1. La retórica de Isócrates en la Atenas del siglo IV a.c.
La retórica de Isócrates ofrece
un marco permanente para analizar crisis regionales o continentales, donde
divisiones internas ceden ante amenazas externas mediante un liderazgo claro
que logra concretar la unidad política en torno a una idea compartida. Su
llamado a la unidad panhelénica –en su caso contra Persia- tiene resonancias en
la visión continentalista de Perón[1]
y en la renovación de la "Doctrina Monroe" y el “Corolario Trump” de los
Estado Unidos, urgiendo a Hispanoamérica a forjar una renovada unidad cultural
y estratégica.
No existen mayores dudas en
cuanto a que después de las Guerras Médicas toda Grecia quedó sumida en luchas
interminables por el poder. Los efectos desastrosos de dichas guerras en la
vida de todas las ciudades-estado griegas hicieron que las clases dirigentes
buscaran distintos caminos para terminar con una crisis que amenazaba
extenderse por tiempo ilimitado.
Concretamente para Isócrates (436-338
a.C.) superar la decadencia moral y política era un paso fundamental si se
quería conseguir el orden general del mundo griego y la unidad política de
todos los helenos (panhelenismo).
En sus escritos, de enorme valor
histórico, Isócrates consideraba que la educación política del ciudadano
ateniense era piedra angular de su proyecto político. No ignoraba que la
situación de Atenas no le permitiría lograr por sí misma la prosperidad de la
Hélade. Razón por la que para él, “encontrar
la empresa común” que logre la unidad de las polis griegas equivalía
“a salvar a los griegos como
nación," concepto que se formulaba en el marco de lo que
se puede denominar como un temprano nacionalismo.
En su famoso “Panegírico” (“panegyris”, 380 a.C.) Isócrates
sugirió a sus compatriotas que cesaran las luchas internas y defendió con
insistencia la unificación de las ciudades-estado como única medida de
protección contra los persas. Tras fracasar en su empeño por lograr estos
objetivos e imponer la areté (o
virtud) espiritual sobre la física, Isócrates instó a Filipo II –considerado un
bárbaro para la mayor parte de los atenienses- en su “Discurso a Filipo” (346
a.C.) para que encabezara las tropas griegas en guerra abierta contra Persia.
Proyecto que finalmente realizó su hijo, Alejandro Magno, evidenciando la
importancia superlativa de dicho discurso político.
2. Paralelismos Históricos
Por otra parte, en la historia argentina del siglo XX, Perón, ya en 1954[2]
sostenía que la unidad económica de los pueblos es la base de la unidad
política futura. Esa unidad económica no se limitaba a una cuestión
arancelaria, sino que se trataba de lograr la complementariedad económica. Así
pues, mediante la unidad económica de los pueblos y el continentalismo propiciado
por Perón eran la base material y el marco teórico para justificar una alianza
estratégica con Washington[3].
Posteriormente, durante su tercer gobierno, en “El Modelo Argentino para el
Proyecto Nacional” (1974), persiste en su visión evolucionista
de la historia de los pueblos, señalando que la etapa continentalista era
previa a la universalista.
Añadía, que frente a dicha realidad, era de vital relevancia lo
siguiente: mantener una soberanía política sustantiva que permita decisiones
autónomas; promover un nacionalismo cultural autóctono, integrando herencias
universales con lo propio hispanoamericano para preservar la identidad; impulsar la base
científico-tecnológica propia como núcleo soberano; trabajar en la defensa
estratégica de los recursos naturales; y preservar la paz en la región,
promoviendo e institucionalizando la lucha por las ideas a través del diálogo, rechazando
el recurso a la violencia.
Asimismo, J. D. Perón rechazaba el “colonialismo cultural” hoy fomentado
por el establishment globalista y el
auge de un consumismo hedonista y materialista que diluye el espíritu y anula
la personalidad. Ante estas realidades que erosionan la cultura y el espíritu
de un pueblo, exaltaba la necesidad de la armonía -la (sōphrosýnē) griega-
como "categoría fundamental"
de la existencia humana para forjar comunidades sólidas y maduras, única manera
de proyectar la identidad argentina —y por extensión, hispanoamericana— en un
mundo interconectado, tecnocrático y materialista.
Donald Trump, por su parte, en su segundo mandato (2025-2026), revitaliza
la Doctrina Monroe. A través de la misma prioriza la unidad y seguridad del
hemisferio occidental (es decir América Central, el Caribe y América del Sur)
frente a intervenciones de potencias extracontinentales como China y Rusia,
combatiendo la migración irregular y el narcotráfico como factores desestabilizantes.
Por su parte, a través de esta doctrina busca expandir las alianzas bilaterales
mutuamente beneficiosas, y restablecer una influencia compartida en corredores
clave como Panamá y las costas del atlántico y del pacífico. Ahora bien, esta
estrategia norteamericana no debería menoscabar las soberanías nacionales.
