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miércoles, 12 de marzo de 2025

Una breve descripción de las tres corrientes del pensamiento conservador en EE.UU.

 


1. Introducción:

Recientemente, se realizó un cambio ideológico fundamental dentro del conservadurismo estadounidense. Este giro se evidencia con fuerza, paradójicamente, después de la victoria de Joe Biden en 2020 en las elecciones presidenciales. El objetivo fundamental de este giro ha sido y será, generar un movimiento político sólido y persistente que no se limite a ganar una sola elección y a administrar la nación por un período o dos de gobierno, sino a generar un cambio profundo a nivel político y cultural.

Este movimiento político conservador plantea claramente la necesidad de un remplazo de las elites liberales de los distintos ámbitos del estado que, según su visión, traicionaron al pueblo norteamericano y su sustitución, por una nueva clase dirigente que esté arraigada en las tradiciones, creencias y valores de los estadounidenses.

Considerando la potencia que tiene este movimiento en el gobierno de Trump, vemos relevante el estudio de los ejes y las distintas vertientes sobre las que gira esta corriente de pensamiento. Es importante aclarar que dentro de esta descripción no incluimos a los magnates dueños de las grandes tecnológicas puesto que no son una corriente de pensamiento, sino un poder económico.

Así pues, dentro del conservadurismo norteamericano que confluyó en el movimiento MAGA[1], se pueden distinguir tres segmentos principales, aunque muchas veces estén superpuestos, que se conocen como “La Nueva Derecha”. Estos tres segmentos son:

a)     Los "Claremonters" (Harry Jaffa, Michael Anton y Arthur Milkih),

b)    Los “Posliberales” (Patrick Deneen, Gladen Pappin, Adrian Vermeule y Chad Pecknold)

c)     Los conservadores nacionales (Fundación Edmund Burke, R. R. Reno, Yoram Hazony y Steve Bannon).

Todo el arco de la “Nueva Derecha” sostiene que, para ejercer el poder político, las ideas deben estar adecuadamente institucionalizadas y las instituciones, a su vez, deben llenarse de funcionarios dispuestos a implementar esas políticas. La visión que arraiga con más fuerza en la Nueva Derecha es que el estado administrativo debe ser capturado y transformado desde dentro, mediante el reemplazo de la antigua elite burocrática y liberal, por personal formado y capacitado en gran escala.

La Nueva Derecha rechaza explícitamente el denominado "fusionismo", que ha caracterizado al conservadurismo estadounidense desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El “fusionismo” que incluía elementos muy heterogéneos que estaban unidos por su profundo anticomunismo, combinó la economía pro-mercado, junto a una política exterior intervencionista, y un conservadurismo social. 

Sin embargo, este esquema resultó en un decepcionante fracaso, según sostienen los intelectuales de la nueva derecha como Arthur Milkih, pues cedió la cultura, la moral social y el dominio del estado a una elite liberal progresista divorciada de los verdaderos intereses nacionales y del estilo de vida del pueblo norteamericano.

2. Los Claremonters

Se trataba de pensadores que trabajaban en el Instituto Claremont, un centro de estudios conservador, cuyo líder intelectual Harry V. Jaffa, falleció en enero de 2015. Desde la muerte de Jaffa, entre los Claremonters más destacados se encuentran Charles Kesler, Larry Arnn, Christopher Caldwell, Michael Anton y Arthur Milkih.

Para esta corriente de pensamiento conservador, las instituciones que funcionan son condición necesaria, pero no suficiente para preservar la república constitucional de los Estados Unidos y el estilo de vida norteamericano. Al funcionamiento institucional  es necesario añadirle el cultivo de las virtudes clásicas pues, para ellos, sin hombres virtuosos, las instituciones se debilitan y sucumben.

Siguiendo los pasos de H. Jaffa, tienen en muy alta estima la fundación de los Estados Unidos, entendiéndola típicamente como la "confluencia de Atenas y Jerusalén, la primera vez en la historia humana en que la razón y la revelación juntas formaron los cimientos de una comunidad política". Esta creencia se presta a un sólido apoyo al excepcionalismo estadounidense, ya que los Claremonters entienden que la república estadounidense es la encarnación constitucional de lo mejor de la tradición occidental.

En ese orden de ideas, para H. Jaffa, la “vitalidad secreta” de Occidente estribaba en la tensión creativa que existía entre la Razón y la Revelación. Por eso, este intelectual norteamericano, apoyó tanto a la Razón como a la Revelación contra los efectos corrosivos de la modernidad y su tenaz secularismo.

Para él, razón y revelación coincidían en el fundamento moral y político de la sociedad civil, aunque existieran dudas sobre si lo que completa o perfecciona la vida humana es la razón y la filosofía, o la fe bíblica. Jaffa textualmente escribe que: “si la razón última para elegir las virtudes morales era el amor obediente al Dios vivo o la bondad de la vida de la razón autónoma, era menos importante que su acuerdo sobre el orden moral que debe informar la vida de una sociedad decente. Desde esta perspectiva, la Revelación y la Razón, Jerusalén, Atenas, estaban de acuerdo”.

En materia de política exterior los Claremonters, en primer lugar, apoyan al realismo como orientación fundamental de las relaciones internacionales, tal como lo han dicho recientemente tanto J.D. Vance como D. Trump. En segundo lugar, consideran que ese realismo debe ir acompañado de un fuerte nacionalismo, que se extiende al pensamiento civilizacionalista sobre un "Occidente amenazado" en sus mismos fundamentos por la fase nihilista de la modernidad.

Para ellos, esta amenaza de occidente se promueve por una elite liberal, secularista y progresista autorefencial y sin anclaje en la cultura y los valores nacionales. Asimismo, pregonan una fuerte oposición a la inmigración masiva y una postura proteccionista sobre cuestiones comerciales.

Así pues, al intentar formular una “doctrina Trump” en política exterior, M. Anton, uno de los principales intelectuales claremonteanos sostuvo: "Siempre habrá naciones, y tratar de suprimir el sentimiento nacionalista es como tratar de suprimir la naturaleza: es muy difícil y peligroso hacerlo". Además, ese nacionalismo, reforzado por la creencia de que Estados Unidos estaba en una grave decadencia social, estaba en la raíz de la hostilidad virulenta hacia la inmigración o la "incesante importación de extranjeros del Tercer Mundo sin tradición, gusto ni experiencia en la libertad".

Finalmente, los claremonteanos fomentan una especie de pensamiento civilizacional de recuperación de los valores fundantes de occidente. En ese marco civilizacional, Rusia, a pesar de las críticas a su régimen autócrata, es vista en última instancia como parte de Occidente y, por lo tanto, se la prefiere como socio de los EE. UU. y la alianza occidental por sobre China.

3. Los posliberales

Los orígenes del posliberalismo están estrechamente relacionados con el auge de lo que Gladden Pappin ha llamado "cristianismo defensivo": un sentimiento entre los conservadores religiosos de que el liberalismo estadounidense se estaba volviendo cada vez más hostil al ejercicio del cristianismo tradicional. 

