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viernes, 6 de noviembre de 2020

OMC - ADPIC - LAS PATENTES, LOS MEDICAMENTOS Y EL DERECHO A LA SALUD

 


https://www.mercojuris.com/38199/omc-%e2%80%93-adpic-las-patentes-los-medicamentos-y-el-derecho-a-la-salud-%e2%80%93-dr-juan-bautista-gonzalez-saborido/

1.- Introducción: Tradicionalmente se consideró que el derecho de la propiedad industrial se movía en un mundo eminentemente técnico cuyo objeto era regular los derechos patrimoniales de los titulares de innovaciones tecnológicas, traducidas en aparatos, instrumentos, equipos e instalaciones, que permitían mejorar a la sociedad en su conjunto.

Posteriormente apareció la industria químico-farmacéutica y su necesidad económica de patentar las innovaciones producidas en el mercado de los medicamentos. Así pues, la propiedad intelectual –especialmente las patentes- y los derechos patrimoniales que otorga, quedaron tensionados con el derecho a la salud y con la protección de la dignidad humana[1].

Cuando surgió la biotecnología moderna y se pudo apreciar el valor de mercado de los productos y procesos biotecnológicos el debate suscitado sobre la incorporación de seres vivos, sus partes y el material de reproducción, se inclinó a favor de la industria farmacéutica y se les concedió el derecho de la propiedad intelectual sobre los mismos.

Todo este periplo, narrado de forma muy sintética, generó diversas consecuencias en distintas áreas. En materia de salud, se produjo la situación paradojal de que en la era de los progresos acelerados en las ciencias médicas y la biotecnología, la salud mundial era socavada por la desigualdad tanto dentro de los países como así también entre los países. Es decir que el acceso universal a la salud y a los medicamentos todavía está lejos de lograrse en todo el mundo.

En efecto, cada año 100 millones de personas son empujadas por debajo del umbral de pobreza debido al gasto que realizan en atención de la salud[2]. Otros 400 millones de personas carecen de acceso a la atención sanitaria, incluyendo el acceso a medicamentos[3]. En la mayoría de los países en desarrollo, las personas físicas, en lugar de los seguros de salud, asumen los costos del acceso a los medicamentos.

Por consiguiente, el acceso a los medicamentos esenciales es un elemento constitutivo del derecho a la salud y el patentamiento de los mismos por parte de la industria constituye un obstáculo para su goce efectivo por parte de millones de personas en todo el mundo.

2.- La propiedad intelectual como una forma de extraer valor: Las patentes que en un principio era un instrumento jurídico para lograr una sociedad más innovadora, con el paso del tiempo fue convirtiéndose en lo contrario, es decir, en una herramienta de extracción de valor.

Una de las formas de extraer valor o «extracción de valor patentada» se realiza a través de la instrumentalización de patentes, herramientas asociadas como los copyrights y las marcas registradas, que han pasado a ser mecanismos para el bloqueo de la innovación. Lo exponía de esta forma el diario The Economist:

«Se supone que las patentes propagan el conocimiento al obligar a sus propietarios a exponer su innovación para que todo el mundo la vea. En lugar de eso, el sistema ha creado una ecología parasitaria de trols y detentadores de patentes defensivas que bloquean la innovación, o la entorpecen a menos que puedan hacerse con una parte del botín»[4].

Así pues, mientras se mantuvo la línea divisoria entre invento (patentable) y descubrimiento (no patentable) el funcionamiento del sistema permitió un cierto grado de equilibrio entre intereses que parecieran ser contrapuestos en razón de la diversidad de fines perseguidos. Nos referimos a que el derecho de exclusividad que detenta el titular de la patente puede llegar a interferir con la investigación científica. Por eso, las leyes de patentes utilizan antídotos para salvarla, a saber: la exclusión de los descubrimientos, en tanto que el descubrimiento pertenece al mundo de la observación y no al de la creación[5]. 

Lamentablemente, esa distinción se fue borrando paulatinamente y se fue admitiendo cada vez más el patentamiento de descubrimientos científicos.  A nivel global el resultado de esas batallas por una apropiación mayor de los resultados de la ciencia fue un acrecentamiento de las prácticas de secreto y una tendencia a la constitución de monopolios nuevos sobre ciertos productos e investigaciones, especialmente los referidos a genética y biología. 

Debemos precisar, que en un número significativo de casos, las prácticas relativas a biotecnología son actividades de ciencia, tecnología e innovación de larga maduración. La patentabilidad temprana, cuando sólo se han dado los primeros pasos del proceso de investigación, sólo puede satisfacer criterios empresariales de reserva estratégica de mercado o de creación de un pool de patentes con finalidades puramente mercantiles, lo cual resulta muy negativo para la investigación científica en general[6]. 

Esto última se sustenta en que la patente no incita a la cooperación ni al reparto de los avances, sino más bien a la disimulación de los resultados parciales y a la desinformación. En resumidas cuentas, la introducción masiva de la patente en el circuito de producción del conocimiento científico, privatiza ilegítimamente el conocimiento, constituye una traba a su difusión y favorece los comportamientos de la desinformación. 

3.- Patentes farmacéuticas, acceso a los medicamentos y el derecho a la salud: La extracción de valor que generan las patentes encuentra su ámbito más representativo en el elevado del precio de los medicamentos que como ya hemos planteado obstaculizan su acceso por parte de millones de personas[7].

El acceso a las medicinas es un componente esencial del derecho a la salud. Los Estados poseen la obligación legal —resultante de haber ratificado varios instrumentos internacionales de derechos humanos— de respetar, proteger y promover el más alto estándar de salud física y mental de sus pueblos de una manera equitativa y no discriminatoria. El acceso a los medicamentos es un tema sensible por dos aspectos interrelacionados: la accesibilidad física y la asequibilidad[8].

El sistema de patentes y la inelasticidad relativa de la demanda elevan el precio de las medicinas, volviéndolas inaccesibles para grandes grupos de la población mundial. Un caso reciente ilustra cómo las patentes conducen al monopolio y a elevar el precio de los medicamentos.

En 2014 el gigante farmacéutico GILEAD sacó al mercado un nuevo tratamiento para el virus de la hepatitis C llamado Sovaldi, que supuso un avance notable respecto a las terapias existentes contra esta enfermedad que afecta a 3 millones de personas en EE. UU. y a 15 millones en Europa. En el mismo año, GILEAD lanzó una versión mejorada de Sovaldi conocida como Harvoni. Un tratamiento de 3 meses cuesta 84.000 dólares (mil dólares por pastilla) en el caso de Sovaldi y 94.000 dólares en el de Harvoni.

