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miércoles, 24 de diciembre de 2025

El Diálogo Necesario: Razón, Fe y Dignidad en la Era Tecnológica

 


por Juan Bautista González Saborido

1.- Introducción:

En un mundo marcado por avances científicos y tecnológicos vertiginosos, con una digitalización que parece abarcarlo todo, surge una pregunta fundamental: ¿Dónde queda la esencia de lo humano? Para responder esta pregunta el debate sobre la secularización no es solo un ejercicio académico; es una necesidad urgente para proteger nuestra dignidad intrínseca e inviolable.

2. La “traducción” lo Sagrado: El encuentro entre Habermas y Ratzinger

Uno de los puntos de partida más interesantes de la filosofía contemporánea es la propuesta del filosofo alemán Jürgen Habermas. Él, pese a que es agnóstico, sugiere que las tradiciones religiosas contienen "potenciales de significado" que pueden ser traducidos al lenguaje público universal. Un ejemplo claro es la idea de que el hombre es "imagen de Dios", la cual -dice Habermas- al secularizarse, se convierte en el concepto de dignidad humana inalienable.

Por su parte, el entonces cardenal Joseph Ratzinger proponía una "correlacionalidad necesaria" entre la razón secular y la religiosa:

Para él existe “una necesaria correlacionalidad de razón y fe, de razón y religión, pues razón y fe están llamadas a limpiarse y purificarse entre sí. Ambas razones se necesitan mutuamente, y ambas tienen que reconocerse recíprocamente.

Pero además de este diálogo entre fe y razón, para Ratzinger, resulta necesario otro: el diálogo entre culturas. Pues si bien “en su propia autocomprensión, ambos (el Cristianismo y la razón moderna) se presuponen universales, y puede que de iure (de derecho) efectivamente lo sean”, de facto (de hecho) “tienen que reconocer que sólo han sido aceptados en partes de la humanidad.”

Por otra parte, en la encíclica “Caritas in Veritate” Ratzinger señala la irracionalidad del puro quehacer técnico: “la racionalidad del quehacer técnico centrada sólo en sí misma se revela como irracional, porque comporta un rechazo firme del sentido y del valor”

En efecto, atraída por el puro quehacer técnico, la razón sin la fe se ve avocada a perderse en la ilusión de su propia omnipotencia y por su parte, la fe sin la razón corre el riesgo de alejarse de la vida concreta de las personas.

3. El Desafío del Paradigma Tecnológico

Hoy, la necesaria armonía entre razón científica y religiosa está bajo mucha presión. En las últimas décadas, en materia de biotecnología es vertiginoso el avance en las técnicas de manipulación genética, en la clonación, en las terapias génicas y en el trasplante de órganos de animales en humanos.

Asimismo, últimamente se ha desarrollado una fuerte polémica respecto a la Inteligencia Artificial, debido a que no se puede ocultar el riesgo concreto, -como señala el Papa Francisco[1]-, de que limite la visión del mundo a realidades que pueden expresarse en números y encerradas en categorías preestablecidas, eliminando la aportación de otras formas de verdad e imponiendo modelos antropológicos, socioeconómicos y culturales uniformes reforzando el actual paradigma tecnológico dominado por la razón instrumental y económica.

Esta "razón instrumental" puede llevar al oscurecimiento del valor de la persona, haciendo que el ser humano deje de ser el centro del orden social y político. Este es uno de los riesgos más graves, peligrosos y profundos de nuestro tiempo.

4. El Derecho como Refugio de lo Humano

Estos cambios, repercuten fuertemente en el derecho en general y particularmente en el campo de los derechos humanos, colocándolo en crisis. En efecto, surgen corrientes culturales y de pensamiento, algunas de matriz cientificista y otras nihilistas, que cuestionan las bases ontológicas del hombre, su apertura a la trascendencia y, en consecuencia, su dignidad inalienable.

Veamos, el derecho tiene dos dimensiones fundamentales en la defensa de la dignidad humana:

  • Dimensión nomológica del derecho: En la defensa del ser humano el derecho cumple un rol sustancial, en primer lugar, debido a su dimensión normo lógica que regula derechos y obligaciones.
  • Dimensión antropológica: Pero, además, el orden jurídico también tiene una dimensión antropológica al garantizar a cada persona la preexistencia de un mundo dado, su identidad a largo plazo. El derecho, como una de las manifestaciones de la cultura junto a la lengua, tiene la característica de dar sentido a la vida social[2].
  • En este campo de intersección entre el derecho y la antropología es necesario el dialogo entre razón secular y religiosa: En dicha dimensión antropológica consideramos de singular importancia recuperar la necesaria armonía y equilibrio que debe haber entre la razón secular, científica o filosófica y la razón religiosa que se fundamenta en la fe.

Por ejemplo, en materia de derechos humanos no se puede excluir todo el desarrollo que realizó el magisterio católico y el resto de las grandes tradiciones religiosas sobre el fundamento religioso de la dignidad humana y el valor intrínseco de las personas.

