada
fundante. La secularización radical, el subjetivismo liberal y la razón
instrumental reducen al hombre a un individuo desarraigado, desvinculado
del cosmos y de lo sagrado. Por ello, volver a las fuentes griegas opera
como un acto curativo de religación: un esfuerzo crítico por suturar la
herida del nihilismo contemporáneo.
- La proyección política y la "América
románica":
Lejos de constituir un ejercicio de arqueología cultural, este humanismo
se proyecta de manera directa sobre el suelo de la América románica. La
recuperación de las fuentes clásicas e hispánicas se erige como el
cimiento indispensable para fundar una soberanía comunitaria auténtica,
oponiéndose tanto al eurocentrismo liberal como a las formas disolutivas
de la tecnocracia.
En definitiva, en la obra de Disandro
el humanismo griego y la defensa de la América románica convergen como
herramientas indispensables de combate cultural (rectius “semántico”): una
llamada a restaurar la jerarquía, el orden espiritual y el destino político de
Occidente a través de la fidelidad creadora a las fuentes originarias.
Fuentes y Bibliografía
1.
Obras y escritos de Carlos Alberto Disandro
- Disandro,
Carlos A. Humanismo: fuentes y desarrollo histórico.
La Plata: Centro de Estudios Universitarios Platense, 1969 [Edición basada
en el curso dictado en 1962].
- Disandro,
Carlos A. La poesía de Lucrecio. La
Plata: Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades y
Ciencias de la Educación, 1950.
- Disandro,
Carlos A. Tránsito del mythos al logos.
(Artículos y conferencias sobre filología clásica y pensamiento antiguo).
- Disandro,
Carlos A. El humanismo político del justicialismo.
(Escritos doctrinales y políticos sobre la soberanía de la América
románica).
- Disandro,
Carlos A. Respuesta de un aborigen a Toynbee.
Ensayos de crítica histórica y cultural.
2.
Estudios críticos y complementarios sobre su obra y pensamiento
- Estudios
sobre el helenismo y la filología en la Argentina: Trabajos críticos e
historietas académicas en torno a la recepción de la antigüedad clásica en
el ámbito universitario platense y rioplatense durante el siglo XX.
- Compilaciones
de homenaje y crítica institucional: Ensayos y publicaciones periódicas de
los Anales de Filología Clásica y boletines de cátedra
vinculados al legado intelectual de la filología clásica argentina.


