Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta #ClasicosPoliticos #Retorica #RatioStudiorum #EloquentiaPerfecta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #ClasicosPoliticos #Retorica #RatioStudiorum #EloquentiaPerfecta. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de junio de 2026

Contra la "rapidación": Crónica y grabación de la conferencia "Vigencia de los clasicos políticos frente al aceleracionismo tecnológico y cultural".

 

Crónica y tesis del conversatorio dictado en la Universidad del Salvador bajo la Cátedra R.P. Francisco Suárez S.J.

El pasado miércoles 10 de junio, nos reunimos en el salón San Francisco Javier de la Universidad del Salvador. El pretexto fue el conversatorio “Vigencia de los clásicos políticos frente al aceleracionismo tecnológico y cultural”. Sin embargo, el verdadero propósito subyacente fue ensayar una tesis: demostrar que el vértigo de los algoritmos no se combate con más velocidad, sino con la pausa deliberativa de la tradición clásica.

Junto al Dr. Mauro Labombarda compartimos una sospecha que hoy se vuelve certidumbre: la crisis contemporánea no es un problema de obsolescencia técnica, sino de fragilidad en el carácter de quienes operan el poder y de devaluación de la palabra pública.

Aquí les dejamos el link a la conferencia: https://www.youtube.com/watch?v=tspEBz3JLZg&t=36s


La técnica sin phrónesis es ciega

Vivimos sumergidos en lo que los analistas denominan “aceleracionismo tecnológico”. Se nos exige opinar a la velocidad del tuit, legislar sobre tecnologías que no terminamos de comprender y trazar planes estratégicos basados en el último modelo de lenguaje motivacional. Frente a esto, propusimos un retorno radical a la phrónesis (la prudencia, la sabiduría práctica) de Isócrates y Aristóteles.

La prudencia no es timidez ni inacción; es el arte político de la deliberación orientada al bien común. La técnica especializada, por más avanzada que sea, carece de telos, de propósito moral. Cuando la eficacia técnica reemplaza a la prudencia política, el ciudadano es reducido a usuario y el bien común es sustituido por el interés de facción.

Para gobernar el presente, para trazar los lineamientos estratégicos que realmente sirvan al desarrollo de la Argentina, no necesitamos cursos exprés de liderazgo corporativo. Necesitamos sentarnos a la mesa con Tácito, con Cicerón, y de manera muy especial, con los maestros del realismo político español como Baltasar Gracián y Saavedra Fajardo. Ellos comprendieron, mucho antes de la existencia de Silicon Valley, cómo el cambio abrupto y la inestabilidad de los escenarios ponen a prueba la templanza del gobernante.

La Eloquentia Perfecta como trinchera

En un entorno cultural saturado de ruido, donde la palabra irresponsable se premia con la viralización, la tradición humanista y jesuítica de la eloquentia perfecta emerge no como un adorno retórico, sino como una trinchera conceptual. No se trata de hablar con sofisticación vacía, sino de unir la excelencia intelectual con la integridad del carácter.

La “rapidación” de la que hablaba el Papa Francisco atrofia la memoria histórica y la capacidad de juicio crítico. Frente a esto, la Universidad debe seguir siendo el lugar donde se cultive el “espíritu de finura”: esa capacidad de tomar decisiones sabias y ponderadas en escenarios de máxima incertidumbre.

Hacia dónde vamos: Próxima Cátedra

Este conversatorio no fue un hecho aislado, sino el prólogo de un proyecto más ambicioso. Entre los meses de agosto y noviembre de este año, llevaremos adelante un curso introductorio diseñado específicamente para profundizar en estos ejes temáticos, ofreciendo herramientas metodológicas y lecturas fundamentales para la formación de nuevos liderazgos con densidad cultural.

La invitación queda abierta. 


jueves, 30 de abril de 2026

John O´Malley: Poder de la palabra y revitalización de la "Ratio Studiorum"

 

Recientemente, estudiando sobre la cultura clásica política y la ratio studiorum jesuita, di con la figura de John O’Malley. Un sacerdote jesuita, especializado en historia de la Iglesia, pero que también investigó sobre los métodos educativos de la Compañía de Jesús a lo largo de su historia. A partir de dichos estudios, a mi criterio, logró decodificar el núcleo y la esencia de la pedagogía jesuita.

En efecto, su obra no fue simplemente un ejercicio de historiografía eclesiástica; sino que, al desplazarse hacia la historia cultural, nos hizo redescubrir que la fuerza creativa de la Compañía de Jesús no residía en su militancia evangélica (como soldados de la contrarreforma), sino en su estudio y dominio de la retórica clásica. O’Malley nos enseñó que la eloquentia perfecta —esa capacidad de decir exactamente lo que se quiere decir con gracia y fuerza persuasiva— no es un adorno estético, sino una filosofía de vida, una escuela de virtud para la formación del carácter y una herramienta de liderazgo cívico fundamental para el bien común.

En su obra, es muy interesante enfocarse en la tensión que O’Malley exploró entre la escolástica medieval y el humanismo renacentista. Entre la lógica abstracta y las letras que conmueven el ánimo hacia la verdad y la virtud. Esa tensión, de modo análogo, sigue vibrando hoy en nuestras aulas.

