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lunes, 27 de enero de 2025

Primer análisis de la geopolítica de EE.UU. a partir de la asunción de Trump:

 


1.- Introducción y contexto:

La asunción de Donald Trump como presidente de los EE.UU., es y será un punto de inflexión en el entramado de las relaciones internacionales y en el panorama ideológico global. Su contundente victoria le otorga el control sobre ambas cámaras del Congreso y augura una política exterior marcada por un pragmatismo descarnado y una visión geopolítica centrada en una retórica de confrontación con China, pero que en realidad parece esconder una lógica transaccional con el gigante asiático. Asimismo,  desde el punto de vista cultural, su gestión estará caracterizada como una profunda contrarrevolución conservadora que posiblemente reconfigure el panorama político occidental.

En este contexto,  mientras el cambio climático habilita nuevas rutas en el Polo Norte cobra importancia la denominada “geopolítica de los accesos”[1]. Esta refiere al control (directo e indirecto) sobre los accesos marítimos (o fluviales) estratégicos desde el punto de vista geoeconómico (flujos de bienes y suministros críticos) y geopolítico (ventajas militares frente a diversas hipótesis de conflicto). Los principales movimientos de esta geopolítica parecen ocurrir en el Indo-Pacífico. En los últimos años, China viene desarrollando, junto con Tailandia y Malasia, ejercicios militares en el estrecho de Malaca. Por su parte, en 2024, Estados Unidos, el Reino Unido y Australia lanzaron, en el marco de la alianza AUKUS, el primer ejercicio militar a gran escala en la Bahía de Jervis, situada en Australia.

La alianza llamada AUKUS tiene como objetivo contrarrestar la expansión militar china en la región y está integrada por Reino Unido, Estados Unidos y Australia. La misma, anunciada en 2021, ha servido para el desarrollo de submarinos de propulsión nuclear para Australia, así como la cooperación en áreas de defensa avanzada y ciberseguridad.

Con anterioridad, en 2017, el gobierno de Estados Unidos había hecho revivir el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (QUAD), una iniciativa que había sido creada diez años antes y luego quedó en desuso. El foro incluye a Estados Unidos, Japón, Australia e India, y su reactivación representó un esfuerzo por coordinar estrategias de seguridad y defensa en el Indo-Pacífico, en respuesta a la creciente influencia de China.

En el actual momento de conflictividad entre grandes potencias y de fragmentación geoeconómica, queda cada vez más evidente cómo el comercio internacional, la logística marítima y el poderío militar marítimo están fuertemente entrelazados. Un dato relevante, es que en 2024 hubo, grandes demoras en el canal de Panamá por la extrema sequía, e interrupciones en el canal de Suez por el ataque de los rebeldes hutíes de Yemen a los barcos comerciales debido a la guerra en Gaza.

Esta situación obligó a buscar rutas alternativas para la navegación comercial de contenedores a través del estrecho de Magallanes (Chile) y el cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica), lo que evidencia una revalorización estratégica de estos accesos alternativos dado los contextos geopolíticos descriptos.

En el contexto de la geopolítica de los accesos, es esperable que la administración Trump ejerza influencia sobre la región más austral del hemisferio, donde se encuentran accesos con un renovado valor estratégico, como el estrecho de Magallanes y enclaves próximos a la Antártida como son Ushuaia y Punta Arena.

A su vez, en un orden internacional anémico en términos de respeto de las normas, todo se justifica por razones del interés y de seguridad nacional. Es decir, que las llamadas preocupaciones de seguridad están por encima de todo. Por lo tanto, no hay que entender la geopolítica de los accesos a través de la lente del mundo de hiperglobalización en que solíamos vivir, sino de la de una globalización de riesgos, marcada por la constitución de regionalismos parcelados semejante al modelo geopolítico de las pan regiones expuesto por el teórico alemán Karl Haushofer.

En ese sentido, una de las hipótesis en relación con la configuración del poder global bajo el segundo mandato de Trump refiere que, más allá de su oratoria combativa, lo que busca es una negociación con Rusia y China por zonas de influencia regionales, en la que Washington tendría un renovado interés por controlar su área contigua (“América para los americanos”, según la Doctrina Monroe) alivianando y relajando las presiones y la injerencia en otras geografías.

2.- Los posibles ejes de la política internacional en la era Trump:

La competencia con China se presenta –prima facie- como el eje articulador de toda la política exterior estadounidense. Esta visión explica movimientos que en un principio pueden parecer dispersos, desde el interés por Groenlandia hasta la atención renovada hacia el Canal de Panamá. El interés por Groenlandia, que ha generado tensiones con Dinamarca, no se debe a un simple capricho territorial. Esta inmensa isla ártica representa un punto estratégico crucial en la competencia con China por el control de las rutas marítimas polares y el acceso a recursos naturales críticos. Por eso, en el corazón del Ártico, Groenlandia se ha convertido en el epicentro de una batalla geopolítica silenciosa que Trump simplemente ayudó a visibilizar.

La isla y el ártico, almacenan vastos recursos naturales y se encuentran en medio de una compleja red de intereses donde China emerge como un participante de creciente importancia, tejiendo una estrategia multifacética que abarca desde la colaboración científica hasta vínculos económicos y políticos. Mientras el deshielo glaciar desvela nuevas oportunidades de explotación, Groenlandia tiene como objetivo independizarse de Dinamarca, su antigua potencia colonial, en un momento en que el panorama internacional no podría ser más intrincado.

Por su parte, la creciente presencia china, aunque no explícitamente apoye la independencia groenlandesa, alimenta indirectamente estas aspiraciones, generando inquietud tanto en Dinamarca, que ve amenazado su histórico dominio sobre la isla, como en Estados Unidos, temeroso de perder su posición estratégica en la región. En este tablero geopolítico, China mantiene sus opciones abiertas, contemplando, como la posibilidad de ganar influencia en Groenlandia, en su búsqueda por establecer una presencia significativa en el Ártico.

El interés chino abarca virtualmente a todos los sectores de la economía groenlandesa, incluidos por supuesto sus recursos energéticos. Sus compañías petroleras insisten en obtener concesiones para la explotación de la zona costera del norte de la isla. Hay también cuatro proyectos mineros en desarrollo, asociados a la extracción de hierro, cobre y otros minerales. El Partido Popular Danés, una formación nacionalista alerta contra el peligro de que Groenlandia termine transformada en un protectorado chino.

Lo concreto es que las actividades de China en Groenlandia se han intensificado y expandido de manera constante en los últimos años y el gobierno de Groenlandia tiene una actitud positiva hacia China y le da la bienvenida a sus inversiones[2].

En ese orden, el despliegue de influencia de Washington sobre las adyacencias del círculo polar ártico y por el canal bioceánico no es novedosos. De hecho fue muy fuerte bajo el gobierno de Joe Biden. Desde 2023, los think tanks de Washington observan las posibles implicancias estratégicas del avance de los independentistas en Groenlandia en las elecciones de abril de 2025 y las discusiones sobre la independencia en la isla.

Una lógica similar se aplica al renovado interés de EE.UU. por el Canal de Panamá. La creciente presencia china en la administración de esta vital arteria del comercio mundial preocupa a Washington. Trump ha señalado que los altos costes de tránsito impuestos a los buques estadounidenses suponen una desventaja estratégica que debe corregirse, lo que sugiere una posible intervención más directa en la gestión del canal.

