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martes, 2 de diciembre de 2025

Una cuestión urgente: La epidemia de las adicciones. La necesidad de un abordaje integral.

 

1. Introducción: 

Transitamos una auténtica epidemia de sufrimientos. Las adicciones a las pantallas, a las drogas, al alcohol y al juego se están incrementando notablemente en nuestra sociedad.  A esto tenemos que sumarle el sedentarismo, que es la base sobre la que cabalgan infinidad de enfermedades individuales y sociales. Se trata de un conjunto de problemáticas que empañan la dignidad de la persona humana y que afectan a toda la comunidad. 

El origen de las mismas es muy complejo. Pero es innegable que la cultura predominante en la actualidad, con su materialismo e individualismo, que confunde una vida plena con la riqueza material y la libertad con el consumismo y el culto al hedonismo, no logra satisfacer el profundo anhelo de felicidad que anida en el interior de cada persona. Por eso, vemos en nuestras sociedades a muchos hombres y mujeres que luchan contra la soledad, la desesperación y una dolorosa sensación de falta de sentido para sus vidas.

El Papa León XIV señala, que los modelos relacionales cada vez más marcados por la superficialidad; el individualismo y la inestabilidad afectiva; la difusión de modelos de pensamiento debilitados por el relativismo; la prevalencia de ritmos y estilos de vida en los que no hay suficiente espacio para la escucha, la reflexión y el diálogo, en la escuela, en la familia y a veces entre los propios coetáneos, provocan aislamiento y la consiguiente soledad que de ello se deriva. 

Y, en ese orden de ideas, se sabe que el aumento del aislamiento y de la soledad facilitan la propagación de la epidemia de las adicciones. Este contexto nos plantea con claridad una primera cuestión central: que, en materia de salud, no existe por un lado la salud física, y por el otro, la salud psicológica y espiritual. Es necesario un equilibrio y armonía basado en una visión integral de la persona humana y este equilibrio necesario se inicia desde la primera infancia.

2. El desarrollo integral de la persona se construye desde la primera infancia.

La primera infancia es una etapa fundamental en la educación y desarrollo de la persona. Sin embargo, el uso de las pantallas desde edades tempranas y sostenidas en el tiempo pueden impedir que se desarrolle en los niños su capacidad de jugar, de contemplar y asombrarse frente a la realidad. También pueden impedir la construcción de su vida interior, con la singular importancia que tienen estos hábitos para su crecimiento sano, pleno y feliz. 

Miguel de Unamuno decía que “para novedades, los clásicos” y en esta cuestión me parece adecuado recordar 3 (tres) enseñanzas de Quintiliano el gran pedagogo de la Roma del siglo I d. c. que decía:

1. “Los primeros hábitos son esenciales”. “Finis origine pendere” Como dice el adagio latino el final depende del principio. Por eso, la primera infancia es clave en la educación y en la formación del carácter.

2. “Hay que elegir con escrupuloso cuidado los adultos que han de estar en contacto con los niños” porque lo importante en la educación no son las instalaciones, sino las personas. No son las máquinas, ni las pantallas quienes educan, sino los padres y los maestros. 

3. “Los niños tienen que jugar mucho”. El gran método que utilizó Quintiliano fue enseñar a través del juego. Por lo general, los niños ni siquiera necesitan juguetes, sino que juguemos con ellos. Bien lo sabía Quintiliano para quién el juego era un ejercicio vital y el mejor método para aprender.

Siempre los clásicos con su profundo humanismo nos aportan su sabiduría y criterio para enfrentar los problemas sociales que surgen a lo largo de la historia.

3. La adicción a las drogas y al alcohol:

Con respecto al flagelo de la droga y el abuso del alcohol advertimos en toda nuestra Patria, la diseminación de su consumo combinado con la fragmentación y disociación comunitaria provocada por la cultura del descarte. Esto produce una crisis del sentido de la vida, que se expande y se agrava con consecuencias epidemiológicas de escala.

A la crisis de la Fe de nuestro pueblo fomentada por este consumismo despersonalizante, se ha sumado una anomia y una falta de orden en la educación de los jóvenes. Predomina una visión reduccionista de la persona, como si la realidad humana pudiera reducirse a un “individuo abstracto”, mezcla de ideas de época, deseos individuales y virtualidad. 

Por el contrario, los jóvenes necesitan un orden cotidiano que les proponga jugar, estudiar, comer, dormir, trabajar, hacer deporte y fundamentalmente tener un destino compartido como parte sustancial de su naturaleza humana. Un horizonte de sentido personal y comunitario es un punto de apoyo fundamental para prevenir las adicciones.

