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lunes, 5 de febrero de 2024

Inteligencia Artificial y dignidad humana.

 

Inteligencia artificial y dignidad humana

Por: Juan Bautista González Saborido


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Los avances en inteligencia artificial, robótica y las llamadas tecnologías “autónomas” han originado una serie de desafíos morales, jurídicos y políticos cada vez más urgentes y complejos. Existen esfuerzos para orientar estas tecnologías hacia el bien común y para resolver los dilemas que generan, pero las diversas iniciativas son un mosaico de voluntades dispares.

Por eso, nos parece relevante presentar sintéticamente algunos puntos del pensamiento del Papa Francisco sobre la cuestión, expuestos en diversas alocuciones y mensajes, porque, para nosotros, el diálogo entre el discurso religioso y la razón científica siempre es provechoso para la humanidad. 

Así pues, el primer aspecto que señala el Papa Francisco es que la denominada “galaxia digital”, y en particular la llamada “inteligencia artificial”, están en el corazón mismo del cambio de época que estamos atravesando y están dotadas de un gran potencial para mejorar la vida de las personas y de la sociedad.

El segundo aspecto, es que es una tecnología que está cada vez más presente en las actividades e incluso en las decisiones humanas, a tal punto que está cambiando nuestra forma de pensar y actuar. La mayor parte de las decisiones, incluso las más importantes, como las del ámbito médico, económico o social, son hoy fruto de la voluntad humana y de una serie de contribuciones algorítmicas.

La tercera es que, en el ámbito socioeconómico, los usuarios a menudo quedan reducidos a meros “consumidores”, sometidos a intereses privados concentrados en manos de las grandes empresas dueñas de las plataformas digitales. En dicho ámbito, a partir de los rastros digitales diseminados en la web, explica Francisco, los algoritmos extraen datos con los cuales se pueden controlar los hábitos mentales y relacionales de los usuarios para fines comerciales o políticos, a menudo sin que ellos mismos lo sepan. Se limita así, el ejercicio consciente de la libertad de elección.

La cuarta es que la confidencialidad, la posesión de datos y la propiedad intelectual son ámbitos en los que las tecnologías en cuestión plantean graves riesgos. A ello se agregan otras consecuencias negativas debido a su uso impropio, como la discriminación, la interferencia en los procesos electorales, la implantación de una sociedad que vigila y controla a las personas, la exclusión digital y la intensificación de un individualismo cada vez más desvinculado de la colectividad.

Por tanto, concluye Francisco, las nuevas tecnologías no son neutrales. Más bien, son instrumentos que modelan el mundo y comprometen las conciencias de las personas. Por ello, el Papa incita a que maduren motivaciones fuertes para perseverar en la búsqueda del bien común, frente a los intereses políticos, económicos y comerciales que atraviesan estas tecnologías.

Las propuestas frente a los desafíos.

Luego de realizar el diagnóstico y de señalar los riesgos de la IA, el Papa también formula una serie de propuestas. La primera, es la necesidad de una ética de los algoritmos o “algor-etica” que implica la responsabilidad de cada elemento del proceso de elaboración de estas máquinas. Al ser muchos los eslabones que intervienen en el proceso de creación de los aparatos tecnológicos (investigación, diseño, producción, distribución, uso individual y colectivo), cada una de ellos debe asumir una responsabilidad específica.

La segunda, es que, ante los desafíos éticos, no basta simplemente confiar en la sensibilidad moral de quienes investigan y proyectan dispositivos y algoritmos, sino que es necesario crear organismos sociales intermedios, multisectoriales, que garanticen la representación y tutela de los derechos de los usuarios y el aporte de las instituciones educativas. 

La tercera es que los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, dignidad de la persona, justicia, subsidiariedad y solidaridad, brindan una contribución decisiva. Estos principios expresan el compromiso de ponerse al servicio de cada persona en su totalidad y de todas las personas, sin discriminación ni exclusión.