En marzo de 2024, la General Laura J. Richardson, entonces jefa del Comando Sur, señaló ante el Congreso que las inversiones chinas en infraestructura sirven como “puntos de futuro acceso multidominio” para el ejército chino, refiriéndose puntualmente al canal[3].

Siguiendo con la perspectiva continental, Latinoamérica ocupa un lugar particular en este nuevo esquema geopolítico e ideológico. La región se percibirá principalmente a través del prisma de la competencia con China, junto con las preocupaciones tradicionales sobre inmigración y narcotráfico. La creciente influencia económica china en la región, manifestada en inversiones masivas en infraestructura y acuerdos comerciales, representa un desafío directo a la hegemonía estadounidense en su propia “oikumene” o zona de influencia, frente al cual Trump no permanecerá pasivo.

En noviembre de 2024, en el marco de la Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), la presidenta de Perú, Dina Boluarte, y el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, inauguraron el megapuerto de Chancay, una inversión de la firma estatal China Ocean Shipping Company, conocida como COSCO, de más de 3.400 millones de dólares.

El puerto cuenta con 15 muelles operativos con capacidad de recibir buques Post Panamax -barcos modernos tan colosales que superaban las limitaciones de tamaño del canal de Panamá original- en solo 25 días de navegación desde China. Habrá que ver la reacción del nuevo gobierno de EE.UU. frente a esta realidad, considerando que dicho puerto puede ser para China un punto de acceso multidominio.

En lo que respecta a Europa, la reconfiguración de la OTAN también experimentará cambios significativos bajo una nueva administración Trump. Su visión realista de las relaciones internacionales sugiere un enfoque más transaccional hacia la alianza atlántica, por lo que es posible que exija mayores contribuciones financieras de los aliados europeos y ponga en duda el compromiso automático de defensa mutua.

En Oriente Medio, Trump promete traer la paz, aunque sin especificar cómo. Su historial de políticas proisraelíes y su relación cercana con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sugieren que seguirá apoyando a Israel, aunque también ha expresado su deseo de poner fin al conflicto en Gaza. 

Su primer éxito en la arena internacional ha sido la tregua obtenida y la liberación de rehenes. Como queda claro al leer la declaración de los qataríes, que ejercieron de mediadores, el papel del equipo de Trump, encabezado por Steve Witkoff, fue más decisivo que el de la administración saliente[4]. Otro elemento será su enfoque de «máxima presión» contra Irán, que probablemente se intensificará, lo que podría generar nuevas tensiones regionales.

En relación a la guerra en Europa, la administración Trump ve el conflicto ucraniano dentro de un contexto geopolítico más amplio, donde el verdadero rival estratégico no es Moscú, sino Pekín. En este sentido, se considera desde su óptica un grave error táctico de la administración de Joe  Biden haber convertido a Rusia en el principal villano y aislarla, lo que solo ha conseguido acercarla más a China.

Todo indica que la política comercial hacia China será particularmente agresiva. Trump ha anunciado aumentos significativos en los aranceles a las importaciones chinas y ha señalado que utilizará todas las herramientas disponibles para reducir la influencia económica de Pekín. Esta postura podría tener consecuencias globales, alterar las cadenas de suministro internacionales y obligar a muchos países a posicionarse en la rivalidad chino-estadounidense. Aunque no podemos dejar de señalar que la retórica confrontativa de Trump es parte de su política transaccional para obtener concesiones.

En el ámbito interno y cultural, esta nueva era Trump representa mucho más que un cambio en la política exterior. Su administración promete desencadenar una profunda contrarrevolución conservadora que fusiona el nacionalismo tradicional con elementos del denominado tecnopopulismo moderno. Esta transformación cuenta con poderosos aliados como Elon Musk, Larry Ellison, Jeff Bezos, Sam Altman, etc., que simbolizan por un lado, la convergencia entre el poder tecnológico y el conservadurismo cultural y por el otro, la intención de generar una era dorada en inteligencia artificial en EE.UU. que supere definitivamente a China en la carrera tecnológica y conformar un nuevo establishment con inocultables connotaciones transhumanistas.

3.- La guerra cultural de la era Trump de alcance global:

La guerra contra la denominada “cultura woke” y el progresismo ocupa y ocupará un lugar central en esta nueva administración. Trump ha prometido desmantelar lo que denomina «adoctrinamiento de género» en las escuelas, universidades y corporaciones estadounidenses. Esta ofensiva cultural probablemente incluirá recortes significativos en financiamiento federal para programas de diversidad e inclusión, así como presión sobre instituciones educativas que promuevan lo que los conservadores consideran una «ideología progresista radical».

El modelo de Viktor Orbán en Hungría es un ejemplo de esta transformación cultural. Al igual que el líder húngaro, Trump busca utilizar el poder del Estado para promover valores tradicionales y nacionalistas, y atacar lo que considera la hegemonía cultural progresista en los medios de comunicación, las universidades y el mundo artístico. Esta estrategia incluye el fortalecimiento de medios de comunicación conservadores y la creación de instituciones culturales alternativas que promuevan una narrativa conservadora y nacionalista.

La visión de Trump y sus aliados tecnopopulistas trasciende las fronteras estadounidenses. Su objetivo es establecer una red internacional de líderes y movimientos conservadores que compartan su oposición al globalismo progresista y su tecno optimismo basado en la Inteligencia Artificial y el capitalismo algorítmico.

En el ámbito tecnológico, figuras como Musk no solo aportan recursos económicos, sino también plataformas de comunicación fundamentales para esta “revolución conservadora” y para “la era dorada en IA”. La transformación de Twitter simboliza esta unión entre el poder tecnológico y el conservadurismo cultural, creando espacios digitales donde las voces conservadoras pueden prosperar sin las restricciones que, según ellos, suponen la «censura progresista».

Esta contrarrevolución conservadora también tiene una dimensión económica significativa. A diferencia del conservadurismo tradicional pro mercado, esta nueva derecha adopta un nacionalismo económico que no teme utilizar el poder estatal para alcanzar sus objetivos. Las políticas proteccionistas, combinadas con alianzas públicas y privadas para el desarrollo de la Inteligencia Artificial y la reindustrialización, forman parte de una estrategia más amplia para reconstruir una base económica nacional fuerte y una nueva elite alineada con los valores de la nueva era que pretenden inaugurar.

Un ejemplo concreto es el proyecto para desarrollar Inteligencia Artificial denominado “Start Gate”.  Este proyecto planea construir un complejo de centros de datos gigantescos en Abilene, Texas, que impulsará el auge de la inteligencia artificial sobrehumana. Hasta ahora, los inversores han comprometido 500.000 millones de dólares en los próximos cuatro años, aunque esa cifra podría subir o bajar a medida que el dinero real llegue a la mesa.

El proyecto en cuestión tiene características transhumanas y la intención de establecer un sofisticado dispositivo de cibercontrol sobre la sociedad. Así pues, Larry Ellison, el creador de Oracle, y uno de los magnates que participa de Start Gate,  en el otoño pasado, dijo a los analistas financieros de Oracle, que su tecnología podría mejorar el mundo mediante la vigilancia masiva y la modificación del comportamiento. “Los ciudadanos se comportarán de la mejor manera posible, porque estamos constantemente registrando e informando de todo lo que sucede”. Es como tener a Dios vigilando a todo el mundo, pero con resultados más tangibles y lucrativos[5].

