1. Introducción:
Los avances en inteligencia artificial, robótica,
computación cuántica y el resto de las llamadas tecnologías “autónomas” han
originado una serie de desafíos morales, jurídicos y políticos cada vez más
urgentes y complejos.
Existen notables esfuerzos para orientar estas
tecnologías hacia el bien común y para resolver los dilemas que generan, pero
las diversas iniciativas que existen -analizadas a escala mundial- son todavía
hoy, un mosaico de voluntades dispares.
La denominada “galaxia digital”, y en particular la
llamada “inteligencia artificial”, están en el corazón mismo del cambio de
época que estamos atravesando y si bien están dotadas de un gran potencial para
mejorar la vida de las personas y de la sociedad (en materia de salud,
educación, ciencia, productividad, optimización de recursos, etc.), también
plantean profundos desafíos que dependen de la orientación que se les dé a
estas tecnologías a tal punto que incluso pueden llegar a desestabilizar a la
humanidad.
Es una realidad que no puede ser subestimada, pues se trata de una tecnología omnipresente, es decir,
que interactúa en todas las actividades que realizamos e incluso en las mismas decisiones humanas, a tal punto que moldean incluso nuestro interior y están
cambiando nuestra forma de pensar y actuar.
La mayor parte de las decisiones, incluso las más
importantes, como las del ámbito médico, económico o social, son hoy fruto de
la voluntad humana y de una serie de contribuciones algorítmicas, muchas de las cuales pasan desapercibidas frente a nosotros.
En suma, debemos reconocer que las nuevas
tecnologías no son neutrales. Más bien, son instrumentos que dan forma al mundo
e influyen en la intimidad de las personas debido a que los productos
tecnológicos reflejan la visión del mundo de sus creadores, propietarios,
usuarios y reguladores. Y, con su poder, como ha dicho el Papa Francisco «modelan el mundo y comprometen a las
conciencias en el ámbito de los valores».
En el mismo sentido, el Papa León XIV -nos señala- que la inteligencia artificial, las biotecnologías, la economía de datos y las redes sociales están transformando profundamente nuestra percepción y experiencia de vida. En dicho escenario, plantea que la dignidad humana corre el riesgo de verse disminuida u olvidada, sustituida por funciones, automatismos y simulaciones. Frente a ello -nos recuerda- que la persona no es un sistema de algoritmos, sino que es criatura, relación y misterio.
En este contexto, desde una perspectiva espiritual,
ética, política y jurídica, el gran desafío es humanizar la tecnología, esforzarnos por conducir la
tecnología y evitar que esta gobierne y degrade lo humano. Es decir, que ya sea por
acción, por omisión, o negligencia, que terminemos legitimando que el ser humano
quede subordinado a la tecnología cuando la tarea que debemos encarar es
justamente la contraria: ¡Debemos humanizar la tecnología y no tecnificar al
humano!
Para realizar esta tarea en nuestro país, debemos
apelar a nuestra rica tradición
humanística iberoamericana, a nuestra historia y a nuestra cultura, para que
con sus profundos valores podamos redescubrir la centralidad de la persona en
este mundo hipertecnológico.
Esto significa, que en nuestra escala de valores lo
primero a tener en cuenta es el bienestar integral de la persona humana, no
solo desde el punto de vista material, sino también intelectual y espiritual.
Esto implica salvaguardar su dignidad inviolable, y
respetar la riqueza cultural y espiritual de los pueblos del mundo.
2. Los desafíos:
Los desafíos que enfrentamos son inmensos. No
podemos ser ingenuos, el desarrollo de esta tecnología está marcado por lógicas
geopolíticas y económicas que puede impedir su plena utilización, si no actuamos
oportunamente, de manera mancomunada y con firmeza.
2.1. La ventaja tecnológica en la lucha por la
hegemonía:
En lo que respecta a la competencia por la
hegemonía mundial observamos que el principal escenario de la misma se está
dando en el control de las tecnologías emergentes que, a su vez, se han
convertido en el principal motor de cambio del orden económico internacional y
que tienen una indudable aplicación en materia de defensa y seguridad.
Lo que comenzó como una guerra comercial ha
evolucionado hacia una competencia sistémica por la supremacía en sectores
estratégicos como los semiconductores, la inteligencia artificial, la
computación cuántica, las infraestructuras digitales y el suministro de
minerales críticos.