A principios de la década de 2020, el posliberalismo estadounidense se había consolidado en torno a un conjunto de ideas propuestas por Patrick Deneen, Adrian Vermeule, profesor de la Facultad de Derecho de Harvard, Pappin, entonces profesor de la Universidad de Dallas, y Chad Pecknold, profesor de la Universidad Católica Americana en Washington DC, que inició un boletín informativo bajo el lema del posliberalismo.

El posliberalismo se entiende mejor como una especie de comunitarismo de influencia católica.  Los posliberales ofrecen una crítica demoledora del individualismo liberal como causa de la decadencia moral y cultural de EE.UU., y enfatizan el bien común, las políticas pro familia y en favor de pequeñas comunidades, como un correctivo a las deficiencias percibidas del liberalismo.

 Por lo general, argumentan que las dos formas dominantes del liberalismo posterior a la Segunda Guerra Mundial (el liberalismo de mercado y el liberalismo social) se han fusionado en torno a un proyecto político que busca, sobre todo, maximizar la autonomía individual. Como resultado, el orden liberal se ha vuelto cada vez más incapaz de cultivar los recursos comunitarios de los que depende el tejido social, lo que lleva a la erosión de los valores que el liberalismo supuestamente defiende.

Los posliberales tienen la creencia de que el proyecto liberal de “progreso” –especialmente en la forma de liberalización económica, avance tecnológico y nivelación de las jerarquías sociales– ha sido un grave error que ha causado una fragmentación y debilitamiento de la sociedad y de la cultura.

Piensan, que Estados Unidos perdió el contacto con sus ideas fundadoras en algún momento de la “Era Progresista”, impulsada por la burocratización gubernamental, la pérdida de la fe pública en los principios de la “ley natural”, y el auge del "relativismo moral" y el multiculturalismo.

Para los posliberales la insurgencia populista y el ascenso de los estados civilizacionales (Rusia, EE.UU., China y la India) son parte del mismo fenómeno: una reacción contra una política de lo global en lugar de lo nacional y lo local, una política de una utopía abstracta en lugar de una enfocada en las necesidades concretas de las comunidades nacionales, y una política de la identidad individualizada en lugar de la de la pertenencia compartida.

En cuanto a las relaciones con China y Rusia, sostienen que Estados Unidos debería identificar "áreas de cooperación, intercambio e intereses compartidos". Además, sostienen que Estados Unidos debería ver a China como "un igual en civilización" en lugar de como un adversario. A diferencia de muchos otros conservadores (y demócratas), abogan por una coexistencia pacífica con China.

4. Los conservadores nacionales

Esta corriente de pensamiento, recientemente, ha formulado una rotunda declaración de principios. En la misma, los conservadores nacionales proclaman que "enfatizan la idea de la nación" porque ven un mundo de naciones independientes –cada una persiguiendo sus propios intereses nacionales y defendiendo tradiciones nacionales que le son propias– como la única alternativa genuina a las ideologías universalistas que ahora buscan imponer un imperio homogeneizador y destructor de localidades en todo el planeta.

Consideran que estamos frente a un cambio de época que va a poner fin a la hegemonía de las ideas liberales establecidas tras la Segunda Guerra Mundial y sus tendencias globalistas. Para ellos, solo a través de los estados nacionales será posible restablecer una orientación pública adecuada hacia el patriotismo y el coraje, el honor y la lealtad, la religión y la sabiduría, la congregación y la familia, el hombre y la mujer, el sabbat y lo sagrado, la razón y la justicia. Los conservadores nacionales consideran que esas virtudes son esenciales para sostener nuestra civilización y como requisitos previos para recuperar y mantener la libertad, seguridad y prosperidad.

Plantean que cada nación debe ser capaz de autogobernarse y de trazar su propio rumbo de acuerdo con su herencia constitucional, lingüística y religiosa particular. Así, cada país tiene derecho a mantener sus propias fronteras y a llevar a cabo políticas que beneficien a su propio pueblo. Se oponen a transferir la autoridad de los gobiernos electos a organismos transnacionales o supranacionales, una tendencia que pretende una alta legitimidad moral al tiempo que debilita el gobierno representativo, siembra la alienación y la desconfianza pública y fortalece la influencia de los regímenes autocráticos y del “imperialismo liberal de última generación”.

Para ellos, la familia tradicional es la fuente de las virtudes de la sociedad y merece un mayor apoyo de las políticas públicas. Alegan que la familia tradicional, construida en torno a un vínculo permanente entre un hombre y una mujer, y sobre un vínculo permanente entre padres e hijos, es la base de todos los demás logros de la civilización occidental.

Sostienen que la desintegración de la familia, incluida una marcada disminución del matrimonio y la natalidad, amenaza gravemente el bienestar y la sostenibilidad de las naciones democráticas. Esgrimen, que entre las causas de esta desintegración, se encuentra un individualismo desenfrenado que considera a los hijos como una carga, al tiempo que fomenta formas cada vez más radicales de libertinaje y experimentación sexual como alternativa a las responsabilidades de la vida familiar y congregacional. Las condiciones económicas y culturales que fomentan la vida familiar y congregacional estable y la crianza de los hijos son, para esta corriente de pensamiento, prioridades del más alto orden.

El nacionalismo articulado por los conservadores nacionales, ha compartido algunas de las características clave de las prioridades de política exterior de la administración Trump, como una hostilidad estridente a la inmigración masiva, el apoyo al proteccionismo comercial y un profundo escepticismo hacia la política exterior intervencionista. Sin embargo, han formulado también agudas críticas contra las pretensiones transhumanistas de los tecnólogos aceleracionistas de Silicon Valley.

5.- Conclusión

Todas estas corrientes conservadoras y nacionalistas de EE.UU. consideran necesario recrear las tradiciones pre modernas y clásicas de la cultura occidental. Esto es, una restauración del pensamiento clásico (Sócrates, Platón, Aristóteles y el derecho romano) y del pensamiento cristiano y medieval (San Agustín y Santo Tomás de Aquino).

Asimismo plantean como uno de los principales problemas de occidente la degradación o negación de un humanismo trascedente y el auge del secularismo como una de las causas principales de la erosión cultural y moral de la sociedad.

Es paradójico porque a principios del siglo XX se planteaba una antinomia entre la América sajona y protestante, contra la América Hispana. Se presentaba a la américa sajona como agresiva, pragmática y utilitaria, frente al sur, idealista, humanista, heredero de los valores clásicos de Grecia y Roma y de la religión católica.

Sin embargo, el pensamiento de la “Nueva Derecha” tiene una indudable influencia del pensamiento católico a lo que se suma que, en la administración Trump, el vicepresidente J.D. Vance y varios de principales funcionarios, como el Secretario de Estado Marco Rubio, hacen explicita su condición de católicos y la influencia de su fe en la función pública que desempeñan.  Esto, más allá de las críticas que se han formulado a algunas de dichas decisiones como las deportaciones masivas que fueron objetadas por el mismo Papa Francisco.

Por otra parte, la reivindicación del nacionalismo que realiza la “Nueva Derecha” norteamericana, permite revalorizar y reposicionar a nuestro pensamiento nacional -tanto argentino como hispanoamericano- que está dotado de una profunda riqueza y hondura.