En consonancia con ese tema, otro participante del proyecto, Sam Altman señaló en su blog, que quiere proporcionar agentes avanzados de IA para una vigilancia personalizada: “Nuestros hijos tendrán tutores virtuales que podrán brindarles instrucción personalizada en cualquier materia, en cualquier idioma y al ritmo que necesiten. Podremos imaginar ideas similares para una mejor atención médica, la capacidad de crear cualquier tipo de software que alguien pueda imaginar y mucho más”[6]; básicamente, un ángel guardián presentado por Microsoft y OpenAI.

Si bien el lanzamiento de la aplicación china Deepseek el 20 de enero puso en jaque esa narrativa justo en el momento en que acababa de consolidarse es previsible una pronta reacción estadounidense, pues no dejarán de lado su intento de iniciar una nueva “era dorada”. Lo que también queda claro es el interrogante profundo sobre la relación entre poder, innovación y acceso a la tecnología.

4.- Conclusión:

La nueva administración Trump, se presenta con luces y sombras en el plano geopolítico e ideológico. No parecen existir dudas en cuanto a que la competencia con China se presenta como el eje articulador de toda la política exterior estadounidense.

En este contexto de competencia entre potencias cobra importancia la denominada “geopolítica de los accesos” referida al control (directo e indirecto) sobre los accesos marítimos (o fluviales) estratégicos desde el punto de vista geoeconómico (flujos de bienes y suministros críticos) y geopolítico (ventajas militares frente a diversas hipótesis de conflicto). De allí las pretensiones explicitadas por Trump respecto al canal de Panamá y Groenlandia.

Una de las hipótesis en relación con la configuración del poder global bajo el segundo mandato de Trump refiere a una negociación con Rusia y China por zonas de influencia regionales (pan regiones), en la que Washington tendría un renovado interés por controlar su área contigua (“América para los americanos”, según la Doctrina Monroe) alivianando y relajando las presiones y la injerencia en otras geografías.

En el contexto de la geopolítica de los accesos, es esperable que la administración Trump ejerza influencia sobre la región más austral del hemisferio, donde se encuentran accesos con un renovado valor estratégico, como el estrecho de Magallanes y enclaves próximos a la Antártida como son Ushuaia y Punta Arena. 

Asimismo, la presidencia de Trump buscará el fin definitivo del orden internacional liberal y el inicio de una era de competencia geopolítica más explícita y descarnada, acompañada de una profunda transformación ideológica en Occidente hacia tendencias conservadoras y nacionalistas.

La capacidad de adaptación a esta nueva realidad determinará en gran medida el éxito o fracaso de las naciones en los próximos años, mientras que la influencia de esta transformación ideológica se sentirá especialmente en Europa y en otros países que pertenecen al hemisferio occidental, donde movimientos similares buscan emular el modelo Trump-Orbán. Todos ellos comparten una visión común: el rechazo al multiculturalismo, la oposición a la inmigración masiva, la defensa de valores tradicionales y una crítica feroz al «globalismo progresista».

Por último, es inquietante desde una perspectiva civilizacional, el anuncio con tanto énfasis del inicio de una era dorada para EE.UU basada en el desarrollo de la inteligencia artificial que supere definitivamente a China China pese al golpe recibido con el lanzamiento de la aplicación Deepseek. 

Esta transformación liderada por empresarios como Elon Musk, Larry Ellison, Jeff Bezos, Sam Altman, simbolizan por un lado, la convergencia entre el poder tecnológico y el conservadurismo cultural y por el otro, pretenden conformar un nuevo establishment con inocultables connotaciones transhumanistas. Debemos considerar que estos magnates tecnológicos, han adquirido un poder exorbitante sobre todos, incluidos los capitalistas tradicionales y que pretenden instaurarse como la nueva elite dirigencial del futuro[7]. 



[1] Esteban Actis, Revista Nueva Sociedad, enero de 2025.

[2] Chuan Chen, El compromiso de China en Groenlandia: beneficios económicos mutuos y no interferencia política, consulta en línea en:https://polarresearch.net/index.php/polar/article/view/7706/14453

[3] La creciente influencia de China sobre los puertos mundiales causa preocupación en Washington, consulta en línea en: https://www.nytimes.com/es/2025/01/03/espanol/estados-unidos/china-puertos-canal-panama-eeuu.html

[4] El jeque, el magnate y el diplomático: el trío que selló la tregua de Gaza, consulta en línea en: https://www.nytimes.com/es/2025/01/19/espanol/mundo/gaza-tregua-negociaciones.html

[5] Larry Ellison predice el auge del estado de vigilancia moderno donde "los ciudadanos se comportarán de la mejor manera", consulta en línea en: https://fortune.com/2024/09/17/oracle-larry-ellison-surveillance-state-police-ai/

[6] Sam Altman, La era de la inteligencia, consulta en línea en: https://ia.samaltman.com/

[7]  Yanis Varoufakis, “Cloudalistas: nuestra nueva clase dirigente basada en la nube – Artículo de opinión de Project Syndicate”, consulta en línea en: https://www.yanisvaroufakis.eu/2022/04/12/cloudalists-our-new-cloud-based-ruling-class-project-syndicate-op-ed/


miércoles, 8 de enero de 2025

LA EMERGENCIA DE CHINA COMO ESTADO CIVILIZACIONAL Y SUS OBJETIVOS ESTRATEGICOS:

 


1. Introducción:

El ascenso de China es quizás el dato más relevante en materia de geopolítica desde la caída de la Unión Soviética en 1991. No existen dudas de que China ha dejado de ser una potencia emergente y se ha transformado en lo que puede denominarse un «estado civilizacional» cuya ambición es recuperar un lugar central en el mundo en los próximos años y para ello está dispuesta a disputar la hegemonía con EE. UU. para lograr sus objetivos.

El ascenso geopolítico de China demuestra para muchos de sus ideólogos que su gran fortaleza, su carácter singular, estriba en que es un “Estado-civilización”, un concepto que es más relevante que nunca ahora que Pekín intenta recomponer el orden geopolítico en torno a sus valores civilizacionales para oponerlos a los de un Occidente que visualizan en decadencia.

En este contexto, una serie de intelectuales cercanos a Xi Jinping, han asumido la tarea de brindar ideas al Partido, sintetizando nociones del pensamiento clásico chino, conceptos de las eras socialista y reformista, y pautas asumidas a partir de la integración de China al mundo.

En este trabajo, intentaremos resumir algunos de estos concep­tos, porque conocerlos y comprenderlos, contribuiría a saber lo que piensan las elites intelectuales chinas y, posiblemente, lo que considera el liderazgo en Beijing a la hora de decidir y determinar los objetivos estratégicos de China.

2.- Contexto de cambio y turbulencia:

China ha establecido un sistema estatal moderno sin precedentes que incluye un gobierno, un mercado, una economía, una educación, un derecho, un sistema de defensa, unas finanzas y una fiscalidad unificados, que quizás convierten al Estado chino es uno de los más capaces del mundo. 

