1. Introducción
El actual cambio de época evidencia una fractura axiológica donde el predominio del consumismo despersonalizante desplaza al sentido trascendente de la vida, reduciendo el horizonte de la existencia a un vacío nihilista. En este contexto, mirar al pasado donde anidan las fuentes de nuestra cultura y civilización no es un acto de nostalgia, sino de supervivencia. En ese sentido, es necesario recuperar una palabra de enorme profundidad, que los romanos esculpieron para definir lo que significa, verdaderamente, ser un hombre: la humanitas. En este trabajo vamos a reflexionar -brevemente- sobre la importancia de este ideal civilizatorio que se originó en la antigua Roma y que mantiene su vigencia.
2. El Nacimiento de un Ideal: La dignidad de "Ser Humano"
La humanitas
no es un concepto que provenga de la naturaleza biológica del hombre; es una creación
autónoma de la civilización romana. Nacido en el siglo II a.C., en el célebre Círculo de los
Escipiones, bajo la influencia de la filosofía griega, adoptó un inequívoco sello
distintivo latino. Mientras que en los griegos predominó la especulación “theorica”
y “metafísica”, los romanos —y especialmente Cicerón— se destacaron por
su sabiduría práctica, orientada a la acción.
Para
ellos, ser humanus no es algo que se recibe por nacimiento, sino algo
que se conquista. Es el sentimiento de dignidad y sublimidad que nos ubica por
encima de las demás criaturas. Ello implica dos pilares fundamentales:
ü La
construcción de la propia personalidad: A
través de la educación moral, espiritual y el cultivo de las artes liberales (bonae
litterae).
ü El
respeto por la alteridad: La voluntad de favorecer el desarrollo
del otro y ponerse límites a uno mismo.
El concepto de humanitas que Cicerón adecúa a la cultura romana, se
puede entender como el cultivo global de todas las capacidades del hombre y por
el cual este logra su máxima plenitud alcanzando su verdadera
naturaleza.
3. Cicerón y el Derecho: La Humanitas como
Brújula
Para
Cicerón, la humanitas se presentaba en contraposición a la feritas bárbara y a la gravitas romana. Consistía
en educarse en las tres ramas del saber, letras, música y gimnasia, que se
logra en el despliegue de un ocio ilustrado o culto (otium) que permite el estudio de todas las artes libres dignas de
un hombre libre que se entrelazan armónicamente y forman la verdadera cultura. Esta
cultura se transformaba en sabiduría y estaba orientada al bien de la “civitas”.
Lo
más sorprendente es su impacto en el Derecho. El saber jurídico, según
esta visión, no es una "mera técnica de poder" ni una "vulgar
racionalización del ejercicio vertical del Estado", ni un “consensualismo
meramente formal”, “ni una técnica para la convivencia”. Por el contrario:
ü El
Derecho reclama humanitas
porque es un instrumento para la realización del ser humano.
ü La
justicia presupone la naturaleza: No
hay deber de justicia si no existe previamente un derecho fundado en la
naturaleza misma de las cosas (ex ipsa natura rei).
ü La
virtud como norte: La justicia es el hábito de la
voluntad de dar a cada uno lo suyo (unicuique suum), pero guiado siempre
por la recta razón.
4. El Desafío Actual: Recuperar el Homo Humanus
Hoy
habitamos una posmodernidad que ha sustituido la búsqueda de la virtud
por la satisfacción del impulso. Podemos transformarnos fácilmente en
marionetas manejadas por hilos algorítmicos, en el decir de Byung Chul Han. El consumo nos promete una identidad y una
ilusión que no requiere esfuerzo, y el nihilismo posmoderno nos convence de que
no existe una naturaleza humana que perfeccionar, sino solo deseos para
satisfacer.
Frente a
la "cultura del descarte" que niega la dignidad intrínseca de cada
ser humano y la degradación del saber jurídico en una mera técnica sin fundamento
en la verdad, el bien y la justicia, la humanitas romana nos
ofrece un camino de regreso:
ü Frente
al consumo, el Officium:
Entender la vida como un conjunto de quehaceres y deberes que dan sentido a
nuestra libertad y a nuestra vida, tanto en lo público como en lo privado.
ü Frente
al nihilismo, el Honestum:
Reconocer que existe lo moralmente bueno, que existe una naturaleza que hay que
perfeccionar mediante una unidad de virtudes (prudencia, justicia, fortaleza y
templanza) que conocemos a través de nuestra recta razón.
Recuperar
la humanitas es recordar que el hombre es un ente superior, porque es
persona (un ser único, irrepetible e insustituible) que es capaz de conocer la
verdad, el bien y la belleza. Que puede participar de la racionalidad profunda del
cosmos y que puede actuar con libertad desde su propio ser. No somos solo
consumidores; somos personas libres y arquitectos de nuestra propia dignidad.
Como
decía Cicerón, cuando a una naturaleza excelente se le añade una formación
cultural ordenada, surge algo "preclaro y único". Es hora de volver a
cultivar ese jardín.
No hay comentarios:
Publicar un comentario