Una línea de defensa tradicional de la industria consistió en justificar los precios por el enorme gasto en la investigación previa hasta la comercialización del producto, pero la realidad es muy distinta: los gastos en investigación básica en la industria farmacéutica son, en general, muy bajos en comparación con los beneficios que genera. También es muy bajo el gasto en marketing, y con frecuencia menos de lo que dedican a subir a corto plazo el precio de las acciones, las opciones sobre acciones y el pago a los ejecutivos[9].

Además, la financiación que da paso a la innovación farmacéutica definida en términos generales como nuevas entidades moleculares procede, fundamentalmente, de laboratorios financiados con dinero público. La industria farmacéutica concentra cada vez más el gasto en I+D en la fase de desarrollo menos arriesgada y en los «medicamentos equiparables» que solo presentan ligeras variaciones de los productos existentes.

Las investigaciones muestran que el origen en los avances de dos terceras partes de los medicamentos más innovadores (nuevas identidades moleculares con calificación prioritaria) se remonta a la financiación de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU[10].

En el caso de Sovaldi y Harvoni se calcula que los inversores privados no gastaron más (y quizás menos) de 300 millones de dólares en I+D durante una década. En los primeros seis meses de 2015 los dos medicamentos generaron alrededor de 9.400 millones de dólares en ventas (y 45.000 millones de dólares en los tres primeros años desde su lanzamiento entre 2014 y 2016)[11].

John LaMattina, antiguo vicepresidente de Pffeizer fue más explícito que nadie con respecto a este tema. En 2014, en un artículo publicado en la revista Forbes con el titular «Los políticos no deberían cuestionar el coste de los medicamentos, sino su valor»[12], mantuvo que el precio debería vincularse con el valor que el medicamento aporta en términos de salvar vidas, mitigar el dolor y reducir los costes sanitarios generales. Luego, al hablar del medicamento Soliris de la farmaceútica Alexion,  que fue utilizado para tratar una forma poco común de anemia y trastornos renales, con un precio de 440.000 dólares/año por paciente, reconoció que el precio no tenía ninguna relación con los costes de I+D necesarios para sacar el medicamento al mercado.

Un análisis básico y ortodoxo de la elasticidad de demanda (es decir, la sensibilidad de la demanda al aumento del precio, dependiendo de la característica de los bienes), en el caso de algo que se necesita para sobrevivir, combinado con una situación de monopolio de los productores protegidos por patentes, es decir, una combinación de demanda rígida y monopolio, da como resultado unos precios exorbitantes en los medicamentos especializados[13]. Una situación que debe ser revisada en forma urgente.

4.- El rol de la Organización Mundial del Comercio (OMC): En la cuestión del patentamiento de los medicamentos, el ADPIC (Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio) se transformó en el principal vehículo para la introducción de patentes médicas en los países en desarrollo bajo fuertes reglas de observancia, respaldado por el sistema de solución de controversias de la OMC.

Ello, no obstante que el ADPIC permite algunas excepciones al patentamiento en materia de política pública y por motivos que apelan al desarrollo. El artículo 8 (ocho) del acuerdo habilita cierto espacio para políticas a fin de que los Estados adopten mecanismos para proteger la salud pública y la nutrición, así como los sectores estratégicos para el desarrollo tecnológico y socioeconómico. Aunque la redacción es harto ambigua.

Por otra parte, en lo relativo al acceso a los medicamentos, las provisiones dispuestas en los artículos 27.2 y 30, prevén excepciones importantes al sistema de patentes para que los Estados puedan proteger sus objetivos de salud pública. El artículo 31 establece un marco regulatorio para la emisión de licencias compulsorias en aquellos productos para los cuales exista una patente farmacéutica. Pero, se determina que las licencias compulsorias solo pueden emitirse una vez que las negociaciones con el dueño de la patente hayan finalizado, a menos que la situación se presente como una emergencia nacional  o bien que el país quiera hacer uso público no comercial del objeto de la patente.

A pesar de estas flexibilidades, el ADPIC no considera a aquellos países en los cuales no existe la posibilidad de producir el medicamento localmente y necesitan importar de terceros países, pues no regula estos casos. En la práctica, el método de excepciones permanece muy vago y técnico como para estimular a que los países en desarrollo lo utilicen de manera de mejorar su acceso a las medicinas esenciales y el derecho a la salud. Por lo tanto, el ADPIC plantea una serie de amenazas al respecto.

ü  En primer lugar, la introducción de las patentes farmacológicas eleva inexorablemente los precios de los medicamentos, y los países en desarrollo no pueden pagar precios monopólicos atribuibles a las patentes sin comprometer su nivel de acceso a las medicinas

ü  En segundo lugar, el cumplimiento de las reglas consagradas en el ADPIC impacta negativamente en la capacidad manufacturera de los países en desarrollo y afecta a la producción de genéricos de calidad, de los que estos países dependen.

ü  En tercer lugar, la trasposición de recursos hacia el sector farmacéutico global que siguió a la introducción de patentes no ha significado el tan necesario desarrollo de medicinas para las enfermedades desatendidas que mayormente afectan a las personas que viven en la pobreza (por ejemplo la tuberculosis).

ü  En cuarto lugar, el actual sistema de patentes favorece las mejoras artificiales de los medicamentos y mantiene elevados los precios mientras muy pocos de los nuevos tratamientos y drogas se desarrollan innovadoramente. En su lugar, se patentan nuevas versiones levemente modificadas de viejos medicamentos.

ü  Finalmente, la brecha en el acceso a las medicinas y a la salud se amplía entre países desarrollados y países en desarrollo. A la luz de todo lo anterior, el ADPIC constituye un impedimento al acceso de las medicinas sin causar un beneficio adecuado, que a su vez retrasa la realización del derecho a la salud en los países en desarrollo[14].

En base a lo expuesto, el ADPIC no resulta un instrumento positivo para promover objetivos de salud pública,  pues no clarifica la importancia del acceso a las medicinas dentro del sistema de la OMC. Debemos advertir que ello ocurre debido a que no establece la superioridad del derecho a la salud y al acceso a los medicamentos por sobre los derechos de propiedad intelectual. Asimismo, no resuelve la prohibición a un tercer país de emitir una licencia compulsoria para un país en desarrollo que no tiene capacidad de manufacturar sus propios genéricos.