En esa línea, en general el pensamiento nacional ha perseguido el afianzamiento del espíritu nacional, la conservación de las tradiciones, la emoción del pasado, el amor a la historia nacional, a los paisajes, costumbres, escritores y arte nacional. En definitiva, todo aquello que permite una mayor cohesión nacional y la grandeza espiritual de nuestra patria.

Por último, es relevante es esta etapa histórica, considerar que la cultura hispanoamericana que alcanza a todo el continente, como dice Graciela Maturo, se caracteriza por su humanismo teándrico, en el que conviven la razón y la fe, la ciencia y las artes, la técnica junto a los altos vuelos de la espiritualidad, la música y la poesía. La valoración de la familia y de la amistad, el deseo de grandeza y el amor a la patria. 

Estas características dieron origen a una cultura nueva y mestiza, a un humanismo barroco americano, absolutamente inédito y original que hizo florecer al hombre de esa cultura. Ahora, su riqueza, sus valores y su vigencia, pueden dar respuesta a la falta de sentido, al vacío existencial y a las polarizaciones características de esta etapa histórica que tiende a oscurecer lo propiamente humano.



[1] Make America Great Again.

viernes, 28 de febrero de 2025

IMPLICANCIAS GEOPOLITICAS DE LAS NEGOCIACIONES DE PAZ EN UCRANIA:

 

1.- Los ejes geopolíticos de EE.UU.

El inicio de la era Trump en EE.UU. parece moverse en base a cinco ejes principales: a) Una visión geopolítica de confrontación con China, pero con matices, puesto que detrás de la retórica confrontativa, parece buscar una negociación con los mismos chinos y con Rusia por zonas de influencia regionales; b) En ese marco, buscar una convergencia de intereses con Rusia para fortalecer a EE.UU en la disputa con China; c) Que EEUU refuerce el control sobre su área contigua (“América para los americanos”, según la Doctrina Monroe) aliviando presiones en otras geografías, especialmente en Europa; d) que EE.UU se vuelva concentrar en el lndo Pacífico donde China, su gran rival, evidenció pretensiones expansionistas; e) que en sus decisiones estratégicas EE.UU. va a priorizar sus propios intereses inmediatos y sus acciones se basarán en la consideración de los hechos y no en orientaciones morales o ideológicas (enfoque realista).

2.- Las negociaciones con Rusia para alcanzar la paz en Ucrania:

En este contexto, el 18 de febrero de este 2025, delegaciones de alto nivel de Estados Unidos y Rusia se reunieron en Riad, capital de Arabia Saudita, para dar inicio a una ronda de negociaciones destinadas a poner fin a la guerra en Ucrania.

Previamente, la decisión del presidente estadounidense Donald Trump de no consultar ni advertir a los líderes europeos antes de hablar con el presidente ruso Vladimir Putin, fue un síntoma de cuán irrelevante se ha vuelto Europa en el tablero mundial, incluso cuando sus intereses geopolíticos están en juego.[1]

El reciente encuentro entre los presidentes de Ucrania y de EE.UU. en el salón oval, por un lado evidenció  las diferencias en torno a las negociaciones de paz entre los europeos y norteamericanos. Por otro lado, también  refuerza la hipótesis de que la administración Trump está enfocada en defender sus propios intereses sin considerar los de sus aliados de la OTAN, incluido Inglaterra.  Por último, pone de manifiesto que está en peligro la subsistencia de la Alianza Atlántica y que estamos ante el surgimiento de un nuevo orden internacional. 

3.- Posibles consecuencias de la paz en Ucrania:

El inicio de estas negociaciones de paz confirma que la estrategia de Washington está enfocada fundamentalmente en su confrontación con China en el Indo-Pacífico y en reforzar sus intereses en América Latina y en el ártico.

En efecto, para China, tanto el conflicto en Gaza como la crisis ruso-ucraniana si bien alteró la marcha de su proyecto de infraestructura denominado “La nueva ruta de la Seda”, también obstaculizó el intento estadounidense de centrarse en la región del Indo-Pacífico, otorgándole a China un margen bastante amplio de maniobra.[2] La normalización de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos puede llevar a los rusos a centrarse en sus relaciones con Occidente y reducir su cooperación con China, especialmente en temas militares y económicos.

Por su parte, la paz serviría a Moscú para intentar equilibrar la relación de poder con Beijing, especialmente en Asia Central, territorio que los rusos consideran su zona de influencia directa. Recordemos, que si bien China y Rusia pueden establecer una alianza comercial, lo cierto es que en el pasado han mantenido conflictos relevantes, que asumen agendas separadas y que tienen múltiples intereses antagónicos.[3]

Para Estados Unidos, reducir el enfoque en el conflicto europeo de largo plazo le permitirá movilizar más recursos hacia la región Indo-Pacífica y reforzar alianzas estratégicas con países como Japón, India[4] y Australia, con los que selló, en 2017, un acuerdo diplomático y militar (QUAD) para contrarrestar el aumento del poder económico y militar chino.

Por su parte, ante este nuevo equilibrio, China podría tener que adaptar su enfoque estratégico para proteger sus intereses en estas áreas. Hasta el presente, la asociación estratégica con Rusia demostró ser un instrumento exitoso para los intereses chinos, centrados en contrarrestar las amenazas percibidas de Estados Unidos y sus aliados europeos y de la región del Indo-Pacífico.[5]

Entre los efectos no deseados para EE. UU, se puede mencionar que quitarle el apoyo a Ucrania por un lado y a los europeos, que han sido sus aliados desde la segunda guerra mundial en adelante en la OTAN, le puede generar una perdida de prestigio y de confiabilidad, que repercuta significativamente en sus acciones futuras.

4.- Efectos para Latinoamérica:

Para Latinoamérica, si bien la región no está directamente involucrada en el conflicto ucraniano o en las dinámicas europeas, un acercamiento entre Rusia y Estados Unidos también tendría un impacto significativo, aunque de manera indirecta. Trump busca priorizar los intereses estadounidenses en el hemisferio occidental y recuperar la zona de influencia que cree que es natural para Estados Unidos (Latinoamérica), limitando la influencia extra regional (China, Rusia, Europa e Irán). Asimismo, cree que la situación en Ucrania es un asunto que compete directamente a los europeos, y que no repercute sobre la seguridad nacional estadounidense, lo cual se refleja en su tendencia hacia una política exterior más centrada en los intereses inmediatos de los Estados Unidos [6].

La relación del gigante asiático con Latinoamérica ha venido desarrollándose de forma acelerada durante las últimas dos décadas. Inicialmente, el interés de China hacia la región se centró en la adquisición de materias primas para impulsar su crecimiento industrial y alimentar a su población. Posteriormente, a este estímulo inicial le siguió una fase de poder blando y, tras la llegada de Xi Jinping al poder, las relaciones bilaterales ingresaron en una nueva fase integral que trasciende la esfera económica tradicional y las cuestiones socioculturales, para incluir actualmente las dimensiones política y militar-estratégica.

5.- Posibles acciones de EE. UU en Latinoamérica:

En tal supuesto, es posible que los Estados Unidos busque fortalecer las relaciones con los gobiernos latinoamericanos mediante la cooperación, sellando acuerdos comerciales[7] y promoviendo inversiones en infraestructura,[8] sin la distracción de un conflicto prolongado en Europa del Este.