En este marco, es importante resaltar que el Estado chino tiene una relación con la sociedad muy diferente a la del Estado occidental. En efecto, tiene una autoridad natural, una legitimidad y un respeto mucho mayores, aunque el gobierno no acceda al poder por el voto popular. Esto se debe a que los chinos ven al Estado como guardián, depositario y encarnación de su civilización.

Así pues, el proceso de modernización de China tiene características propias que hay que resaltar. Estas peculiaridades son cinco: a) gran magnitud poblacional, b) busca la prosperidad común para todo el pueblo, c) intenta la coordinación entre la civilización material y la espiritual, d) plantea la coexistencia armoniosa del ser humano y la naturaleza, y e) pretende el desarrollo pacífico en el terreno internacional.

De acuerdo con Xi Jinping, el rejuvenecimiento de China (la modernización de China) ha sido una aspiración común de todo el pueblo desde el inicio de los tiempos modernos, pero sólo el Partido Comunista Chino ha podido encontrar las claves necesarias para hacerla realidad, mediante una modernización socialista.

Ahora bien, la dirigencia de china precisa seguir impulsando la reforma hacia adelante frente la variada y compleja situación internacional y nacional, ante la nueva ronda de revolución científico-tecnológica y de transformación industrial, y ante las nuevas expectativas de las masas populares. Para ello, desde ahora y durante cierto tiempo, será para su elites un periodo clave para dar una promoción integral con la modernización china, a la grandiosa causa de conformación de un país poderoso y a la revitalización de la nación.

Dicho esto, para la elite de gobierno en China el mundo ha entra­do en un período de turbulencia y cambio no visto en los últimos cien años, que presenta oportunidades estratégicas, riesgos y desafíos, y factores inciertos e impredecibles para el desarrollo de China. ­

En definitiva, para ellos el mundo hoy atraviesa un cambio histórico, caracterizado por cuatro revoluciones: (a) demográfica (por el crecimiento de la población en África y Asia), (b) tecnológica (por el desarrollo de una cuarta Revolución Industrial), (c) climática (que acarrea una transición energética) y (d) de poder global (por el desplazamiento del poder de Occidente a Oriente). Estas cuatro revoluciones contextualizan la rivalidad entre China y Estados Unidos y definirán al ganador.

3.- China reclama la democratización de las relaciones internacionales:

Un aspecto en donde China aspira a tener mucha influencia es en el diseño institucional de los organismos internacionales. Ante el diseño actual de los organismos multilaterales, como por ejemplo la ONU, que responden a la distribución del poder posterior a la segunda guerra mundial, China viene reclamando sistemáticamente una reforma. Así, en el año 2018, en ocasión de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai, el presidente Xi anunció: “Es una tendencia global imparable el deseo de democratización de las relaciones internacionales” (Xi, 2018) dándole a este reclamo una importancia estratégica.

3.1. Iniciativas de China para ganar el apoyo del Sur Global:

En consecuencia, para poner en práctica la democratización de las relaciones internacionales y ganar el apoyo del Sur Global en su carrera por la hegemonía, Beijing ha puesto en marcha una serie de emprendimientos de inversión en infraestructura de alcance global. Estos son la Iniciativa de la Franja y la Ruta (conocida por sus siglas en inglés: BRI), el grupo BRICS Plus, y las tres iniciativas globales: a) la Iniciativa de Desarrollo Global, b) la Iniciativa de Seguridad Global y c) la Iniciativa de Civilización Global.

La “Iniciativa de la Franja y la Ruta” es considerada como la principal herramienta de la geo estrategia china actual, lo que le otorga un grado de importancia superlativo en el plano de la geopolítica china. Estas iniciativas internacionales son parte de una gran estrategia que los engloba, denominada “la construcción de una comunidad de futuro compartido para la humanidad”.

3.2. La construcción de una comunidad de futuro compartido para la humanidad:

Este concepto ha adquirido gran protagonismo en los documentos y discursos oficiales del gobierno chino, vinculándose con la propuesta de configurar relaciones internacionales de nuevo tipo, una mirada de la comunidad internacional desde un nuevo humanismo, la recuperación del Espíritu de Bandung y la reivindicación de la Cooperación Sur-Sur.

Para muchos pensadores chinos próximos al Partido, los factores culturales -expresados como «tradición», «valores» o «civilización» de una sociedad- son decisivos para crear su política, más que su organización económica. Estas «cuestiones de civilización» son ahora el eje principal propuesto por Xi para redefinir el modelo chino, ya que el líder chino esbozó hace poco tiempo atrás su «iniciativa de civilización global».

Este proceso además de buscar la posibilidad del rediseño de las instituciones de gobernanza global, también intenta dotar a dichas instituciones de los principios y valores que deberían regirlas.  Comprender la idea de “Comunidad de destino compartido” nos permite interpretar la propuesta china para el nuevo ordenamiento mundial que se está gestando en la actualidad.

Esta idea busca ser una propuesta civilizacional alternativa a la de occidente.  Significa, según ellos, que el sueño de paz y prosperidad del pueblo chino está íntimamente ligado al de los demás pueblos del mundo, por lo que en la materialización del sueño chino no pueden permitirse prescindir de un entorno internacional pacífico y de un orden internacional estable.

Esto implica que deben considerar tanto la situación nacional como la internacional con una visión de conjunto; seguir inalterablemente el camino del desarrollo pacífico y aplicar inmutablemente la estrategia de apertura basada en el beneficio mutuo y el ganar-ganar; insistir en la concepción correcta de la justicia y de los intereses; adoptar un nuevo concepto de seguridad común, integral, cooperativa y sostenible; perseguir una perspectiva de desarrollo definida por la apertura, la innovación, la inclusión y el beneficio mutuo; promover intercambios entre civilizaciones caracterizados por una armonía que no excluya las diferencias y por la asimilación indiscriminada de todo lo que de positivo tenga lo ajeno; y configurar un ecosistema que venere la naturaleza y se base en el desarrollo ecológico, actuando así en todo momento como constructores de la paz mundial, contribuidores al desarrollo global y defensores del orden internacional.

4. Política económica de circulación dual:

Como parte de impulsar el mercado interno, en mayo de 2020 el Comité Permanente del Politburó del PCC lanzó la política económica de “circulación dual”, consistente en aumentar el consumo doméstico y los ingresos internos, mejorar la capacidad de innovación del país y reducir la dependencia del mercado externo; pero, al mismo tiempo, fortalecer la vinculación de la economía local con la externa, profundizando la apertura económica.

En otras palabras, el gran ciclo interno no es un desarrollo cerrado, sino una apertura de mejor calidad de la demanda interna y China está dispuesta a compartir su mercado con las mejores empresas de todo el mundo, en especial, con aquellas que puedan participar en la expansión de la demanda interna china, promover su mejora y unirse a las empresas chinas para formar un gran número de agrupaciones de cadenas industriales de alta calidad en el ciclo interno.

Por lo tanto, el doble ciclo nacional e internacional implica tanto un flujo entre producción, distribución, consumo y circulación de mercancías como un flujo óptimo de asignación de recursos. El «doble ciclo» es una opción inevitable para una reforma más profunda, una mayor apertura y para un mejor desarrollo y la construcción de las Nuevas Rutas de la Seda refleja profundamente esta connotación característica del doble ciclo.