Así pues, en el 2003, los Estados negociaron la decisión 30.08.08 de la OMC, que exonera las obligaciones derivadas del artículo 31.f del ADPIC. Esta decisión permite a los países en desarrollo y de menor desarrollo relativo que no tengan capacidad manufacturera, a emitir una licencia compulsoria para la importación de genéricos por motivos de salud pública.

En la práctica, estas especificaciones dificultan la materialización de la decisión, ya que son finalmente los productores de genéricos quienes deberán decidir si incurren o no en la inversión necesaria para producir un medicamento genérico con vistas a satisfacer un pedido de importación por licencia compulsoria de un país pequeño y pobre.

Consiguientemente, a pesar de estos intentos, el hecho de que las flexibilidades o waivers a las patentes farmacológicas se otorguen únicamente “ad hoc” con la condición de emergencias de salud pública (y no automáticamente para todas las medicinas esenciales), en una modalidad caso-a-caso, de manera preestablecida, se puede considerar insuficiente desde el punto de vista del derecho a la salud. Esto es así, debido a que, en esta perspectiva, la preocupación central de la salud está enmarcada coherentemente como una excepción al derecho de propiedad y no como un derecho fundamental que debe ser promovido, protegido y realizado por sobre intereses rentistas[15].

5.- Conclusión: Como conclusión, se puede observar que el actual sistema de propiedad intelectual orientado al mercado compromete el acceso a las medicinas para amplios sectores de la población mundial. En efecto, las patentes de invención, en aquello que tiene que ver con los medicamentos, no son un estímulo para la investigación ni mejoran la calidad de vida de la mayor parte de la población.

En función de ello, es necesario efectuar una reforma e instaurar un régimen balanceado de los derechos patrimoniales de la propiedad intelectual ejercidos con función social. Este nuevo régimen, debería fundamentar su legitimidad en los instrumentos de derechos humanos. De este modo, la función social de los derechos de propiedad intelectual conjugado con el derecho a la salud podrán prevalecer sobre cualquier otra provisión, para garantizar un acceso equitativo y no discriminatorio a las medicinas en todo el mundo.

Por otra parte, debe considerarse seriamente el hecho de que el origen en los avances de dos terceras partes de los medicamentos más innovadores (nuevas identidades moleculares con calificación prioritaria) se remonta a la financiación de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU.

Los monopolios que generan las patentes sumado a una demanda inelástica deriva en precios abusivos y exorbitantes. Asimismo, la flexibilidad en el patentamiento de descubrimientos, demoran la investigación científica por la indebida apropiación del conocimiento. Esta modalidad viola la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de la UNESCO, que establece que el conocimiento debería ser accesible y de libre circulación.

En este sentido, la enorme mayoría de los científicos de todo el mundo, son partidarios de la arquitectura abierta del conocimiento. Esto implica priorizar el mantenimiento del intercambio y la cooperación entre los diferentes equipos de investigación, por encima de la apropiación, el secretismo y la competencia para ver quien llega primero. Esto último es lo que provoca el actual sistema de patentes, que genera que quién llega primero, paradójicamente, llega mucho después de lo que se podría haber logrado en un sistema cooperativo y abierto. En este sentido, con un sistema más abierto, cooperativo y con menos competencia entre estados nacionales, seguramente, se podría disponer mucho más rápidamente de una vacuna para el COVID-19[16]

En función de ello, las compañías farmacéuticas necesitan asumir su cuota de responsabilidad en la realización del derecho a la salud. Hay una justificación moral, legal y de reputación para que así lo hagan. Primero, necesitan respetar el derecho de los países a emitir licencias compulsorias por motivos de salud pública, como se estipula en el ADPIC. Adicionalmente, deben lanzar al mercado los medicamentos con precios diferenciados, distinguiendo entre los mercados de bajos y de altos ingresos para garantizar un acceso equitativo a los medicamentos[17].

Por último, en medio de una pandemia, es una oportunidad para lograr una lógica más cooperativa que redunde en compartir los conocimientos y en la flexibilización de las patentes, de modo de poder acelerar las investigaciones. Los Estados tienen un papel que jugar al respecto, tanto en flexibilizar licencias, como en poner todos los recursos para acelerar los tiempos y para producir lo que sea necesario para minimizar las consecuencias dañinas de la actual pandemia y de todos aquellos eventos que perjudican la salud de la población.

 

 



[1] Salvador María Bergel, Investigación científica y patentes: análisis ético-jurídico de sus relaciones, en   Revista Bioética, (Impr.). 2014; 22 (3): 416-26.

[2] World Health Organization. (2015) ‘Health and human rights fact sheet’, available at www.who.int/ mediacentre/factsheets/ fs323/ (consulta el 11 Junio de 2017).

[3] UNSGHLP (United Nations Secretary General High- Level Panel on Access to Medicines). (2016) ‘Promoting innovation and access to health technologies’, available at https:// static1.squarespace.com/ static/ 562094dee4b0d00c1a3ef761/t/ 57d9c6ebf5e231b2f02cd3d4/ 1473890031320/UNSG+HLP+Report+FINAL+12+Sept+2016.pdf (consulta el 13 Junio de 2017).

[5] Salvador Darío Bergel, Investigación científica y patentes: análisis ético-jurídico de sus relaciones, Revista Bioética, Brasilia, septiembre/diciembre. 2014; 22 (3): 416-26.

[6] Salvador Darío Bergel, Investigación científica y patentes: análisis ético-jurídico de sus relaciones, Revista Bioética, Brasilia, septiembre/diciembre. 2014; 22 (3): 416-26.

[7] Mariana Mazzucato, El valor de las cosas:¿Quién produce y quien gana en la economía global? Editorial Taurus, 2018

[8] Karen van Rompaey, Salud global y derechos humanos: propiedad intelectual, derecho a la salud y acceso a los medicamentos, en Anuario de Derecho Constitucional Latinoamericano, Año XV, Montevideo, 2009, pp. 497-522.

[9] Mariana Mazzucato, El valor de las cosas:¿Quién produce y quien gana en la economía global? Editorial Taurus, 2018

[10] Mariana Mazzucato, El valor de las cosas:¿Quién produce y quien gana en la economía global? Editorial Taurus, 2018.