5. La armonía, equilibrio y dialogo entre razón religiosa y razón secular ha sido continuado por el Papa Francisco:

  • En "Laudato Si" para diagnosticar los graves problemas ecológicos: La armonía, el equilibrio y el dialogo entre la razón religiosa y la razón secular, es un camino que ha sido continuado por el Papa Francisco. Por ejemplo, en la encíclica “Laudato Si”, donde ha realizado un dialogo fecundo entre la ciencia y la fe para diagnosticar los graves problemas ecológicos que afectan a nuestra casa común y donde también ha incorporado la tradición ortodoxa al inspirarse en el Patriarca Bartolomé I de Constantinopla para alertar sobre las raíces éticas y espirituales de los problemas socio ambientales.
  • Declaración sobre la Fraternidad Humana y "Fratelli Tutti": Posteriormente, el dialogo con otras tradiciones religiosas se concretó en la declaración sobre la Fraternidad Humana realizada junto al Gran Imán de Al-Azhar Ahmad Al-Tayyeb. Allí se invoca el nombre de Dios creador de todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, llamados a convivir como hermanos entre ellos, para poblar la tierra y difundir en ella los valores del bien, la caridad y la paz. Esta declaración fue, a su vez, una inspiración para su posterior encíclica “Fratelli Tutti” de octubre de 2020[3].

En su magisterio, Francisco le habla a la fe de los fieles, pero también a la razón humana y al pensamiento de creyentes y no creyentes. A su vez, entra en dialogo con otras cosmovisiones religiosas cristianas y no cristianas, como la ortodoxa y el islam. A través de esta práctica busca una alianza y un punto de encuentro entre las civilizaciones para que se asuma el compromiso central de honrar, respetar y cuidar la dignidad de la vida humana, especialmente de los más pobres y desfavorecidos.

Para Francisco la dignidad común es fundamento de la fraternidad y la fraternidad es un tema serio para la política y el poder, la filosofía y la ciencia.

6.- La dignidad es una categoría jurídica clave para la protección de los derechos humanos:

En el ámbito secular, el principio de la dignidad de la persona, está reconocido como fundamento último de los derechos humanos y surge clara y expresamente de la Carta de las Naciones Unidas y de la Declaración Universal de Derechos Humanos[4].

La dignidad es una categoría jurídica clave porque es la base de todos los derechos humanos. Los seres humanos tienen derechos que deben ser tratados con sumo cuidado, precisamente porque cada uno posee un valor intrínseco.

En 1948, y en respuesta al horror de las dos guerras mundiales, la comunidad internacional pensó que era importante enfatizar el concepto de la dignidad humana en las primeras palabras de este innovador documento, subrayando un término que ya estaba destacado en la línea de apertura del Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (DUDH), así como en la Carta que fundó las Naciones Unidas hacía tres años antes[5].

Por ello, la referencia al principio de la dignidad inalienable de la persona en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, fue definida por Juan Pablo II como como «una de las más altas expresiones de la conciencia humana»[6].

7.- Conclusión: El magisterio de Francisco en relación a la importancia de la dignidad humana:

En línea con el Concilio Vaticano II, el Papa Francisco reafirma que a la luz de la fe tenemos la certeza de que Dios nos ha creado como personas amadas y capaces de amar; que nos ha creado a su imagen y semejanza (cfr. Gen 1, 27). 

De esta manera, a través de la fe sabemos que Dios nos ha donado una dignidad única, invitándonos a vivir en comunión con Él, en comunión con  nuestros hermanos y en el respeto de toda la creación. Aquí radica el fundamento de toda la vida social y determina sus principios operativos[7].

Por el contrario, cuando no se reconoce esta común dignidad aparecen algunos males sociales como la cultural del descarte. En la encíclica Fratelli Tutti, Francisco señaló que la cultura del descarte es un estilo de vida que no considera a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, sino que las considera como objetos descartables, especialmente si son pobres o discapacitadas, si “todavía no son útiles” —como los no nacidos—, o si “ya no sirven” —como los ancianos—[8].

Consiguientemente, podemos observar como el equilibrio y armonía, entre fe y razón, florece en la fundamentación de la dignidad de la persona humana como clave de la defensa de los derechos humanos frente al peligro de que el hombre quede subordinado y tratado como un objeto ante un paradigma tecno económico hipertrofiado. 

                                                   

 

 

 

 



[1] Discurso en la sesión del G-7 sobre Inteligencia Artificial, consultan en línea en: https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2024/june/documents/20240614-g7-intelligenza-artificiale.html

[2] Supiot, Alain, “Homo juridicus. Ensayo sobre la función antropológica del derecho” Siglo Veintiuno Editores S.A., 2da. Edición argentina revisada, 2012, pág. 11/12.

[4] Adoptada y proclamada por la Asamblea General en su resolución 217 A (III), de 10 de diciembre de 1948.

[5] Naciones Unidas, “Libres e iguales en dignidad” consulta en línea el 17 de abril de 2023 en: https://news.un.org/es/story/2018/11/1445521

[6] Juan Pablo II, Discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas, 5 de octubre de 1995.