Las Nuevas Rutas de la Seda también pretenden promover la circulación de bienes y factores a nivel interno y hacer realidad los «cinco vínculos» (comunicación política, conexión de instalaciones, comercio fluido, integración de capital y contacto entre personas) propuestos por el secretario general del PCCH Xi Jinping a nivel externo.

5. Fortalecimiento de la inversión en tecnología:

Otro punto decisivo es la decisión de fortalecer la inversión en tecnología. Esta decisión, especialmente la inversión en la producción de semiconductores de avanzada, es consecuencia de las medidas de Estados Unidos dirigidas a impedir u obstaculizar el acceso de empresas chinas a tecnología que considera estratégicas. Sin embargo, el énfasis del Gobierno chino en el progreso tecnológico es de larga data. 

Un hito de esta orientación fue, en 2015, el Plan Made in China 2025, dirigido a incrementar el nivel de integración tecnológica en producción y servicios, y pasar del “Fabricado en China” al “Desarrollado en China”. El plan contempló el desarrollo tecnológico e industrial, absorción de tecnología de inversiones externas y compra de empresas extranjeras de y con alta tecnología.

En el Informe sobre el Comercio Mundial 2020 de la Organización Mundial de Comercio (2020), se señaló, que el giro hacia la digitalización y la economía basada en el conocimiento evidenciaba la creciente importancia de la innovación y la tecnología en el crecimiento económico. Y, por ese motivo, los gobiernos implementaron “nuevas políticas industriales” para orientar la producción local hacia nuevas tecnologías y facilitar la modernización de las industrias maduras o tradicionales. Asimismo, en las economías más dirigidas por la utilización de datos (BigData) y más desarrolladas tecnológicamente, se fortalece la idea de la necesidad de la intervención estatal, la planificación estratégica y la asociación pública y privada.

La política de consolidación y proyección internacional de China se tradujo en una serie de programas de promoción de la innovación productiva (como el Plan Made in China 2025) y la sustitución de importaciones de tecnología avanzada, como surge de la experiencia de los últimos años en el desarrollo de microprocesadores de alta tecnología (hasta hace poco importados de Estados Unidos).

La estrategia tecnológica de China está diseñada para consolidar su liderazgo global en tecnologías emergentes y minimizar su dependencia de Occidente. Este enfoque se materializa en masivas inversiones estatales en investigación y desarrollo, particularmente en áreas clave como la IA, la computación cuántica, la biotecnología y las energías verdes. Estas áreas son estratégicamente seleccionadas para superar los “cuellos de botella tecnológicos” que podrían limitar su autonomía y fortalecer su autosuficiencia en sectores críticos como semiconductores y manufactura avanzada.

El Gobierno chino ha adoptado un enfoque tecnonacionalista centralizado que controla la innovación tecnológica y prioriza la integración de las cadenas de suministro globales. Este enfoque busca fomentar la necesidad de otros países en productos y servicios tecnológicos chinos, a la vez que reconfigura la Iniciativa de la Franja y la Ruta, iniciada en 2013, ampliando su alcance a través de la Ruta Digital. 

Este proyecto refuerza su influencia tecnológica en mercados emergentes del Sur Global como Asia, África y América Latina, promoviendo infraestructuras críticas y exportando tecnologías avanzadas. Aunque recientemente se han  apuntado un éxito notable con el lanzamiento de la aplicación de IA generativa denominada DeepSeek que compite con ChatGPT, Gemini, etc. y que generó un terremoto bursátil en EE.UU.

La securitización de la IA impulsada por el Gobierno chino se enmarca en el concepto de “seguridad nacional integral” promovido por Xi Jinping, que abarca 16 tipos de seguridad diferentes. Esta estrategia también se refleja en la centralización de la gestión de datos, considerada un recurso estratégico nacional.

Desde la promulgación de la Ley de Ciberseguridad en 2017, China ha establecido estrictas regulaciones que priorizan la seguridad sobre el crecimiento económico. La creación de la Administración Nacional de Datos en 2023 refuerza este modelo al promover la autosuficiencia tecnológica y la modernización económica, aunque enfrenta desafíos significativos, como la fragmentación regional y barreras a la innovación. Estas políticas están motivadas tanto por preocupaciones históricas sobre el rezago tecnológico del país como por las tensiones derivadas de la competencia entre grandes potencias.

Considerar la IA como una cuestión de seguridad nacional ofrece numerosas ventajas. En primer lugar, permite movilizar recursos significativos y coordinar esfuerzos entre los sectores público y privado, garantizando un liderazgo público único y estratégico. Además, esta perspectiva fomenta la implementación de estrictas políticas de seguridad, esenciales para enfrentar amenazas como el espionaje, el robo de información sensible, la desinformación y los ciberataques.

6. A modo de conclusión:

El Gobierno chino hace 45 años atrás había intentado “rejuvenecerse” o “modernizarse” tomando ideas de Occidente, sin embargo, en la era de Xi Jinping la prioridad pasa por concebir res­puestas chinas a las preguntas de nuestro tiempo.

Es posible que “las respuestas chinas” a los problemas de nuestro tiempo sean solo propaganda, pero también es posible que busquen ser una propuesta civilizacional alternativa a la del occidente europeo. Todo indica que China está construyendo su lugar en el mundo en términos de ideas.

Sin perjuicio de la propuesta civilizacional China, para la cual hay que prepararse en base a nuestra propia tradición y valores culturales, la actual etapa China se basa en cinco elementos: a) la soberanía nacional (soberanía sobre todos los territorios reclamados o no), b) el lugar de China como país importante en el escenario global (si tiene peso como centro de poder o no), d) el nivel tecnológico y productivo (de vanguardia o no), d) el carácter cultural del país (occidental o no) y e) el modo de producción (socialista o capitalista).

China sería un país que todavía no alcanza su soberanía plena (falta Taiwán, el Mar del Sur de China, etc.), que ya es importante a nivel global (aunque puede serlo más), con un nivel tecnológico y productivo que cada vez se acerca más al lugar de la vanguardia, con un carácter cultural sinocéntrico proveniente de la milenaria historia china y con un modo de producción que se autodefine como “socialismo con características chinas”.

En síntesis, China está buscando ganar influencia y conquistar la hegemonía mundial a través de una estrategia sofisticada que trata de evitar la confrontación directa, pero no soslaya la disputa por la hegemonía. Su estrategia se basa en las inversiones en infraestructura y en tecnología, en expandir el comercio, impulsar su mercado interno y obtener una menor dependencia del exterior y en construir un lugar en el mundo en términos de ideas.

viernes, 27 de diciembre de 2024

EL DIÁLOGO SOCIAL COMO IMPERATIVO PARA LA CONSTRUCCIÓN DEL DESTINO COMÚN

 


Frente a la profunda y multidimensional crisis política, económica y social que atraviesa nuestro país, es imperativo generar el consenso necesario para alcanzar grandes acuerdos nacionales que permitan un crecimiento y desarrollo integral.

Para alcanzar dichos acuerdos básicos, el camino más recomendable es el diálogo y la cooperación entre todos los actores de la vida económica, social, cultural e intelectual de nuestro país. No obstante, no podemos ser ingenuos: existen muchos intereses en juego y en esta dinámica es inevitable transitar el conflicto.