[11] Mariana Mazzucato, El valor de las cosas:¿Quién produce y quien gana en la economía global? Editorial Taurus, 2018

[13] Mariana Mazzucato, El valor de las cosas:¿Quién produce y quien gana en la economía global? Editorial Taurus, 2018

[14] Karen van Rompaey, Salud global y derechos humanos: propiedad intelectual, derecho a la salud y acceso a los medicamentos, en Anuario de Derecho Constitucional Latinoamericano, Año XV, Montevideo, 2009, pp. 497-522

[15] Karen van Rompaey, Salud global y derechos humanos: propiedad intelectual, derecho a la salud y acceso a los medicamentos, en Anuario de Derecho Constitucional Latinoamericano, Año XV, Montevideo, 2009, pp. 497-522

[16] Javier Flax, Las patentes y el coronavirus, consulta en línea en  https://redbioetica.com.ar/las-patentes-y-el-coronavirus/ 

[17] Karen van Rompaey, Salud global y derechos humanos: propiedad intelectual, derecho a la salud y acceso a los medicamentos, en Anuario de Derecho Constitucional Latinoamericano, Año XV, Montevideo, 2009, pp. 497-522

sábado, 10 de octubre de 2020

LA PANDEMIA, LA INTERPELACIÓN AL PARADIGMA TECNOCIENTÍFICO Y LA COMUNIDAD ORGANIZADA.



Por Juan Bautista González Saborido1

Introducción

No es ninguna novedad que la pandemia originada por el coronavirus ha interpelado y puesto en cuestión el actual paradigma tecno-económico y su modelo de producción y consumo. Una cuestión que nos parece muy relevante es el contexto en el cual se desarrolla la pandemia. Un contexto de cambio de época que indudablemente provoca un desafío sanitario, económico, social, ético, político y cultural. Casi diríamos que no hay nada de lo humano que no enfrente algún reto o desafío en la actualidad.

Resuena muy actual la reflexión de Theodor Adorno y Max Horkheimer referida al sentido de la ciencia y la técnica moderna: «Lo que los hombres quieren aprender de la naturaleza es servirse de ella para dominarla por completo, a ella y a los hombres. […] Lo que importa no es aquella satisfacción que los hombres llaman verdad, sino la operación, el procedimiento eficaz. […] En el camino hacia la ciencia moderna los hombres renuncian al sentido. Sustituyen el concepto por la fórmula, la causa por la regla y la probabilidad»2.

El mismo Perón, con notable lucidez, ya había advertido claramente estos problemas el 21 de febrero de 1972 en su Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo, donde señaló: “El ser humano ya no puede ser concebido independientemente del medio ambiente que él mismo ha creado. Ya es una poderosa fuerza biológica y, si continúa destruyendo los recursos vitales que le brinda la Tierra, sólo puede esperar verdaderas catástrofes sociales para las próximas décadas”3.

Más de cuatro décadas después de esta advertencia, en medio de la llamada cuarta revolución industrial, la pandemia ha puesto de manifiesto la debilidad del capitalismo global y sus organizaciones internacionales (ONU, OMS, etc.) y regionales (Unión Europea, Mercosur, etc.), que fueron incapaces de articular una respuesta adecuada y coordinada frente a la amenaza sanitaria. Fue penoso advertir la incapacidad de los países centrales para producir suficientes mascarillas, equipos de protección para el personal sanitario o alcohol en gel para prevenir los efectos del virus. En Europa, en plena crisis, el personal sanitario que trabajaba en primera línea sentía que lo habían enviado a la guerra sin armas ni municiones. El mismo sentimiento existe entre agentes del sector de salud en EEUU4.

Ahora bien, en este contexto de enorme complejidad hay una serie de desafíos que son estructurales y que deben ser abordados en forma urgente. Uno de ellos es el del paradigma tecno económico al que se han subordinado el hombre y la naturaleza, al punto de generar una crisis socio ambiental sin precedentes que pone en riesgo la supervivencia del planeta. Es un desafío que requiere más que respuestas técnicas, jurídicas y políticas. Hay una necesidad de respuestas existenciales más amplias, tanto individuales como colectivas. Por eso, nos parece oportuno volver la mirada hacia la comunidad organizada y buscar en esta extraordinaria concepción elaborada por Juan Domingo Perón algunas de las respuestas para encarar el futuro próximo.

La comunidad organizada como fundamento del modelo social, político, jurídico y cultural

Dentro del ideario político del peronismo y de la filosofía justicialista, la concepción de “Comunidad Organizada” es la principal, porque sobre esta concepción se construye el  modelo social, político y cultural al que aspira el peronismo como movimiento político. El fundamento de esta concepción se asienta sobre la dignidad eminente que tiene la persona humana como miembro de ese “nosotros” o ente colectivo, que es la comunidad organizada. El mismo Perón en el discurso de apertura del Congreso Internacional de Filosofía de 1949 en Mendoza dijo: Aristóteles nos dice: El hombre es un ser ordenado para la convivencia social; el bien supremo no se realiza, por consiguiente, en la vida individual humana, sino en el organismo superindividual del Estado; la ética culmina en la política”5.

La concepción tanto de la persona humana, como de su dignidad, son tomados por Juan Domingo Perón, de la tradición jurídica y política grecolatina sintetizada en el ideal romano de la humanitas. La humanitas, para la concepción romana, “…significa, por una parte, el sentido de la dignidad de la personalidad propia, peculiarísima y que se debe cultivar y desarrollar hasta el máximo. Por otra, significa el reconocimiento de la personalidad de los demás y de su derecho a cultivarla, y este reconocimiento implica transigencia, dominio de sí, simpatía y consideración”6.

Esta elevada concepción de la jerarquía de la persona humana heredada de griegos y romanos, a su vez fue enriquecida por el aporte del cristianismo. La importancia que para el cristianismo reviste la persona humana, últimamente,  fue plasmada en la enseñanza social de la Iglesia: “El principio fundamental de esta concepción consiste en que cada uno de los seres humanos es y debe ser el fundamento, el fin y el sujeto de todas las instituciones en las que se expresa y actúa la vida social: cada uno de los seres humanos visto en lo que es y en lo que debe ser según su naturaleza intrínsecamente social y en el plan providencial de su elevación al orden sobre natural”7.