[7] Francisco, Audiencia General 12 de agosto de 2020 “Curar el mundo. Fe y Dignidad Humana”.

[8] Francisco, Fratelli Tutti, nº 18.


martes, 16 de diciembre de 2025

La figura de Colofón en Marechal: Una crítica anticipada al vaciamiento metafísico en la era de la Inteligencia Artificial

 

En la novela El Banquete de Severo Arcángelo (1965) de Leopoldo Marechal, en uno de sus pasajes, surge la figura de "Colofón", un personaje que adquiere una relevancia profética para nuestra época. A pesar del tiempo transcurrido, y los avances tecnológicos ocurridos desde entonces, su inclusión en la narración funciona como una anticipación crítica de los efectos de la cultura tecnificada, hoy acelerada por la inteligencia artificial y el consumismo exacerbado.

1. Colofón: El "Hombre Cero" y el vaciamiento metafísico

¿Quién es Colofón? Colofón es un personaje que encarna en la cosmovisión marechaliana al “hombre final” u “hombre cero”. Representa el último escalón de un proceso descendente en la historia humana. En la novela se lo define como un consumidor absoluto de apariencias, cuya racionalidad técnica ha borrado sistemáticamente la conciencia de ser imagen de su Creador.

Así pues, este personaje, tal como lo describe Marechal, es un sujeto convertido en un “frasco vacío” de esencia metafísica. Ya no vive desde un centro interior —en términos de Ismael Quiles— sino a través de rutinas y respuestas a estímulos externos. 

Aunque Marechal no vivió la era de la IA, experimentó el auge de la sociedad opulenta y consumista, vislumbrando lucidamente en Colofón una anticipación de los efectos del uso acrítico de la tecnología sobre la interioridad humana. Esta vaciedad no es solo falta de contenido, sino fundamentalmente una desconexión del Principio creador, sustituida por estímulos hedonistas que se adaptan al sistema de producción y consumo.

2. La sociedad de consumo y la deshumanización del sujeto

La sociedad de consumo y el mercado mantienen una relación íntima con este "hombre final" que afecta la raíz del ser. El mercado crea mecanismos compulsivos donde las personas se sumergen en una vorágine de gastos superfluos. El teólogo y filosofo ítalo germano Romano Guardini, advertía cómo el consumismo generaba necesidades triviales y simultáneamente vacío existencial, convirtiendo a la persona en un objeto para el mercado, desviándola de sus fines espirituales profundos y sometiéndola a un poder impersonal de producción y consumo que la deshumaniza.

Colofón, aunque conserva oscuramente una apetencia por la verdad, la belleza y la trascendencia, ignora su "escondido tesoro". Esto lo hace presa fácil de la parodia propuesta por los "señores" del consumo, quienes intentan satisfacer sus anhelos profundos mediante la propaganda, el marketing, los influencers de las redes sociales y la tergiversación de la realidad. Así, la vida se vuelve superficial y anodina, alejándose de la búsqueda de la verdad y del sentido auténtico de la existencia.

3. El "Hombre-Robot" ante la razón algorítmica

Marechal denomina también a Colofón como el “hombre-robot”, un sujeto colonizado por dispositivos técnicos que sufre por falta de sustancia metafísica y de hondura interior. Bajo la lógica de la "razón calculadora", la persona se reduce a un nodo de operaciones: su identidad ya no es un "quién" irrepetible, sino un conjunto de datos, rendimientos y "status" medido por el consumo.

Si bien la IA es una herramienta tecnológica, no se trata de una herramienta cualquiera, sino de una “sui generis” debido a su enorme capacidad de automatización (opera, aprende y mejora su rendimiento por su propia cuenta). Debido a estas características, es que presumimos fuertemente, que se inserta en el mismo imaginario calculador que Marechal cuestiona. En este caso, el de una racionalidad que pretende abarcarlo todo por vía de cálculos algorítmicos, probabilidades estadísticas y métricas. ​

Por otra parte, cuando la IA se integra en la vida cotidiana como mediadora casi exclusiva de comunicación, decisión y acceso al mundo (como sucede habitualmente en la actualidad), refuerza el riesgo de que el sujeto delegue su propio juicio, su memoria y su imaginación en sistemas externos. En este sentido, la figura de Colofón se actualiza entonces como el individuo que ya no piensa ni recuerda desde sí, sino que “funciona” en sintonía con recomendaciones, puntajes, asistentes y sistemas inteligentes que le pre‑procesan la realidad. ​

Ese proceso configura un “vaciamiento interior” análogo al de Colofón tal como lo describe Marechal: hacia afuera, la persona aparece conectada, eficiente, permanentemente acompañada por interfaces amigables; hacia adentro, se intensifica un sentimiento de soledad, dependencia y vacío de sentido. La ética del hombre‑robot —“funcionar bien”, “rendir”, “optimizar”— se traduce en una subjetividad que mide su valor por métricas externas (likes, productividad, tiempo de respuesta), mientras se deshilacha la pregunta por la verdad de quién es, de lo que hace y del sentido de su existencia. ​