Este proceso está impulsando una reconfiguración
acelerada de las cadenas globales de valor, donde se refuerza la importancia
geopolítica de los recursos estratégicos (energía, minerales, tierras raras,
etc.) y donde desde una perspectiva técnica, la eficiencia optimizada cede su
lugar a un enfoque guiado por el control estratégico y la soberanía
tecnológica. Esta realidad puede ser un factor que aliente los conflictos
abiertos o solapados frente a los cuales debemos estar muy atentos para
preservar toda nuestra región como una zona de paz.
2.2. El peligro del desarrollo de estas tecnologías
fuera todo marco humano, ético y jurídico:
No existen dudas en cuanto a los beneficios que
puede generar la Inteligencia Artificial en materia de producción y desarrollo
para nuestros países y el fortalecimiento consiguiente a la dignidad humana. Efectivamente,
la IA tiene elementos muy positivos: detectar la cura de enfermedades, mejorar
la producción de alimentos, mejorar la producción de medicamentos, predecir
mejor el clima, etc.
Pero para promover los beneficios y evitar los
perjuicios es necesario que exista un marco ético y jurídico de gobernanza
sólido para evitar que la tecnología se
salga de su cauce y termine perjudicando a nuestras naciones y a toda la
humanidad. El hecho de que, actualmente, la mayor parte del poder sobre las
principales aplicaciones de la IA esté concentrado en pocas empresas plantea
importantes problemas éticos.
A eso le debemos agregar la naturaleza inherente de
los sistemas de IA, en los que ningún individuo puede tener una supervisión
completa de los vastos y complejos conjuntos de datos utilizados para el
funcionamiento. Esta falta de una responsabilidad (accountability) bien
definida produce el riesgo cierto de que la IA pueda ser manipulada para
ganancias personales o empresariales, o para orientar la opinión pública hacia
los intereses de un sector.
De esta forma, en la opacidad de su funcionamiento,
ciertas entidades motivadas por sus propios intereses, pueden llegar a ejercer
formas de control tan sutiles como invasivas, creando mecanismos de
manipulación de las conciencias y del proceso democrático. Por eso, lo que hay
que generar son incentivos y marcos normativos sólidos basados en una ética de
profundos valores humanos abiertos a la trascendencia, que fijen claramente
líneas rojas que no se puedan pasar y que simultáneamente se fomenten y generar
incentivos para que la IA se integre en los procesos productivos y en las
cadenas de valor de nuestros países.
3. La Inteligencia Artificial
como motor de desarrollo:
Dicho lo anterior, existen enormes oportunidades de
desarrollo para nuestros países y para la región. La cuestión estriba en las
decisiones de políticas públicas que se tomen, cómo se generan incentivos
adecuados y cómo se abren espacios para que esto ocurra. Espacios que, desde mi
perspectiva, deben tener una clara dimensión regional, o si se quiere
continental, y colaborativa para poder aprovechar plenamente esta oportunidad.
El avance acelerado que se opera en el mundo
privado tecnológico y la desorganización y la falta de adaptación de las
políticas públicas y de las estructuras institucionales, generan el riesgo de
que ambos mundos choquen y que consecuentemente se desperdicien oportunidades.
Por otra parte, una innovación desvinculada del respeto a la persona podría
“quemar el futuro” de la humanidad, agudizando las desigualdades, dañando a la
creación y comprometiendo el sistema de trabajo en el que todos están llamados
a expresarse. Asimismo, la ausencia de coordinación, la falta de articulación y
de armonización de los marcos de gobernanza entre países oscurece los
horizontes para el desarrollo, más allá de las buenas intenciones que suponen.
Finalmente, sancionar normas sin definir previamente la política pública, a
veces de manera espasmódica y sin sistematicidad corren el peligro de
dificultar su cumplimiento y muchos más su monitoreo. Por eso, es necesario el
dialogo hacia dentro de cada país y a nivel regional para establecer
coincidencias básicas.
Ahora bien, hay algunos puntos que prima facie son importantes
para incorporar la IA a los planes de desarrollo de nuestra región, sin
pretensión de exhaustividad.
3.1. Una IA productiva y centrada en la dignidad
humana para generar cadenas de valor:
Esto significa atender al fenómeno de generar IA y
construir cadenas de valor que comienzan en las entrañas de la tierra con la
identificación de minerales críticos y tierras raras, continúa en el desafío de
la conectividad e infraestructura, y se extiende a los satélites, los centros
de datos, las habilidades y talentos profesionales, y atender los efectos tanto
sobre el territorio como sobre las personas.