 Como enseña el Papa Francisco, el conflicto no puede ser ignorado o disimulado, sino que debe ser asumido. Sin embargo, asumirlo no implica quedar atrapados en él, pues al hacerlo perdemos perspectiva, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada. Cuando nos detenemos únicamente en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad.

Por ello, la mejor manera de situarse ante el conflicto es aceptarlo, en cierta manera sufrirlo, para luego resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso. De este modo, se hace posible desarrollar una comunión en las diferencias, facilitada únicamente por aquellas grandes personas que se animan a ir más allá de la superficie conflictiva, a mirar a los demás en su dignidad más profunda y que se guían por una fuerte vocación por el bien común.
Para que el diálogo social funcione, es necesario invocar y asumir un principio indispensable para construir la amistad social: “la unidad es superior al conflicto”.

Este principio no es una mera declaración, sino un llamado a la acción que exige un compromiso ético profundo. La solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierte así en el modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida. No se trata de apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior donde prima el amor por la patria y la búsqueda del bien común, y que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna.

Otro principio que surge del Magisterio es que el bien común ampliado responde al axioma de que “el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas”. Por eso, para que el diálogo social prospere, siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos. Pero hay que hacerlo sin evadirse, sin desarraigos. Es necesario hundir las raíces en la tierra fértil y en la historia del propio lugar, que es un don.

Por consiguiente, el modelo del diálogo social que propone Francisco no es la esfera, que busca una falsa homogeneidad (donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros). El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades y las conserva en su originalidad. La acción política, por ende, debe procurar recoger en ese poliedro lo mejor de cada uno. Allí entran los pobres con su cultura, sus proyectos y sus propias potencialidades. Es la conjunción de los pueblos que, en el orden universal, conservan su propia peculiaridad; es la totalidad de las personas en una sociedad que busca un bien común que verdaderamente incorpora a todos.

Así pues, teniendo en consideración las coordenadas que surgen del magisterio del Papa Francisco, el diálogo social será una expresión relevante en la construcción de una Nación digna a la que aspiramos todos.

Cuando el diálogo, la participación y el consenso se realizan para construir un destino común, se visualizan con mayor intensidad los contornos de la patria concebida como hogar y morada, como pertenencia y como destino común. La patria como morada es el ámbito espiritual necesario para robustecer los vínculos comunitarios, donde se opera la relación con los otros y donde se juega el destino colectivo. Es, para quienes la habitan, “el rincón más risueño de la tierra”, pues allí se sitúan las vivencias más íntimas y significativas del ser humano.

Esta vivencia que se opera dentro de la comunidad, al poseer un origen en común, una historia compartida y un destino colectivo, vigoriza la noción de pueblo como conjunto fraternal, no gregario, construido sobre la dignidad eminente de la persona humana. De esta forma, el pueblo será el sujeto histórico y colectivo que realiza el destino común.

Parafraseando al poeta Leopoldo Marechal, podemos afirmar que la construcción de una comunidad de destino es “transformar una masa numeral, en un pueblo esencial”. Un pueblo en marcha, con un horizonte definido, que se asume como sujeto y protagonista de la historia en busca de la justicia social y del bien común.

Por eso, pese a las polarizaciones y a la crisis que incrementa los intereses en pugna, es necesario ver y trabajar para concretar esta oportunidad histórica para la República Argentina. Los trabajadores organizados, las cámaras empresariales, los colegios profesionales, los centros académicos (Universidades), los movimientos sociales, la Iglesia y otras instituciones de la sociedad civil podrán participar de un mismo espacio de diálogo y acordar políticas públicas, en donde todos los sectores se encuentren debidamente representados. Es la posibilidad de fortalecer y enaltecer la calidad institucional de nuestra joven democracia y de cimentar una nueva etapa de la misma donde prime de verdad el amor a la patria y al bien común.



lunes, 2 de diciembre de 2024

La Agenda 2030, el Pacto del Futuro y los instrumentos de subordinación ideológica:

 


 1.    El rol de los organismos supranacionales.

La llamada “Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, aprobada en septiembre de 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, tiene como objetivo visible representar una visión transformadora hacia la sostenibilidad económica, social y ambiental de los 193 Estados Miembros que la suscribieron.

En dicho marco, los 17 objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) pretenden ser una hoja de ruta sobre temas altamente prioritarios para la generalidad de los paises, pero especialmente para un país en vías de desarrollo como el nuestro, como son la erradicación de la pobreza en todas sus formas, la reducción de la desigualdad, un crecimiento económico inclusivo con trabajo decente para todos, ciudades sustentables y mitigación del cambio climático.

Por su parte, el "Pacto para el Futuro" es un acuerdo multilateral negociado por los líderes mundiales en la 79ª Asamblea General de las Naciones Unidas aprobado el 22 de septiembre de 2024 del cual nuestro país se disoció. Este Pacto, cubre una amplia gama de temas que incluyen la paz y la seguridad, el desarrollo sostenible, el cambio climático, la cooperación digital, los derechos humanos, el género, la juventud y las generaciones futuras, y la transformación de la gobernanza global.

Se nota en ambos casos que la excesiva vaguedad de los objetivos y metas propuestos dio lugar a una interpretación sesgada y diríamos, tendenciosa, de los mismos por parte de la mayor parte de los estados desarrollados -especialmente europeos- y de los organismos internacionales como la ONU, que en los hechos implica una virtual colonización ideológica de ambos instrumentos. 

En efecto, se puede advertir como detrás de estos objetivos en apariencia loables, se disimula un intento por imponer, una agenda universal y una narrativa homogénea a todos los paises, que se asemeja a la ideología globalista de Davos, en detrimento de las identidades culturales nacionales, la soberanía y la protección de sus intereses permanentes.

En esa estrategia de colonización ideológica, nos parece que cumplen un rol importante los organismos supranacionales -particularmente la ONU- quienes, a través de su actuación, sus declaraciones y documentos, forman parte de un dispositivo político global que busca subordinar ideológica y culturalmente a las diversas naciones del mundo a los intereses de una elite financiera y global.

Frente a esto, a nivel nacional lo prioritario es tomar conciencia de cuáles son estos intereses globalistas y a través de qué mecanismos y organizaciones no gubernamentales operan en nuestro país. Simultáneamente, debemos fortalecer la defensa de nuestros valores nacionales -sin extremismos- pero con firmeza, con un fuerte anclaje en la cultura argentina y sus raíces hispanoamericanas. Asimismo, es clave la defensa de la soberanía, del federalismo y de los valores humanistas y cristianos que nos identifican.

En el lenguaje y la narrativa de los organismos supranacionales se advierte, que mediante una semántica en apariencia neutral y sobre todo con la utilización de eufemismos, se opera un desplazamiento de los valores específicos de cada nación hacia una agenda global “del descarte” (aborto, eutanasia, derechos reproductivos). Esto se realiza a través de la promoción del “lenguaje inclusivo”, el sobredimensionamiento e ideologización de las “cuestiones de género”, la invisibilización de la importancia de la familia en la sociedad y la promoción de políticas de control de la natalidad, como instrumentos de cambio cultural y subordinación ideológica.