4. Resistencia y trascendencia: Salir del laberinto por arriba

Colofón no es solo un personaje, sino el emblema de una humanidad que corre serio riesgo de dejar de ser sujeto espiritual para convertirse en objeto manipulable según la lógica de la técnica y del consumo. ​ ¡Ojo! La deshumanización tecnológica no es solo exceso de aparatos, sino un cambio de estatuto ontológico: el sujeto se transforma en objeto de planificación, gestión, programación y consumo. Colofón, el hombre robot, es el símbolo de ese pasaje: criatura que ha sido reorganizada según criterios de mercado, marketing, eficacia, utilidad y control, hasta casi perder su condición de persona. ​

Frente a esta oscura realidad, Marechal no propone destruir la técnica, sino desactivar su pretensión de totalidad para restituir la primacía del espíritu. Aplicado a la IA, esto implica: usar la herramienta sin entregarle la definición de lo humano, evitando que sustituya el silencio, la amistad, la contemplación, la oración o la reflexión filosófica que alimentan la interioridad profunda. ​

Desde esta perspectiva, la auténtica resistencia al hombre‑robot, o la maquinización si se quiere, no pasa por renunciar a la inteligencia artificial, sino por reordenarla dentro de una antropología que reconoce un centro irreductible en la persona, que ninguna máquina puede ocupar. Esto es que se la reconozca en su carácter de ser único e irrepetible, como criatura plena de misterio y abierta a la comunión con Dios y con sus semejantes, totalmente irreductible a un sistema de algoritmos. 

Por lo tanto, allí donde la IA aspira a ser el “factótum” —última instancia de gestión de decisiones y sentidos— la lección de Colofón nos recuerda la necesidad de una ascesis: volver a preguntarse quién decide, desde dónde y para qué, de modo que la técnica no se convierta en la forma contemporánea de la vaciedad metafísica. ​

Marechal también nos enseña que: “De todo laberinto se sale por arriba.” No se trata de negar la realidad, la oscuridad o el desencanto. Se trata de no dejarse vencer, de no sucumbir a los factores disgregantes. Salir por arriba es recuperar la verticalidad de la dimensión espiritual, es volverse a Dios, recuperar el sentido de lo sagrado y elegir la esperanza como estrategia. 

Es mirar el barrio y pensar la Patria. Es soñar en grande y comprometerse en lo concreto. Es saber que la salida no es individual, sino comunitaria. Es seguir confiando en el misterio que habita en cada persona, es apostar por nuestra identidad y cultura, y percibir la mística que contiene nuestra historia para transformar la realidad.

martes, 2 de diciembre de 2025

Una cuestión urgente: La epidemia de las adicciones. La necesidad de un abordaje integral.

 

1. Introducción: 

Transitamos una auténtica epidemia de sufrimientos. Las adicciones a las pantallas, a las drogas, al alcohol y al juego se están incrementando notablemente en nuestra sociedad.  A esto tenemos que sumarle el sedentarismo, que es la base sobre la que cabalgan infinidad de enfermedades individuales y sociales. Se trata de un conjunto de problemáticas que empañan la dignidad de la persona humana y que afectan a toda la comunidad. 

El origen de las mismas es muy complejo. Pero es innegable que la cultura predominante en la actualidad, con su materialismo e individualismo, que confunde una vida plena con la riqueza material y la libertad con el consumismo y el culto al hedonismo, no logra satisfacer el profundo anhelo de felicidad que anida en el interior de cada persona. Por eso, vemos en nuestras sociedades a muchos hombres y mujeres que luchan contra la soledad, la desesperación y una dolorosa sensación de falta de sentido para sus vidas.

El Papa León XIV señala, que los modelos relacionales cada vez más marcados por la superficialidad; el individualismo y la inestabilidad afectiva; la difusión de modelos de pensamiento debilitados por el relativismo; la prevalencia de ritmos y estilos de vida en los que no hay suficiente espacio para la escucha, la reflexión y el diálogo, en la escuela, en la familia y a veces entre los propios coetáneos, provocan aislamiento y la consiguiente soledad que de ello se deriva. 

Y, en ese orden de ideas, se sabe que el aumento del aislamiento y de la soledad facilitan la propagación de la epidemia de las adicciones. Este contexto nos plantea con claridad una primera cuestión central: que, en materia de salud, no existe por un lado la salud física, y por el otro, la salud psicológica y espiritual. Es necesario un equilibrio y armonía basado en una visión integral de la persona humana y este equilibrio necesario se inicia desde la primera infancia.

2. El desarrollo integral de la persona se construye desde la primera infancia.

La primera infancia es una etapa fundamental en la educación y desarrollo de la persona. Sin embargo, el uso de las pantallas desde edades tempranas y sostenidas en el tiempo pueden impedir que se desarrolle en los niños su capacidad de jugar, de contemplar y asombrarse frente a la realidad. También pueden impedir la construcción de su vida interior, con la singular importancia que tienen estos hábitos para su crecimiento sano, pleno y feliz. 