La construcción de la comunidad organizada implica el restablecimiento del sentido de la vida en común (el paso del yo al nosotros) y de las verdades últimas de un hombre vertical en un mundo en el que dominan el desarrollo científico-tecnológico, el individualismo y el consumismo exacerbado, aunque este último, paradójicamente, sólo para unos pocos. El mismo Perón dice: “Lo que nuestra filosofía intenta restablecer al emplear el término armonía es, cabalmente, el sentido de plenitud de la existencia. Al principio hegeliano de realización del yo en el nosotros, apuntamos la necesidad de que ese “nosotros” se realice y perfecciones por el yo8 .

Una cuestión importante a destacar, frente a cualquier idea posnacional o cosmopolita, es que esta comunidad organizada a la que aspiramos, está situada en un tiempo y en un espacio determinado. Al agregarse estas dos dimensiones, la comunidad organizada se transforma en la patria concebida como morada, como hogar, como devenir y destino colectivo. La persona como miembro de una comunidad queda ligada a un paisaje, a un grupo humano, a un lenguaje y a una cultura histórica. Este es un aspecto sustancial de la comunidad organizada. La geografía que habita esta comunidad organizada, se transforma en geocultura –como para Kusch– espacio cargado de significación. Ámbito en donde se opera la relación con los otros y donde se juega el destino colectivo y que es para quienes lo habitan “el rincón más risueño de la tierra”, pues allí se sitúan las vivencias más íntimas y significativas del ser humano9.

Por último, la vivencia que se opera dentro de la comunidad de poseer un origen en común, una historia y un destino colectivo, brota de la coordenada temporal. De allí surge la noción de pueblo como conjunto fraternal, no gregario, construido sobre la noción cristiana de persona. El pueblo es el sujeto histórico y colectivo que realiza el destino común. Parafraseando a Marechal, la construcción de una comunidad organizada es “transformar una masa numeral, en un pueblo esencial”10.

Los cambios tecnológicos y los desafíos que ponen en crisis la dignidad de la persona como fundamento de los derechos humanos

Tal como señalamos, la dignidad humana es uno de los fundamentos de la comunidad organizada. Sin embargo, desde hace tiempo, los cambios tecnológicos acelerados están poniendo en jaque la relevancia de la misma, y vaciando de contenido el concepto de persona proyectándose a las diversas formas de organización social.

El primer ámbito donde se dan los grandes cambios es en el de las tecnologías de la información y la comunicación que generan una interconexión efectiva y global de carácter económico, cultural, turístico, científico, técnico y comunicativo. A este proceso se lo denomina globalización y abarca los procesos económicos, mediáticos, técnicos, y culturales que se desprenden de dicha globalidad.

Cabe señalar, por un lado, que estos procesos se realizan a veces de forma espontánea, pero también de modo premeditado y planificado y que tienen un ritmo particular: por momentos se acelera y por momento se desacelera, como sucede actualmente. Es decir que no es un proceso rectilíneo, ya que operan en forma simultánea dinámicas de globalización y de desglobalización. Las transformaciones económicas, sociales y tecnológicas que generan estos procesos, requieren de una continua adaptación política e institucional para responder a las nuevas necesidades y para aprovechar las oportunidades que se abren en un sistema mundial. Por ello, los cambios y la necesidad de adaptación del derecho a los mismos constituyen inequívocamente un factor de incertidumbre y de crisis en los ordenamientos jurídicos, especialmente cuando se implementan leyes bajo la presión de los grandes grupos económicos, sin respetar la idiosincrasia y cultura de los pueblos.

Asimismo, últimamente, con el desarrollo de la inteligencia artificial y el análisis de los macro datos, se ha posibilitado que Estados y empresas controlen y manipulen como nunca antes la información y vigilen la vida de los ciudadanos, fragmentándose cada vez más el tejido social, provocando que derechos básicos como la privacidad, la intimidad, el honor y la libertad de opinión y de expresión queden en entredicho.

Por último, el avance de la tecnología de la información ha generado una interacción creciente con el hombre, produciendo que la frontera entre hombre y máquina se haya tornado mucho más borrosa y difusa, con la lógica afectación de la concepción que tenemos sobre la persona humana y su dignidad. Como ha señalado el sociólogo Manuel Castells:

La integración creciente entre mentes y máquinas, está borrando lo que se denomina “la cuarta discontinuidad” (la existente entre humanos y máquinas), alterando de forma fundamental el modo en que nacemos, vivimos, aprendemos, trabajamos, producimos, consumimos, soñamos, luchamos o morimos11.

El segundo de los ámbitos donde se dan grandes cambios, es en el de la biotecnología o tecnologías de la vida. En este campo, desde la década de 1990, la capacidad educativa e investigadora se ha incrementado exponencialmente y ha acelerado la revolución biotecnológica. Esto significa que se ha incrementado el poder del hombre sobre la vida en el planeta a un nivel en que se ha tornado terriblemente imprecisa la frontera entre naturaleza y tecnología. A tal punto es así, que actualmente el poder tecnológico tiene la posibilidad de manipular incluso la vida humana. Este avance tecnológico reviste una importancia singular, porque significa que el hombre podría borrar los límites de su propia condición humana12.

Una consecuencia de todo esto es que, conforme aumenta la capacidad tecnológica, aumenta simultáneamente el imperativo tecnológico. Esto es: que todo avance, por el solo hecho de ser posible en el campo de los hechos, se vuelve inmediatamente deseable en el campo axiológico13. Así pues, este imperativo tecnológico nos pone frente a una paradoja sorprendente: el hombre es a la vez un creador omnipotente que descubrió cómo dominar el misterio de la vida y como producirla, pero simultáneamente pierde su eco de eternidad y se convierte en un puro objeto técnico. Se trata de un cruce de límites en la concepción occidental del ser humano que necesariamente se traslada al campo jurídico y que devalúa la noción de persona14.

Por otra parte, la aparición de estas nuevas tecnologías y el desarrollo de la inteligencia artificial por la vía de la apropiación del conocimiento y la generación de los sistemas concentrados, ha generado la acumulación de recursos en los países altamente desarrollados en detrimento de los países periféricos o semiperiféricos como el nuestro. Al mismo tiempo, estas tecnologías ponen en riesgo el empleo porque tienen la capacidad de sustituir el trabajo del hombre. Todo este paradigma se desarrolla, además, en el contexto de un discurso hegemónico, fomentado por el avance de las ciencias y las técnicas, que le niega a la persona toda dimensión trascendente, y clausura todo anhelo de absoluto y de eternidad.