Asimismo, aunque Estados Unidos considere que la guerra ruso-ucraniana no repercute en su seguridad nacional, un acercamiento con Rusia podría tener repercusiones sobre algunos conflictos políticos y de seguridad que afectan a Latinoamérica, en caso de que los rusos, como moneda de cambio, resten su apoyo a regímenes iliberales como los de Venezuela y Nicaragua,[9] que históricamente han tenido un respaldo simbólico y político de Moscú.

Por último, atento a la importancia de la geopolítica de los accesos y de los pasos interoceánicos, cobra particular relevancia el Atlántico Sur y la Antártida en términos geopolíticos. En dicha zona es factible que la administración Trump no vea con buenos ojos la presencia británica –una potencia extra regional europea- en las islas Malvinas con su indudable proyección a la Antártida.



[1] Mahbubani (2025, 18 de febrero).

[2] “Posición de China en relación con los conflictos de Ucrania y Gaza”, OPI (2024, 5 de noviembre).

[3] El problema de Taiwán está a las puertas de un nuevo giro político con el relevo en la presidencia de Tsai Ing-wen.  Aunque su sucesor, Lai Ching-te, se alinea con el continuísmo del statu quo, una escalada hacia mayor tensión no es descartable. Asimismo, la situación se caldea en las disputas territoriales con Filipinas, muy especialmente, aunque otros países de la zona mantienen reclamaciones al respecto. EEUU sigue fortaleciendo sus alianzas militares y de seguridad tanto a nivel bilateral como a través de la potenciación de las nuevas alianzas, ya sea QUAD o AUKUS, que pronto podría incluir a Japón. Esa gran pinza estratégica preocupa en China. Atemperarla y equilibrarla, en buena medida, pasa por establecer unas buenas relaciones con Rusia; de este modo, puede concentrar sus preocupaciones y recursos en los desafíos que plantea la estabilidad de las rutas marítimas y la gestión de los contenciosos en esta frontera.

[4] La India es muy importan para EE. UU para equilibrar el ascenso de china. En el último encuentro entre Donald Trump y Narendra Modi, hablaron de incrementar la colaboración en cuestión de reactores modulares pequeños, que según el Organismo Internacional de Energía Atómica pueden producir grandes cantidades de electricidad con bajas emisiones de carbono. En la llamada telefónica que habían mantenido el pasado 27 de enero ya se había avanzado que los dos líderes iban a incluir en sus conversaciones un mayor intercambio en materia de tecnología, energía y defensa, entre otros puntos.

[5] Ibíd. En los últimos años, Beijing y Moscú forjaron una relación dirigida a conquistar una mayor autonomía económica y financiera frente a los países occidentales: el comercio entre ambos países —que se encontraba aumentando rápidamente antes de la guerra ruso-ucrania, y ha seguido haciéndolo durante ella— se ha duplicado, pasando de 108.000 millones de dólares en 2020 a 240.000 millones de dólares en 2023, permitiendo al país euroasiático escapar de las sanciones occidentales. 

[6] Ferrer, A. (2025, 19 de febrero), "Un gasto innecesario": Trump vería a Ucrania como causa perdida y a Zelenski como alguien sin poder (entrevista), Sputnik.  Disponible en línea.

[7] La reorientación estratégica de Estados Unidos hacia Latinoamérica puede jugar un papel clave en la concreción de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Argentina, especialmente si se resuelven las cuestiones de fondo que surgen del marco multilateral del Mercosur, del cual la segunda es miembro. Este es un punto fundamental, ya que las políticas comerciales del Mercosur podrían ser un obstáculo significativo para que Argentina negocie de manera bilateral un TLC con Estados Unidos.

[8] Una posibilidad es que la actual administración estadounidense reactive el programa 'América Crece', una iniciativa impulsada durante el primer gobierno de Trump, que involucró a diversas agencias y departamentos del gobierno de Estados Unidos, como el Departamento de Estado, el Departamento del Tesoro, el Departamento de Comercio y el Departamento de Energía. Este programa promovió la inversión de manera más directa a través del sector privado y las corporaciones empresariales.

[9] Cuba, que desde 1989 ha visto disminuir el apoyo ruso también podría verse afectada. En este caso de manera más bien indirecta, si disminuyese la asistencia rusa a Caracas. Desde el año 2000 (y al menos hasta el inicio de la crisis venezolana) la isla mantuvo una relación económica favorable con Venezuela (Mesa-Lago, 2025). 

domingo, 9 de febrero de 2025

¿LA CIVILIZACIÓN EUROPEA AGONIZA? ¿EXISTE LA OPORTUNIDAD PARA EL SURGIMIENTO DE HISPANOAMERICA?

 




Por Juan Bautista González Saborido

1.- La crisis civilizacional europea:

Europa enfrenta una crisis pluridimensional que abarca su identidad cultural, su misión histórica, su cohesión social y su relevancia geopolítica. El declive europeo como fortaleza económica y cultural en el mundo es un hecho no sólo evidente, sino que en el contexto de las actuales transformaciones mundiales luce como irreversible. Estamos ante una Europa debilitada, fragmentada, con un poder militar disminuido y con una población escasa y abatida. Su agonía puede durar décadas, pero su final parece inevitable.

El ocaso europeo se viene advirtiendo desde hace décadas atrás. María Zambrano en su notable libro sobre "La Agonía de Europa" publicado en 1945 señala que "el endiosamiento del hombre por autocrearse, ha conducido a un deicidio que provoca la muerte del propio sujeto". La frase bíblica "seréis como dioses", que Zambrano identifica como propulsora del desarrollo europeo, ha llevado paradójicamente al sacrificio de la divinidad, lo que a su vez ha provocado el verdadero nihilismo de la cultura occidental.

Desde una perspectiva diferente, en 1979, el entonces cardenal Ratzinger también se refería a la crisis de Europa occidental como una catástrofe. Señalaba que dicha catástrofe se relacionaba con la desolación de los espíritus y la destrucción de la conciencia moral. Planteaba que el problema del viejo continente tenía ver con una cultura que había erradicado las certidumbres originarias del ser humano acerca de Dios, de sí mismo y del universo, y con la eliminación de la conciencia de unos valores morales que no son de libre disposición.

Así pues, la Europa contemporánea y secularista, reniega del cristianismo y de su pasado,  abjurando de su historia y de sus raíces. Sin el cristianismo, sin el pensamiento griego y sin el derecho romano, Europa no habría sido lo que es. Sin embargo, todas estas fuentes parecen estar relegadas. Solo gracias al cristianismo y su síntesis con la cultura clásica, es posible entender la abolición de la esclavitud, la noción de persona, la separación del poder temporal y del espiritual, la centralidad de la dignidad del ser humano, el derecho común y un largo etcétera. Europa está envejecida, desorientada y devorada por un consumismo narcisista y hedónico.

El invierno demográfico que afecta al viejo continente revela en sí un agudo agotamiento vital. Un envejecimiento no sólo en la media de la edad de su población, sino fundamentalmente en su espíritu colectivo. Se trata de un declive de las fuerzas vitales del pueblo o pueblos que componen el mapa europeo. Un síntoma que se puede asociar al ocaso de una civilización.