Miguel de Unamuno decía que “para novedades, los clásicos” y en esta cuestión me parece adecuado recordar 3 (tres) enseñanzas de Quintiliano el gran pedagogo de la Roma del siglo I d. c. que decía:

1. “Los primeros hábitos son esenciales”. “Finis origine pendere” Como dice el adagio latino el final depende del principio. Por eso, la primera infancia es clave en la educación y en la formación del carácter.

2. “Hay que elegir con escrupuloso cuidado los adultos que han de estar en contacto con los niños” porque lo importante en la educación no son las instalaciones, sino las personas. No son las máquinas, ni las pantallas quienes educan, sino los padres y los maestros. 

3. “Los niños tienen que jugar mucho”. El gran método que utilizó Quintiliano fue enseñar a través del juego. Por lo general, los niños ni siquiera necesitan juguetes, sino que juguemos con ellos. Bien lo sabía Quintiliano para quién el juego era un ejercicio vital y el mejor método para aprender.

Siempre los clásicos con su profundo humanismo nos aportan su sabiduría y criterio para enfrentar los problemas sociales que surgen a lo largo de la historia.

3. La adicción a las drogas y al alcohol:

Con respecto al flagelo de la droga y el abuso del alcohol advertimos en toda nuestra Patria, la diseminación de su consumo combinado con la fragmentación y disociación comunitaria provocada por la cultura del descarte. Esto produce una crisis del sentido de la vida, que se expande y se agrava con consecuencias epidemiológicas de escala.

A la crisis de la Fe de nuestro pueblo fomentada por este consumismo despersonalizante, se ha sumado una anomia y una falta de orden en la educación de los jóvenes. Predomina una visión reduccionista de la persona, como si la realidad humana pudiera reducirse a un “individuo abstracto”, mezcla de ideas de época, deseos individuales y virtualidad. 

Por el contrario, los jóvenes necesitan un orden cotidiano que les proponga jugar, estudiar, comer, dormir, trabajar, hacer deporte y fundamentalmente tener un destino compartido como parte sustancial de su naturaleza humana. Un horizonte de sentido personal y comunitario es un punto de apoyo fundamental para prevenir las adicciones.

En esta materia libramos una batalla que no se puede abandonar mientras a nuestro alrededor, haya personas atrapadas en diversas formas de adicción. Esta lucha en la que debemos empeñarnos, es contra quienes hacen un gran negocio con las drogas y cualquier otra adicción, como el alcohol o el juego. Existen enormes concentraciones de intereses y extensas organizaciones criminales que los Estados tienen el deber de desmantelar. Se trata de un problema de tal magnitud que incluso es de índole geopolítico. Sin embargo, la tentación es luchar contra sus víctimas, porque es lo más fácil y cómodo.  Pero eso solo no ataca la raíz del problema y contribuye a incrementar la cultura del descarte.

Por el contrario, debemos construir una sociedad, mejor dicho, una comunidad política solidaria, donde todos los integrantes estemos dispuestos a hacernos cargo de quienes sufren. Esa es la actitud evangélica del buen samaritano. Debemos ser plenamente consientes de que estamos llamados a un destino común, diferente del individualismo materialista que se propone como meta a los jóvenes. Por eso, debemos proponer como objetivo el desarrollo humano integral, de todo el hombre -cuerpo, mente y alma- y de todos los hombres. Y creemos también que los valores morales y espirituales son fundamentales en esta lucha contra las adicciones.

En esta lucha, difícil, urgente y necesaria, debemos reconocer los aportes de las organizaciones de la comunidad — familias, escuelas, universidades, clubes, parroquias, iglesias, asociaciones civiles— como nuevos actores, sustanciales y no marginales, desde donde encarnar procesos de salud desde una lógica de redes de cooperación y ayuda mutua. Esto reconocer el principio de subsidiariedad en la construcción de la comunidad política.

4. Ludopatía:

Respecto de la ludopatía, preocupa el incremento de este problema en adolescentes y niños. La ludopatía precoz está relacionada con el uso excesivo de las pantallas a edad tempranas. En junio del 2024 la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) ha advertido las consecuencias del uso excesivo de la tecnología, que repercute en forma negativa en otros ámbitos (personal, familiar, social, académico). 

El avance exponencial de la problemática se vio potenciada con la publicidad que las casas de apuestas on line realizan continuamente. Existe una peligrosidad latente, especialmente en menores de edad, quienes pueden desarrollar problemas financieros, dificultades académicas, problemas de salud mental, deterioro de las relaciones personales y hasta adicciones al juego.

 La Comisión Episcopal de Pastoral Social junto con los equipos de Pastoral Social de todo el país, advirtieron sobre “los estragos que está causando ésta y otras adicciones” y que es “un flagelo que nos afecta a todos” con “casos dramáticos y, algunos de ellos, trágicos”.

Añade la Conferencia Episcopal que “La legalización de juegos ´online´ logró dos cosas: a) aumentar la riqueza de quienes manejan el negocio y, b) aumentar la cantidad de apostadores en general y de adictos ludópatas o potenciales ludópatas. Nunca se debió permitir”, señalan con singular énfasis. 