De lo expuesto concluimos que los desafíos que tenemos por delante son realmente complejos. El mismo Perón señalaba que el ser humano, cegado por el espejismo de la tecnología, ha olvidado las verdades que están en la base de su existencia. Y así, mientras consigue logros extraordinarios y conocimientos fabulosos en dicho campo, al mismo tiempo mata el oxígeno que respira, el agua que bebe y el suelo que le da de comer, así como eleva constantemente la temperatura del medio en que vive, sin medir sus consecuencias biológicas15.

Conclusión: ¿Qué aportes nos hace la Comunidad Organizada frente a estos desafíos?

Frente al panorama descripto, que en gran medida se ha acelerado con la epidemia provocada por el Covid-19, también existe una oportunidad para la recuperación de la centralidad del ser humano y de su dignidad. Tenemos la oportunidad de recuperar la importancia del sujeto, de la singularidad de cada vida humana concreta, de las relaciones humanas, de los vínculos y de la vida en comunidad como factor sustancial en la construcción político cultural del pueblo.

Recuperar hoy al ser humano concreto no es un simple juicio de valor, es la exigencia de recuperar un realismo perdido. Esta recuperación parte de un juicio de la razón práctica, de una afirmación sobre la realidad en la cual vivimos. Cada persona humana es única e irrepetible, no es un cálculo, no es una cifra y no es descartable.

En ese orden de ideas, la comunidad organizada conserva todo su valor y vigencia, pues es más necesario que nunca rescatar la importancia del cuidado de cada vida, de la naturaleza como fuente de vida, de la dignidad de la persona humana y de la interdependencia que nos vincula a todas las personas. El imperativo de la hora es fortalecer vínculos humanos para construir comunidad.

Dentro de la comunidad organizada, la tecnología podrá ser un aliado de progreso, pero solamente si se la incorpora en un marco ético y jurídico que jerarquice la dignidad humana como principio rector. La tecnología no es algo que «sobrevenga» sin más. Estamos frente a la posibilidad de reflexionar y de diseñar cómo se desarrollará la tecnología y para qué modelo social la vamos a aplicar. Por eso es importante no centrarse solo en lo que puede hacer las tecnologías, sino más bien en lo que pueden hacer las personas (creatividad, empatía, colaboración), lo que queremos que sigan haciendo, y buscar formas en que las personas puedan seguir dignificándose a través del trabajo.

Finalmente, hay una cuestión de fondo que debemos abordar: la posibilidad de construir una racionalidad que trascienda a la racionalidad instrumental. Una racionalidad que esté basada en las necesidades de las personas y no exclusivamente en el afán de lucro. En definitiva, lo que necesitamos es humanizar la tecnología para poner a la persona en el centro de todos los avances tecnológicos.


Notas


1 Abogado, Docente universitario e investigador.
2 Max Horkheimer- Theodor W. Adorno. Dialéctica de la Ilustración. Madrid, Trotta, 1998, pág. 60.
3 Juan Domingo Perón “Mensaje Ambiental a los Pueblos y Gobierno del Mundo” Madrid, 21 de febrero de 1972, consulta en línea en http://www.labaldrich.com.ar/wp-content/uploads/2013/03/Mensaje-Ambiental-de-Juan-Domingo-Per%C3%B3n-a-los-Pueblos-y-Gobiernos-del-Mundo-%E2%80%93-Madrid-1972.pdf
4 Ver lo publicado en línea en https://www.nytimes.com/2020/03/19/health/coronavirus-masks-shortage.html
5 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Secretaría Política de la Presidencia de la Nación, Buenos Aires, 1974, Editorial Códex, pág. 25.
6 R. H. Barrow, Los Romanos, Fondo de Cultura Económica, México, 2008, pág. 15.
7 Juan XXIII, Mater et Magistra, n° 219.
8 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Secretaría Política de la Presidencia de la Nación, Buenos Aires, 1974, Editorial Códex, pág. 75
9 Graciela Maturo, Marechal, el camino de la belleza, Editorial Biblos, Buenos Aires, 1999, pág. 268.
10 Andrés, Alfredo, Palabras con Marechal, Editorial Ceyne SRL, Buenos Aires, 1990, pág. 49.
11 Castells, Manuel “La era de la información. Economía, sociedad y cultura” Vol. I, I, La sociedad red, editorial Siglo Veintiuno S.A., México, 3ra. Edición en español, 2001, pág. 59.
12 Castells, Manuel “La era de la información. Economía, sociedad y cultural” Vol. I, I, La sociedad red, editorial Siglo Veintiuno S.A., México, 3ra. Edición en español, 2001, pág. 74 -77.
13 Szlajen, Fernando “El humano exacerbado, consecuencias del equilibrio perdido” consulta en línea en https://www.fernandoszlajen.com.ar/assets/frontend/images/pdf/5be418d804dc1.pdf el 10 de agosto de 2019.
14 Supiot, Alain, Homo juridicus. Ensayo sobre la función antropológica del derecho, Siglo Veintiuno Editores S.A., 2da. Edición argentina revisada, 2012, pág. 41.
15 Juan Domingo Perón, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, Ediciones Realidad Política, Buenos Aires, pág. 62.

sábado, 26 de septiembre de 2020

PERONISMO, FEMINISMOS Y GLOBALISMO.

PERONISMO, FEMINISMOS Y GLOBALISMO

https://nomos.com.ar/2020/10/01/peronismo-feminismos-y-globalismo/

Por Juan Bautista González Saborido

I – Introducción

Perón advertía, hace más de 40 años atrás, que asistíamos a un desolador proceso: la disolución progresiva de los lazos espirituales entre los hombres. Agregaba que este catastrófico fenómeno debía su propulsión a la ideología egoísta e individualista, según la cual toda realización es posible sólo como desarrollo interno de una personalidad clausurada y enfrentada con otras en la lucha por el poder y el placer. Y concluía que este pensamiento solo había logrado aislar al hombre del hombre, a la familia de la Nación, a la Nación del mundo, poniendo a unos contra otros en una competencia ambiciosa y en una guerra absurda1.

