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jueves, 23 de julio de 2026

De la “Revolución Tecnocientífica” a la Custodia de lo Humano:


Continuidades y novedades entre Francisco y León XIV frente a la Inteligencia Artificial 

por Juan Bautista González Saborido

1. Introducción: El Cambio de Época y la Nueva Cuestión Social

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) y del Big Data marca una fase significativa en la relación de la humanidad con la tecnología, situada en el centro de un auténtico cambio de época. Esta revolución cognitiva-industrial trae consigo profundas transformaciones y su influencia se hace sentir a nivel global en una amplia gama de sectores, incluidas las relaciones personales, la educación, el trabajo, el arte, la sanidad, el derecho, la guerra y las relaciones internacionales.

Frente a este escenario, el magisterio social de la Iglesia —entendido como un patrimonio vivo de sabiduría que camina con la humanidad y dialoga con las ciencias— ha asumido el desafío de discernir el alcance de esta transformación y su impacto en la humanidad. Así como Rerum novarum respondió en su momento a la Revolución Industrial, el magisterio contemporáneo articula una respuesta ante la revolución digital, estructurando una continuidad doctrinal profunda entre el pontificado de Francisco y las aportaciones de su sucesor, León XIV.

2. La Base Doctrinal Común: Dignidad, Bien Común y el Peligro del Tecnofeudalismo

La columna vertebral de la Doctrina Social de la Iglesia se fundamenta en la dignidad ontológica e inalienable del ser humano, la cual se deriva de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios Uno y Trino. El valor de una persona no depende de sus capacidades cognitivas, de su éxito individual ni de su rendimiento económico.

Tanto Francisco como León XIV coinciden en rechazar frontalmente los paradigmas que absolutizan el mercado, la economía financiera o el poder tecnológico por encima de la persona:

·        Tecnología “sui generis”: Como dijo el Papa Francisco, la inteligencia artificial no es una herramienta más dentro de las inventadas por el hombre, sino que es una herramienta aún más compleja. La calificó como una herramienta sui generis. Así, mientras que el uso de una herramienta simple —como un cuchillo— está bajo el control del ser humano que lo utiliza y su buen uso depende sólo de él, la inteligencia artificial, en cambio, puede adaptarse de forma autónoma a la tarea que se le asigne y, si se diseña de esa manera, podría tomar decisiones independientemente del ser humano para alcanzar el objetivo fijado.

  • El surgimiento del capitalismo de plataforma o tecnofeudalismo: La Inteligencia Artificial y el Big Data transformaron las bases del capitalismo dando origen a una nueva configuración llamada “capitalismo de plataforma” o “tecnofeudalismo”. Esto es, que los mercados han sido sustituidos por las plataformas de comercio digitales y por la nube, y que estas, más que mercados, se parecen a grandes feudos a los que hay que pagar una renta para que permitan el acceso a proveedores, usuarios y consumidores. Los antiguos industriales manufactureros ahora se han convertido en una suerte de vasallos de esta nueva clase de señores feudales: los propietarios del capital de la nube. Todos colaboramos con ellos mediante el tributo de nuestros datos que pagamos mensualmente a Internet, Facebook (Meta), Instagram, etc.
  • La importancia de los datos y la huella digital: De esta manera contribuimos a acrecentar exponencialmente la riqueza y el poder de esta nueva clase de empresarios, con nuestro trabajo no remunerado que consiste en proveer, gratuitamente, todos nuestros datos, opiniones, artículos, libros, películas, videos y fotografías, para que ellos alimenten sus plataformas y vendan la información a corporaciones comerciales o agencias de información. En este nuevo modo de extracción de valor, la Inteligencia Artificial acelera y ensancha el poder de los propietarios del capital de la nube. Existe el riesgo cierto de que los nuevos señores tecnofeudales de la “Era Digital”, pretendan decidir el sentido y el alcance de la “Cuarta Revolución Industrial” y la globalización del futuro.
  • El paradigma tecnocrático: Ante el avance del imperativo tecnológico, ambos pontífices advierten sobre el peligro de pretender resolver todos los problemas del mundo exclusivamente a través de medios técnicos y económicos, dejando de lado tanto la dimensión ética y espiritual de la persona, como la fraternidad y la justicia social en nombre de una eficacia que limita la grandeza de la persona y erosiona los vínculos familiares y  comunitarios.