Veamos. Por un lado, tenemos el "espíritu geométrico" de la educación moderna: una búsqueda de verdades abstractas, especialización técnica y un rigor lógico que, aunque necesario, a menudo resulta árido y despegado de la realidad humana. Por otro lado, emerge el ideal de la vita activa —la vida cívica comprometida— inspirada en Isócrates, Cicerón y Quintiliano. Los jesuitas, a través de la Ratio Studiorum de 1599, lograron una síntesis integradora que hoy debemos recuperar: utilizar el rigor intelectual (segunda escolástica) que busca la verdad como cimiento para una palabra elocuente que sea capaz de "mover" el corazón hacia la virtud y la acción social.

O'Malley advirtió con lucidez en sus últimas reflexiones antes de fallecer en el 2022, el peligro de que la actual formación universitaria se transforme en una "torre de marfil" académica. Es lo que sucede cuando los programas de estudio de grado y de posgrado a menudo entrenan a los futuros profesores para priorizar la investigación especializada y la publicación de “papers académicos” —el camino para "progresar" en el sistema— en detrimento del compromiso comunitario.

Sin desmerecer esa importante labor académica lo que se advertía era un desequilibrio que generaba el descuido por la formación integral de los estudiantes y la falta de compromiso cívico con el bien común. Frente a dicha fragmentación, la propuesta de los "cinco ganchos" de O’Malley para revitalizar las humanidades actúa como un antídoto necesario.

Esos “cinco ganchos” se pueden sintetizar de la siguiente manera:

1.    "La mosca en la botella": Utilizando una metáfora de Ludwig Wittgenstein, O'Malley propone que la educación humanística debe ayudar al estudiante a escapar de los límites de sus propias presunciones y experiencias limitadas. Al exponerlos a diversas culturas y pensamientos del pasado, se busca que el estudiante cuestione sus "zonas de confort" y aprenda a preguntar sobre el significado profundo de la vida, más allá de su mera profesión.

2.    Herencia y Perspectiva: Este punto subraya la importancia de la historia. Entender de dónde venimos es esencial para comprender quiénes somos hoy. La educación debe proporcionar un enriquecimiento cultural que permita a los estudiantes apreciar las expresiones más sofisticadas del espíritu humano a través del tiempo.

3.    "No nacemos solo para nosotros mismos": Retomando a Cicerón y conectándolo con el llamado del Padre Arrupe a formar "hombres y mujeres para los demás", este gancho enfatiza el imperativo moral de la retórica. La elocuencia no debe usarse para el avance personal cínico, sino para el beneficio de los demás y el bien común.

4.    Eloquentia Perfecta: Definida como la habilidad inmediata de decir exactamente lo que se quiere decir con gracia y fuerza persuasiva. O'Malley argumenta que esta es la habilidad fundamental para el liderazgo en cualquier campo, incluso más valiosa en el mercado que las habilidades técnicas puras, ya que permite influir y guiar a otros hacia causas valiosas.

5.    El "espíritu de finura": Citando a Henri Marrou, O'Malley distingue entre el "espíritu geométrico" de la lógica absoluta y la sutileza necesaria para las interacciones humanas. La literatura enseña a navegar las ambigüedades y los "nudos" de la vida, cultivando la prudencia, que es una versión secular del discernimiento ignaciano: la capacidad de tomar decisiones sabias en situaciones de incertidumbre.

En el contexto actual, la eloquentia perfecta emerge como un baluarte crítico frente al avance del aceleracionismo de Silicon Valley y la creciente dataificación de la experiencia humana. Mientras que la lógica de los algoritmos y el big data pretenden reducir la complejidad de la existencia a patrones predictivos y métricas de eficiencia, el ideal que recupera O’Malley nos recuerda que la palabra humana posee una profundidad que escapa a la codificación binaria.

Frente a una tecnocracia que prioriza la velocidad del procesamiento sobre la densidad del sentido, tanto el "espíritu de finura" jesuítico, como la prudencia se presentan como los antídotos necesarios: una invitación a la pausa, al discernimiento y a la comunicación compasiva que no busca simplemente transmitir información, sino construir comunidad.

En un mundo donde la humanidad corre el riesgo de ser tratada como un mero conjunto de datos, recuperar la retórica clásica es un acto de resistencia a la deshumanización; es reafirmar que el juicio prudente y la capacidad de conmover al otro son facultades irreductibles que deben dirigir el progreso tecnológico hacia un propósito genuinamente humano y ético

En conclusión, la vigencia del pensamiento de O’Malley reside en su llamado a retomar la formación del carácter como cuestión esencial y a cultivar el "espíritu de finura": esa prudencia o discernimiento que nos permite navegar las ambigüedades y oscuridades de la vida humana. Recuperar a los clásicos no es un ejercicio de nostalgia; es una necesidad urgente para formar ciudadanos que no sean meros tecnócratas, sino líderes capaces de unir el pensamiento, con la palabra y con la acción en la búsqueda del bien común. La universidad debe volver a ser el espacio donde la verdad lógica y el conocimiento técnico se encuentren con la elocuencia para transformar, finalmente, el saber en una acción moral efectiva en el mundo.