En esta materia libramos una batalla que no se puede abandonar mientras a nuestro alrededor, haya personas atrapadas en diversas formas de adicción. Esta lucha en la que debemos empeñarnos, es contra quienes hacen un gran negocio con las drogas y cualquier otra adicción, como el alcohol o el juego. Existen enormes concentraciones de intereses y extensas organizaciones criminales que los Estados tienen el deber de desmantelar. Se trata de un problema de tal magnitud que incluso es de índole geopolítico. Sin embargo, la tentación es luchar contra sus víctimas, porque es lo más fácil y cómodo.  Pero eso solo no ataca la raíz del problema y contribuye a incrementar la cultura del descarte.

Por el contrario, debemos construir una sociedad, mejor dicho, una comunidad política solidaria, donde todos los integrantes estemos dispuestos a hacernos cargo de quienes sufren. Esa es la actitud evangélica del buen samaritano. Debemos ser plenamente consientes de que estamos llamados a un destino común, diferente del individualismo materialista que se propone como meta a los jóvenes. Por eso, debemos proponer como objetivo el desarrollo humano integral, de todo el hombre -cuerpo, mente y alma- y de todos los hombres. Y creemos también que los valores morales y espirituales son fundamentales en esta lucha contra las adicciones.

En esta lucha, difícil, urgente y necesaria, debemos reconocer los aportes de las organizaciones de la comunidad — familias, escuelas, universidades, clubes, parroquias, iglesias, asociaciones civiles— como nuevos actores, sustanciales y no marginales, desde donde encarnar procesos de salud desde una lógica de redes de cooperación y ayuda mutua. Esto reconocer el principio de subsidiariedad en la construcción de la comunidad política.

4. Ludopatía:

Respecto de la ludopatía, preocupa el incremento de este problema en adolescentes y niños. La ludopatía precoz está relacionada con el uso excesivo de las pantallas a edad tempranas. En junio del 2024 la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) ha advertido las consecuencias del uso excesivo de la tecnología, que repercute en forma negativa en otros ámbitos (personal, familiar, social, académico). 

El avance exponencial de la problemática se vio potenciada con la publicidad que las casas de apuestas on line realizan continuamente. Existe una peligrosidad latente, especialmente en menores de edad, quienes pueden desarrollar problemas financieros, dificultades académicas, problemas de salud mental, deterioro de las relaciones personales y hasta adicciones al juego.

 La Comisión Episcopal de Pastoral Social junto con los equipos de Pastoral Social de todo el país, advirtieron sobre “los estragos que está causando ésta y otras adicciones” y que es “un flagelo que nos afecta a todos” con “casos dramáticos y, algunos de ellos, trágicos”.

Añade la Conferencia Episcopal que “La legalización de juegos ´online´ logró dos cosas: a) aumentar la riqueza de quienes manejan el negocio y, b) aumentar la cantidad de apostadores en general y de adictos ludópatas o potenciales ludópatas. Nunca se debió permitir”, señalan con singular énfasis. 

¿Qué podemos hacer frente a este grave problema? Algunas ideas son las siguientes:

-campañas preventivas sobre el consumo problemático del juego;

-prohibición de la publicidad;

-aumento de las restricciones de acceso de menores mediante filtros e identificación biométrica;

-bloqueo de sitios de juego en establecimientos educativos;

-bloqueo de dominios de internet de sitios ilegales;

-aumento de las penas previstas en el Código Penal para quienes permitan el acceso a la actividad de juego de azar a menores;

-diseñar e implementar un plan de acción para atender a las víctimas de la ludopatía por juegos y apuestas “online”, especialmente jóvenes y niños. 

Estas ideas deberían plasmarse en una ley sancionada por el Congreso que, lamentablemente, aún no se ha sancionado. 

5. Conclusión:

Parafraseando al Papa Francisco podemos decir que nadie se salvará individualmente si no abre su corazón a la comunidad histórica en que ha nacido, sino se compromete con sus semejantes, sino atiende al herido que ha quedado agonizante al borde del camino. Sobre estos valores debemos construir nuestras políticas de lucha contra las adicciones.

La familia debe ser la principal aliada. Como unidad natural y fundamental de la sociedad, la familia desempeña un papel indispensable para garantizar una vida sana y promover el bienestar. Es la familia la que moldea las esferas física, emocional y espiritual del individuo. 