Los ideales de la Ilustración más los excesos de la ciencia y la filosofía racionalista derivaron en las revoluciones burguesas en el plano político, y en la revolución industrial en el plano técnico y económico. Sin embargo, ambos procesos convergieron en el debilitamiento de los valores históricos, el culto del materialismo y del dinero, el progresismo sin límites, el divorcio entre la ética y la política y la insectificación de la vida.

Así pues, todo este periplo, derivó en la “cosificación” del hombre en el industrialismo y prepararon el paisaje primero de una Europa de fábricas, de “mano de obra” y de urbes mundiales absolutamente artificiales, y luego a la modernidad liquida y consumista, desconectadas progresivamente de la cultura que les precedió.

Se ha apagado el sentido religioso (o numinoso) del cosmos y en tal situación la presión de los instrumentos civilizatorios y técnicos tienden a acentuar el desequilibrio por un proceso de paulatina, pero inexorable deshumanización. El desligamiento del sentido religioso del cosmos, genera la aparición de un materialismo sin horizontes trascendentes, donde la naturaleza carece de sentido y de significación, y por ende, solo se la considera como recurso explotable.

Los valores de la democracia liberal, “libertad, igualdad y fraternidad” proclamados, no ya en nombre del ciudadano (francés) sino del “Hombre”, son ahora, en el ocaso de Europa, meras abstracciones que han servido apenas al propósito de colonizar a los bárbaros de otros continentes, a los no europeos. 

Ahora, ya no hay colonias, y los “bárbaros” se están radicando en su propia casa. Europa parece marchitarse a pasos acelerados, con su “Humanidad” vacía de significado.

2.- La oportunidad para el surgimiento de Hispanoamérica y la solidaridad continental: 

En este contexto crepuscular y nihilista, debemos reconsiderar la herencia de la América Hispana, la tierra donde se gestó la "Raza Cósmica" de José Vasconcelos, el universo “Nuestroamericano” de José Martí, el “Arielismo” de José Enrique Rodó o la “Eurindia” de nuestro Ricardo Rojas, como una alternativa vibrante, vital y potente capaz de generar un nuevo espacio civilizacional que responda a los desafíos del cambio de época. 

En efecto, la singular situación de los pueblos hispanoamericanos nos coloca ante la paradoja de vivir una parcial participación de la atmósfera occidental postmoderna con su nihilismo consumista, o bien en la necesidad de una aguda revalorización de nuestra propia memoria histórica, expresión y destino.

La cultura hispanoamericana que alcanza a todo el continente, se caracteriza por su humanismo teándrico, en el que conviven la razón y la fe, la ciencia y las artes, la técnica junto a los altos vuelos de la espiritualidad, la música y la poesía. La valoración de la familia y de la amistad, el deseo de grandeza y el amor a la patria. 

Por otra parte, debemos considerar también los elementos comunes que nos unen a todos los pueblos de América, sea del Norte, del Centro o del Sur. Entre ellos sobresale una misma identidad cristiana, si bien con diversos matices, la heterogeneidad de las razas y la complejidad cultural que se han afincado allí. 

En este contexto, se torna relevante una auténtica búsqueda del fortalecimiento de los lazos de solidaridad, comunión y convergencia entre las diversas expresiones del rico patrimonio cultural del Continente para forjar una alternativa a la crisis civilizacional, sin caer en vulgares subordinaciones. 

Entre estos elementos comunes, debemos observar con detenimiento en estos últimos años, las ideas de un grupo de intelectuales católicos que se autodenominan “postliberales” que elaboraron una teoría denominada "conservadurismo del bien común" que J.D. Vance, el vicepresidente de EE.UU, ha adoptado como propia. 

Ellos tienen la creencia de que el proyecto liberal de “progreso” –especialmente en la forma de liberalización económica, avance tecnológico y nivelación de las jerarquías sociales– ha sido un grave error que ha causado una fragmentación y debilitamiento de la sociedad y de la cultura.

Piensan, que Estados Unidos perdió el contacto con sus ideas fundadoras en algún momento de la “Era Progresista”, impulsada por la burocratización gubernamental, la pérdida de la fe pública en los principios de la “ley natural” y el auge del "relativismo moral" y el multiculturalismo.

En este grupo, el intelectual de mayor renombre es Patrick Deneen, quién argumenta que el liberalismo al haberse enfocado en el individualismo, en el secularismo y en la economía de libre mercado erosionó las bases comunitarias de la vida estadounidense, es decir, la familia nuclear, la fe religiosa compartida y las economías locales. 

Añade, que estas características del liberalismo, provocaron una posmodernidad disolvente. Esta corriente ideológica, a su vez, generó, fantasmas de soledad y un globalismo que está disparando la brecha entre ricos y pobres. Frente a ello, propone la apuesta por vidas comunitarias densas que resignifiquen nuestras localidades y los sentimientos vinculantes que estas propician.

Deneen, aboga por una revolución “pacífica” para reemplazar el liberalismo con un “orden posliberal” basado en la promoción de valores conservadores y religiosos en lugar de la protección de los derechos individuales.

Así pues, el “conservadurismo del bien común” que plantea Deneen, emerge como una alternativa política sólida, porque no parte de las entelequias ideológicas o ilusiones utópicas, propias del progresismo latinoamericano o del liberalismo anglo sajón, sino del sentido común arraigado en la realidad de las personas, las comunidades y las experiencias históricas de los pueblos.

3.- Conclusión:

Ante el ocaso civilizacional europeo, es plausible pensar una nueva configuración de la herencia cultural de occidente donde el castellano se transforme en la nueva lengua del humanismo y donde la cultura hispanoamericana ocupe un espacio relevante.

La grandeza y la vigencia del humanismo hispano americano estriba en que modeló la construcción de una nueva sociedad donde se afirmó la categoría de pueblo como sujeto de la historia. Y, a su vez, como señala Graciela Maturo, esa noción de pueblo se configuró integrando a todas las personas que habitan un territorio, cualquiera fuera su raza, sexo, cultura o creencias, en una fusión armónica de razas y culturas, pero unidas ente sí porque comparten un destino común. 

Esta afirmación de la heterogeneidad como riqueza fundada en la dignidad inalienable de la persona humana, que opera como fundamento de la construcción de una nueva y original unidad, es uno de los mayores activos de este humanismo hispanoamericano.

En un período histórico de conflictos, y polarizaciones simplificadoras, debemos tomar conciencia que la valorización de la alteridad, “del otro”, es lo que permitió en la América Indiana una integración no común de pueblos y cultura bajo el signo de la catolicidad y el castellano. 

El castellano, porque se hizo americano y el cristianismo porque acogió significados de la cultura y de la religiosidad americana precolombina. Pero además, porque fue protagonista indiscutible del periodo indiano, produciendo la germinación de una religiosidad popular todavía vigente.

En este contexto es muy importante la revalorización de la religiosidad popular hispanoamericana como instrumento de los pueblos para enfrentar el consumismo y el hedonismo, patologías centrales de la sociedad global del mercado.