Este cambio no aparenta ser meramente superficial. Por el contrario, opera como una transición de lo axiológico a lo ideológico por medio de una agenda alineada con estándares globales de gobernabilidad. Esta agenda, por un lado, desconecta a nuestro país de sus necesidades reales y prioridades específicas y por el otro diluye su particularidad nacional y cultural, acercándolo a un enfoque tecnocrático y mundialista.

 2  La Gran Narrativa del Foro Económico Mundial y la política de la pos-modernidad

Así pues, la "Agenda 2030" y el "Pacto del Futuro" tienen grandes coincidencias con la "Gran Narrativa impulsada por El Foro Económico Mundial que busca establecer un marco ideológico universal en el contexto de un mundo pretendidamente multipolar y globalizado. Esta narrativa aboga por una visión única y homogénea que reemplace las múltiples perspectivas culturales y soberanas de cada nación.

De este modo, ambos instrumentos y su interpretación, se presentan en oposición a los valores nacionales y promueven una perspectiva pos moderna, de matriz fuertemente individualista con una férrea defensa de nuevos derechos subjetivos (derecho al aborto, a la identidad de género, etc.), que busca uniformizar o estandarizar los valores y normas sociales a nivel global en detrimento de los vínculos sociales y comunitarios.

En este punto, es relevante tener en claro que nuestro país -como cuestión estratégica fundamental- debe: a) frenar la caída de la tasa de natalidad -que se viene observando desde 2014- y el consecuente envejecimiento poblacional, b) fortalecer la cohesión social a través de políticas que promuevan el rol de la familia y de las organizaciones sociales de la comunidad para incrementar el capital social y humano de nuestro pueblo (como por ejemplo los clubes de barrios), c) promover una sólida política de desarrollo humano integral (energía, minería, alimentos, etc.),  y d) fortalecer su identidad nacional y su “ethos popular”.

Insistimos en señalar que la “Gran Narrativa globalista” representa una amenaza a nuestros objetivos estratégicos, ya que favorece una cultura narcisista e individualista, de “des desarrollo” y “disminución poblacional”, que fomenta el control de la natalidad y suprime las identidades culturales particulares en favor de una visión única del progreso.

Esta promoción y auge del individualismo que impulsa la "Gran Narrativa", ya era advertida por Perón hace más de 40 años atrás. El señalaba algunas características de este proceso que se caracterizaba por la disolución progresiva de los lazos espirituales entre los hombres. Agregaba, que este catastrófico fenómeno debía su propulsión a la ideología egoísta e individualista, según la cual toda realización es posible sólo como desarrollo interno de una personalidad clausurada y enfrentada con otras en la lucha por el poder y el placer. Y concluía que este pensamiento solo había logrado aislar al hombre del hombre, a la familia de la Nación, a la Nación del mundo, poniendo a unos contra otros en una competencia ambiciosa y en una guerra absurda[1].

En este contexto, de un mundo posglobal y conflictivo, todo indica que el nacionalismo y la protección de la soberanía serán conceptos perenes y podríamos decir, fundamentales. Así pues, la persistencia de estas lógicas globalistas, sin que sean debidamente confrontadas, con razones y argumentos profundos, nos plantea el interrogante acerca de si Argentina logrará conservar su identidad nacional o si, por el contrario, se subsumirá a la nueva estrategia universal.

3.     El Desafío de la Argentina ante la Globalización

En resumen, la agenda globalizante y la “Gran Narrativa” del Foro Económico Mundial que se expresa mayoritariamente en los organismos supranacionales es contraria a nuestras raíces, a nuestra identidad y por ende a nuestros intereses nacionales permanentes.

Por eso, es imperioso resistir la homogenización global y preservar la identidad nacional. De lo contrario, deberemos aceptar acríticamente una visión de posmoderna que reduce la pluralidad de perspectivas en favor de una única narrativa de progreso, razón y humanismo abstracto, dominada por el individualismo y la ampliación indiscriminada de derechos subjetivos, que resulta contraria a nuestros intereses estratégicos.

No tenemos dudas en cuanto a que, en última instancia, la identidad de Argentina en el S.XXI dependerá de la capacidad de mantenerse fiel a sus valores y principios, o de su disposición a adaptarse a las demandas de una política posglobal de cancelación y disolución. 

Por ello, debemos elaborar una estrategia nacional de actuación frente a los organismos internacionales -incluyendo a los parlamentarios- y las organizaciones no gubernamentales que defienden intereses globalistas. Todas las instancias gubernamentales y sus tres poderes de estado deberían estar alineados en la defensa de los intereses nacionales en todos los foros de actuación.  

Así pues, frente a la difusión de teorías o consignas que funcionan como patrones de dominio cultural, debemos fortalecer las ideas y valores que se deducen y se obtienen del ser de nuestro pueblo. Esas ideas y valores se realizan efectivamente en la comunidad política sobre dos principios fundamentales: la unidad, que genera la fuerza de un pueblo, y la solidaridad, que es lo que le da la cohesión. A su vez, la comunidad organizada comprende a la nación como una unidad abierta generosamente con espíritu universalista, pero consciente de su propia identidad.

Finalmente, nuestro país necesita de la familia por su fecundidad y por la reproducción de la sociabilidadEso por cuanto la familia actúa como agente de socialización, de transmisión de valores culturales, de contención afectiva, de equidad generacional y de regulación social. Por eso es que es la base de la sociedad y de la comunidad política.

Por todo ello, debe quedar clara la postura de nuestro país en defensa de sus intereses estratégicos y en concordancia con ellos, defender los valores de la familia y de la protección de la vida desde la concepción y buscar alianzas con otros líderes y naciones que compartan estos valores e intereses. Argentina debe defender su soberanía, sus intereses y su identidad cultural profundamente humanista y cristiana.

 

 



[1] Juan Domingo Perón, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, Ediciones Realidad Política, Buenos Aires, pág. 78.

martes, 26 de noviembre de 2024

La cultura hispanoamericana y su rol en la construcción de un nuevo humanismo, ante el avance de la tecnocracia.

 


Esta meditación esta basada en escritos y reflexiones de Patrick Deneen, Graciela Maturo y Abel Posse.

Estamos ante un extraordinario cambio de época de indudable alcance mundial –globalizador, como dicen– que se mueve por factores económicos y tecnológicos a veces descontrolados. Esto nos coloca ante un desafío civilizatorio profundo. Pues si bien la tecnología, como parte del ambiente humano, está siempre ligada a la cultura, su naturaleza ambivalente crea nuevas preocupaciones, desafíos y problemas vinculados a la posible generación de tendencias deshumanizantes o nihilistas. 

En el ámbito propio de la cultura, el desarrollo tecnológico desmesurado tiende a eliminar lo que es específico de cada región y nación, desafiando la sobrevivencia de las culturas que son el corazón de todas las sociedades. La cultura como actividad humana es fundamental porque da forma a los individuos y a las sociedades, fomentando la unidad a través de valores y tradiciones compartidas.

Sin embargo, los nuevos avances tecnológicos, ligados a la Inteligencia Artificial, el Big Data, las plataformas digitales, etc., conllevan la pretensión de convertirse en la cultura hegemónica global arrasando con todo el pasado. Como consecuencia de esto, la tradición, los usos sociales, los mitos, la política, los rituales y la religión tienden a debilitarse y a subsistir en condiciones de inferioridad. 