3.1.1. Retención e intercambio de talento entre los
países de la región.
Debemos crear un “Mercado Regional de Talentos
Tecnológicos” con incentivos fiscales y marcos normativos coordinados para la
retención y el intercambio. Esto incluye el reconocimiento mutuo de títulos y
certificaciones en IA y Ciencias de Datos para que el talento pueda trabajar y
desarrollar proyectos dentro de los países de nuestro continente con la misma
fluidez generando polos de desarrollo locales.
3.1.2. Brecha de Infraestructura y Conectividad
La IA, especialmente en su modalidad de Machine
Learning –aprendizaje automático- y grandes modelos de lenguaje (LLMs),
requiere inmensas capacidades de cómputo (GPUs) y centros de datos. Invertir en
esta infraestructura es sumamente complicado para un solo país y requiere de
una compleja logística en materia de energía. Por eso, es necesario trabajar
conjuntamente por crear fondos regionales de inversión que puedan solucionar
esta dificultad. También es necesario crear y compartir regionalmente grandes
centros de datos y clústeres de supercomputación. Esto permitiría a
investigadores y empresas emergentes de toda la región acceder a la potencia
necesaria para entrenar modelos de IA sin depender de infraestructura
extranjera.
3.1.3. Fragmentación Regulatoria y Ética
Cada país avanza con su propia legislación sobre
ciberseguridad, protección de datos y el uso ético de la IA. Esta fragmentación
genera inseguridad jurídica y desincentiva la inversión de grandes empresas que
buscan escalar sus soluciones a
nivel continental. Acordar un “Marco Regulatorio Común de IA y Datos” centrado
en la dignidad de la persona humana es fundamental. Debemos trabajar en pos de
un marco iberoamericano unificado. Ello facilitaría la transferencia
transfronteriza de datos, garantizaría la privacidad de los ciudadanos y
establecería reglas éticas claras para el desarrollo y despliegue de la IA.
La cooperación no es solo una opción; es la
estrategia más eficiente para convertir el desafío de la IA en una oportunidad
de desarrollo equitativo y soberano para toda la región. Pero, debemos recordar
que la IA no es solo una herramienta técnica. Es una tecnología de poder. En
ese sentido, la llamada “gobernabilidad algorítmica”, puede transformar a los
ciudadanos en perfiles de datos, reduciendo su participación política e
intentando manipular a la acción humana.
La IA no solo automatiza procesos: redefine las
condiciones mismas de la libertad. Opera como caja negra: decide sin
deliberación, clasifica sin contexto, predice sin historia. Por lo tanto, puede
afectar seriamente dos características fundamentales de la persona humana como
son la libertad y la responsabilidad. Para mitigarlos, es necesario redefinir
la noción misma de propiedad de los datos: transitar desde el modelo contractual
—basado en la aceptación pasiva de términos opacos— hacia mecanismos de
consentimiento cívico con mayor participación de los usuarios, de las entidades
académicas y de organismos de gobierno, que reconozcan la soberanía
informacional de ciudadanos y comunidades.
La ciudadanía, como titular soberana de los datos,
tendría capacidad para decidir cómo se recogen, procesan y utilizan, y para
revocar ese uso si vulnera sus derechos o contradice principios democráticos. Esto
contribuiría enormemente a configurar una ciudadanía digital a nivel regional
con un desarrollo de IA que respete derechos humanos básicos y que involucre
una generación de “neuro-derechos” que tengan en cuenta los peligros de la
interacción de la mente y el cerebro humano con herramientas tecnológicas
invasivas.
3.2. Una IA que respete la “oikofilia” (amor al
hogar y a la patria que incluye la protección de los recursos naturales):
Este aspecto se vincula a un humanismo trascendente
desde la perspectiva de la protección ambiental con fundamento en el amor a la
creación y a la patria. El amor a la patria es la motivación para proteger la
matriz energética amplia que va desde la energía nuclear, las energías
renovables no convencionales, las fuentes hidroeléctricas, el viento, el sol,
la movilidad urbana, la diversidad biológica, e incluso los patrones de
comportamiento para una transformación social individual y productiva que evite
el derroche de recursos. Todos ellos son bienes comunes que hemos heredados de
nuestros mayores y respecto a los cuales tenemos el mandato de protegerlo y
custodiarlos para nuestros hijos y para las generaciones futuras.