La cuarta y última, es que la dignidad intrínseca de todo hombre y mujer es el criterio clave para evaluar las tecnologías emergentes. Las mismas revelan su positividad ética en la medida en que contribuyen a manifestar esa dignidad y a incrementar su expresión, en todos los niveles de la vida humana.

El concepto de dignidad humana, para Francisco, implica que el valor fundamental de una persona no puede medirse con un conjunto de datos. Por eso, en los procesos de toma de decisiones sociales y económicas, es un deber la cautela a la hora de confiar juicios a algoritmos que procesan datos recogidos, a menudo subrepticiamente, sobre las personas, sus características y los comportamientos pasados.

Conclusión

Existe una evidente asimetría entre los propietarios de las plataformas tecnológicas como Google, Amazon, Facebook,
Apple y Microsoft, los Estados Nacionales y los usuarios de las mismas. En este contexto, el aporte del magisterio del Papa Francisco es lucido, realista y valioso para diseñar una regulación robusta de los sistemas de IA tanto a nivel nacional como internacional.

Dicha regulación debe tutelar especialmente la dignidad y los derechos fundamentales de la persona humana, como por ejemplo: el derecho a la intimidad, a la privacidad, a la identidad, a la información, y debe promover la justicia y la búsqueda del bien común.

Todavía estamos a tiempo de controlar la IA y los algoritmos que aparentemente ya nos controlan. Para ello, lo más importante es que pongamos la razón moral por encima de la razón técnica. La tecnología siempre podrá ser un aliado del progreso, pero si se la incorpora en un marco ético y jurídico que jerarquice la dignidad humana.

Por eso es importante no centrarse solo en lo que puede hacer la IA, sino también en lo que pueden hacer las personas (creatividad, empatía, colaboración), lo que queremos que sigan haciendo, y buscar formas de qué humanos y máquinas puedan trabajar mejor juntos (complementariedad).

En definitiva, lo que necesitamos es humanizar la tecnología para poner a la persona y a sus derechos fundamentales en el centro de todos los avances tecnológicos.

* Profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Jurídicas (USAL)

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Una rápida radiografía del Capitalismo Digital, el Big Data y la Inteligencia Artificial.

 "En el siglo XXI, la información es el activo más importante; es la base para el poder político: el que controla los datos, controla el mundo." Yuval Noah Harari 


El contexto cultural de la sociedad posmoderna se manifiesta reacio a toda búsqueda de trascendencia, al heroísmo como ideal de vida y al afán de gloria y honor como "τέλος" (fin, objetivo o propósito) de la vida. El materialismo, el hedonismo, el individualismo, favorecen que en la actualidad predomine el consumidor perfecto, sin hondura metafísica y sin aspiración espiritual alguna. El consumismo, sumado a un anhelo desproporcionado de comodidad, confort y seguridad, operan como el placentero “soma” en la distopía “Un Mundo feliz” de Aldous Huxley.

La situación se agrava, con el avance de la inteligencia artificial. Una vez que la persona humana queda reducida a su pura materialidad y se opaca todo eco de misterio y eternidad, puede quedar fácilmente degradada a un conjunto de datos, cuyo análisis reporta beneficios comerciales. Así, el capitalismo va mutando y se va convirtiendo en un capitalismo algorítmico y del big data, donde se analizan sistemáticamente los trillones de datos que pueblan el ciber espacio.

La digitalización, si está dominada exclusivamente por intereses comerciales, intensifica la alienación humana. La denominada “industria de la atención”, por ejemplo, incrementa la manipulación de las personas hasta extremos hace poco inconcebibles. Las llamadas “redes sociales”, están deliberadamente diseñadas para generar loops de dopamina que nunca generan una satisfacción plena, de manera maximizar el tiempo de interacción de los usuarios[1].

Otra cuestión, es que el tiempo que se le dedica a las redes, compite con el tiempo dedicado a la familia, a los hijos, a los amigos, al trabajo. Las redes sociales para un gran número de personas, sustituyen a las horas de ocio y de descanso. Es decir, que sustituyen lo que da verdadero placer por algo que sólo imita los mecanismos del placer.