Nos encontramos en un punto, como dice Patrick Deneen, donde la llamada tecnocracia ha entrado en la era de la «tecnópolis». Esto es, que un mundo que está culturalmente debilitado se ve fácilmente sometido a una ideología del progreso. Lo cual implica la paulatina sumisión de todas las formas de vida cultural a la soberanía de la técnica y la tecnología. Así pues, la confusión entre cultura y tecno idolatría es uno de los signos de un nihilismo deshumanizante que parece invadirlo todo y donde se confunde lo esencial con lo circunstancial. 

Además, a lo expuesto se le suma, que existen corrientes ideológicas que podríamos calificar de globalistas, que consideran que las diferencias culturales se deben desvanecer con el avance de la modernización globalizadora. Ahora bien, paradojalmente, la globalización ha sido acompañada del resurgimiento de las tradiciones culturales locales y de la creciente comprensión de que hay algo más para las sociedades y la conducta humana que la tecnología y la economía. En efecto, las culturas locales juegan un papel fundamental en guiar la acción humana, y en mantener unida y cohesionada a la sociedad.

Por eso, como dice Abel Posse, el rol de la cultura ha adquirido tanta relevancia en estos últimos tiempos. Frente a la amenaza del nihilismo tecnológico y la ideología del progreso,  la cultura es el mayor baluarte de la humanidad ante la amenaza reduccionista que representa la presencia de una subcultura mercantilista de alcance global. 

En este contexto de cambio de época, donde además se advierte el declive inexorable de la civilización europea que dominó al mundo durante la modernidad, es legítimo y necesario ampliar el concepto de identidad nacional al más abarcador de identidad hispanoamericana. Ello significa un legítimo reconocimiento de que estamos frente a una familia de pueblos con una historia y un acervo cultural comunes, que pese a la existencia de diferencias regionales o nacionales, no fragmentan totalmente aquella unidad. Dicha historia y acervo cultural común, es la base de un horizonte ineludible de reintegración política.

Para ahondar en estos elementos comunes de identidad hispanoamericana, es imprescindible sumergirnos por el espacio literario, reflexivo, ensayístico y hasta religioso de nuestra América. Todos estos elementos conforman lo que constituye nuestra identidad cultural. Una vez lanzados a dichos espacios, vamos caminando por campos tan ricos, profundos y diversos como la teología latinoamericana, las crónicas de los conquistadores, la novelística revolucionaria en la Nueva España a principios del siglo XX, Alfonso Reyes, Mariátegui, Rubén Darío, el mito y la utopía de lo americano, Lugones, Marechal, Castellani, Borges, Mallea, la filosofía de Rodolfo Kusch, de Carlos Astrada, Nimio de Anquín, Amelia Podetti, Ismael Quiles, entre tantos otros. 

Abel Posse nos refiere, que se trata de una pléyade de autores lucidos que nos muestran la profundidad y las angustias del alma de nuestra América, siempre volcánica, siempre en proceso de alumbramiento, como una gran cultura a la espera de darse la autonomía liberadora de su propio espacio de civilización. Quizás en este contexto tengamos esa oportunidad histórica.

Se trata de una identidad que se configura como una singular modernidad de América, a la que Graciela Maturo y Enrique Dussel llaman transmodernidad (más allá de la modernidad europea). Identidad que para Maturo, se caracteriza por su humanismo teándrico, en el que conviven la razón y la fe, la ciencia y las artes, la técnica junto a los altos vuelos de la música y la poesía. 

Ese humanismo singular modeló la construcción de una nueva sociedad humana donde se afirmó la categoría de pueblo como sujeto de la historia. Y, a su vez, esa noción de pueblo se configuró integrando a todas las personas que habitan un territorio, cualquiera fuera su raza, sexo, cultura o creencias, pero unidas ente sí porque comparten un destino común. 

Esta afirmación de la heterogeneidad como una riqueza donada a la construcción de una nueva y original unidad es uno de los mayores activos de este humanismo hispanoamericano. Se trata del surgimiento de un nuevo humanismo que se remonta a los antiguos griegos y romanos, pasa por le Europa Medieval, adquiere contornos propios en la península ibérica y se mezcla en el continente americano con las culturas aborígenes. Todo ello, dio origen a una síntesis cultura nueva y mestiza, a un humanismo barroco americano, absolutamente inédito y original. 

Por otra parte, debemos considerar también los elementos comunes que nos unen a todos los pueblos de América, sea del Norte, del Centro o del Sur. Entre ellos sobresale una misma identidad cristiana y la heterogeneidad de las razas y la complejidad cultural que se han afincado allí. Así como también una auténtica búsqueda del fortalecimiento de los lazos de solidaridad y comunión entre las diversas expresiones del rico patrimonio cultural del Continente. 

Por esta razón nuestra frontera cultural se extiende al territorio inicial del continente americano, de Alaska a Tierra del Fuego. O si se prefiere desde Alaska, pasando por Tierra del Fuego hasta la Antártida. Además, nos parece sumamente relevante considerar que en las últimas décadas, la creciente migración popular desde los pueblos de origen hispanoamericano -especialmente desde México- hacia los territorios de la América anglosajona generó una propagación de la cultura hispanoamericana. Pues esos migrantes llevan consigo además de sus sueños,  su lengua y toda una cultura propia. 

Efectivamente, llevan el castellano de Alonso de Veracruz y Sor Juana Inés, de Juan Rulfo y Octavio Paz, de José Vasconcelos y Carlos Fuentes. Y junto a su lengua, llevan su fe y su devoción por la Guadalupana, sus ojos llenos de los colores y sentidos del barroco hispanoamericano, su música, sus ganas de vivir, de formar una familia, de tener y criar hijos. La Guadalupana, expresión profunda de ese mestizaje en su rostro y en la cinta negra que lleva en la cintura, anuncio náhuatl de su embarazo, es ya uno de los grafitis más populares en los Estados Unidos.

¿Se invisibilizará toda esta gran herencia cultural? ¿Vamos camino hacia una civilización planetaria que anulará las tradiciones volcándolas a un "grado cero" de la cultura, o será legítimo recuperarlas en sus símbolos, mitologías, expresión estética particular y herencia ético-religiosa? He ahí el gran problema que se plantea en este cambio de época. Nosotros experimentamos que la cultura hispanoamericana y su ethos, tienen mucho que aportar a este cambio de época que vivimos.

Advertimos que no es difícil constatar hoy en día, en las manifestaciones culturales de hispanoamerica, especialmente en su cultura popular; este rumbo definidamente americano que rechaza a las actuales tendencias postmodernas (el pensamiento débil, la anulación del sujeto y del sentido) afirmando en cambio la propia identidad, sujeto histórico, tradición, mitos, valores y un sentido y significado profundo a la vida personal y a la convivencia política.

Por eso, es que en medio de los dolores y dificultades del presente, hispanoamerica con su humanismo teándrico, representa la posibilidad de entusiasmar a otros pueblos para que den nacimiento a un nuevo humanismo, centrado en la dignidad de la persona humana, en su naturaleza social, en sus vínculos familiares y comunitarios, en el amor a su hogar y a su patria, y especialmente en su vocación trascendente.