¿Qué podemos hacer frente a este grave problema? Algunas ideas son las siguientes:

-campañas preventivas sobre el consumo problemático del juego;

-prohibición de la publicidad;

-aumento de las restricciones de acceso de menores mediante filtros e identificación biométrica;

-bloqueo de sitios de juego en establecimientos educativos;

-bloqueo de dominios de internet de sitios ilegales;

-aumento de las penas previstas en el Código Penal para quienes permitan el acceso a la actividad de juego de azar a menores;

-diseñar e implementar un plan de acción para atender a las víctimas de la ludopatía por juegos y apuestas “online”, especialmente jóvenes y niños. 

Estas ideas deberían plasmarse en una ley sancionada por el Congreso que, lamentablemente, aún no se ha sancionado. 

5. Conclusión:

Parafraseando al Papa Francisco podemos decir que nadie se salvará individualmente si no abre su corazón a la comunidad histórica en que ha nacido, sino se compromete con sus semejantes, sino atiende al herido que ha quedado agonizante al borde del camino. Sobre estos valores debemos construir nuestras políticas de lucha contra las adicciones.

La familia debe ser la principal aliada. Como unidad natural y fundamental de la sociedad, la familia desempeña un papel indispensable para garantizar una vida sana y promover el bienestar. Es la familia la que moldea las esferas física, emocional y espiritual del individuo. 

La familia es la primera escuela de virtudes humanas, donde los niños aprenden solidaridad, responsabilidad y cuidado de los demás. La familia también proporciona la atención primaria a los más necesitados, incluidos los niños, los ancianos y las personas con discapacidad. No es que idealicemos a la familia, sino que más allá de sus disfuncionalidades, es indudable su aporte para la construcción de una sociedad sana y el desarrollo humano integral.

Una realidad que hay que destacar es que en el ámbito de la prevención, contención, acompañamiento y rehabilitación de las personas con adicciones y de sus familias, es fundamental la valiosa e incansable labor de las comunidades religiosas. La Iglesia católica, las iglesias evangélicas y otras confesiones han asumido históricamente un rol protagónico en esta lucha, constituyéndose en verdaderos pilares de apoyo y esperanza para quienes atraviesan estas situaciones.

Pensar y ejecutar un sistema de salud integral atento a la real escala epidemiológica de las adicciones y el sedentarismo, nos exige estar a la altura de los tiempos, comprendiendo, por ejemplo, que más de una decena de millones de niños y jóvenes, demandan ser incorporados a un sistema deportivo y formativo en valores morales y espirituales con carácter impostergable.

Por último, es clave trabajar en la prevención a través del dialogo en la familia, en la escuela, en los clubes, etc. Es indudable la importancia del incentivo hacia el deporte y en la generación de virtudes para formar el carácter de nuestros niños y jóvenes. 

En esta tarea todavía hoy está vigente la frase de Aristóteles: “El pensamiento condiciona la acción, la acción determina el comportamiento, el comportamiento repetido crea hábitos, el hábito crea el carácter y el carácter marca el destino.” 

Podemos educar y formar niños y jóvenes que tengan carácter fuerte, que puedan evitar o salir de las adicciones y que luchen por un destino de grandeza para ellos y para toda la patria. Debemos hacerlo. 


domingo, 30 de noviembre de 2025

El diálogo como imperativo para superar la crisis argentina.

 El bien común ampliado responde al axioma de que “el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas."


por Juan Bautista González Saborido


Nos encontramos ante una profunda y multidimensional crisis política, económica y social que atraviesa nuestro país. A este escenario complejo hay que sumarle los singulares desafíos que enfrentamos frente a la vertiginosa innovación tecnológica (inteligencia artificial, biotecnología, nanotecnología, etc.) y los cambios que ello genera en el mundo de la producción, del trabajo y de la cultura.

Frente a esta realidad, es imperativo generar las coincidencias básicas para alcanzar grandes acuerdos nacionales que permitan afrontar dichos desafíos, acordar los objetivos estratégicos y trabajar mancomunadamente para generar un crecimiento y desarrollo sostenido. Para lograr estos acuerdos, el único camino transitable es el diálogo social y la cooperación entre todos los actores de la vida nacional.

Sin embargo, no podemos ser ingenuos: el diálogo implica resolver intereses en pugna y ello hace inevitable transitar el conflicto. Como nos enseña el Papa Francisco, el conflicto no puede ser ignorado o disimulado, sino que debe ser asumido. Sin embargo, asumirlo no implica quedar atrapados en él; por el contrario, la perspectiva del diálogo exige resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso.

Para que el diálogo social funcione y se desarrolle una comunión en las diferencias, es necesario invocar y asumir el principio indispensable para construir la amistad social: “la unidad es superior al conflicto”. Este no es una mera declaración, sino un llamado a la acción que exige un compromiso ético profundo. La solidaridad se convierte así en el modo de hacer la historia, donde los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida.