En este contexto, es importante conocer la lógica que alimenta el sistema y los intereses comerciales que lo atraviesan. Así, en el capitalismo digital por medio de las redes de algoritmos, no se busca satisfacer preferencias, sino generarlas, e influir decisivamente sobre los comportamientos. Se pone en marcha de esta manera, una manipulación personalizada que en última instancia condiciona la formación y expresión de las preferencias, sin que exista suficiente conciencia de lo que está sucediendo.

En un documento filtrado de Facebook de 2018, surge que el sistema de inteligencia artificial de la autodenominada red social produce más de seis millones de predicciones por segundo a partir de los datos personales de los usuarios, predicciones que luego se mercantilizan para anticipar y orientar las decisiones de tales usuarios[2].

No es ninguna novedad que el ejercicio de la libertad humana es un asunto bastante complejo. Sin embargo, el mundo emergente de megadatos y economía de plataformas pareciera que busca reducirla a su mínima expresión. Hoy, con la digitalización, el incremento del uso de internet y la inteligencia artificial, se está desplegando a velocidad vertiginosa un sistema de condicionamiento y control que deja chiquito todo lo que hemos conocido en el pasado.

Así pues, la digitalización y los algoritmos, paulatinamente, nos van conduciendo a un “capitalismo de la vigilancia” cuyas posibilidades de control social hacen palidecer todo aquello con que pudieron contar los totalitarismos de antaño. ¿Cabe hablar de libertad en serio en una sociedad de la mercancía donde se busca que al consumidor lo encaminen sigilosamente hacia la creación de sus necesidades de compra? ¿Qué lugar ocupará la libertad en este mundo donde sobreabundan las técnicas comerciales aplicadas a la “gobernanza” de los consumidores, la publicidad basada en la neurociencia, explosiones de dopamina teledirigidas y máquinas propagandísticas automatizadas, concebidas a partir de los avances en inteligencia artificial?

Sin embargo, lo paradójico, es que esta vigilancia no es impuesta, sino que es consentida sin vacilar. En este contexto, lo que genera una singular preocupación, es que a mayor vigilancia algorítmica más lucro, y el lucro es el mejor alimento del capital. Estas características, nos permite afirmar que esta tendencia tenderá a incrementarse cada vez más.

En lo que respecta a la experiencia humana en esta etapa del capitalismo algorítmico y big data, la misma va transitando en una interacción permanente con los dispositivos digitales y con el mundo virtual. Esta interacción, a su vez, va generando un fenómeno de hibridación de la experiencia entre lo real y lo virtual.

Esto significa que se ha avanzado mucha en la conectividad, pero las conexiones se reducen a máquinas y seres humanos en espacios virtuales. Esto implica, que es la conexión entre máquinas la que prevalece. Simultáneamente, perdemos el vínculo con la naturaleza, con los demás seres vivos y también la conexión profunda con nosotros mismos. Se habla con ligereza de una “realidad aumentada” merced a la virtualización de la experiencia; pero lo que de hecho vamos teniendo es una humanidad disminuida, menoscabada, cada vez más limitada.

Además, el sujeto que surge de esta hibridación, está atravesado por los flujos de poder que determinan la experiencia del mismo. Vale decir, que el entramado de relaciones que mantenemos con los dispositivos digitales no es neutral, pues hay unos intereses claros tratando de dirigir la nueva configuración de lo humano y de la realidad, a través de los algoritmos que van influenciando nuestras opciones.

Las apps hacen que aunque vivamos en el mismo país, la misma ciudad y hasta la misma casa, se nos muestren universos distintos. Las GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft), tienen hoy un descomunal poder político. Por primera vez en la historia tienen una capacidad global de alterar, maximizar o silenciar cuestiones de la esfera pública. Es muy difícil que estas megaempresas se limiten exclusivamente a sacar todos los datos que puedan y ganar todo el dinero posible. Tienen ambiciones políticas y van a tratar de llevarlas adelante.