Esta herencia cultural, no queda circunscripta exclusivamente a la denominada “América Latina”, pues se extiende desde Alaska a Tierra del Fuego. O, si se prefiere, desde Alaska, pasando por Tierra del Fuego hasta la Antártida. 

Debemos considerar, que, en las últimas décadas, la creciente migración popular desde los pueblos de origen hispanoamericano -especialmente desde México- hacia los territorios de la América anglosajona generó una propagación en el gran país del norte de la cultura hispanoamericana. Pues esos migrantes llevaron consigo además de sus sueños, su lengua y toda una cultura propia, especialmente su religión. 

Cabe agregar a esta influencia cultural producto de la inmigración, el pensamiento de este grupo de líderes intelectuales y políticos católicos posliberales que si bien tienen matices propios de su lugar de origen, también tienen un núcleo de ideas con marcada afinidad con el humanismo clásico y la cultura hispanoamericana. 

Ante la crisis civilizacional y el ocaso de Europa, es posible que triunfen el nihilismo tecnológico y las ideas transhumanistas y posthumanistas. Pero también es posible -y ese es un ideal por el que vale la pena luchar- que surja un nuevo humanismo de carácter universal que se remonta a los antiguos griegos y romanos, pasa por le Europa Medieval, adquiere contornos propios en la península ibérica y se mezcla en el continente americano con las culturas aborígenes. 

El humanismo hispanoamericano, dio origen a una cultura nueva y mestiza, a un humanismo barroco americano, absolutamente inédito y original que hizo florecer al hombre de esa cultura. Ahora, su riqueza, sus valores y su vigencia, pueden dar respuesta a la falta de sentido y al vacío existencial de esta etapa histórica que tiende a oscurecer lo propiamente humano.


lunes, 27 de enero de 2025

Primer análisis de la geopolítica de EE.UU. a partir de la asunción de Trump:

 


1.- Introducción y contexto:

La asunción de Donald Trump como presidente de los EE.UU., es y será un punto de inflexión en el entramado de las relaciones internacionales y en el panorama ideológico global. Su contundente victoria le otorga el control sobre ambas cámaras del Congreso y augura una política exterior marcada por un pragmatismo descarnado y una visión geopolítica centrada en una retórica de confrontación con China, pero que en realidad parece esconder una lógica transaccional con el gigante asiático. Asimismo,  desde el punto de vista cultural, su gestión estará caracterizada como una profunda contrarrevolución conservadora que posiblemente reconfigure el panorama político occidental.

En este contexto,  mientras el cambio climático habilita nuevas rutas en el Polo Norte cobra importancia la denominada “geopolítica de los accesos”[1]. Esta refiere al control (directo e indirecto) sobre los accesos marítimos (o fluviales) estratégicos desde el punto de vista geoeconómico (flujos de bienes y suministros críticos) y geopolítico (ventajas militares frente a diversas hipótesis de conflicto). Los principales movimientos de esta geopolítica parecen ocurrir en el Indo-Pacífico. En los últimos años, China viene desarrollando, junto con Tailandia y Malasia, ejercicios militares en el estrecho de Malaca. Por su parte, en 2024, Estados Unidos, el Reino Unido y Australia lanzaron, en el marco de la alianza AUKUS, el primer ejercicio militar a gran escala en la Bahía de Jervis, situada en Australia.

La alianza llamada AUKUS tiene como objetivo contrarrestar la expansión militar china en la región y está integrada por Reino Unido, Estados Unidos y Australia. La misma, anunciada en 2021, ha servido para el desarrollo de submarinos de propulsión nuclear para Australia, así como la cooperación en áreas de defensa avanzada y ciberseguridad.

Con anterioridad, en 2017, el gobierno de Estados Unidos había hecho revivir el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (QUAD), una iniciativa que había sido creada diez años antes y luego quedó en desuso. El foro incluye a Estados Unidos, Japón, Australia e India, y su reactivación representó un esfuerzo por coordinar estrategias de seguridad y defensa en el Indo-Pacífico, en respuesta a la creciente influencia de China.

En el actual momento de conflictividad entre grandes potencias y de fragmentación geoeconómica, queda cada vez más evidente cómo el comercio internacional, la logística marítima y el poderío militar marítimo están fuertemente entrelazados. Un dato relevante, es que en 2024 hubo, grandes demoras en el canal de Panamá por la extrema sequía, e interrupciones en el canal de Suez por el ataque de los rebeldes hutíes de Yemen a los barcos comerciales debido a la guerra en Gaza.

Esta situación obligó a buscar rutas alternativas para la navegación comercial de contenedores a través del estrecho de Magallanes (Chile) y el cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica), lo que evidencia una revalorización estratégica de estos accesos alternativos dado los contextos geopolíticos descriptos.

En el contexto de la geopolítica de los accesos, es esperable que la administración Trump ejerza influencia sobre la región más austral del hemisferio, donde se encuentran accesos con un renovado valor estratégico, como el estrecho de Magallanes y enclaves próximos a la Antártida como son Ushuaia y Punta Arena.

A su vez, en un orden internacional anémico en términos de respeto de las normas, todo se justifica por razones del interés y de seguridad nacional. Es decir, que las llamadas preocupaciones de seguridad están por encima de todo. Por lo tanto, no hay que entender la geopolítica de los accesos a través de la lente del mundo de hiperglobalización en que solíamos vivir, sino de la de una globalización de riesgos, marcada por la constitución de regionalismos parcelados semejante al modelo geopolítico de las pan regiones expuesto por el teórico alemán Karl Haushofer.

En ese sentido, una de las hipótesis en relación con la configuración del poder global bajo el segundo mandato de Trump refiere que, más allá de su oratoria combativa, lo que busca es una negociación con Rusia y China por zonas de influencia regionales, en la que Washington tendría un renovado interés por controlar su área contigua (“América para los americanos”, según la Doctrina Monroe) alivianando y relajando las presiones y la injerencia en otras geografías.

2.- Los posibles ejes de la política internacional en la era Trump:

La competencia con China se presenta –prima facie- como el eje articulador de toda la política exterior estadounidense. Esta visión explica movimientos que en un principio pueden parecer dispersos, desde el interés por Groenlandia hasta la atención renovada hacia el Canal de Panamá. El interés por Groenlandia, que ha generado tensiones con Dinamarca, no se debe a un simple capricho territorial. Esta inmensa isla ártica representa un punto estratégico crucial en la competencia con China por el control de las rutas marítimas polares y el acceso a recursos naturales críticos. Por eso, en el corazón del Ártico, Groenlandia se ha convertido en el epicentro de una batalla geopolítica silenciosa que Trump simplemente ayudó a visibilizar.

La isla y el ártico, almacenan vastos recursos naturales y se encuentran en medio de una compleja red de intereses donde China emerge como un participante de creciente importancia, tejiendo una estrategia multifacética que abarca desde la colaboración científica hasta vínculos económicos y políticos. Mientras el deshielo glaciar desvela nuevas oportunidades de explotación, Groenlandia tiene como objetivo independizarse de Dinamarca, su antigua potencia colonial, en un momento en que el panorama internacional no podría ser más intrincado.