El magisterio de Francisco nos recuerda que el bien común ampliado responde al axioma de que “el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas”. Por eso, para que el diálogo prospere, siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos.

El modelo del diálogo social que propone Francisco no es la esfera, que busca una falsa homogeneidad. El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades y las conserva en su originalidad. La acción política debe procurar recoger en ese poliedro lo mejor de cada uno, incluyendo a los pobres con su cultura, sus proyectos y sus propias potencialidades.

Así, el diálogo social será una expresión relevante en la construcción de una Nación digna a la que aspiramos todos. Cuando el diálogo se realiza para construir un destino común, se visualizan con mayor intensidad los contornos de la patria concebida como morada, como pertenencia y como destino común.

Pese a las polarizaciones y a la crisis que incrementa los intereses en pugna, es necesario ver y trabajar para concretar esta oportunidad histórica. Los trabajadores organizados, las cámaras empresariales, los centros académicos, los movimientos sociales, la Iglesia y otras instituciones podrán participar de un mismo espacio de acuerdo.

La construcción de una comunidad de destino es –parafraseando a Leopoldo Marechal– “transformar una masa numeral, en un pueblo esencial”, un pueblo unido que se asume como protagonista de la historia en busca de la justicia social y del bien común. Es la posibilidad de fortalecer y enaltecer la calidad institucional de nuestra joven democracia, cimentando una nueva etapa donde prime el amor a la patria y al bien común.

Juan Bautista González Saborido es Profesor e Investigador Universitario, USAL

miércoles, 5 de noviembre de 2025

La exigencia ética de un poder al servicio del bien común

 https://www.clarin.com/opinion/exigencia-etica-poder-servicio-bien-comun_0_vZT4LmtyJm.html


En épocas de crisis como la que estamos viviendo, el malestar social suele generar una gran desilusión con respecto a “la política” que se traduce en una profunda apatía y falta de compromiso por el bien común. Eso porque se confunde esta noble actividad con una simple lucha por el poder o por el triunfo de simples ambiciones personales o sectoriales. Cuando esto sucede la política se vacía de contenido y la sociedad se debilita.

Sin embargo, como enseña el Papa Francisco, la política, en su dimensión más profunda, es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y una actividad esencial para el desarrollo humano. El problema o la confusión se presentan cuando quienes la ejercen la desvían de su cauce original, y, en ese caso, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de corrupción.

Por eso, la reflexión ética sobre el ejercicio del poder, promovida por el Papa Francisco, es tan importante en estos momentos, porque nos ofrece una serie de criterios y orientaciones para discernir entre el servicio auténtico y la mera ambición personal.

En efecto, la función y la responsabilidad política, cuando se llevan a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, se convierte en una forma eminente de la caridad, la más importante de las virtudes.

La política sí entendida, se realiza a través de un programa cívico basado en las virtudes humanas que son la base de la buena acción: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad y la fidelidad. Un programa con el cual todos pueden ponerse de acuerdo y favorecer la concordia y la unidad nacional.

Mediadores que se "desgastan" contra Intermediarios que lucran

Para Francisco, el corazón del planteo ético reside en la distinción entre el político como mediador y el político como intermediario. El entonces cardenal Bergoglio ya destacaba la dimensión heroica y hasta martirial de la política para conquistar el bien común. Dimensión siempre necesaria y mucho más en momentos de crisis.

  • El Mediador: Es aquel que escucha la voz de su pueblo y lleva adelante las cosas para el bien común. En ese mediar, "se desgasta, muere; el mediador siempre pierde, pierde él en favor del pueblo". Su trabajo se cimienta en el testimonio y el sacrificio personal9.
  • El Intermediario: Por el contrario, es quien ha perdido sus nobles ideales y solo busca su beneficio. Es aquel que, frente a un conflicto, saca provecho y "gana en función de los conflictos". Se reduce a ser el "minorista" que compra a cuatro y vende a seis; un negociador que no está dispuesto a sacrificar su vida por el trabajo.

En esta dicotomía radica la nobleza de la política. Es un llamado a que el político entienda el poder como un don y un servicio, y no como algo que mereció recibir, pues de lo contrario, comienza la desviación hacia el "provecho propio".

La Unidad y la Realidad como Faros

Frente a un clima de época repleto de desconfianza, la política debe ser un campo abierto, nutrido por un diálogo leal y la convicción de que cada persona es necesaria para la construcción del bien común, objetivo fundamental de la política.

Esta confianza nace de una relación personal con la gente, "en un cuerpo a cuerpo," que no debe confundirse con el populismo, sino con una popularidad cimentada en la rectitud moral y ética.

Una política que apunta a proteger intereses de ciertos individuos privilegiados solo pone en peligro el futuro. La buena política, en cambio, se traduce en un estímulo para los talentos y las vocaciones de los jóvenes, pues ofrece un horizonte de esperanza.