3.3. Una aplicación de IA arraigada en el consenso
social:
Esto significa que debemos apelar a herramientas de
participación social que promuevan un nuevo pacto social democrático para el
empleo de instrumentos tecnológicos que transparenten las compras y
contrataciones estatales, agilizar procesos judiciales, consolidar mecanismos
participativos con consecuencias prácticas y dinamizar la planificación
productiva y presupuestaria. Incluyendo una mesa de concertación de
trabajadores y empresarios y científicos para acordar la incorporación de esta
tecnología, la pre-distribución de sus futuros y potenciales impactos positivos
y el tiempo de adaptación a los mismos.
Se requiere una IA que sea parte de una política
industrial innovadora, que esté a la altura de los tiempos de transformación,
con la capacidad de tener un plan de desarrollo que contemple la dimensión del
trabajo humano como mecanismo central de integración social.
3.4. Una prioridad “La protección de la niñez y de la adolescencia frente a la toxicidad
de las redes sociales”:
En un mundo tan interconectado a nivel digital y
pleno de algoritmos, vemos con frecuencia que se incrementa la soledad y el
aislamiento. El aumento del aislamiento y de la soledad facilitan la
propagación de la epidemia de las adicciones (pantallas, alcohol, droga, juego,
etc.).
La primera infancia es una etapa fundamental en la
educación y desarrollo de la persona. El uso de las pantallas desde edades
tempranas y sostenidas en el tiempo pueden impedir que se desarrolle en los
niños su capacidad de jugar, de contemplar y asombrarse frente a la realidad,
de construir su vida interior, con la singular importancia que tienen estos
hábitos para su crecimiento sano, pleno y feliz. Ninguna generación ha tenido
nunca un acceso tan rápido a la cantidad de información que ahora está
disponible gracias a la inteligencia artificial. Esto genera un potencial daño
a las personas más indefensas que son los niños a quienes debemos proteger
especialmente.
Respecto de la ludopatía, es preocupante el
incremento de este problema en adolescentes y niños. La ludopatía precoz está
relacionada con el uso excesivo de las pantallas a edad tempranas. La Sociedad
Argentina de Pediatría (SAP) ha advertido las consecuencias del uso excesivo de
la tecnología, que repercute en forma negativa en otros ámbitos (personal,
familiar, social, académico). El avance exponencial de la problemática se vio potenciada
con la publicidad dirigida que las casas de apuestas online realizan
continuamente. Existe una peligrosidad latente, especialmente en menores de
edad, quienes pueden desarrollar problemas financieros, dificultades
académicas, problemas de salud mental, deterioro de las relaciones personales y
hasta adicciones al juego.
Ahora bien, el problema de las adicciones parece
haber adquirido escala mundial, pero sin duda debe ser tratado a nivel nacional
y regional. Por eso, además de armonizar marcos normativos, también debe
considerarse que la familia debe ser la principal aliada para prevenir y curar.
Como unidad natural y fundamental de la sociedad, la familia desempeña un papel
indispensable para garantizar una vida sana y promover el bienestar.
Es la familia la que moldea las esferas física,
emocional y espiritual del individuo. La familia es la primera escuela de
virtudes humanas, donde los niños aprenden solidaridad, responsabilidad y
cuidado de los demás. La familia también proporciona la atención primaria a los
más necesitados, incluidos los niños, los ancianos y las personas con
discapacidad. Debemos fortalecer las políticas de protección de las familias lo
cual no solo redundará en una mejora en la cuestión de las adicciones, sino que
mejorará la cohesión social, factor de importancia crucial para el desarrollo.
4. Conclusión
Los desafíos que nuestro país y los de la región
deben afrontar en materia de IA son enormes. De ninguna manera pretendo
abordarlos todos en este modesto trabajo. Pero si considero fundamental el
deber de afrontarlos desde una perspectiva ética fundada en el humanismo
trascendente que surge de nuestra propia historia y cultura iberoamericanas,
donde la religión católica ocupa un lugar central.
Apelando a dicho acervo y con un profundo espíritu
de diálogo y colaboración entre las naciones de nuestra región y de nuestro
continente, vamos a poder resolver estos desafíos y lograr un desarrollo humano
integral a partir de la incorporación eficiente de la IA a nuestros planes de
desarrollo. No existen mayores dudas de que esta es la tarea que la historia
nos demanda.
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