Por su parte, la creciente presencia china, aunque no explícitamente apoye la independencia groenlandesa, alimenta indirectamente estas aspiraciones, generando inquietud tanto en Dinamarca, que ve amenazado su histórico dominio sobre la isla, como en Estados Unidos, temeroso de perder su posición estratégica en la región. En este tablero geopolítico, China mantiene sus opciones abiertas, contemplando, como la posibilidad de ganar influencia en Groenlandia, en su búsqueda por establecer una presencia significativa en el Ártico.

El interés chino abarca virtualmente a todos los sectores de la economía groenlandesa, incluidos por supuesto sus recursos energéticos. Sus compañías petroleras insisten en obtener concesiones para la explotación de la zona costera del norte de la isla. Hay también cuatro proyectos mineros en desarrollo, asociados a la extracción de hierro, cobre y otros minerales. El Partido Popular Danés, una formación nacionalista alerta contra el peligro de que Groenlandia termine transformada en un protectorado chino.

Lo concreto es que las actividades de China en Groenlandia se han intensificado y expandido de manera constante en los últimos años y el gobierno de Groenlandia tiene una actitud positiva hacia China y le da la bienvenida a sus inversiones[2].

En ese orden, el despliegue de influencia de Washington sobre las adyacencias del círculo polar ártico y por el canal bioceánico no es novedosos. De hecho fue muy fuerte bajo el gobierno de Joe Biden. Desde 2023, los think tanks de Washington observan las posibles implicancias estratégicas del avance de los independentistas en Groenlandia en las elecciones de abril de 2025 y las discusiones sobre la independencia en la isla.

Una lógica similar se aplica al renovado interés de EE.UU. por el Canal de Panamá. La creciente presencia china en la administración de esta vital arteria del comercio mundial preocupa a Washington. Trump ha señalado que los altos costes de tránsito impuestos a los buques estadounidenses suponen una desventaja estratégica que debe corregirse, lo que sugiere una posible intervención más directa en la gestión del canal.

En marzo de 2024, la General Laura J. Richardson, entonces jefa del Comando Sur, señaló ante el Congreso que las inversiones chinas en infraestructura sirven como “puntos de futuro acceso multidominio” para el ejército chino, refiriéndose puntualmente al canal[3].

Siguiendo con la perspectiva continental, Latinoamérica ocupa un lugar particular en este nuevo esquema geopolítico e ideológico. La región se percibirá principalmente a través del prisma de la competencia con China, junto con las preocupaciones tradicionales sobre inmigración y narcotráfico. La creciente influencia económica china en la región, manifestada en inversiones masivas en infraestructura y acuerdos comerciales, representa un desafío directo a la hegemonía estadounidense en su propia “oikumene” o zona de influencia, frente al cual Trump no permanecerá pasivo.

En noviembre de 2024, en el marco de la Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), la presidenta de Perú, Dina Boluarte, y el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, inauguraron el megapuerto de Chancay, una inversión de la firma estatal China Ocean Shipping Company, conocida como COSCO, de más de 3.400 millones de dólares.

El puerto cuenta con 15 muelles operativos con capacidad de recibir buques Post Panamax -barcos modernos tan colosales que superaban las limitaciones de tamaño del canal de Panamá original- en solo 25 días de navegación desde China. Habrá que ver la reacción del nuevo gobierno de EE.UU. frente a esta realidad, considerando que dicho puerto puede ser para China un punto de acceso multidominio.

En lo que respecta a Europa, la reconfiguración de la OTAN también experimentará cambios significativos bajo una nueva administración Trump. Su visión realista de las relaciones internacionales sugiere un enfoque más transaccional hacia la alianza atlántica, por lo que es posible que exija mayores contribuciones financieras de los aliados europeos y ponga en duda el compromiso automático de defensa mutua.

En Oriente Medio, Trump promete traer la paz, aunque sin especificar cómo. Su historial de políticas proisraelíes y su relación cercana con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sugieren que seguirá apoyando a Israel, aunque también ha expresado su deseo de poner fin al conflicto en Gaza. 

Su primer éxito en la arena internacional ha sido la tregua obtenida y la liberación de rehenes. Como queda claro al leer la declaración de los qataríes, que ejercieron de mediadores, el papel del equipo de Trump, encabezado por Steve Witkoff, fue más decisivo que el de la administración saliente[4]. Otro elemento será su enfoque de «máxima presión» contra Irán, que probablemente se intensificará, lo que podría generar nuevas tensiones regionales.

En relación a la guerra en Europa, la administración Trump ve el conflicto ucraniano dentro de un contexto geopolítico más amplio, donde el verdadero rival estratégico no es Moscú, sino Pekín. En este sentido, se considera desde su óptica un grave error táctico de la administración de Joe  Biden haber convertido a Rusia en el principal villano y aislarla, lo que solo ha conseguido acercarla más a China.

Todo indica que la política comercial hacia China será particularmente agresiva. Trump ha anunciado aumentos significativos en los aranceles a las importaciones chinas y ha señalado que utilizará todas las herramientas disponibles para reducir la influencia económica de Pekín. Esta postura podría tener consecuencias globales, alterar las cadenas de suministro internacionales y obligar a muchos países a posicionarse en la rivalidad chino-estadounidense. Aunque no podemos dejar de señalar que la retórica confrontativa de Trump es parte de su política transaccional para obtener concesiones.

En el ámbito interno y cultural, esta nueva era Trump representa mucho más que un cambio en la política exterior. Su administración promete desencadenar una profunda contrarrevolución conservadora que fusiona el nacionalismo tradicional con elementos del denominado tecnopopulismo moderno. Esta transformación cuenta con poderosos aliados como Elon Musk, Larry Ellison, Jeff Bezos, Sam Altman, etc., que simbolizan por un lado, la convergencia entre el poder tecnológico y el conservadurismo cultural y por el otro, la intención de generar una era dorada en inteligencia artificial en EE.UU. que supere definitivamente a China en la carrera tecnológica y conformar un nuevo establishment con inocultables connotaciones transhumanistas.

3.- La guerra cultural de la era Trump de alcance global:

La guerra contra la denominada “cultura woke” y el progresismo ocupa y ocupará un lugar central en esta nueva administración. Trump ha prometido desmantelar lo que denomina «adoctrinamiento de género» en las escuelas, universidades y corporaciones estadounidenses. Esta ofensiva cultural probablemente incluirá recortes significativos en financiamiento federal para programas de diversidad e inclusión, así como presión sobre instituciones educativas que promuevan lo que los conservadores consideran una «ideología progresista radical».

El modelo de Viktor Orbán en Hungría es un ejemplo de esta transformación cultural. Al igual que el líder húngaro, Trump busca utilizar el poder del Estado para promover valores tradicionales y nacionalistas, y atacar lo que considera la hegemonía cultural progresista en los medios de comunicación, las universidades y el mundo artístico. Esta estrategia incluye el fortalecimiento de medios de comunicación conservadores y la creación de instituciones culturales alternativas que promuevan una narrativa conservadora y nacionalista.

La visión de Trump y sus aliados tecnopopulistas trasciende las fronteras estadounidenses. Su objetivo es establecer una red internacional de líderes y movimientos conservadores que compartan su oposición al globalismo progresista y su tecno optimismo basado en la Inteligencia Artificial y el capitalismo algorítmico.

