El pasado miércoles 10 de junio, mientras la coyuntura local e internacional se debatía en la inmediatez de las pantallas y las métricas de polarización, nos reunimos en el auditorio de la Universidad del Salvador. El pretexto fue el conversatorio “Vigencia de los clásicos políticos frente al aceleracionismo tecnológico y cultural”. Sin embargo, el verdadero propósito subyacente fue ensayar una resistencia intelectual: demostrar que el vértigo de los algoritmos no se combate con más velocidad, sino con la pausa deliberativa de la tradición clásica.
Junto al Dr. Mauro Labombarda compartimos una sospecha que hoy se vuelve certidumbre: la crisis contemporánea no es un problema de obsolescencia técnica, sino de fragilidad en el carácter de quienes operan el poder y de devaluación de la palabra pública
La técnica sin phrónesis es ciega
Vivimos sumergidos en lo que los analistas denominan “aceleracionismo tecnológico”. Se nos exige opinar a la velocidad del tuit, legislar sobre tecnologías que no terminamos de comprender y trazar planes estratégicos basados en el último modelo de lenguaje motivacional. Frente a esto, propusimos un retorno radical a la phrónesis (la prudencia) de Isócrates y Aristóteles.
La prudencia no es timidez ni inacción; es el arte político de la deliberación orientada al bien común. La técnica especializada, por más avanzada que sea, carece de telos, de propósito moral. Cuando la eficacia técnica reemplaza a la prudencia política, el ciudadano es reducido a usuario y el bien común es sustituido por el interés de facción.
Para gobernar el presente, para trazar un Plan Estratégico de Inteligencia Artificial que realmente sirva al desarrollo de la Argentina, no necesitamos cursos exprés de liderazgo corporativo. Necesitamos sentar a la mesa de diseño a Tácito, a Cicerón, y de manera muy especial, a los maestros del realismo político español como Baltasar Gracián y Saavedra Fajardo. Ellos comprendieron, mucho antes de la existencia de Silicon Valley, cómo el cambio abrupto y la inestabilidad de los escenarios ponen a prueba la templanza del gobernante.
La Eloquentia Perfecta como trinchera
En un entorno cultural saturado de ruido, donde la palabra irresponsable se premia con la viralización, la tradición humanista y jesuítica de la eloquentia perfecta emerge no como un adorno retórico, sino como una trinchera conceptual. No se trata de hablar con sofisticación vacía, sino de unir la excelencia intelectual con la integridad del carácter.
La “rapidación” de la que habla la pedagogía contemporánea atrofia la memoria histórica y la capacidad de juicio crítico. Frente a esto, la Universidad —y en particular espacios con la solera de la Cátedra R.P. Francisco Suárez S.J.— debe seguir siendo el lugar donde se cultive el “espíritu de finura”: esa capacidad de tomar decisiones sabias y ponderadas en escenarios de máxima incertidumbre.
Agradezco profundamente al Rector de la USAL, Dr. Carlos Salvadores de Arzuaga, a la Vicerrectora de Formación, Dra. Roxana Ruffo, y a cada uno de los docentes, profesionales y estudiantes que colmaron el auditorio y enriquecieron el debate con sus intervenciones.
Hacia dónde vamos: Próxima Cátedra
Este conversatorio no fue un hecho aislado, sino el prólogo de un proyecto más ambicioso. Entre los meses de agosto y noviembre de este año, llevaremos adelante un curso introductorio diseñado específicamente para profundizar en estos ejes temáticos, ofreciendo herramientas metodológicas y lecturas fundamentales para la formación de nuevos liderazgos con densidad cultural.
La invitación queda abierta. En los próximos días compartiré por este medio los programas y las modalidades de inscripción. Mientras tanto, los leo en los comentarios: ¿Cómo creen que el pensamiento clásico puede ordenar el caos de nuestra conversación pública actual?
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