Por ello, nuestro futuro está cada vez más definido por lo que sucede en el entorno digital. Y dicho entorno depende de los intereses comerciales de las principales compañías tecnológicas que tienen las infraestructuras y el poder suficiente como para procesar las grandes cantidades de datos que extraen de la ciudadanía. Vale decir, que la digitalización ha creado nuevos sistemas de poder, nuevas asimetrías y nuevas desigualdades sociales.

Por consiguiente, ante los desafíos que plantea el capitalismo de datos, no basta simplemente con confiar en la sensibilidad moral de los directivos y accionistas de las GAFAM, ni de quienes investigan y proyectan dispositivos y algoritmos. Más bien, es necesario crear organismos sociales intermedios, que garanticen que esté representada la sensibilidad ética de los usuarios y de los educadores para contrarrestar de alguna manera la asimetría de poder[3].

Por otra parte, la dignidad intrínseca de todo hombre y mujer debe ser el criterio clave para evaluar integralmente a las tecnologías emergentes. Las mismas revelan su positividad y su bondad ética en la medida en que contribuyen a manifestar esa dignidad y a incrementar su expresión, en todos los niveles de la vida humana[4].

Se debe tener presente, que en este mundo desencantado, en medio del eclipse de Dios y de la perdida de sentido que ello supone, los hombres no pueden estar obligados a vivir en una realidad donde existe una opción de hierro entre progreso técnico y empobrecimiento interior, condenados a la terrible condición de una vida ¨espiritualmente desamparada¨ en la expresión de Siegfried Kracauer[5].

Para finalizar, si bien existen una gran cantidad de temas que no hemos podido abordar en estas líneas por su extensión, consideramos que hemos logrado llamar la atención sobre la importancia y la urgencia de tomar conciencia acerca de esta realidad. De esta manera, podremos ir retomando cuanto antes el control sobre nuestra conciencia, sobre nuestros datos, sobre nuestra intimidad y en definitiva, sobre nuestra vida. 

La defensa de la dignidad humana, como fundamento  de nuestros derechos, la toma de conciencia y el control sobre nuestros datos, y especialmente sobre la autodeterminación informativa, es el camino para gozar de una libertad más plena, más humana y más potente.

 



[1] Riechmann, Jorge "La digitalización está intensificando la alienación humana" consulta en línea el 30 de noviembre de 2023 en https://www.bloghemia.com/2023/11/jorge-riechmann-la-digitalizacion-esta.html

 [2] Zuboff, Shoshana citada en Andrés Ortega, “Erosión del libre albedrío”, El País, 14 de julio de 2019.

[3] Innerarity, Daniel y Colomina, Carme. «La verdad en las democracias algorítmicas». Revista d’Afers Internacionals, n.º 124 (abril de 2020), p. 11-23. DOI: doi.org/10.24241/rcai.2020.124.1.11

[4] Francisco, Encuentro con los participantes en la plenario de la Pontificia Academia para la Vida, Sala Clementina 28 de febrero de 2020, consulta en línea el 15 de noviembre de 2023 en https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2020/february/documents/papa-francesco_20200228_accademia-perlavita.html

[5] Historia. Las últimas cosas antes de las últimas. 1ra edición, Buenos Aires, Las Cuarenta. 2010

viernes, 21 de enero de 2022

Quién controla los datos, controla el mundo. Capitalismo, big data y democracia.

 


"En el siglo XXI, la información es el activo más importante; es la base para el poder político: el que controla los datos, controla el mundo." Yuval Noah Harari 

La sociedad posmoderna del siglo XXI es mayoritariamente reacia a todo gesto heroico y a toda búsqueda de gloria y honor como "τέλος" (fin, objetivo o propósito) de la vida. La aspiración a la isonomía y a la isothymia, que se traduce como la aspiración a la igualdad de derechos y a la igualdad de reconocimiento, sumado a un anhelo desproporcionado de comodidad y seguridad, favorecen en la actualidad a que predomine el consumidor perfecto, sin hondura y sin aspiración espiritual alguna. El consumo opera en nuestra época como el placentero soma en la distopía “Un Mundo feliz” de Aldous Huxley.