En el ámbito tecnológico, figuras como Musk no solo aportan recursos económicos, sino también plataformas de comunicación fundamentales para esta “revolución conservadora” y para “la era dorada en IA”. La transformación de Twitter simboliza esta unión entre el poder tecnológico y el conservadurismo cultural, creando espacios digitales donde las voces conservadoras pueden prosperar sin las restricciones que, según ellos, suponen la «censura progresista».

Esta contrarrevolución conservadora también tiene una dimensión económica significativa. A diferencia del conservadurismo tradicional pro mercado, esta nueva derecha adopta un nacionalismo económico que no teme utilizar el poder estatal para alcanzar sus objetivos. Las políticas proteccionistas, combinadas con alianzas públicas y privadas para el desarrollo de la Inteligencia Artificial y la reindustrialización, forman parte de una estrategia más amplia para reconstruir una base económica nacional fuerte y una nueva elite alineada con los valores de la nueva era que pretenden inaugurar.

Un ejemplo concreto es el proyecto para desarrollar Inteligencia Artificial denominado “Start Gate”.  Este proyecto planea construir un complejo de centros de datos gigantescos en Abilene, Texas, que impulsará el auge de la inteligencia artificial sobrehumana. Hasta ahora, los inversores han comprometido 500.000 millones de dólares en los próximos cuatro años, aunque esa cifra podría subir o bajar a medida que el dinero real llegue a la mesa.

El proyecto en cuestión tiene características transhumanas y la intención de establecer un sofisticado dispositivo de cibercontrol sobre la sociedad. Así pues, Larry Ellison, el creador de Oracle, y uno de los magnates que participa de Start Gate,  en el otoño pasado, dijo a los analistas financieros de Oracle, que su tecnología podría mejorar el mundo mediante la vigilancia masiva y la modificación del comportamiento. “Los ciudadanos se comportarán de la mejor manera posible, porque estamos constantemente registrando e informando de todo lo que sucede”. Es como tener a Dios vigilando a todo el mundo, pero con resultados más tangibles y lucrativos[5].

En consonancia con ese tema, otro participante del proyecto, Sam Altman señaló en su blog, que quiere proporcionar agentes avanzados de IA para una vigilancia personalizada: “Nuestros hijos tendrán tutores virtuales que podrán brindarles instrucción personalizada en cualquier materia, en cualquier idioma y al ritmo que necesiten. Podremos imaginar ideas similares para una mejor atención médica, la capacidad de crear cualquier tipo de software que alguien pueda imaginar y mucho más”[6]; básicamente, un ángel guardián presentado por Microsoft y OpenAI.

Si bien el lanzamiento de la aplicación china Deepseek el 20 de enero puso en jaque esa narrativa justo en el momento en que acababa de consolidarse es previsible una pronta reacción estadounidense, pues no dejarán de lado su intento de iniciar una nueva “era dorada”. Lo que también queda claro es el interrogante profundo sobre la relación entre poder, innovación y acceso a la tecnología.

4.- Conclusión:

La nueva administración Trump, se presenta con luces y sombras en el plano geopolítico e ideológico. No parecen existir dudas en cuanto a que la competencia con China se presenta como el eje articulador de toda la política exterior estadounidense.

En este contexto de competencia entre potencias cobra importancia la denominada “geopolítica de los accesos” referida al control (directo e indirecto) sobre los accesos marítimos (o fluviales) estratégicos desde el punto de vista geoeconómico (flujos de bienes y suministros críticos) y geopolítico (ventajas militares frente a diversas hipótesis de conflicto). De allí las pretensiones explicitadas por Trump respecto al canal de Panamá y Groenlandia.

Una de las hipótesis en relación con la configuración del poder global bajo el segundo mandato de Trump refiere a una negociación con Rusia y China por zonas de influencia regionales (pan regiones), en la que Washington tendría un renovado interés por controlar su área contigua (“América para los americanos”, según la Doctrina Monroe) alivianando y relajando las presiones y la injerencia en otras geografías.

En el contexto de la geopolítica de los accesos, es esperable que la administración Trump ejerza influencia sobre la región más austral del hemisferio, donde se encuentran accesos con un renovado valor estratégico, como el estrecho de Magallanes y enclaves próximos a la Antártida como son Ushuaia y Punta Arena. 

Asimismo, la presidencia de Trump buscará el fin definitivo del orden internacional liberal y el inicio de una era de competencia geopolítica más explícita y descarnada, acompañada de una profunda transformación ideológica en Occidente hacia tendencias conservadoras y nacionalistas.

La capacidad de adaptación a esta nueva realidad determinará en gran medida el éxito o fracaso de las naciones en los próximos años, mientras que la influencia de esta transformación ideológica se sentirá especialmente en Europa y en otros países que pertenecen al hemisferio occidental, donde movimientos similares buscan emular el modelo Trump-Orbán. Todos ellos comparten una visión común: el rechazo al multiculturalismo, la oposición a la inmigración masiva, la defensa de valores tradicionales y una crítica feroz al «globalismo progresista».

Por último, es inquietante desde una perspectiva civilizacional, el anuncio con tanto énfasis del inicio de una era dorada para EE.UU basada en el desarrollo de la inteligencia artificial que supere definitivamente a China China pese al golpe recibido con el lanzamiento de la aplicación Deepseek. 

Esta transformación liderada por empresarios como Elon Musk, Larry Ellison, Jeff Bezos, Sam Altman, simbolizan por un lado, la convergencia entre el poder tecnológico y el conservadurismo cultural y por el otro, pretenden conformar un nuevo establishment con inocultables connotaciones transhumanistas. Debemos considerar que estos magnates tecnológicos, han adquirido un poder exorbitante sobre todos, incluidos los capitalistas tradicionales y que pretenden instaurarse como la nueva elite dirigencial del futuro[7]. 



[1] Esteban Actis, Revista Nueva Sociedad, enero de 2025.

[2] Chuan Chen, El compromiso de China en Groenlandia: beneficios económicos mutuos y no interferencia política, consulta en línea en:https://polarresearch.net/index.php/polar/article/view/7706/14453

[3] La creciente influencia de China sobre los puertos mundiales causa preocupación en Washington, consulta en línea en: https://www.nytimes.com/es/2025/01/03/espanol/estados-unidos/china-puertos-canal-panama-eeuu.html

[4] El jeque, el magnate y el diplomático: el trío que selló la tregua de Gaza, consulta en línea en: https://www.nytimes.com/es/2025/01/19/espanol/mundo/gaza-tregua-negociaciones.html

[5] Larry Ellison predice el auge del estado de vigilancia moderno donde "los ciudadanos se comportarán de la mejor manera", consulta en línea en: https://fortune.com/2024/09/17/oracle-larry-ellison-surveillance-state-police-ai/

[6] Sam Altman, La era de la inteligencia, consulta en línea en: https://ia.samaltman.com/

[7]  Yanis Varoufakis, “Cloudalistas: nuestra nueva clase dirigente basada en la nube – Artículo de opinión de Project Syndicate”, consulta en línea en: https://www.yanisvaroufakis.eu/2022/04/12/cloudalists-our-new-cloud-based-ruling-class-project-syndicate-op-ed/