La familia es la primera escuela de virtudes humanas, donde los niños aprenden solidaridad, responsabilidad y cuidado de los demás. La familia también proporciona la atención primaria a los más necesitados, incluidos los niños, los ancianos y las personas con discapacidad. No es que idealicemos a la familia, sino que más allá de sus disfuncionalidades, es indudable su aporte para la construcción de una sociedad sana y el desarrollo humano integral.

Una realidad que hay que destacar es que en el ámbito de la prevención, contención, acompañamiento y rehabilitación de las personas con adicciones y de sus familias, es fundamental la valiosa e incansable labor de las comunidades religiosas. La Iglesia católica, las iglesias evangélicas y otras confesiones han asumido históricamente un rol protagónico en esta lucha, constituyéndose en verdaderos pilares de apoyo y esperanza para quienes atraviesan estas situaciones.

Pensar y ejecutar un sistema de salud integral atento a la real escala epidemiológica de las adicciones y el sedentarismo, nos exige estar a la altura de los tiempos, comprendiendo, por ejemplo, que más de una decena de millones de niños y jóvenes, demandan ser incorporados a un sistema deportivo y formativo en valores morales y espirituales con carácter impostergable.

Por último, es clave trabajar en la prevención a través del dialogo en la familia, en la escuela, en los clubes, etc. Es indudable la importancia del incentivo hacia el deporte y en la generación de virtudes para formar el carácter de nuestros niños y jóvenes. 

En esta tarea todavía hoy está vigente la frase de Aristóteles: “El pensamiento condiciona la acción, la acción determina el comportamiento, el comportamiento repetido crea hábitos, el hábito crea el carácter y el carácter marca el destino.” 

Podemos educar y formar niños y jóvenes que tengan carácter fuerte, que puedan evitar o salir de las adicciones y que luchen por un destino de grandeza para ellos y para toda la patria. Debemos hacerlo. 


domingo, 1 de agosto de 2021

Comunicado de la Pastoral Nacional de Adicciones

Comunicado de la Pastoral Nacional de Adicciones 

Salud Mental para el Pueblo


Esta última semana hemos conocido la profunda y prolongada situación de dolor y sufrimiento personal -provocada por sus adicciones- que atravesaba un joven músico argentino.

Una vez más aparece en primer plano una realidad que nos golpea: transitamos una auténtica pandemia de sufrimientos, entre ellos las adicciones y otros trastornos mentales severos. Sumemos el sedentarismo, base insidiosa sobre la que cabalgan infinidad de enfermedades individuales y sociales. No hay una salud física por un lado, y otra salud psicológica y espiritual por otro. Necesitamos tender hacia la armonía.

En medio del ruido mediático y político, no debemos caer en luchas de opiniones que tergiversen lo que desde esta Pastoral venimos exponiendo hace tiempo y con la voz bien alta: en toda la Patria, pero especialmente en los barrios populares, la diseminación de la droga combinada con la disociación comunitaria que se instala con la cultura del descarte, se produce una crisis psico-sociológica y del sentido de la vida, que se expande y se agrava con consecuencias epidemiológicas de escala.

Al ataque a la Fe de los Pueblos, se ha sumado una desatención de los cuerpos, como si la realidad humana pudiera reducirse a un “sujeto abstracto”, una especie de epifenómeno*, mezcla de ideas de época, deseos individuales y virtualidad. Los jóvenes en nuestros barrios necesitan un orden cotidiano que les proponga jugar, comer, dormir, trabajar, tener un destino compartido, como parte sustancial de su naturaleza humana.

Opciones forzadas entre “ley de salud mental Sí o ley de salud mental No” tampoco alumbran el camino hacia soluciones efectivas. La evidencia histórica nos enseña: el encierro no sana per se. El saber psiquiátrico es necesario pero no autosuficiente. Sin embargo, debemos decir con claridad que, frente al problema actual, la actitud debe ser reconciliar este pensamiento con planes de acción más concretos, en virtud de no re-crear vacíos y tramas débiles que se conviertan en nuevas trampas para los más desprotegidos. Abrir las puertas de un encierro sin estrategia sólida para la salida, significa literalmente arrojar a la persona sufriente hacia la nada misma. Toda vez que una ley se propone el ideal de implementar acciones de inclusión social, laboral y de atención en salud mental comunitaria sin concretarlos, sin asegurarlos, sin garantizarlos, lo que ocurre es doblemente nocivo. Se “normaliza” la ausencia de soluciones simultáneamente con una proclamación altisonante de derechos.