3. Analogía Actual
Esta evolución del pensamiento político —que va desde la unidad económica
hasta la preservación de la identidad cultural frente al materialismo
globalista — encuentra hoy un escenario de aplicación urgente. Así como
Isócrates comprendió que la supervivencia de la Hélade dependía de una "empresa común" liderada por
un actor con la capacidad de amalgamar voluntades frente a la amenaza persa, la
realidad contemporánea de América exige una traducción de esos principios
clásicos a la luz de los nuevos desafíos globales.
No se trata meramente de rescatar una retórica del pasado, sino de
reconocer que las fracturas internas del continente, de no ser subsanadas
mediante un liderazgo unificador y una visión compartida, dejan la puerta
abierta a potencias y fenómenos que operan fuera de la tradición occidental.
Bajo esta premisa, la analogía entre la Atenas del siglo IV a.C. y la América
del siglo XXI adquiere una vigencia meridiana al analizar las fuerzas que hoy
tensionan nuestra soberanía.
América enfrenta amenazas extracontinentales complejas y multifrontales: por
un lado, la creciente influencia china mediante inversiones masivas en
infraestructura, puertos y recursos estratégicos que puede generar una fuerte
dependencia económica y política; y por el otro, el crecimiento de grupos
delictivos trasnacionales dedicados al narcotráfico y la trata de personas con
sus consiguientes relaciones y terminales políticas y económicas en la región.
A ello hay que agregarle dos cuestiones: las divisiones ideológicas internas
que fragmentan la cohesión hemisférica; y por último, ponderando la importancia
que tiene en este contexto el Atlántico Sur, la persistente presencia británica
con su base militar en las Islas Malvinas, que proyecta poder naval y tensiona
la soberanía regional.
Así pues, más allá de los acuerdos existentes en materia de seguridad y
defensa, creemos beneficioso seguir las enseñanzas de Isócrates y adaptarlas a
nuestra época. Ello se podría traducir en la necesidad de impulsar
mancomunadamente la formación de élites virtuosas —areté helénica, paideia ética, cultura nacional arraigada, ideas
compartidas— para poder realizar la "empresa común" que involucra a
todas las naciones del continente: garantizar la seguridad hemisférica -aceptando
en este aspecto el indudable liderazgo estadounidense-, pero que simultáneamente
preserve las identidades locales y las soberanías nacionales.
De esta manera, la unidad del continente americano, no debería fundarse
en hegemonías unilaterales, sino en acuerdos soberanos (al estilo de un panhelenismo
Isocrático adaptado al continente), donde impere la armonía entre gobernantes y
pueblos, el equilibrio entre el saber y el poder continental, y la defensa de nuestro acervo cultural contra las élites
globalistas.
4. Implicancias para Argentina
En este orden de ideas: ¿Es
posible forjar una alianza estratégica con la administración Trump y las que lo
sucedan, enfocada en ciencia y tecnología —aprovechando recursos como el litio,
minerales críticos y Vaca Muerta—, la defensa de la cultura hispanoamericana
frente al progresismo y el liberalismo globalista, y la afirmación de una
soberanía continental compartida? Consideramos que si es posible, pero que es
necesario tener una claridad meridiana sobre cuáles son los interés de
argentina y por ende los términos de dicha alianza.
Para ello, siguiendo los escritos
de Isócrates y adaptándolos a nuestro tiempo y a nuestra realidad, se podría
diseñar a través de los sistemas de educación y la a red de universidades una paideia
panamericana en base a los principios de la retórica isocrática: una educación
política que combata la decadencia moral e ideológica, proyectando al
continente americano como un defensor de la historia y de los valores de
occidente a partir de su propia idiosincrasia y diversidad cultural.
El desafío particular que Isócrates
puso ante sus conciudadanos era el de recuperar el esplendor de la cultura griega,
impulsando por medio de la educación una nueva cultura (“paideia”) con la intención de
reformar la ciudad-estado por medio de sus líderes. Según su opinión, estos,
como factor ejemplar y multiplicador, actuarían de guías del resto de la
ciudadanía.
Hoy parece necesario recuperar el esplendor de
la cultura latinoamericana o iberoamericana, si se prefiere como espacio civilizacional
específico de Occidente. Una tarea formidable y de largo aliento, pero que
parece urgente y necesaria mientras Europa atraviesa esta crisis de identidad y
sentido. En efecto, América Latina es el
"continente" de la esperanza. Así lo llamó el Papa Pablo VI, hace
casi 60 años, en el 1968. El mismo Pontífice previamente había explicado el
contenido de esta esperanza en su homilía del 3 de julio de 1966, en la
basílica de San Pedro, poniendo en relieve "la original vocación"
de América Latina de "plasmar en una síntesis nueva y genial lo antiguo
y lo moderno, lo espiritual y lo temporal, lo que otros te han dado y tu […]
propia originalidad", para dar "testimonio" de una "novísima
civilización cristiana".