En tiempos de turbulencias, es crucial volver a los grandes criterios que señaló reiteradas veces el Papa Francisco y que deben inspirar el trabajo político, buscando siempre la preservación de la unidad y la concordia:

  • La unidad es superior al conflicto.
  • El todo es superior a la parte.
  • El tiempo es superior al espacio
  • La realidad es más importante que la idea

Los proyectos políticos más auténticos son aquello que privilegian la unidad sobre el conflicto, entendiendo que el enemigo divide para reinar, y que lo que está en juego es un proyecto de nación y no el de un grupo o sector particular. Solo así podremos renovar la política, llevándola a la altura del sacrificio y del servicio heroico que nuestra sociedad reclama en estos momentos.

 

domingo, 12 de octubre de 2025

12 de octubre: Día de la raza y de Hispanoamérica:

 


El 12 de octubre es un día donde celebramos nuestro origen, nuestra historia común y nuestra identidad hispanoamericana. Se trata de una celebración que no solo conmemora de dónde venimos y lo que somos, sino que también nos marca una tarea y una misión. Nos encontramos en un contexto de cambios históricos y crisis profundas, de desarrollo tecnológico acelerado y de oscurecimiento de la tradición y de los valores humanistas que delinearon lo que llamamos occidente.

Dicho contexto plantea un desafío profundo, porque la tecnología tiene un carácter ambiguo y desconcertante que, sino se centra en hacer florecer la dignidad humana, puede derivar en tendencias deshumanizantes o nihilistas y en una crisis de sentido generalizada. 

Asimismo, cuando el desarrollo tecnológico es desmesurado tiende hacia uniformidad cultural, con el inquietante peligro de debilitar o eliminar lo específico de cada nación, poniendo en riesgo la supervivencia de las culturas nacionales que desempeñan un papel fundamental en la guía de la acción humana, en aportar sentido y significado, y  finalmente en el mantenimiento de la cohesión social.

Frente a ello, Argentina, como nación hispanoamericana, debe reafirmar con vigor su propia identidad cultural, su religiosidad, su lengua, sus mitos y sus tradiciones. Todos los países de la región sufren los vaivenes de una crisis de dimensión mundial, que repercute en nuestras economías todavía débiles, en nuestras sociedades empobrecidas y, más grave aún, en la memoria histórica de nuestro pueblo que se debilita y se fragmenta con el riesgo consiguiente de caer en una subordinación cultural o ideológica.

Así pues, la circunstancia histórica siempre define el rumbo de la reflexión con una prisa inaplazable. Por eso, en medio de los cambios históricos que estamos viviendo, es necesario reflexionar sobre el destino del hombre, sobre su supervivencia, en el valor que tiene la humanidad sobre la tierra y en su dignidad singular. Pero para que dicha reflexión y dicho pensamiento sea genuino debe encarnarse en su propia realidad y cultura, debe hacerse cargo de su propia historicidad. Por eso, es que es imperioso pensar a Hispanoamérica desde América. Es decir, desde nuestra insoslayable identidad y desde nuestro particular bloque civilizatorio.

Y, en ese orden de ideas, nuestra identidad es el barroco hispanoamericano, es decir, la conjunción de la razón creadora y la fe, de la inteligencia constructiva y la espera en el milagro como se evidencia en la piedad popular de nuestros pueblos. América hispana es, para nosotros, el lugar del mito, la profecía y la comunidad de destino.

Pertenecemos a una singular cultura mestiza americana que se reafirma en la fe, sin rechazar el trabajo de la ciencia y la técnica. La América hispana, latina, lusitana, indígena, africana, pero sobre todo mestiza, es la clave del nuevo humanismo que hay que forjar. En rigor de verdad, del antiguo y vigente humanismo cristiano abierto a lo trascendente, a lo absoluto, al misterio y a la presencia de lo extraordinario en medio de la cotidianeidad de nuestra tierra.

Uno de los principales modelos de esa identidad mestiza es la Virgen de Guadalupe, patrona de América cuya fiesta se celebra el 12 de diciembre. La Guadalupana, expresa con profundidad ese mestizaje en su rostro y en la cinta negra que lleva en la cintura, anuncio náhuatl de su embarazo.

Por eso, en medio de las grandes dificultades y desafíos del presente, la cultura hispanoamericana y su profundo ethos caracterizado por la valoración de la común dignidad humana, la integración cultural, la  tolerancia y el respeto por todas las culturas, puede representar la posibilidad de establecer nuevos lazos de unión entre todas los países Iberoamericanos como gran espacio geopolítico. 

Sin dudas, hispanoamerica es una verdadera civilización cimentada en torno a la religión católica, con una profunda vocación humanista que, de su acervo cultural, puede hacer significativos aportes a los inéditos desafíos universales que planea la coyuntura histórica.

A partir de dicha unidad, desde el propio bloque civilizatorio, podrá entusiasmar al resto de las naciones, para dar respuesta a la crisis epocal, centrándonos en la defensa de la dignidad de la persona humana, en su naturaleza social, en su dimensión de misterio, en sus vínculos familiares y comunitarios, en el amor a su hogar y a su patria, y especialmente en su vocación trascendente.  

FIN