3. Continuidades Doctrinales: Del Discernimiento Profético a la Custodia de la Persona

La encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV (mayo de 2026) se inscribe explícitamente en la continuidad del magisterio de Francisco. Esta continuidad se manifiesta en tres dimensiones fundamentales:

  • El eje antropológico y social: La custodia de la persona humana permanece en el centro del discernimiento. La tecnología es evaluada rigurosamente en función de si integra o excluye, si humaniza o deshumaniza, si plenifica o no a la persona humana. Por su parte, el desarrollo técnico no puede disociarse de la justicia social, el trabajo digno y el destino universal de los bienes.
  • La superación de la neutralidad tecnológica: Magnifica Humanitas asume la premisa antropológica de la nota interdicasterial Antiqua et nova (enero de 2025) que estableció oficialmente que la IA es una imitación funcional computacional que carece de conciencia, autoconciencia y alma humana y que por lo tanto su funcionamiento no puede compararse con la complejidad, relacionalidad y espiritualidad de la inteligencia humana. Asimismo, ambos documentos coinciden, a su vez, en que la tecnología no es neutral. La IA "toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza", cargando con los sesgos de sus creadores.
  • El método del discernimiento histórico: La Doctrina Social se concebida como un proceso comunitario que confronta los signos de los tiempos con el Evangelio, rechazando las estructuras de poder asimétrico que diluyen la soberanía de los pueblos y generan exclusión.

4. Novedades y Acentos Propios de León XIV en Magnifica Humanitas

Si bien el núcleo antropológico permanece inalterado, el pontificado de León XIV introduce acentos novedosos y un desplazamiento de foco metodológico y geopolítico frente a la centralidad de la tecnología:

  • La IA como la nueva "cuestión social": Mientras Francisco centró primordialmente su magisterio en la crisis socio ambiental (la "casa común") y la fraternidad universal (Fratelli tutti), León XIV eleva la infraestructura digital global y la IA al rango de núcleo central de la cuestión social del siglo XXI.
  • De la denuncia profética a la arquitectura normativa: El estilo retórico de Francisco, de tono eminentemente profético y existencial, se ve complementado en León XIV por un registro de vocación regulatoria. Magnifica Humanitas ofrece una gramática estructurada de principios para la gobernanza global y el derecho, transitando hacia una suerte de modelo de “constitucionalismo digital” informal en términos jurídicos.
  • La consigna de "desarmar la inteligencia artificial": En el contexto de lucha entre potencias por la hegemonía mundial, León XIV acuña con fuerza este concepto para exigir la liberación de la tecnología frente a las lógicas de dominio, manipulación de conciencias, vigilancia masiva y el desarrollo de armamento letal autónomo.
  • La tríada práctica: Verdad, Trabajo y Libertad: La encíclica estructura el discernimiento operativo en torno a tres pilares amenazados por el ecosistema digital:
    1. La verdad, asediada por la desinformación algorítmica y los deepfakes.
    2. El trabajo, amenazado por una automatización excluyente, la precarización digital y la pérdida de la capacidad de obrar del trabajador.
    3. La libertad, socavada por la explotación masiva de datos y el control corporativo sobre la intimidad de las personas.

5. Conclusión

Una cuestión central que permanece en el magisterio de ambos papas es que no podemos permitir que la inteligencia artificial limite la visión del mundo a realidades que pueden expresarse en números y encerradas en categorías preestablecidas, eliminando el aporte de otras formas de verdad e imponiendo modelos antropológicos, socioeconómicos y culturales uniformes, reforzando el actual paradigma tecnológico dominado por la razón instrumental y económica.

Debemos ser conscientes de que el análisis de datos actúa como un dispositivo de registro, pero es una actividad que tiene grandes dificultades para identificar la dimensión interior del hombre, lo que hay en el de aspiración, deseo, capacidad de cambio o contradicción.  

Por un lado, nos pensamos como sujetos emancipados de toda determinación, pero al mismo tiempo no tomamos plena conciencia de que los sistemas de inteligencia artificial nos pueden reducir a seres previsibles al alcance   de calculadoras hipersofísticadas. A su vez, la reflexión humana desde la antigüedad habla de la importancia de la sabiduría, la phronesis de la filosofía griega, la prudentia romana y la sabiduría de la Sagrada Escritura. 

En este contexto, frente a los prodigios de las máquinas, que parecen saber elegir de manera independiente, debemos tener bien claro que al ser humano le corresponde siempre la decisión, incluso con los tonos dramáticos y urgentes con que a veces esta se presenta en nuestra vida.  Condenaríamos a la humanidad a un futuro sin esperanza si quitáramos a las personas la capacidad de decidir por sí mismas y por sus vidas, condenándolas a depender de las elecciones de las máquinas.

En suma, el tránsito del magisterio de Francisco al de León XIV no representa una ruptura, sino una profundización y actualización de la Doctrina Social de la Iglesia ante el avance de la revolución digital. Mientras Francisco sentó las bases de la ecología integral y la cultura del encuentro frente al descarte, León XIV traduce esos principios en un marco de exigencia normativa frente al poder de los algoritmos y el capitalismo de plataforma. En ambos pontífices subsiste la convicción inquebrantable de que la razón moral debe anteponerse a la razón técnica, asegurando que el desarrollo científico permanezca siempre subordinado a la dignidad inalienable de la persona humana.

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