El Papa San Juan Pablo II retomó varias veces
esta definición. Lo hizo en su primer viaje apostólico, en México, durante la
inauguración de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, a
Puebla de los Ángeles en enero de 1979. Ciertamente, los hispanoamericanos
poseemos una cultura mestiza que afirma la dignidad de toda persona como sujeto
de la historia, abierta a la trascendencia y compartiendo un destino común más
allá de las razas o creencias y que se conjuga con la reverencia tradicional
por la vida familiar y comunitaria que siempre ha caracterizado nuestra
idiosincrasia.
5. Importancia de la paideia isocrática
¿Cómo era el ideal educativo de Isócrates?
El ideal educativo Isocrático era algo más que un orador. Lo que pretendía era formar
una persona integralmente, la cual no sólo poseía la técnica adecuada del
discurso y de la elegancia de las formas, sino también y fundamentalmente, la
virtud moral apropiada para que sus costumbres estén de acuerdo a lo expresado
en sus palabras.
Por otra parte, la educación
isocrática tenía que ser necesariamente política, en el sentido más pleno y
profundo de este término. Por dicha razón, el tema de la retórica debía
ser la
política y el uso del poder por parte de quienes dirigirán
en el futuro la polis. Así pues, la educación isocrática, por ser integral, daba
poder a quién la poseía y, recíprocamente, el uso del poder al servicio del bien, producía saber. Se trataba de un poder
que se debía ejercer desde un "cuerpo político"
integrado por hombres que aspiraban a la sabiduría y que compartían una misma
visión de futuro.
El dirigente formado de esta
manera empleará entonces la retórica para convencer y dirigir, como instrumento
de saber y de poder. Es por eso
que los progresos del estilo y de la forma del lenguaje no son simplemente
materia técnica. Isócrates insiste constantemente en que todo depende de la
grandeza de los problemas humanos a los se trate de dar expresión y del manejo
de dicha expresión. A través de una retórica concebida de esta forma, se caracteriza un
problema, se lo explica y se lo domina.
Al apreciar al “logos” como creador de cultura y a la
capacidad discursiva como el signo más importante de la razón humana, Isócrates
proclamaba decididamente el poder de la palabra para dirigir el destino de la comunidad política,
lo que equivale a decir el poder de dirigir a la sociedad hacia el
bien común.
6. Conclusión: El Amanecer del
Continente de la Esperanza
Dicho esto, es imperativo
reconocer que, si bien la cultura europea cimentó los valores universales de la
historia, la ciencia, la filosofía y el arte que nutrieron nuestras patrias,
hoy asistimos a lo que parece ser el crepúsculo de su proyecto histórico.
Mientras Europa se sumerge en una crisis de identidad y sentido, perdiendo el
rumbo de su propia tradición, América pretende transitar el suyo con vigor
renovado para constituirse como el "continente
de la esperanza".
La síntesis propuesta no es una
mera reacción, sino una "novísima civilización"
que debe integrar la areté isocrática —aquella educación política que
une saber y poder — con el continentalismo y la armonía de J.D. Perón, y la
unidad estratégica necesaria para la seguridad hemisférica. La "empresa común" de nuestro
tiempo nos exige forjar una alianza que, bajo un liderazgo continental claro,
preserve la soberanía y el acervo cultural hispanoamericano frente a las
fuerzas de un globalismo antinacional y las amenazas extracontinentales.
En definitiva, la paideia
panamericana no es solo un programa educativo, sino un escudo espiritual. Al
rescatar la centralidad del logos y la virtud del dirigente, América no
solo reclama su autonomía política, sino que asume su vocación histórica: ser
el baluarte donde la luz de la civilización cristiana, romana y helénica
continúe iluminando el porvenir del hombre frente al materialismo reinante.
[1]
Para Perón, el "Continentalismo" no era solo una expresión de deseos,
sino una etapa necesaria en la evolución histórica. Él sostenía que así como el
siglo XIX fue el de la integración nacional, el siglo XX debía ser el de la
integración regional
[2] Acto de Clausura del Congreso Nacional de
Productividad en Mendoza, 10 de octubre de 1954.
[3] Su
idea era: "Si EE. UU. nos ayuda a liderar Sudamérica (a través del Pacto
ABC y el continentalismo), nosotros garantizamos la estabilidad y el orden en
la región bajo una órbita compartida" (https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1952-54v04/d125#:~:text=Peron%20has%20abandoned%20his%20former,expansion%20of%20Argentine%20military%20facilities.)
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