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viernes, 23 de enero de 2026

Entre la tecnología y la ideología: El Interés Nacional frente al Globalismo

 

En el debate contemporáneo, las palabras "global" y "globalización" suelen usarse de forma indistinta, generando una niebla conceptual que impide ver con claridad los desafíos que enfrenta nuestra soberanía. Para navegar el siglo XXI con inteligencia, es vital distinguir entre nuestra realidad, los procesos que la impulsan y las ideologías que pretenden capturarla.

Tres conceptos para entender el presente

Siguiendo al sociólogo Ulrich Beck, debemos diferenciar tres dimensiones que definen nuestro tiempo:

1. La Globalidad: Es nuestra condición real e ineludible. Vivimos en un mundo donde las sociedades están interconectadas y los problemas ya no respetan los límites del Estado-nación.

2. La Globalización: Es el proceso multidimensional —político, tecnológico y cultural— que expande estas interdependencias. Es un motor de modernidad que nos obliga a desarrollar nuevas formas de convivencia ante riesgos compartidos.

3. El Globalismo: Aquí reside el peligro. El globalismo es la ideología que reduce la complejidad de la globalización exclusivamente a la economía de mercado. Presenta al libre comercio como una "ley natural" para justificar la desregulación y el debilitamiento de los Estados, silenciando cualquier debate político sobre alternativas.

La Tecnología: El motor que no se detiene

A pesar de la potencia de las actuales tendencias hacia la "desglobalización" o el proteccionismo, la globalización tecnológica es un proceso irreversible en términos históricos. El transporte moderno, Internet y, más recientemente, la Inteligencia Artificial, han creado una infraestructura que trasciende las aduanas y las fronteras nacionales. Estas herramientas permiten que la información y el capital fluyan a velocidades que los Estados ya no pueden controlar por completo, consolidando una globalidad irrevocable.

El Interés Nacional y la trampa del Globalismo Económico

En este escenario, el gran desafío para una nación es discernir su interés nacional. El globalismo económico, como ideología promovida por factores de poder bien concretos, intenta imponer una visión unidimensional del proceso que erosiona la soberanía:

Despolitiza la economía: Presenta decisiones políticas clave como meras reglas técnicas o burocráticas.

Limita el margen de acción: Al priorizar el poder de las empresas transnacionales o de organismos supranacionales sobre el bienestar social, restringe la capacidad del Estado para proteger sus sectores estratégicos.

Para defender el interés nacional, no debemos combatir la tecnología, sino la ideología que pretende usarla para anular la política. En dicho marco, es fundamental comprender qué problemas pueden gestionarse localmente y cuáles exigen una cooperación internacional firme en foros multilaterales.

El camino: Fraternidad y Amistad Social

Finalmente, la interdependencia técnica no es suficiente para construir un mundo justo y equilibrado. Como propone el Papa Francisco en su encíclica "Fratelli tutti", el camino indicado es la fraternidad y la amistad social hacia adentro y hacia afuera de cada nación.

Aceptar nuestra globalidad, requiere primero una reflexión profunda y de carácter antropológico para reconocer que somos miembros de una sola familia humana. El reto es lograr que la globalización tecnológica y económica no sea una herramienta de exclusión a favor del globalismo, sino un vehículo para una integración que respete las identidades nacionales y promueva la paz. En este compromiso debemos encontrarnos todos: personas, instituciones y el mundo económico, para asegurar que el futuro sea, ante todo, humano y que busque como norte la paz y la justicia.


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