Pues bien, este proceso de disolución progresiva señalado por Juan D. Perón, ha sido impulsado por un sistema económico global dominado por el afán de lucro, que actúa como una suerte de “hybris” y que genera, a su vez, un modelo de producción y consumo que en términos geobiofísicos y sociales es insostenible en el tiempo. Desde hace aproximadamente 30 años la reorganización global de la economía capitalista se sustenta sobre el debilitamiento del Estado Nación y sobre el fomento y la promoción de las divisiones identitarias hacia adentro de los pueblos. Dichas divisiones generan hibridación cultural,  segmentación y fragmentación del tejido social, pero sobre todo generan un debilitamiento de la identidad cultural y de la cohesión social de las naciones.

Frente a esta realidad, el modelo social, político y económico que busca edificar el peronismo es el de la Comunidad Organizada, un modelo que busca tomar lo mejor del mundo del espíritu, del mundo de las ideas y del mundo de los sentidos, y agregarle a ello todo lo que es autóctono y original de nuestro pueblo para desarrollar un profundo nacionalismo cultural, abierto a la comunicación con todas las culturas del mundo, pero donde quede perfectamente plasmado que “Argentina es el hogar”. Esa es la forma de preservar nuestra identidad frente a un mundo globalizado y con una ideología cosmopolita y posnacional, que la debilita2.

II – El modelo “civilizatorio” de la globalización

A este modelo social, político y económico plasmado en la comunidad organizada, que proviene de las entrañas profundas de la patria, se le opone un modelo de organización social y política, de matriz individualista al que denominamos neoliberalismo. El neoliberalismo es debatido y confrontado como una teoría económica, pero en realidad es el discurso hegemónico de un modelo civilizatorio originado en los países anglosajones que se ha extendido por todo el orbe de la tierra.

La sociedad neoliberal –con sus variantes progresistas o conservadoras– promocionada por los organismos internacionales –financieros y no financieros- como el FMI y la ONU y los grandes medios de comunicación,  se constituye así no sólo en un orden social y político deseable, sino en “el único posible”. Para esta concepción nos encontramos hoy en un punto de llegada, con un modelo civilizatorio único, globalizado, universal, que hace innecesaria la política en la medida en que ya no habría alternativas posibles a ese modo de vida3.

Este discurso neoliberal restringe la grandeza de la persona humana a su capacidad de generar ingresos monetarios y de consumo, generando la ruptura de su identidad cultural y el avance del mercado sobre la vida en general. Los valores que elogia están relacionados con las mutaciones del sistema capitalista, son los propios de la expansión de la sociedad de consumo y tienden a producir individuos consumidores en donde todas las realidades humanas son analizadas desde la óptica de lo que se compra y lo que se vende. Todo se transforma en mercancía, incluso las personas.

En ese orden, la sociedad de consumo neoliberal promueve, en forma explícita o implícita, una erosión de las naciones entendidas como comunidades políticas fundadas en fuertes vínculos familiares, sostenidas en tradiciones comunes y fortalecidas en una fe compartida. La «sociedad abierta» que preconiza como paradigma socio cultural, es una sociedad desarraigada y multicultural, en la que todo lazo social y toda aspiración al bien común son disueltos mediante la promoción de ideologías que debilitan la institución familiar y los vínculos sociales.

Este proceso de avance de la sociedad de consumo también genera una peligrosa mercantilización de la vida. La mercantilización de la vida significa, ante todo, un conjunto de conductas, de ideologías, estrategias económicas, opciones sociales y políticas por las cuales la vida (la del otro pero, en el fondo, la propia) pierde su estatuto de santuario que abriga el misterio del ser para convertirse en un objeto mercantilizado por el deseo y el frenesí de poseer4.

Por ello, no concebimos nada que se oponga de manera tan frontal a la construcción de la comunidad organizada como este modelo social individualista, que endiosa la subjetividad, al mercado y al dinero, promotor de la cultura del descarte y de la muerte,  generador de exclusiones y de desigualdades inaceptables. El endiosamiento del individuo, del deseo y de la riqueza que promueve el discurso neoliberal ha llegado hasta tal punto que hoy peligra el destino del planeta y la supervivencia de la humanidad.

Inversamente a lo que promueven estas ideologías, desde la raíz cultural de nuestro pueblo, lo que está en el centro es el valor de lo comunitario por encima de lo individual, y esta percepción es defendida y sostenida por una vital densidad simbólica de creencias y prácticas espirituales, donde el cristianismo ocupa un lugar importante, que forja estilos de vida en donde lo central no es la compulsión a tener y a consumir, sino que tienen como meta la vida digna de todos y la fiesta como expresión de la celebración de la vida.

En este contexto de auge mercantilista cabe preguntarnos: ¿qué es lo que el mercado global le enseña al individuo? El mercado es una manera de entender la relación entre el otro y yo, y en particular una manera de concebir nuestros intereses. El mercado (como criterio de distribución) nos presenta nuestros intereses como si estuvieran en conflicto, nos obliga a mirar al otro como una fuente de recursos y como una amenaza. Con miedo y codicia, en otras palabras.

Por el contrario, si observamos las relaciones familiares funcionales, estas se caracterizan por ser lo opuesto del mercado: entre los miembros de una familia no hay conflictos de interés, al menos en el sentido profundo en que sí los hay en el mercado. El interés de uno no está en oposición al interés de su hermano, sino que lo incluye: uno no puede ser feliz si su hermano sufre, porque la felicidad de uno es (en parte) la felicidad de su hermano. La realización de uno incluye la realización del otro. Porque mantiene viva la posibilidad al menos de una relación de este tipo, la familia es, efectivamente, una institución social fundamental5.

De esta forma, en las relaciones familiares, en las comunidades locales, en las fuerzas vivas de la sociedad civil y en las organizaciones libres del pueblo tiende a surgir un estilo de vida diferente al del neoliberalismo hegemónico, en donde se promueve que no vivamos para trabajar/producir/consumir, sino que trabajemos para convivir y para construir un proyecto de vida en común que integre a todos.

En efecto, la idiosincrasia de nuestro pueblo le otorga una enorme importancia a la realidad familiar, y desde allí suele colocar en el centro de la vida las relaciones humanas y con la naturaleza; no orienta su existencia por las pautas de cálculo costo-beneficio, productividad, competitividad, capacidad de acumulación y consecuente concentración de la riqueza; nuestras familias y comunidades locales, en su mayoría, producen así estilos de vida disfuncionales con el mercado global y la mercantilización de la vida que este genera6. Por eso, es que el discurso neoliberal –en cualquiera de sus variantes– busca permanentemente debilitar a todos los agentes sociales y colectivos que provoquen un condicionamiento al individualismo, principalmente la familia, los clubes y organizaciones barriales, las asociaciones de profesionales y de trabajadores, etc.