La situación se agrava, con el avance de la inteligencia artificial. Una vez que la persona humana queda reducida a su pura materialidad y se opaca todo eco de misterio y eternidad, queda fácilmente degradada a un conjunto de datos, cuyo análisis reporta beneficios. Así, el capitalismo va mutando y se va convirtiendo en un capitalismo algorítmico y del big data, donde se analizan sistemáticamente los trillones de datos que pueblan el ciber espacio y de la ciber vigilancia. 

Sin embargo, se trata de una vigilancia que no es impuesta, sino que -paradójicamente- es consentida sin vacilar. En este contexto, lo que genera preocupación, es que la vigilancia genera lucro y el lucro es el mejor alimento del capital. Esto, nos permite afirmar que estas características tenderán a incrementarse cada vez más. Por estos motivos, corremos el riesgo, o quizás ya de hecho somos permanentemente vigilados, analizados y manipulados por plataformas digitales que seleccionan y explotan  nuestros pensamientos, sentimientos e intenciones.

En esta etapa del capitalismo algorítmico y big data, lo humano va transitando en una interacción permanente con los dispositivos digitales y con el mundo virtual. Esta interacción, a su vez, va generando un fenómeno de hibridación de la experiencia entre lo real y lo virtual. Pero es importante destacar que esta hibridación, que en un principio parece significar relaciones de igualdad y de simbiosis, no es tan así. 

Por el contrario, todo indica que el sujeto que surge de esta hibridación, está atravesado por los flujos de poder que determinan la experiencia del mismo. Eso significa, que el entramado de relaciones que mantenemos con los dispositivos digitales no es neutral, pues hay unos intereses claros tratando de dirigir la nueva configuración de lo humano y de la realidad, a través de los algoritmos que van influenciando nuestras opciones.

De alguna manera, como dice el filosofo Buyng-Chul Han “somos manejados como marionetas por hilos algorítmicos”. En efecto, el big data como instrumento psicopolítico hace pronosticable y por ende, vulnerable y manipulable a la conducta humana. Así pues, la psicopolítica digital provoca una crisis de la libertad personal porque cuando más utilizamos los dispositivos digitales, más expuestos estamos a ser manipulados. Nos encontramos ante una paradoja de la libertad: la comunicación ilimitada es una expresión de la libertad, pero, simultáneamente, se torna en una vigilancia total, que es totalmente consentida.

Nuestra interacción permanente y acrítica con la tecnología digital, mediada a través de los algoritmos,  pasa sutilmente a convertirnos en una suerte de mente colmena, como la de las hormigas, donde la identidad y decisiones individuales están pre-fabricadas y construidas dentro de un sistema complejo de intercambio de datos mediado por esos algoritmos, sin que tomemos verdadera conciencia de ello.

Pero, lo más interesante, o dramático si se quiere, es que la hormiga reina de esta gran mente colmena que intenta tomar decisiones vitales por nosotros, no es el complejo algorítmico en si mismo, sino que es el entramado de intereses económicos y políticos que rigen las macro-corporaciones tecnológicas. 

Sabemos, que pese a cierta retórica existente, la tecnología no es nunca neutral, sino que existe y se modela en base a intereses económicos y políticos que nunca se explicitan. 

Por ello, es importante y urgente tomar conciencia de esta realidad, para que podamos retomar cuanto antes el control sobre nuestros datos, sobre nuestra intimidad y en definitiva, sobre nuestra vida.  La toma de conciencia y el control sobre nuestros datos y sobre la autodeterminación informativa, es el camino para gozar de una libertad más plena y más potente.