Una ley no cambia mágicamente la realidad. Como hermanos, nuestra primera tarea es abrazar la persona humana, recibir la vida como viene. La segunda tarea es acompañar comunidades organizadas donde se incardinen procesos de cuidado integral de la salud. Ninguna de estas realidades admiten sucedáneos ni relativismos. Como nos dice el Papa Francisco, asistimos a una “…mala comprensión de los derechos humanos y de un paradójico mal uso de los mismos. Existe hoy, en efecto, la tendencia hacia una reivindicación siempre más amplia de los derechos individuales —estoy tentado de decir individualistas—, que esconde una concepción de persona humana desligada de todo contexto social y antropológico, casi como una ‘mónada’.”**

Los tratamientos de salud mental deben ser realizados preferentemente en el ámbito de la comunidad. Pero primero debe existir una comunidad dispuesta a hacerse cargo del otro sufriente. Es la actitud del buen samaritano. Somos conscientes de ser llamados a un destino común, diferente del individualismo materialista que se propone como meta en muchos de los proyectos políticos en pugna. Nosotros abrazamos cuerpo, mente y alma. Nuestra propuesta de las “3 C”, Club, Colegio y Capilla, es la respuesta esencial de abordaje simple, práctico, popular, cristiano y humanista de esa integralidad faltante en los barrios de la Argentina. Y vemos que se puede replicar en todo el territorio federal, para ser acogido por todos como modo de reconstrucción de una Nación que sufre.

La Ley Nacional de Salud Mental Nº 26.657, sancionada en 2010, estableció taxativamente que el Estado debe destinar el 10% del presupuesto sanitario a ese ámbito de acción. Esto está lejos de cumplirse. Los hechos que nos aquejan, por resonantes y dolorosos que se presenten, no deben sorprendernos, cuando no ponemos manos a la obra en las responsabilidades propias. Frente a este escenario, los ideales de “interdisciplina e intersectorialidad” no se cumplen.

La salida del COVID es tiempo de oportunidad para un diálogo más sincero sobre nuestro sistema de salud y los límites que lo definen. Puede ser momento de reconocer los aportes de las organizaciones de la comunidad —clubes, parroquias, cooperativas— como nuevos actores, sustanciales y no marginales, donde encarnar procesos de salud desde un planteo de redes. Después de todo, las personas y las familias no tienen al Estado como ámbito más natural de desarrollo. Un Estado adecuadamente descentralizado es contenido por la comunidad en una democracia que se guía fielmente por los anhelos de un Pueblo.

Pensar y ejecutar un sistema de salud integral atento a la real escala epidemiológica de las enfermedades mentales, las adicciones y el sedentarismo, nos exige estar a la altura de los tiempos, comprendiendo, por ejemplo, que más de una decena de millones de niños y jóvenes, demandan ser re-afiliados y religados a un sistema deportivo y formativo cotidiano con urgencia. Cada día de abandono de un niño a la nada, erige una nueva violencia. Caso contrario, la discusión por la salud quedará entrampada en términos meramente economicistas, acerca de quién administra los recursos para curar enfermedades, demasiado tarde.

Es hora de superar el concepto “manicomio” edificando las realidades alternativas como las comunidades terapéuticas que realizan su labor con miramiento por los derechos humanos y con suficiente método científico. Las familias las necesitan.  En todo caso deben ser apoyadas, financiadas y guiadas por el sistema sanitario. La ideología y las modas no son ayudas en este tránsito. Las relaciones fluidas entre Club, Colegio y Capilla, y las redes de atención primaria de la salud aparecen como una fusión de horizontes posiblemente estratégica. Nuestras urgencias afectan a mayorías y estas no entran en las guardias de los hospitales. Las claves están en un Estado que invierta, desarrollando masivamente servicios adecuados, dialogando con los sectores y, sobre todo, reconociendo las instituciones vitales de nuestros barrios.

30 de Julio 2021

Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones y Drogadependencia

Conferencia Episcopal Argentina

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*En Psicología, epifenómemo es un fenómeno accesorio que acompaña al fenómeno principal y que no tiene influencia sobre él. 

** “Es necesario prestar atención para no caer en algunos errores que pueden nacer de una mala comprensión de los derechos humanos y de un paradójico mal uso de los mismos. Existe hoy, en efecto, la tendencia hacia una reivindicación siempre más amplia de los derechos individuales – estoy tentado de decir individualistas –, que esconde una concepción de persona humana desligada de todo contexto social y antropológico, casi como una «mónada» (μονάς), cada vez más insensible a las otras «mónadas» de su alrededor.” (Fragmento del discurso del Papa Francisco al Parlamento Europeo el 25 de noviembre del 2014, citado en el punto 111, de su encíclica Fratelli Tutti del 3 de octubre del 2020.)