III – El Feminismo hegemónico se inscribe dentro del proyecto cultural y político del globalismo neoliberal

En este marco, desde diversas usinas se promocionan corrientes de pensamiento que funcionan como patrones de dominio cultural. Dentro de estos patrones de dominio cultural incluimos diversas formas de una teoría, genéricamente llamada de género (gender), que actualmente tiene un rol hegemónico entre las diversas corrientes feministas y que se basa en la idea de que la identidad sexual se deriva de una pura construcción sociocultural, por ende, relativiza la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta teoría presenta una sociedad donde las diferencias de sexo en términos biológicos son irrelevantes, desdibujando la identidad de la mujer y vaciando de fundamento antropológico a la familia.

Ahora bien, esta teoría, que nutre a una corriente del feminismo que es actualmente hegemónica, moldea algunos proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer y que se forma sobre la base del propio deseo y la autopercepción, en una versión extrema del individualismo sobre el propio cuerpo, debilitando los vínculos familiares y consecuentemente con el resto de la sociedad civil.

Según esta teoría dominante, la identidad humana viene determinada por una opción subjetiva, que también puede cambiar con el tiempo. Ahora bien, lo que llama la atención es que teorías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños7.

No hay que ignorar que el sexo biológico (sex) y el papel sociocultural del sexo (gender), se pueden distinguir pero no separar. En relación a esto, también debemos considerar que la revolución biotecnológica en el campo de la procreación humana ha introducido la posibilidad de manipular el acto generativo, independizándolo de la relación sexual entre hombre y mujer. De este modo, la vida humana, así como la paternidad y la maternidad, se convierten en realidades flexibles que se componen y se descomponen, sujetas principalmente a los deseos de los individuos o de las parejas. Esta realidad provoca que el sexo se transforme en un mero objeto de consumo, desvirtuando su dimensión humana profunda, y que las personas sean utilizadas como un instrumento para la consecución del goce y del placer. Asimismo, hasta la búsqueda de un hijo se puede transformar en una mercancía a la carta8.

Por lo tanto, una cosa es comprender las particularidades de la vida, y luchar contra las injusticias e inequidades que sufren muchas mujeres. Pero otra cosa es aceptar teorías foráneas que pretenden divorciar los aspectos operantes de la realidad. El voluntarismo omnipotente que niega la realidad, a la corta o a la larga termina perjudicando al mismo hombre y dañando su dignidad. La realidad nos precede y debe ser aceptada tal como se nos presenta. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla tal como ha sido creada. Si de lo que se trata es de defender los derechos de las mujeres, es menester defenderlas como tales valorizando sus potencialidades, e integrándolas codo a codo con los hombres en la formación de un proyecto común. Tal es un auténtico punto de partida para la construcción de la comunidad organizada.

IV – Conclusión

Frente a la difusión de teorías o consignas que funcionan como patrones de dominio cultural, es bueno recordar que el justicialismo es el resultado de un conjunto de ideas y valores que se deducen y se obtienen del ser de nuestro pueblo. Esas ideas y valores se realizan efectivamente en la comunidad organizada sobre dos principios fundamentales: la unidad, que genera la fuerza de un pueblo, y la solidaridad, que es lo que le da la cohesión. A su vez, la comunidad organizada comprende a la nación como una unidad abierta generosamente con espíritu universalista, pero consciente de su propia identidad.

Por otra parte, el justicialismo siempre asume las luchas por la justicia social, la equidad y la igualdad de derechos de los hombres y las mujeres. Pero lo hará siempre desde nuestra particular idiosincrasia, sin necesidad de importar acríticamente teorías foráneas de matriz liberal que debilitan a la misma mujer en su dignidad, a la institución familiar y consecuentemente a todo el tejido social. Ideologías que bajo una falsa bandera revolucionaria son en realidad funcionales al discurso hegemónico liberal o neoliberal.

La sociedad necesita de la familia por su fecundidad y por la reproducción de la sociabilidadEso por cuanto la familia actúa como agente de socialización, de transmisión de valores culturales, de contención afectiva, de equidad generacional y de regulación social. Por eso es que es la base de la sociedad y de la comunidad organizada.

Finalmente, el fomento de estas teorías que tienen una fuerte impronta antinatalista, debilita uno de los factores de poder más importantes para nuestro país como es el factor demográfico. Este factor constituye una cuestión estratégica de primer orden, pues está directamente vinculada con el desarrollo de una política poblacional y de arraigo territorial tan urgente como necesaria, debido a la extensión geográfica de nuestra región, a su insuficiente población y a su mala distribución. Desde esta perspectiva, la familia también ocupa un lugar fundamental.

Por todas estas razones, sostenemos que la teoría de género que domina en los medios y entre ciertos sectores del feminismo, está fundada en una matriz individualista, centrada exclusivamente en el derecho subjetivo y en los deseos del individuo, debilitando así los vínculos comunitarios, nuestra identidad y en definitiva, nuestro proyecto de vida en común.


Notas


1 Juan Domingo Perón, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, Ediciones Realidad Política, Buenos Aires, pág. 78.

2 Juan Domingo Perón, ídem anterior, pág. 15.

3 Lander, Edgardo “Ciencias Sociales, saberes coloniales y eurocéntricos” en La Colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Edgardo Lander  (comp.), CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina, Julio de 2000, págs. 15 y 16.

4 Mons. Piero Coda “La mercantilización de la persona” consulta en línea el 5 de septiembre de 2018 en CCIC Centro Católico Internacional de Cooperación con la UNESCO, París, Francia.

5 Atria, Fernando “Derechos Sociales, Socialismo y Contrato Social” pág. 31/32 consulta en línea el 20 de septiembre de 2018 en https://law.yale.edu/system/files/documents/pdf/SELA14_Atria_CV_Sp.pdf

6 Segato, Rita Laura “La perspectiva de la colonialidad del poder”, en Aníbal Quijano: Textos de Fundación. Palermo, Zulma y Quintero, Pablo (compiladores), 1ra. Edición, Buenos Aires, Del Signo, 2014, pág.25.

7 Papa Francisco, Amoris LaetitiaExhortación Apostólica Postsinodal, 1ra. Edición, Conferencia Episcopal Argentina, pág. 48 y siguientes.

8 Ídem anterior, pág. 66 y siguientes.